miércoles, 16 de febrero de 2011

LA GUERRA DE SUCESIÓN (VI)



Una rebelión exitosa

Desde 1704, Francisco Dávila, que probablemente había sido uno de los líderes de la Segunda Germanía que había escapado de la represión, recorrió todo el sur del Reino de Valencia explicando a los campesinos que el pretendiente austriaco estaba dispuesto a abolir todos los derechos de los nobles. Así, cuando Juan Bautista Basset desembarcó en Altea en agosto de 1705 la rebelión se extendió con facilidad por la región.

Basset alcanzó Valencia vía Altea, Denia, Gandía y Alcira, sin encontrar oposición a sus tropas. Cuando los nobles partidarios de Felipe de Anjou o las fortalezas intentaron resistir a su avance, los campesinos armados les obligaron a retirarse. Así, el virrey, el duque de Gandía y otros nobles y botiflers empezaron a huir a Castilla, ya que no confiaban en la resistencia de la capital del reino.

La ciudad de Valencia abrió las puertas al ejército austracista sin oponer resistencia, al tiempo que llegaban noticias del levantamiento de Cataluña, y de la llegada del mismo archiduque Carlos de Austria a Barcelona. Estos hechos ayudaron a extender la revuelta entre Vinaroz y Benicarló a Villarreal y Castellón de la Plana, donde los maulets se hicieron fuertes. Una vez instalado en Valencia como virrey en funciones, y con la mayor parte del reino bajo el poder de los maulets, la primera medida tomada por Basset fue la de abolir los impuestos recibidos por los nobles.[4]

Entre las medidas tomadas abolió el dret de portes ("derecho de puertas") -un impopular impuesto sobre los productos de las colonias en Valencia- y dejó de pagar impuestos al monarca. Basset toleró, y en cierta forma fomentó, la persecución, arresto y expulsión de los ciudadanos franceses, mercaderes principalmente, que eran considerados por el pueblo como enemigos y por los mercaderes locales como peligrosos competidores. A la vez, se reestablecieron las relaciones con las Potencias Marítimas, partidarias del candidato austriaco, retomando el comercio con éstas. Basset pasó a arrestar y confiscar los bienes de los botiflers más importantes.

Enfrentamiento entre los aliados

Basset, una vez instalado en el Reino de Valencia, debía organizar la defensa contra las tropas partidarias de Felipe de Anjou, y pidió ayuda al archiduque Carlos debido a que vio que los maulets no eran una fuerza capaz de hacer frente a los ejércitos franceses y españoles. Como ayuda a Basset fue enviado un ejército inglés a las órdenes de Charles Mordaunt, conocido como Lord Peterborough. La llegada de estas nuevas tropas permitió rechazar los ataques enemigos pero creó un nuevo poder político en el reino, comandado por el conde de Cardona, que no tenía ninguna intención de permitir los excesos cometidos por los maulets. Tanto lord Peterborough como Cardona tenían instrucciones de acabar con los excesos cometidos, y ganarse así el favor de los nobles, que en su mayoría apoyaban al candidato borbónico.
Otro de los problemas es que el archiduque Carlos de Austria, como propietario de tierras de realengo y principal señor de la Orden de Montesa, había experimentado una reducción en los ingresos debido a la negativa de los maulets a su pago. Este dinero era indispensable para mantener el ejército en la contienda, y como consecuencia se debía actuar contra los maulets y su líder, Basset.

Cardona y Peterborough empezaron una ofensiva contra algunos de los colaboradores de Basset, acusándolos de la confiscación inapropiada de bienes pertenecientes a ciudadanos franceses y a botiflers, y encarcelándolos a la espera de juicio. Basset por su parte, fue enviado a Alcira y posteriormente a Játiva para que participara en los combates. El 25 de junio de 1706, el archiduque Carlos logró entrar en Madrid, y el día 2 de julio el archiduque fue proclamado rey de España.[5] Se aprovecharon las celebraciones para enviar a Peterborough a Játiva y arrestar y encarcelar a Basset, lo que provocó revueltas entre las clases populares.

En Valencia se escucharon gritos de "Viva Basset, antes que Carlos III" (Visca Basset, abans que Carles III en valenciano), lo que demostraba el sentimiento mayoritario de los valencianos. De hecho, Peterborough tuvo que girar los cañones para apuntar al interior de la ciudad y controlar a la población. Las manifestaciones de protesta duraron varios días, se enviaron cartas al rey a Barcelona, y hubo declaraciones públicas en favor de Basset y sus reformar en numerosos lugares. Sin embargo, las protestas cesaron esperando que el archiduque Carlos liberara a Basset al llegar a Valencia, ya que una rebelión contra las tropas austracistas y con el ejército borbónico amenazando de invadir el reino habría sido contraproducente.

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