lunes, 21 de diciembre de 2015

LA LENGUA VALENCIANA EN SANSESTABIÉN



Ricardo García Moya
Diario de Valencia 21 de Enero de 2001

Así rebautizaron a San Se­bastián en la Guerra Civil. Mientras toda España andaba de paseillos, la ciudad del Uru­mea gozó de plácido buen vivir. Ocupada sin dificultad en 1936, se convirtió el paraíso de valen­cianos huidos de un Reino don­de, por un quítame esta deuda, te hacían mártir de plomo en nuca. Igual sucedía en la zona nacional. Durante la pesadilla se mantuvo el amor a la lengua propia entre valencianos republicanos y nacionales; hasta Fuster recuerda en su etapa falangista y brazo en ristre, que en los ambientes fascistas que frecuentaba todos hablaban va­lenciano.
La II República también res­petó la independencia de una lengua que -viva desde Crevi­llent a Tortosa- podía oírse has­ta en Barcelona. En las mismas narices de Fabra, el teatro en valenciano competía con el cas­tellano en los proscenios ram­bleros. El 15 de agosto de 1934 se estrenaba en el Teatro Coro­leu de Barcelona “¡Che, quin dia! Sainet valenciá en un acte y en prosa”, editándose en la mis­ma ciudad y año. No era excep­ción, pues “Anem a la Madale­na. Choguet de costums de Cas­telló” de Vicent Breva Branca­dell también se representó allí y fue publicado por la barcelonesa Gráficas Vilalta en 1931.
La edición en Barcelona de obras en valenciano se remon­taba al XV, aunque aquellos incunables de prosa teológica fueron sustituidos en los tiem­pos del charlestón y champag­ne, entre 1920 y 1936, por chis­peantes sainetes. Hubo años en que la temporada teatral pare­cía de la ciudad del Turia, más que de Barcelona. Por ejemplo, en 1927 se estrenaba en Barce­lona “¡Tot per un gos! Diálec valenciá”. Atravesando unas ca­lles se podía acceder a la Sala Pompeya, donde se escenificaba “Per l´honor de ma muller. Salinet valenciá”. Había más ofertas. En el barcelonés Teatro de la Comedia se ofrecía la farsa «Per la filla del Alcalde. Cho­guet cómic”; y, aunque parezca excesivo, en el cercano Teatro Bosque de Barcelona, el 21 de marzo de 1927, se ponía en escena “Marianet y Marianeta. Choguet bilingüe”. La inmersión no lo dice, pero el teatro en lengua valenciana, sin catalanismos, compitió con el castellano en la Barcelona anterior a 1936. Los espectadores distinguían los tres idiomas; nadie confundía, p.e., el choguet valenciá, el juguete castellano y la jogina catalana. La Enciclopedia del catalán Dalmau CarIes editada en el republicano 1934 recordaba la existencia de cuatro “lenguas regionales: catalán, gallego, éuskaro, valencia no” (Enc.Gerona,1934, p.104).
Pasamos al sangriento 1936. De los miles de valencianos que buscaron cobijo en San Sebastián queda constancia en el Koldo Mitxelena Kulturenea, centro cultural modélico: Allí conservan el libro que Teodoro Llorente Falcó escribió sobre su estancia en San Sebastián y la detenciones por hablar valenciano. Según recuerda, “por el hecho de haberse refugiado una colonia catalana que llegaba a las 30.000 personas a fines del año 1937, y a varios millares la valenciana, se oyera en todas partes, en los hoteles, en las fondas y pensiones, en teatros y cines, en las calles y los cafés más catalán, valenciano y vasco que castellano” (Llorente: Los valencianos en San Sebastián 1941, p.48)
La inquietud que tal situación provocaba entre los mandos franquistas era considerable. Para atajar el desacato se organizaron brigadillas idiomáticas de guardias que cumplían este orden: “El primero, al oír en la calle, terrazas de cafés, etc., conversaciones en idioma distinto al castellano, llamará cortésmente la atención a los infractores y continuará su camino si es atendido, cuidando de exhibir la placa”. El segundo, “sin boina regla­mentaria, convenientemente distanciado del primero, observará con disimulo si la primera advertencia ha sido desatendi­da...”. Lo que sigue es fácil de adivinar, si no atendían las sugerencias, el de la boina y los otros filólogos de pistola detenían a los “infractores, llegando al uso de la fuerza si a ello hubiere lugar”.
En Donostia vivían regníco­las “cuya lengua familiar y usual es la valenciana (...) y es natural que hablasen entre ellos su idioma natal, lo mismo en la calle, que en los teatros y cafés” (ib,p.50) Analizando el texto coetáneo del franquismo cuartelero, comprobamos que los valencianos de la zona nacio­nal no odiaban su idioma, tal como propaga la inmersión. Recuerda Llorente una mañana de 1937, cuando hallándose dos valencianos en una cafetería de la avenida donostiarra, los comisarios lingüísticos les “requirieron para que cambiasen de idioma”. La reacción no fue muy sumisa.
Los tertulianos fueron dete­nidos y conducidos al Gobierno Civil; pero, al estar San Sebas­tián invadida de valencianos, a pocos metros se escuchó: «Che, ¿ahón aneu?”. El jefe de patru­lla, ante la inesperada agresión lingüística, ordenó: “Véngase
usted también con nosotros, por no hablar la lengua ofi­cial”. El aludido, estupefacto ante el espantajo de boina y pistolón, preguntó: «¿Y aixó per qué?”. La situación fue re­pitiéndose, llegando al Gobier­no Civil una procesión de catorce insurrectos. No hubo torturas ni macabro final. Se impuso multa al más alborota­dor y, con prudencia, nuestros compatriotas siguieron ha­blando valenciano en los foros donostiarras. Acabada la gue­rra, en 1939, Llorente siguió defendiendo el idioma en el Centro de Cultura Valenciana y Lo Rat Penat; aunque los franquistas del Institut d‘Es­tudis Catalanas conseguían con­trolar la Revista valenciana de filología, iniciándose la catala­nización parasitaria con fon­dos públicos.
Respecto a la Bella Easo, ac­tualmente hay quien dice que es Sansestabién; pero otros, recu­perando una alusión irónica a las provincias vascongadas, ase­gurarían que: “en les Provincies Bascollaes pareix que van a mo­chicons”(El Tabalet, any 1847, p.168).

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