jueves, 22 de octubre de 2015

LA HISTORIA SE REPITE




LA PAELLA DE "ELS PAISOS CATALANS"

MANUEL BROSETA PONS 23/07/1978


“En los últimos días se han producido dos hechos pletóricos de significado. El primero parece anecdótico –casi folklórico- y el segundo es eminentemente político. Ambos se complementan y ambos unidos son perfectamente coherentes, aunque no los podamos admitir. Conviene meditar sobre ellos, desde una perspectiva política.

El hecho, que alguien ha calificado de anecdótico, se produjo en Berlín: en la Semana Cultural Catalana y dentro de la gastronomía catalana, se exhibió la paella. Hace tres días, en el congreso, el diputado catalán Jordi Pujol, expuso y según él con carácter “pedagógico” –explicó-; según las referencias de la prensa -pues aún no he conseguido el “Diario de Sesiones del Congreso”- qué es el “pancatalanismo”; qué es eso de “Els països catalans” y afirmó la “vinculación” del País Valenciano a Cataluña. Jordi Pujol, para defender la federación entre territorios autónomos, parece ser que afirmó que pertenecemos al bloque catalán y-añadió- que esta idea tiene amplio apoyo aquí. Según otros periódicos, parece que el diputado catalán afirmó la “primacía de lo catalán sobre lo valenciano, en punto a voces de capitanía cultural e histórica”.

Algunos diputados valencianos se indignaron y replicaron al líder de la burguesía catalana y de la banca catalana. La propuesta constitucional fue rechazada.

¿Qué significan estos hechos políticamente? Parece conveniente, elevarnos desde la anécdota a la categoría. Así entenderemos las cosas.


II


La exhibición de la paella entre la gastronomía culinaria catalana es un desatino, que es innecesario demostrar. Pero ¿entonces qué significa esa apropiación indebida o sea expoliación gastronómica? Pues sencillamente un paso más –y lamento decirlo- de la “escalada” catalana de algunos grupos y personas que pretenden afirmar que somos una comunidad (la valenciana) que simplemente forma parte de una nacionalidad común y superior que es la nacionalidad catalana.

Lo afirman como resultado de un simple silogismo que algunos postulan: el pueblo valenciano forma parte de la nacionalidad catalana; la cultura valenciana forma parte de la cultura catalana; luego, si la gastronomía es parte de la cultura, la paella es catalana. Y el mismo argumento aplican a la lengua; si el valenciano es una variante del catalán, forma parte de la cultura catalana y, en consecuencia, es catalán. Y le cambian el nombre, y por ende, ya no hay que decir que hablamos valenciano, sino catalán. El “parlem valencià” debe ser sustituído por el “parlem català”, cambiando el nombre de la lengua, pese a que siempre la hemos llamado valenciano. Aussiàs March, ya no sólo escribía en catalán, sino que es catalán. Y la cultura valenciana es catalana. Y el gótico valenciano es catalán; y la cerámica, aunque sea de la zona castellano parlante, y el mueble y la arquitectura también. Y ahora, la paella. Por este camino hemos de decirles que muchos pensamos que cualesquiera que sean las razones históricas que se invoquen, la “senyera” valenciana no podrá ser la cuatribarrada, porque -entre otras razones- la “senyera” de dos territorios autónomos no puede ser idéntica, a menos que se nos quiera meter en una misma nacionalidad: la nacionalidad catalana. Y eso no lo quiere la casi totalidad del País Valenciano.


III


En definitiva, se nos quiere decir que somos la misma comunidad histórica y cultural; y quieren que incluso formemos parte de la misma comunidad política. Seremos así una región de “els països catalans”. Y dice el señor Jordi Pujol, que todo eso tiene amplio apoyo en el País Valenciano.

Pues no señor. Hay que decirle al señor Jordi Pujol –respetable político catalán, por muchas razones- que se equivoca. Que aquí los ciudadanos se sienten valencianos y no catalanes. Que afirman –diga lo que diga la lingüística- que hablan valenciano, y que gracias al pueblo que así habla y siente se ha salvado la lengua valenciana. Y que nuestra cultura no es la cultura catalana, no sólo porque la cultura es algo considerablemente más amplio y profundo que la lengua, sino, además porque la cultura valenciana es ya indisolublemente dual: valenciana y castellana. Aunque le pese. Porque los procesos históricos son como son, y no como el señor Pujol hubiera querido que fuesen.

Pero es que, además, para que una comunidad de ciudadanos de un territorio, pueda afirmarse que posee una nacionalidad o una cultura determinada, en el caso debatido la catalana, es indispensable que esos ciudadanos se sientan catalanes. Y los valencianos no se sienten catalanes sino valencianos. Todo lo demás, son teorías historicistas, voluntarismos maximalistas o deseos de ensanchar las áreas de influencia para practicar la propia política, para practicar o extender la propia economía o para aglutinar más territorio y más habitantes, para –bajo la capitanía de Cataluña- fortalecer su propia política frente al Gobierno central. Porque de eso se trata, como a algunos, desde hace bastantes años, se nos ha explicado con el deseo de catequizarnos.


IV


Todo se comprende si se analiza desde una perspectiva política y económica. Y dejemos ahora de lado los tradicionales y reiterados intereses económicos contrapuestos de Cataluña y del País Valenciano, de los que han sufrido bastante labradores y exportadores valencianos, cuando tenían que sufrir los efectos de la política “proteccionista” postulada desde Barcelona.

Todo se comprende –como acaba de verse claro en el Congreso de los Diputados- al llegar al momento de postular y defender la tesis del “pancatalanismo”. Algunos lo sabemos desde años (como lo saben muchos otros a quienes también se les explicó la “teoría”) y por eso no lo aceptamos. Entre otras muchas razones, porque a un pueblo que está esforzándose en retrobar su propia identidad de pueblo diferenciado –de verdadero pueblo valenciano- lo único que no se le puede decir es que comparte la nacionalidad catalana; o que su “senyera” será idéntica a la catalana. Porque no lo siente, ni es así. Y si se le insiste y se le vuelve a insistir, al final se irrita y reacciona. Y se enzarza en disputas y en querellas y defiende su identidad. Partiendo de este sentimiento, todos los excesos son posibles, aunque sean reprobables y condenables.


V


Todo esto tiene un nombre y siento profundamente pronunciarlo: es una verdadera expoliación cultural y nacional. Y buena prueba de ello es que la mayoría de los catalanes ni lo sienten ni lo quieren. Así lo comprendió la Asamblea de Cataluña, cuando en mayo de 1974 se lo explicamos unos cuantos valencianos. Su sorpresa fue, precisamente, que antes otros valencianos les habían intentado convencer de lo contrario. Tampoco lo cree Tarradellas y con él otros muchos catalanes, tan respetables como los que creen lo contrario. Ni lo cree el “Plenari” de Parlamentarios valencianos.


VI


En el fondo de tanta campaña para que cambiemos a la lengua el nombre de valenciano por catalán, que aceptemos que la cultura valenciana no es tal, sino catalana; que afirman que es indiscutible que la “senyera” fue y debe continuar siendo la “cuatribarrada”; y que nuestra cerámica, nuestro arte y nuestra arquitectura es catalana, late el deseo de algunos de crear pilares básicos desde los que al final, acabemos aceptando que somos “països catalans” y que, en definitiva compartimos la nacionalidad catalana.

Y lo digo –pese a que muchos les irrita- con profundo respeto por quienes así piensan. Pero yo no lo pienso, y pese a todo, he sentido la necesidad de decirlo. Entre otras cosas, porque desde hace años lo estoy discutiendo con ellos. Y lo digo, pese a quienes después escriban, que nadie me ha dado vela en este entierro, o que practico el “toreo de salón”. Como si para torear miuras –en política- fuera indispensable tener un acta de diputado, después de mendigarla en los pasillos de Madrid; un pase de Iberia e ir al Congreso a estar casi siempre callado y después protestar airadamente por los riesgos que otros, diputados o no, con su opinión tienen que soportar”.