lunes, 29 de febrero de 2016

LA REAL SEÑERA EN LA SIERRA DE ESPADÁN



Por Ricardo García Moya

Hoy, 9 de octubre, es una ocasión propicia para recordar acciones  protagonizadas  por  nuestro máximo  símbolo vexilológico. Una de éstas fue la ejecutada por el ejército del Reino de Valencia, presidido por la Real Señera, para sofocar el alzamiento morisco en la Sierra de Espadán en 1526. Los sublevados -más de 5.000 con la incorporación de moros aragoneses  o  "tagarinos"- se  habían adueñado del abrupto lugar, saqueando los arrabales de Segorbe, Onda y Vall de Uxó. EI 20 de mayo, un mensajero de Onda llegaba a Valencia pidiendo auxilio, y con la noticia del degüello de los habitantes de Chilches.

La capital no pódía dejar indefenso a su territorio. EI 7 de junio se activó la maquinaria bélica del Reino con la protocolaria colocación de la Real Señera en las Torres de Serranos; acción que significaba la declaración de guerra "a sang y foc". Durante los días en que la bandera estuvo expuesta  en  las  torres -mientras  las fuerzas del Reino iban organizándose-, jamás  permaneció sin custodia: "la guardaren de dia y de nit vint homens del Centenar de la Ploma".

Parece que no existía en la Corona de España -y puede que en ningún otro reino europeo- una bandera que tuviera para su defensa una compañía armada, como sucedía con la Real Señera. Sobre el aspecto que ofrecía en 1526, si observamos su imagen en los portulanos de la Hispanic Society of America, vemos que era idéntica a la actual, con barras coronadas sobre la franja azul; sólo difiere de la medieval (Biblioteca Nacional de París, Ms. GE. 8.8268) en que Ilevaba cuatro barras, no dos como la del manuscrito parisino.

EI ejército valenciano Ilegó el 19 de julio a Onda; donde quedó custodiada la Real Señera en el cuartel general. Hay que decir que nuestras fuerzas no se habían recuperado totalmente del varapalo de la Germanía, especialmente de la matanza que tropas catalanas y castellanas -al servicio de la nobleza- cometieron con los valencianos el  18 de julio de 1521, cuando "entre Almenara y Morvedre quedaron tantos muertos como cepas de viñas". En conse.cuencia, en el asalto a la Sierra de Espadán, el ejército del Reino -debilitado por el mal de Almenara- contó  con  el  refuerzo  de 4.000 lasquenetes alemanes, cedidos por el rey Carlos I de Valencia.

Precisamente, los alemanes tuvieron el honor de acompañar a la Real Señera por el regreso triunfal a  Valencia,  "entrárenla  per damunt lo portal dels Serrans", merced concedida por el gobernador del Reino Don Hieromi de Cabanyelles, al tener autoridad sobre el protocolo de la regnícola enseña.

Hay muchos detalles que han sido  interpretados  erróneamente en nuestros días. Un Jurat en Cap de 1526, de los que acompañaban a la bandera junto al gobernador del Reino, no equivalía a un concejal del actual Ayuntamiento de Valencia, sino al de un alto mando del ejército. Así, cuando en las Germanías sale la Real Señera a Campaña, se ordena a las tropas de las ciudades "que obedescan (sic) por Capitán General al Jurado en Cap de Valencia" (Viciana, MS. 46. Bib. de S. Cruz. Valladolid).  Respecto al traslado de la Real Señera, por su excesivo peso y cuando el trayecto lo requería, el Justicia Criminal cabalgaba a la "estradiota", obteniendo estabilidad para portar la enseña.

No hay duda que si otras regiones norteñas hubieran tenido un estandarte como la Real Señera y una  compañía  armada  para  su custodia,  habrían  recuperado  la tradición de la manera más fastuosa y, además, se encargarían de divulgar sus peculiaridades "en todas las Universidades del mundo", (como dicen ellos). Aquí sucede lo contrario: terroríficas mentes aniquilan con chimeneas de chatarra y hexaedros de cemento el casco histórico donde nuestros antepasados vivieron días de gloria.

Tras la victoria en Espadán, la entrada triunfal de la Real Senera en Valencia (25 de septiembre de 1526) fue apoteósica: cuatro mil alemanes de cinco en cinco en hilera, con escopetas, picas y "espases de tres palms, amples com tres dits" formaban la vanguardia del desfile; después "venien los tabals, trompetes y ministres" y el Justicia Criminal con la Real Señera o bandera del Rat Penat junto a "Hieroni Cabanyelles", governador  general  del  Reyne  de Valencia, ab oficials reals e lo capitá dels alamanys Rogondolfo" y las compañías valencianas.

Tanta expectación  como  los alemanes  -especialmente  la compañía  armada  con  "espases de dos mans"- despertaba en el ejército del Reino los famosos cañones de Xàtiva, artillería de campaña que ya estuvo presente al comienzo de la sublevación en el cerco de Benaguacil: "las  dos bombardas de Xátiva; la que se llama el Buey y la que se dice el Puerco". Precisamente en la solemne entrada de la Real Señera en la catedral, y en el ceremonioso ingreso en la Sala del Archivo, se dispararon grandes  cañones: "Quan arribá la Bandera a la Seu y a la Sala, tiraren grans bombardes".

Por tanto, en 1526 la Real Señera fue acompañada por miles de lasquenetes alemanes v compañías valencianas, grandes cañones de Xàtiva, cuerpo armado del Centenar de la Ploma y el Virrey, música marcial de atabales, pífanos y trompetas. Y no es por molestar. ¿Pero, hubo en alguna de las que ahora se titulan "comunidades históricas" (Cataluña, País Vasco,  Galicia...)  una  bandera equiparable a la Real Señera en cuanto valor material, histórico y protocolario? Sospecho que no.


                                     Las Provincias 9 de Octubre de 1996