jueves, 22 de octubre de 2015

LA ENGAÑIFA DE HARRY POTTER EN `VALENCIANO´



Ricardo García Moya
Diario de Valencia 3 de Marzo de 2002

Los catalaneros se enrique­cen con los montajes, siendo el último la supuesta edición “en valenciano” de Harry Po­tter. Bastaría conocer los nombres de la que han perpe­trado esta engañifa para saber que es un texto en la lengua del Institut d’Estudis Cata­lans, con el “amb” de marras, las desinencias verbales bar­celoninas (eix), la morfología fabriana de sustantivos y pro­nombres (xic, joia, us, jo, donar-hi), la geminación ridí­cula (pel-lícula), y el léxico de arcaísmos y barbarismos que nos impone Cataluña (dues, veure, feia una estona, llen­çol...; no los valencianos dos, vore, fea un rato, llançol...) Lo dicho, es un engaño más.
Si les dijera que “yo” -no el “jo” del Harry Potter-, es la forma valenciana del pronom­bre de primera persona, uste­des podrían partirse de risa; incluso si me apoyara en un Menéndez Pidal que distin­guía entre el “catalán jo, va­lenciano yo” (Gram. Hist. p.251), podrían alegar que es un castellano intrigante, así que ahí va nuestra artillería pesada: “yo he donat” (St. Vi­cent Ferrer, 1410); “yo dich” (Trobes en la­hor de la Verge, 1474); “yo no creuria” (Esteve: Liber,1472); “lo que yo” (Vallmanya: Car­cer d’amor, 1495); “yo he amat la bellea” (Corella: Salteri. 1490); “que yo” (Imit. Iesu­christ, dedic. Miquel Pereç, 1491); “com yo” (Biblia Pere Pasqual, 1492); “yo, misera­ble” (Primera del Cartoxá, 1496); “fent yo” (Gaçull: La brama, 1561); “yo li diré” (Mi­lán: El Cortesano, 1561); “es veritat que yo” (Pou: Thesau­rus, 1575); “en que yo vixch” (Guerau: Desc. dels Mestres de Valencia, 1586); “yo escol­tant” (Salzedo: Vida Hier. Si­món. 1614); “yo tampoch” (Mulet: Poesies a Maciana, 1645); “y haventlo partit yo” (Ortí, M.A: Can. S. Tomás. 1659); “faltant yo” (ACV.Ms. Melchor Fuster, h.,1680); “yo podré obtindre” (Alarcón: El tenorio de Alsabares, Elig 1891); “¿Yo? Ni vórela” (Peris, Joseph: La peixca de la balle­na. 1926); “yo” (Dicc. RACV, 1997).
Hasta la miseria actual de Tarancón y sus bromeras, el idioma valenciano era uno
más de los europeos, asimilan­do préstamos y cediendo léxico a las lenguas vecinas. El novelista Francisco Santos, en 1668, pone en boca de un hi­dalgo castellano muerto de hambre esta frase dirigida a un valenciano: “y assí id con Dios, con vuestras chulletas y vuestro arroz” (Santos. El no importa de España. Madrid, año 1668, p. 193). Santos no consideraba la valenciana “chulletes” como totalmente castellana y escribe “chulle­tas”, con abertura postónica y sin la disimilación palatal que daría “chuleta” hacia el 1700. El novelista, sin saberlo, proporciona testimonio del proceso integrador del sustan­tivo valenciano en la lengua de Góngora, ya que el “chulla” que recogía Covarrubias en 1611 se consideraba sólo “vo­cablo valenciano” (Tesoro, 1611). Del arabismo “arroz” podríamos suponer otra tra­yectoria similar al aparecer como “ris” en la Barcelona del XIII, mientras que en los productos valencianos que entra­ban por Tortosa se llamaba “ros” o “arrós”.
Al ser dogmas de fe los mandatos del Institut d’Estudis Catalans que gobierna en la  Generalidad Valenciana, no cabe la discrepancia. Si el IEC dice que no existe la ch en va­lenciano es que no existe, y los que la utilizaron en el pasado fue por una fuerza demoniaca que les obligó a plasmar la “ch” africada sorda donde querían poner una x o tx. Así, entre la documentación robada por los franceses en Siman­cas (año1810); y que al ser devuelta a España (año 1852), chorizaron los catalanes para el mal llamado Archivo de la Corona de Aragón, hay estos escritos de la Cancillería Real: “Universitatum de Mucha­mel, Sancti Joannis et Beni­magrell” (ACA. Canc. Real. Sig. L.384). Este documento del XVI contiene la traducción al valenciano, incluido el tér­mino “universitat” o pobla­ción pequeña: “de les Univer­sitats de Muchamel, Sant Joan y Benimagrell”. Los del IEC limpian el anus con los testimo­nios del topónimo “Muchamel” en valenciano (jamás escrito “Mutxamel”), y la borregada catalanera del PP y PSOE aplaude embelesada estas cacicadas morfológicas.
El dígrafo ch -ausente en Harry Potter-, estaba presen­te en el romance prejaimino, como reconocía un sorprendi­do Corominas al comentar que Marchalenes aparece con ch en las primeras documen­taciones del XIII: “notem que apareix amb ch en les dades antigues” (Onom. Barcelona, 1996). De igual modo, entre lineas, el filólogo cerrajero Max Cahner describía el itine­rano del arcaísmo valenciano “fachides” que, desde el Reino, se filtró por la ruta valen­ciana hacia Lérida. En concre­to, Cahner analiza una frase del catalán Eiximenis, ciuda­dano da Valencia a fines del XIV: “por moltes fachides que li havia fetes” (Terçs,II); co­mentando que: “desde Valen­cia, subiendo por Cardona y Solsona se debió propagar hasta Cerdanya” (DECLLC, Barcelona, 1995). Efectiva­mente, Cahner describe la cu­ña valenciana hacia Lérida, ciudad pequeña donde la pre­sencia de estudiantes, profeso­res, predicadores y comerciantes valencianos filtraba voces como “fachides”, catalanizada en “fatxidas”. El tridente Co­rominas, Gulsoy y Cahner re­conoce que “fachida” poseía la “ch” extraña al catalán, sien­do “señal casi infalible de que una forma o vocablo nos viene de un lenguaje afin pero dis­tinto de nuestra lengua”; en concreto, “un manlleu del mo­ssàrab” (DECLLC) Es decir un préstamo del mozárabe va­lenciano prejaimino.
En el falso valenciano de Harry Potter hay sustantivos catalanes como “joia”, cuando es “joya” en el idioma valen­ciano, según la blavería sece­sionista: “rica joya” (Pere el Ceremoniós: Elogi de l’Acró­polis. A.C. Aragó, setembre 1380); “Scipió los enjoyá” (Ca­nals, Antoni: Scipió, h.1395); “dot a les filles, joyes” (Roig: Espill,1460); “una joya a tots los trobadors” (Trobes en lahors de la Verge, 1474); “mo­neda e joyes” (Martorell: Ti­rant,1490); “joyells spirituals” (Pereç, Miquel: Imit. Iesu­christ, 1491); “molta roba y joyes” (Breu relació de la Ger­mania, 1519); “furtar les jo­yes” (Dietari de Jeroni Soria, 1548); “qui te tal joya” (Orti, M.A.: Cent. San Vicent, 1656); “joyes y premis” (Mas, Lluis Vicent: Sermó Cof S.Vicent, 1755); “¡Qué joyes!” (Coloqui de Tito y Sento, 1789); “joya, joyes” (Dicc.RACV. 1997). Por cierto, en la Hist. Lit. Catala­na hay un entrecomillado de Martí de Riquer sobre la frase del rey de Valencia alusiva a la “rica joya” de la Acrópolis ate­niense, en 1380. El sagaz filó­logo catalán se equivoca (¿) y transcribe “joia” con i latina, donde el original dice “joya” con y griega.
Aviso público: realicen la prueba del “amb” cuando sus hijos hojeen libros “en valenciá” en librerías o grandes superfi­cies; si aparece el “amb” en el texto, digan rápidamente: ¡Chi­quet, solta eixa merda! Ya en el hogar, desinfécteles las manos.


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