jueves, 22 de octubre de 2015

VALENCIANOS Y CATALANES EN LA GUERRA DE SUCESION



Es difícil encontrar descripciones de las enseñas de valencianos austracistas, pues siempre son enarboladas por soldados extranjeros. Así, en el asalto a Bañeres:

“el abanderado portugués se aproximó tanto que llegó a clavar la bandera ante la puerta de la plaza (de Bañeres), pero con tal ahínco se defendieron los sitiados, que muerto el abanderado, los demás huye­ron”

El silencio respecto a enseñas valencianas responde al nulo protagonismo que tuvieron los Tercios del Reino, que ni siquiera fueron convocados. Los gremios base del ejército valenciano, estaban intactos en los dias posteriores a la Batalla de Almansa, favoreciendo la expulsión de catalanes y soldadesca dispersa que enrarecían el ambiente de la capital del Reino. Un testigo de los hechos, Miñana en «De bello rústico valentino», narraba lo sucedido:
           
“los ladrones catalanes y los soldados del ejército disperso que se habían refugiado en la ciudad (de Valencia),  mezclados con la multitud, excitaban a los plebeyos con la sangre y el saqueo (...) los jefes de los gremios, para evitar un tumulto, ponen en seguida guardias, armados, de confianza en todas las calles, y reuniendo sin demora aquella hez de catalanes, que eran los que excitaban al pueblo, los arrojaron de la ciudad, cerraron las puertas y pusieron en ellas guardias; libre la ciudad de esa podredumbre ...»

El texto indica que, aunque no eran combatientes regulares, sí seguirían al ejército austríaco algunas cuadrillas catalanas, esperando el codiciado botín en caso de victoria, y muy preparados para la huída al menor atisbo de derrota; no tiene otra explicación que aparezcan catalanes procedentes de Almansa en Va­lencia y, por el contrario, no se encuentren entre los heridos, muertos y prisioneros en el choque. Otro factor a tener en cuenta era la manifiesta aversión de los disciplinados militares, tanto austríacos como borbónicos, hacia las bandas armadas que parasitaban la labor de sus fuerzas; rechazo que se advierte en no citar sus nombres. Por ejemplo, un manuscrito de 1707 que describe los prolegómenos de la batalla - con la anecdótica noticia de que en Font de la Figuera, sitiada por austriacos, llegaron a sustituir agua por vino, incluso para amasar el pan-, y una detallada relación de ambos ejércitos; pero excluyen­do a ciertos personajes poco dignos como «Oficiales Reformados, y Aventureros»        
Aquí no queda más remedio que hacer un alto y revisar otro de los capítulos vidriosos de la historia: ¿hubo realmente un eje militar y político entre Valencia y Cataluña? ¿es cierta la participación de un ejército valenciano en la defensa de Barcelona? ¿Se utilizaron las cuatro barras por parte de estas fuerzas valencia­no-catalanas? Hay escritores que así lo han afirmado en sus libros, pero es falso, como se puede comprobar fácilmente.
De entrada, sorprende que José Manuel Miñana siempre que menciona a nuestros vecinos les llame «los ladrones catalanes». E1 texto original fue redactado en latín, debiéndose esta traducción a un historiador imparcial: el catalán Pedro Voltes Bou. El religioso trinitario Manuel Miñana tenía 36 años cuando presenció la expulsión de catalanes de Valencia en 1707; decisión adoptada por los maulets que, aunque tenían en la «Casa de las Armas cañones, picas, arcabuces .v mosquetes suficientes para armar a diez mil hombres»), no movieron un dedo para ayudar a la causa austriaca. Es decir, hubieron podido cambiar el curso de la guerra de haber participado en ella.

En 1985 se publicó «De bello rustico valentino», crónica de Miñana sobre la Guerra de Sucesión en el Reino de Valencia; edición patrocinada por la Di­putación de Valencia. Pero los traductores, sin argu­mentos convincentes, sustituyeron «ladrones catala­nes» por «mercenarios»:
“En cuanto a ladrones, sabemos que señala (Miñana) a los miqueletes catalanes que sirvieron en las tropas de/ Archiduque, pero nos hemos inclinado por mercenarios por varios motivos»
Motivos quizá similares a los que les hizo catalanizar topónimos en su traducción, olvidando la genuina forma valenciana que se empleaba en 1707. El religioso Miñana quiso calificar a los catalanes por su actuación, y no por ser mercenarios; la mayoría del ejército del Archiduque tenían esta categoría, por ejemplo, los portugueses pagados con dinero inglés y holandés.

Repasando las andanzas de los catalanes que acompañaban a las tropas inglesas, es comprensible el desprecio que Miñana y otros valencianos sintieron hacia ellos. Sagunto se rindió a las fuerzas del Archiduque a principios de febrero de 1706, dejando los 4.000 ingleses una guarnición de 2.000 catalanes en la ciudad «que no cesaron en sus devastaciones y rapiñas, a pesar de lo capitulado en el acto de la rendición».
No fue sólo Sagunto, numerosas villas del Reino sufrieron el saqueo de los maulets catalanes que, inútiles para enfrentarse a un ejército organizado, eran aptos para atacar indefensas poblaciones; aunque, en más de una ocasión, salieron malparados:
«Finestrat se hallaba con una corta guarnición y sostenido de sus vecinos armados, quando animosamente lo atacaron diterentes Cuerpos de Micaletes, con algunas piezas de artillería, Y se llenó de gloria (..) logrando al fin  derrotarlos y, apoderarse de su artillería, armas y equipage (.. ) Iguales elogios mereció la Ciudad de Segorbe, que con una corta guarnición y sus vecinos, pudo triunfar de otro formidable Cuerpo de Migueletes»

Queda fuera de duda que los valencianos no forma­ron ningún ejército con los «micalets» catalanes, salvo casos aislados y confusos como el de Játiva. La defensa de esta ciudad vino precedida de actos vio­lentos contra algunos partidarios de Felipe V, y parece ser que el núcleo defensivo eran 800 ingleses y numerosos catalanes:
«.., y la executaban (la defensa) los 800 Ingleses y multitud de Micaletes, que validos de la fuerza havian  reducido a todos a una miserable esclavitud»
Játiva fue repoblada por sus destructores o, por lo menos, soldados y partidarios de Felipe V:

«Muv pronto contó la nueva colonia (de San Felipe) con una población de trescientos vecinos, casi todos forasteros, porque el objeto de Felipe V era el heredar en la ciudad de San Felipe (Xátiva) a los soldados lisiados en la guerra, a los hijos de los muertos en defensa de su causa y a otros servidores»
Respecto a los calificativos contra los catalanes, no sólo eran de origen valenciano; el Almirante de Castilla, en diálogo para preparar la campaña contra Felipe V, lanzaba una cruel visión del carácter catalán:
«Que no se debia fiar el Rey de los Catalanes, gente voluble ,y traydora, y tan amante de si misma, que si les importasse, mudurian lueg,o partido (..) que solo saben pelear como Ladrones»
El concepto del Príncipe de Armestad era más favorable, teniendo en cuenta que le estaban esperando en Barcelona sus aliados catalanes:

«Que eran los Catahalanes gente feroz, y pertinaz  en la rebelión, que 1a tenían por costumbre»
Los valencianos conocían mejor que nadie, por haberlas sufrido, estas inclinaciones de sus vecinos norteños. Anteriormente a la Guerra de Sucesión se trató de proteger la frontera, pero nadie esperaba la considerable fuerza del ejército aliado que facilitó cl desbordamiento de «micaletes» catalanes en el Rei­no:
«La sublevación catalana, acaecida durante el reinado de Felipe IV, sirvió de precaución al Consejo General de Valencia para disponerse a ,formar un cuerpo permanente de tropas dispuesto a proteger el Reino contra cualquier ataque de origen catalán»
La opinión de considerarlos amigos de lo ajeno estaba generalizada, como se deduce en las memorias del aragonés López de Mendoza y Pons, escritas en 1709. En ellas describe la contienda en la zona de Morella:

«porción del Reino (le Valencia (..) sucedió a últimos de Febrero con 600 migueletes que, abrigados de las asperezas de las montañas, infestaban las cercanías de la plaza (de Morella). Contra ellos hizo salida mi hermano con 90 dragones (..) La noche antes hizo adelantar al capitán con 30 dragones una compañía de milicias valencianas con orden de procurar sacar de su guarida a los migueletes»
A continuación, el cronista narra el «desalojo de catalanes», y vierte unas consideraciones sobre ellos:
«Estos sucesos (..) podían desengañar a los catalanes de la inutilidad de sus migueletes para todo lo que no era robar a mansalva»

También confirma este historiador el aniquilamiento y posterior repoblación de Játiva con gente extraña:
           
«tan sangrienta tragedia, que me la refirió primero el limosnero muyor dc1 Señor Duque de Orleans, con la expresión de que nada había quedado vivo, ni aun los animales domésticos (..) se le impuso el (nombre) de San Felipe (a Játiva), permitiendo se repoblase de extranjeros y no de valencianos»
           
Los extranjeros no parece que permanecieron mucho tiempo en la destruida ciudad, pero sí los botiflers que la repoblaron. Por cierto, tanto los valencianos partidarios de Carlos de Austria como los del Borbón, eran contrarios a cualquier pérdida de los derechos autonómicos. La prueba está en la aireada protesta de los Jurados de la ciudad de Valencia (igual que habían hecho en el pasado cuando el rey cometía contrafuero), por la supresión de los fueros del Reino:
“al Jurado en cap de Valencia y al secretario de la ciudad, ambos finísimos borbones y elegidos por orden de! señor Felipe V, se les castigó con prenderlos”
Estos botiflers acabaron en la cárcel de Pamplona por defender los derechos del pueblo valenciano. ¡Cómo nos han confundido los escritores catalanistas respecto a nuestros antepasados maulets y botiflers! Incluso nos han introducido estas palabras catalanas ­en nuestro valenciano:         
«la perniciosa voz de Botiflers, que empezaba en  Vich como trompeta de sedición»       

Advertencia al lector:  ........En fin, mi deseo hubiera sido publicar El Tratado de la Real Señera en idioma valenciano, pero habría generado polémica incluso en los valencianistas, así que esperaré pacientemente a que confiemos en nosotros mismos y no tengamos complejo a usar el léxico autóctono. ¿Por qué anatemizar, por ejemplo, vocablos vivos como “sigle”?, cuando ya en 1656, el culto cronista Marco Ortí afirmaba que “me manaren escriure la relacio de les festes de quart sigle en llengua valenciana”. En fin, habrá que esperar “en molta fermea y fortalea” para no derrumbarnos ante la demoledora “inmersió catalana” generada desde centros de enseñanza, prensa y, especialmente, Canal 9.
Origen: Tratado de la Real Señera (Señeras Valencianas y Pendones Catalanes) pp. 359-362  de Ricardo Garcia Moya   Ajuntament de Valencia – Depósito legal V-3351-1993