lunes, 21 de diciembre de 2015

LA LENGUA VALENCIANA DE LA IGLESIA



Ricardo García Moya
Diario de Valencia 6 de Enero de 2002

No ganamos para sustos. El otro día, el diario catalán Le­vante salía con un gran titular, al que servidor añade marco expresivo: “¡Guauu, guauu, noticia del día, guauu, guauu: El Vaticano no reconoce la competencia de la AVL en tex­tos litúrgicos, guauu, guauu!”. ¡Qué horror, Dios mío, qué tra­gedia para la izquierda obrera e intelectual! Esto es grave , ya verán. Los motilones de Saó, encolerizados ¿crearán otro Vaticano paralelo, con subven­ción de la Generalidad, para poder publicar todo en cata­lán?, ¿proclamarán papisa a Ascensión, arzobispo a Hauf y ostiario a Eliueu Climent? De­jemos, en fin, la vil ironía. Co­mo es sabido, el diario catalán Levante es como el perro que controla el rebaño. Ahora pre­tende con un titular en prime­ra plana acojonar a la Iglesia con sus tretas, ya que la len­gua que defiende el diario Le­vante es la de su amo barcelo­nés: el catalán, no el valencia­no. El Ferrán sabe que la AVL es un supositorio sardanero in­troducido para aplastar cual­quier discrepancia sobre la imposición del catalán y liqui­dación del idioma valenciano.
Tengo aquí un texto litúrgi­co en valenciano clásico, im­preso en Venecia en 1490. Se trata del Psalteri de Roiç de Corella, escritor que escribía “en lengua valenciana” (Car­toxá, 1496). El psalteri, como obra medieval, difiere del va­lenciano moderno, pero sirve en nuestro caso para demos­trar la conexión entre la len­gua religiosa de 1490 y la valenciana del 2002. Los cata­lanes usan estos impresos para justificar construcciones y lé­xico actuales, ya que los clási­cos valencianos eran modelo para el condado (p.e., el Carto­xá de Corella se reedita en “valenciana lengua” en Barce­lona en 1518). Los filólogos del IEC seleccionan lo que les con­viene, descalificando la sinta­xis, morfología y léxico que po­líticamente no les interesa por su cercanía al castellano o, ge­neralmente, por coincidir con el valenciano moderno que in­tentan liquidar.
En la prosa religiosa valen­ciana clásica hallamos el sata­nizado neutro “lo”, que el Vati­cano debiera autorizar en los textos litúrgicos en lengua valenciana actual (en la catalana no nos afecta su supresión). En el primer folio del salterio impreso por el judío tudesco Johan Hertzog en Venecia, lee­mos: “en tot lo que fará” (Psal­teri, 1490). En la prosa litúr­gica abunda la referencia a “els fels e infels”, alusivos a la aceptación de la fe. Lo que no encontramos es la grafía “fi­del” en ningún escritor valen­ciano clásico, renacentista o barroco, salvo en casos de evi­dente castellanismo, pues aparte der recordar al presiden­te cubano, fidel es más caste­llano que el Cid y fue habitual en la prosa de Berceo y compa­ñía. Por el contrario, Sant Vi­cent decía hacia el 1400: “Deu es fel e just”(Quar.,75,71).
En el salteri de 1490 hacen acto de presencia el pronombre “yo” (no “jo”), el adverbio “hui” (no avui), el sustantivo “juhi” (no judici), verbos con morfología valenciana “foren descuberts, han ubert, boca uberta, la mort nos ha cubert, perque sapia” (no descobert, obert, cobert, sápiga), construc­ciones como “al entorn” (no “al voltant”), pluralizaciones co­rrectas: “los fills dels homens; tots los termens”. Algún sus­tantivo abstracto, “la sua gra­nea”, que anticipa la forma viva actual “la seua grandea” (no grandesa), y otros que con­cuerdan: “bellea, redonea” (no bellesa, rodonesa). A los niños valencianos se les enseña que el riñón debe llamarse “ronyó”; pero es falso, ya que en lengua valenciana coloquial, culta y litúrgica era y es “renyó”, como aparece en el salterio: “los meus renyons”. Igual que en los misterios religiosos de Ti­moneda, el salterio sólo conoce la voz “maravella” (no merave­lla), y las construcciones “en terra, en Venecia”, son opues­tas a las de la liturgia catalana y de Ascensión: “a terra, a Ve­nècia”. Respecto a la prohibi­ción catalana de la ch valencia­na, lógicamente en el salterio no se tiene en cuenta: “lo Se­nyor guarda los chiquets, illu­mina e dona enteniment als chiquets”. La lengua litúrgica valenciana no usaba “estimar"para expresar el amor místico y humano, sino “voler” y “amar”: “Senyor, yo he amat la be­llea”(Salteri,1490).
En los textos religiosns va­lencianos hay conceptos geo­gráficos, “la redonea del mon” (Psalteri, 1490), y otros que sorprenden. Así, en los autos de Timoneda inspirados en los evangelios se cita al siniestro “lladre de sanch humana” (Mist. de la Iglesia, 1569) don­de figura el sustantivo “sanc” (no “sang”) . El idioma valen­ciano de los textos religiosos es tan robusto como el de la prosa profana, creando voces como “atonit” (Mist. Emaus, 1569), al unísono con otros idiomas o anticipándose a ellos. Así, el verbo “llastimar” presente en el Misterio de la Iglesia: “y la veu tan llastimada... están llas­timats” (a.1569) no aparecerá en catalán hasta 1631 y en términos muy exóticos para nosotros: “som restats mul (sic) llestimats” (DECLLC). Aunque los textos litúrgicos y jurídicos arrastraban arcaís­mos, poco a poco se actualiza­ban siguiendo la lengua viva. En el “Misterio de la Iglesia”, Timoneda usa la forma “soli­cit” (no "sol-licit"), respetando la grafía de Martorell, “solici­tava la gent”, y mantiene la clásica morfología en "desijar”, sin la pegajosa “t” que la inmersión adosa a tutiplé.
Los autores de textos de la ESO y Universidad babean an­te las órdenes idiomáticas del Principat de pacotilla, y se avergüenzan hasta de nuestro título histórico de Reino. En fin, si tuviéramos algún politi­co que nos defendiera y no nos tomara el pelo, los textos litúr­gicos estarían en idioma valen­ciano moderno, incluyendo los neologismos propios, igual que sucedía cuando éramos libres. Los descomunales diccionarios etimológicos que el ejército de filólogos del IEC ha elaborado -­nadando en océano de millona­rias subvenciones-, olvidan registrar la génesis de vocablos valencianos que posteriormen­te pasaron al castellano y cata­lán. Ejemplo de ello lo ofrece el Misteri de Emaus (a.1569), donde a continuación de “fet per Timoneda” leemos la frase “son interlocutors” con el neo­logismo “interlocutors”, cultis­mo que el catalán no incorpo­raría hasta el año 1805. De­rivado del latín tardío “interlo­qui”, lo utiliza Erasmo en 1513, siendo Timoneda quien lo aplica en 1569 con el valor de “personajes que hablan en un diálogo” (en castellano lo utiliza Quevedo, ya en el XVII).
En fin, el simpático San Za­plana seguirá otorgando la cus­todia cultural de los blandos va­lencianos a los lobos catalane­ros, que devoran todo siguien­do el ejemplo de sus maestros. Fíjense que el catalán Coromi­nas, al tratar sobre el vocablo  dice: "el valenciano Joanot Martorell afirma en 1487-39 que en catalán lo cono­cían ya hasta los muchachitos” (DCECH). Martorell cita el valenciano, inglés y portugués, pero jamás alude al catalán, sea en las cartas de 1437 o en cual­quier otro escrito. ¡Vaya bolas que inventaba el travieso filólo­go! ¿Joanot Martorell defen­diendo el catalán? Ni que fuera un Rafael Alemany o Palomero cualquiera. Lo malo es que no hay tribunal ni Sindic d’Agra­vis que impida el saqueo idio­mático.