jueves, 22 de octubre de 2015

LA CUESTIÓN DE NOMBRES


Autor: Miguel Navarro Sala

 La "Cuestión de nombres", parangonando en cierto modo el pensamiento pancatalanista de Joan Fuster, pretende dar un punto de reflexión valencianista al tema de los nombres que la historia ha ido colocando sobre el mapa románico del Sur de Francia y del Levante español.
 Areas LINGÜÍSTICAS EN LA PENÍNSULA
 Resumiendo la actualidad románica de la Península Ibérica, nos encontramos con el hecho existencial de tres manchas lingüísticas o áreas bien definidas que vienen a coincidir con las áreas geográficas ocupadas por los tres primitivos pobladores de la península: Celtas, Iberos y Celtíberos. Son éstas:
- Al Oeste, la Galaico-Portuguesa. Dialecto Gallego al Norte, lengua Portuguesa al Sur.
- En el Centro, la Castellano-Asturiana. Dialecto Bable al Norte, lengua Castellana al Sur.
- En el Este, la Valenciano-Catalana. Dialecto Catalán al Norte, lengua Valenciana al Sur.
 Los tres primeros pobladores de la Península Ibérica sin duda hablaban diferente, pero todos ellos fueron romanizados y latinizados, luego visigotizados y arabizados, uniformados y abandonados lingüísticamente hablando a su suerte. Naturalmente tendría que aflorar en la descomposición, de nuevo, las peculiaridades propias del conservadurismo primitivo, y así se diferenciarían del latín las tres manchas lingüísticas del romancero español y portugués. Pero algo muy importante hay que apuntar para plantear la cuestión de nombres, y es que:
 1) Las tres manchas sufren la misma génesis política, cultural, económica y militar.
 2) Portugal y CastilIa, naciones de pleno derecho, son equiparables políticamente hablando al Reino de Valencia, aunque inmerso dentro de la Corona de Aragón Valencia fue hasta los Borbones, una nación.
 3) Las tres tienen un Siglo de Oro. Primero Portugal por haber terminado en primer lugar la reconquista de su suelo. Luego surge el Siglo de Oro Valenciano porque fue la nación valenciana la que terminó su reconquista, si bien de la mano de Aragón. Y por último, es Castilla la que da término a su reconquista y por tanto da el tercer Siglo de Oro.
 4) En el Siglo de Oro portugués no hay ningún gallego. En el Siglo de Oro Castellano no hay ningún asturiano. Y, claro, en el Siglo de Oro Valenciano tampoco aparece ningún catalán como tal, y si alguna crónica es escrita por alguien de Barcelona, la hace como cronicón oficial y en "Valenciana Língua".
 5) Las tres disponen de gramática y universidades donde se enseña.
 6) Las tres están al Sur de sus proplas manchas lingüísticas, dejando al Norte a sus dialectos. El Gallego está al Norte del Portugués. El Bable está al Norte del Castellano. Y el Catalán está al Norte del Valenciano.
 Naturalmente que el émbolo musulmán empuja a las tres comunidades hacia sus nortes y los concentra: a los portugueses en Galicia, a los castellanos en Asturias, y a los valencianos en el Midi francés (no en Cataluña ni en los Pirineos) porque los musulmanes traspasan los montes y llegan a Poitiers y Tours donde los detiene Carlos Martel. La ponencia expondrá más adelante algo sobre Las Covadongas españolas, y por eso ahora sólo se insiste en que estos núcleos culturales condensados en el norte vuelven a bajar hacia el sur con una lengua más vigorosa y propia al reencuentro con los romances que dejaron en territorio ocupado por los moros, y en aquel reencuentro hay que enmarcar la definitiva construcción de las lenguas, portuguesa, valenciana y castellana.
 No resulta, pues, serio ni fiable aquel "científico" que se deja decir que el portugués y el castellano son lenguas y el valenciano es un dialecto, porque o es un ignorante o lo que es peor, un político pseudocientífico tergiversador de la verdad histórica.
 Ahora bien, la ponencia considera legítima, pero no recomendable, la aspiración política de un pueblo a la secesión lingüística, y así ve bien que los gallegos hayan creado la Academia de Lengua Galega; que los asturianos estén realizando esfuerzos para la consecución de la Real Academia de Bable; y que los catalanes hayan creado su academia bajo el nombre de Institut d'Estudis Catalans. Pero mientras que los gallegos no se pronuncian sobre el carácter dialectal respecto a la lengua del Sur, a los asturianos no se les ocurre decir que el Castellano es un dialecto del Bable, a los catalanes les da por decir, risiblemente, que el Valenciano es un dialecto del Catalán, y organizan grandes pantomimas carnavaleseas por el mundo, falsificando textos e inventando situaciones que favorezcan la expansión de tan peregrina idea.
 La Real Academia Española, en uno de sus acuerdos publicado en el Boletín de la misma en 1959 y firmado por su Secretario Perpétuo D. Julio Casares, definió al Valenciano como lengua, pero esta definición, que tenía que haberse reflejado en el Diccionario de la Real Academia, salió cambiada, en el mayor fraude que la historia de la ciencia conoce, falsificada en la imprenta por dos académicos catalanes, uno vive y el otro ha muerto, que aprisa y corriendo fueron nombrados para tal menester por los grupos de presión catalanistas antes de la aparición del diccionario en 1970. Todos los esfuerzos valencianistas para volver las cosas a sus cauces, tropiezan siempre con los subalternos de la Academia, infiltrados catalanes en ella, que no dejan prosperar las propuestas de revisión que han de llegar a la permanente.
 Concluyamos este apartado diciendo que la lengua valenciana tiene la categoría de tal porque además de todo la expuesto en su génesis compartiva con el portugués y el castellano, cumple los requisitos que la ciencia, aún sin codificar la cuestión, admite para tal defìnición: 1) Es lengua el modo de hablar de un pueblo o nación, y el valenciano lo cumple. 2) Tener una gramática, y el valenciano la ha tenido siempre desde Ancelm Turmeda en 1350 hasta nuestros días. 3) Tener un Siglo de Oro con autores que la hayan codificado y ennoblecido con escritos de renombre universal, y ¿quién tuvo literatura más universal que la valenciana en Tirant lo Blanch?
 HISTORIA
 Las bases para la teoría lingüística valenciana pasan forzosamente por la consideración de las tierras de Urgel, Lérida y Tortosa como Países de habla Valenciana. Estas tierras son históricamente valencianas porque su cultura, su habla, su economía agrícola-industrial, su sistema de pesas y medidas, etc., y sobre todo sus poblaciones han sido comunes a las propias del Reino de Valencia. Han constituído relación biunívoca cultural panValencianista, la que es fundamental para resolver la "Cuestión de nombres". Los mismos catalanes reconocen la unidad de la lengua de estas tierras, aunque la llaman "Catalán Occidental", pero su nombre propio es el de Lengua Valenciana. Esta ponencia no pretende en modo alguno hacer de esta teoría panValencianista cultural ningún proyecto político de futuro.
 Desde las correrías del hombre prehistórico valenciano que jamás dejó huella en Cataluña, impedido por la cadena costera catalana, hasta nuestros días en que resulta tradicional la subida de los valencianos al Pla d'Urgell para comercializar los productos agropecuarios de estas tierras pirenaicas, los llanos y valles paralelos de los Países Valencianos orientados de Norte a Sur desde Alicante hasta Andorra, incluso introduciéndose en Francia hasta Toulouse y Limoges (la ponencia presenta un mapa donde se aprecia la línea recta que une a las ciudades de Alicante, Valencia, Castellón, Lérida, Toulouse y Limoges), han supuesto el paso obligado de las corrientes migratorias y asentamientos de los pobladores llegados en ambas direcciones. Las desviaciones laterales resultaron siempre imposibles gracias al imperativo geográfico.
 Esta unidad étnica y cultural, producto de los constantes trasiegos de su población, ya tuvo sus inícios en épocas prehistóricas, como lo demuestra el arte rupestre. Mucho más tarde, el Cid Campeador, ayudado por Pedro I de Aragón, había repoblado el Reino de Lérida conquistado a los moros con valencianos, mientras la defendía de las apetencias del Conde de Barcelona, al que llegó a hacer prisionero por dos veces consecutivas en guerra abierta. La política matrimonial del Cid, casando a su hija Dª Cristina con el infante Ramiro de Navarra y a Dª María con el Conde de Barcelona, tenía por objeto afianzar la Valencianidad de estas tierras, y quién sabe si la intención de poner los cimientos de un futuro imperio valenciano tan al gusto de la época. Otro tanto hizo D. Alfonso I el Batallador, asentando por tierras de Lérida a más de 4.000 mozárabes valencianos traídos en sus correrías. Otro tanto hiciera la natural huída de los cristianos valencianos hacia el norte ante el acaso musulmán, como en el centro y al oeste hicieron los castellanos y portugueses, de modo que por los pasos geográficos de la Plana de Castellón al valle del Ebro, y de allí, ante el impedimento de la Cadena Costera Catalana, se lanzaban por los llanos de Lérida y Urgel hasta el sur de Francia. Muchos de ellos se quedaban en estas tierras ante la tranquilidad y posibilidades agrícolas que estas zonas les ofrecían. Otros, a pesar de todo, pasaban a la Marca Hispánica, completamente despoblada, llevando sus costumbres y artes, y así lo confirman en sus escritos autores como Sánchez Albornoz, Salvador de Madariaga, o los escritos de B. Boades (Feits d'armes de Catalunya) que, aunque son una falsificación de los de Roig i Jalpí, no afecta en nada a la descripción de estos fenómenos.
 Tiene visas de certeza la leyenda según la cual un noble valenciano de la corte de Orihuela, a la caída de la taifa de Teodomiro, huyó a Francia como era costumbre de entonces llevando consigo sus pertenencias, y entre ellas una virgen morena llamada de Montserrate. Según la tradición, la talla de madera procedía de Numidia y pertenecía a San Agustín. La palabra Montserrate, Agoste, Monforte, Sarrià, etc., se encuentran en las crónicas de Omar Ben Afaín, el caudillo de Sierra Elvira, contemporáneo de Teodomiro de Orihuela. El noble llegó a la Marca Hispánica siendo conde de Barcelona Wifredo el Velloso, y ante la montaña -hoy de Montserrat -, cayó enfermo. El noble hizo promesa a la imagen que portaba de erigir allí mismo una capilla si sanaba, y quedarse él de anacoreta con el nombre de Fray Juan Garin. Así ocurrió todo, pero una rocambolesea historia habla de la violación y asesinato de la hija de Wifredo el Velloso por Fray Juan Garin, que dio en el olvido al anacoreta, a la imagen y a la capilla. Años más tarde, descubierta la imagen en olor de milagro, se inició el culto del actual Montserrat y el mito del abate Oliva.
 La ponencia expone que la cultura valenciana ascendió primero hacia Cataluña y Francia, y luego descendió de la misma forma y razón que lo hicieran los castellanos y portugueses, siempre entrecomillados dichos nombres. Así como los "castellanos" se concentraron en Asturias y los "portugueses" en Galicia tras la invasión musulmana, y D. Pelayo organizó la Covadonga que impulsó la reconquista Centro-Oeste, los paisanos de los países valencianos, concentrados en el sur de Francia, concretaron la Occitania, esa Francia de teja roja, que inicia su reconquista con Carlos Martel en la Covadonga valenciana de Poitiers y con héroes tan legendarios a la Fernán González como fue Guillermo de Orange, de forma que el paralelismo es completo y distinto. No obstante, el caso valenciano presenta además la circunstancia de que a medida que Francia cerraba el espacio occitano destruyendo su lengua y cultura, D. Jaime I abría el espacio valenciano y mallorquín en España potenciando la lengua y la cultura.
 Comparemos fechas:
 1229 Jaime I conquista Mallorca; Raymundo VII de Tolosa se somete a París.
 1231-32 se conquista Menorca y se inicia la conquista del Reino de Valencia; Occitania es sometida por el tratado de Meaux.
 1244 conquista de Játiva; cae en Occitania su último reducto, Montesegur. Pero al trasvase político de Occitania a Valencia acompaña también un trasvase de Lengua y Cultura. Francia y la Iglesia cerraban universidades y centros de cultura Kátaros en Occitania, y Jaime I inauguraba las universidades de Valencia y Mallorca (Estudios Generales). En Valencia se potenciaba el lemosín que culmina con Ausias March (totalmente desprovenzalizado) y en Mallorca se potencia el provenzal (que culmina con Ramon Llull y su Blanquerna (totalmente en provenzal).
 EI tratado de Millau, por el que Aragón tutelaba a toda la Occitania, obligaba a Pedro II El Católico, padre de D. Jaime I, a defender con las armas y ayudar en todo a los occitanos. Muerto Pedro II en la batalla de Muret frente a Toulouse en la cruzada contra los albigenses que encargó el Papa al rey de Francia, los intelectuales kátaros perseguidos por la Inquisición pasaron la factura a su hijo el Rey Jaime I, quien tuvo que cobijarlos y darles asilo político, no sin las advertencias del Papa por ser herejes, y bajo la condición de asentarlos en Valencia y Mallorca por ser tierras de moros, mas no en Cataluña o Aragón que eran tierras de cristianos.
 No obstante, y siguiendo las teorías del franciscano inglés Whalls, antes de ser asentados en las nuevas tierras de moros conquistadas, dichos intelectuales debían residir algún tiempo en Aragón y Cataluña, vigilados por los obispos correspondientes, y si su conducta era aceptable pasaban a Valencia o Mallorca definitivamente, sin aparecer para nada en el libro de repartimiento, ya que dicha residencia no presuponía domínio de tierra. Su medio de vida era la enseñanza, la profesión liberal o el oficio de amanuense y corrector de latines y romances cerca de los conventos. No menos de 50.000 intelectuales occitanos pasaron en estas condiciones durante la dilatada vida del Rey D. Jaime I y sucesores. Unos cuantos soldados ignorantes no pueden traer en sus mochilas una lengua, pero 50.000 intelectuales con ganas de promocionarse sí pueden crear las bases para potenciar un gran idioma, y esto es lo que ocurrió en el portentoso desarrollo cultural de la Valencia del Medievo. La Universidad de Valencia (1245) y la de Lérida (1300), cuando Barcelona (1450) no disponía todavía de este poderoso medio cultural generador de civilización, contribuyeron decisivamente al hecho de la unidad idiomática y cultural de las tierras valencianas desde Orihuela a Andorra durante el gran replanteo socioeconómico y cultural de la Europa de los siglos XIII y XIV.
 Otras motivaciones posteriores seguirían provocando el trasiego de gentes por los países valencianos. Cabe destacar: Las deportaciones masivas de Pedro IV, el del Punyalet, tras la guerra de la Unión; las huídas provocadas por las crueles persecuciones entre Centelles y Solers, las repoblaciones con campesinos valencianos del Pla d'Urgell tras la victoria del Reino de Valencia sobre el Condado de Urgel después del compromiso de Caspe o las pestes periódicas que arrasaban la Huerta de Valencia y que obligaban a la población valenciana a refugiarse en las más secas comarcas de Lérida y Urgel. Las Germanías también desplazaron a más de 5.000 personas hacia el norte de los Países Valencianos.
 Toda una literatura gigantesca, toda una brillante historia, aguardan adormecidas su despertar a lo universal, como reivindicación valenciana para una recuperación de la concienciación colectiva cultural y lingüística de los pueblos norteños mediante el reencuentro con las raíces sureñas históricas valencianistas que les hicieron crecer. Todo ello debe constituir tema de primordial permanencia en el sentir y actuar de todo valenciano.
 ...Y LA CUESTIÓN DE NOMBRES
 No es cierto que la lengua valenciana sea un dialecto del catalán, ni tan siquiera se puede decir. Sí que es cierto la existencia, al menos en su origen, de una gigantesca cultura unificada que disponía de su propia lengua, la de OC, perteneciente a un conjunto de países que dejaron de ser una alternativa nacional en la batalla de Muret en 1213, donde queda dicho que murió la cabeza visible y máxima representación política, Pedro II de Aragón, de aquel inmenso glacis europeo formado por Occitania y Aragón. Pedro II, como rey cristiano, había asistido a la batalla de las Navas de Tolosa en 1212 como cruzada contra el infiel; en cambio, al año siguiente, 1213, lo vemos luchando al lado de los herejes en contra de la cruzada papal que, encargada a Francia, comandaba Simón de Monfort. ¿Qué había pasado?. Pues que Aragón tenía un pacto, el de Millau, con todos los estados de Occitania por el cual salía valedor de cualquier ataque militar o agresión que sufriese cualquiera de estos estados. La cruzada se dirigió contra los albigenses de la ciudad de Albí o su rama de herejes más montaraz que eran los kátaros o perfectos, pero Francia aprovechó la ocasión para apoderarse de Occitania. Pedro II tuvo que ponerse al lado de la ciudad de Albí y de rechazo ayudar a los herejes, muriendo en la batalla de Muret.
 Para Robert Lafont, el binomio Iglesia-Estado francés decidió el futuro de D. Jaime I de Aragón, de Valencia y de Mallorca, con la destrucción de Occitania, su cultura y su lengua y la creación de otros dos nuevos estados con la misma cultura y lengua pero sin herejía. Jaime I, hijo del derrotado Pedro II, que sería el nuevo cruzado de la Fe contra el infiel, y habría de avanzar la reconquista de Aragón por Valencia y Mallorca, en Francia estorbaba, y la Iglesia dispondría de nuevos territorios donde asentar a los herejes semiortodoxos no merecedores de la total hoguera. Resultaba más económico y más cómodo desterrarlos a tierras de moros que catequizarlos. Con estas poderosas premisas, no es extraño que D. Jaime I, prisionero del de Monfort durante toda su juventud, aprendiese bien la lección, y renunciando por el tratado de Corbeil a sus derechos en Francia, se viniese a España a cumplir lo mandado y programado. Queda dicho y sabido que conquistó los reinos de Valencia y Mallorca y asentó a no menos de 50.000 intelectuales occitanos, inmensa muchedumbre para aquellos tiempos. Mientras, al decir de Roig i Jalpí, unos dos mil sacerdotes, catequistas, actores, profesores de lemosín y provenzal, fueron contratados en el sur de Francia y traidos, preferentemente por barco, con sus tramoyas, vestimentas, libros, gramáticas, etc., para catequizar a musulmanes y herejes occitanos conjuntamente, al tiempo que se les unificaba la lengua, la cultura, y se les instruía en los misterios de la Fe, localizando a los oriundos de Limoges en el Reino de Valencia y a los provenzales en Mallorca, de cuyos grupos queda dicho que Ausias March y Ramon Llull son los más representativos. Ausias significa "Agustín" en lemosín. Éstas fueron Las bases de las nuevas nacionalidades que bullían en el pensamiento de D. Jaime.
 Las fiestas de moros y cristianos, así como los autos sacramentales al estilo del Misteri d'Elig son reminiscencia de la forma en que los asesores de D. Jaime, al no disponer de escuelas suficientes para
esa enseñanza masiva, empleaban para que, participando el pueblo en los festejos y representaciones incluso dentro de los templos, aprendiesen tres cosas fundamentales: 1.- La nueva lengua valenciana. 2. - Los misterios de la Fe. 3. - Que los moros habían perdido y que tenían que convivir pacíficamente con los cristianos. Los herejes en forma de judíos acaban siempre por convertirse en esas representaciones. Así lo afirma al menos el Condestable Lucas de Iranzo en su antiquísima obra "Los Moros y Cristianos".
 El Misteri d'Elig, ese monumento musico-literario único en el mundo y perteneciente exclusivamente a la lengua valenciana por su composición en el verso, palabras utilizadas, estructura musical, es claramente lemosín. Y soslayando la parte de milagro que pueda tener su aparición en Las playas de Santa Pola encerrado en un arcón con la Mare de Deu, con la Consueta, dice la tradición que también iban gramáticas de lemosín, y con una etiqueta en el arcón que decía "Soc per a Elig". Prueba evidente transmitida por testimonio oral de que el Misteri llegó en barco procedente del Sur de Francia y de seguro como consecueneia de un naufragio, ya que la tradición también asegura que la aparición ocurrió en un día muy crudo de invierno. Los que conocemos la Bahía de Santa Pola y la peligrosidad del Canal existente entre el cabo y la Isla de Tabarca podemos comprender el naufragio, porque hemos presenciado otros y los restos han ido siempre a parar a la Playa de Tamarit en las salinas.
 No fue la Iglesia inconsciente del peligro maniqueo a que sometería a los futuros Reinos de Valencia y Mallorca al trasladar a ellas tan ingente cantidad de herejes dudosos, y por ello el Gran Inquisidor de Occitania Bernardo Guidonis dió a la Inquisición de Aragón las normas que él había llevado en Occitania para la vigilancia de los desplazados. Normas que estuvieron vigentes durante muchos años y que se aplicaban a rajatabla, llegando incluso el Gran Inquisidor de Aragón, Nicolás de Eymerich, en su celo, a denunciar a S. Vicente Ferrer, que de seguro hubiese sido detenido de no mediar la íntima amistad de nuestro santo con el Papa Luna, quien rompió en secreto el expediente de S. Vicente. Los Condados Catalanes, entretanto, se nutrían culturalmente de Mallorca, constituyendo un pueblo provenzal y mercantil que no entró cultural ni políticamente en este gran juego de replanteo social de los siglos XIII y XIV.
 En el mapa adjunto, y en este momento histórico, la distribución lingüística occitano-valenciana:
 

I. - Dominio GASCÓN: de Burdeos a Fraga (incluye el aranés)
II. -Dominio LEMOSÍN-VALENCIANO: de Limoges a Alicante.
III. - Dominio ALVERNÉS.
IV. - Dominio PROVENZAL-LANGUEDOC-CATALÁN-MALLORQUÍN: de Génova a Tarragona.
V. - Dominio de transición OCCITANO-FRANCÉS (OC-OIL).
VI. - Dominio de transición OCCITANO-CASTELLANO (Aragonés).
 El mapa de Pirineos hacia el Norte lo publicaron en 1950 los grupos de Acción Occitanista de la Universidad de Munich. De Pirineos hacia el Sur ha sido publicado en repetidas ocasiones por el Omnium Cultural de Barcelona. La ponencia se ha limitado a unir ambos planos a la misma escala con el resultado sorprendente de detectar la continuidad geográfica de las lenguas a ambos lados de los Pirineos.
 En la actualidad persisten las modalidades lingüísticas al Sur de los Pirineos que fueron consecuencia de las modificaciones introducidas por el potente Siglo de Oro Valenciano en el adjunto mapa valenciano-occitano.

 Si bien se pudo decir antes del Siglo de Oro que había un provenzal en Cataluña o catalán, que más bien era mallorquín; y en Valencia, Tortosa, Lérida y Urgel, un lemosín que ya iba siendo valenciano, con Ausias March y la moda de la prepotente Valencia y del siglo XV, Cataluña se valencianiza quedando Mallorca aislada con su habla peculiar. Estos hechos que incluso los propios catalanes reconocen al decir en sus textos literarios que "Ausias March fue el primer escritor catalán que dejó de utilizar el provenzal " y que, a partir de aquí, el catalán se desprovenzalizó. Bien: la realidad ya la conocemos. Lo que ocurrió fue que Ausias March escribió siempre en valenciano-lemosín, y cuando los escasos intelectuales catalanes imitaron la moda de Ausias, dejaron ellos de utilizar el provenzal, valencianizando su lengua, con lo que hoy podemos asegurar sin ambages ni tapujos que, en la Cataluña actual costera, lo que los catalanes llaman "catalán oriental" no es más que un dialecto de la lengua valenciana que bien podría llamarse "valenciano oriental ".