lunes, 29 de febrero de 2016

LA REAL SEÑERA EN LA “GUERRA DELS SEGADORS”


Ricardo García Moya                                    Las Provincias 9 de octubre de 1992
Pocos valencianos recuerdan, al acompañar a la Real Señera el 9 de octubre, su protagonismo en la “Guerra dels Segadors” en una acción de­fensiva, después de soportar múltiples agresiones a la zona septentrional del Rei­no. Precisamente en el extremo sur, en Orihuela, se conserva un deteriorado opúsculo de Bartolomé Villalba –valen­ciano del siglo XVII-, que describía la dramática situación:
“¡Cómo se hallaba afligido este florido Reyno (de Valencia), tan dentro de sus caminos el enemigo, tan dueños de sus llaves, señor de la campaña sus campos talados, los vecinos fugitivos, los morado­res inquietos y asustados, mal seguras las villas y vendidas las aldeas ¡Qué molesta­do se hallaba!” (Villalva, B.: Restauración de Tortosa. Valencia, 1651).
De estos años se conservan peticiones de ayuda de las viudas de valencianos muertos en la frontera catalana; así “Joanna Mas, viuda de Gregorio Rodríguez, que murió a manos de los micaletes en Tortosa” (A. Cor. Aragón. Leg. 889); o, tam­bién. la de “Francisca, viuda de un Maes­tre de Campo, (que) pide se le pague de lo que procediere de haciendas de catalanes en el Reyno de Valencia” (A. C. A., Leg. 894).
Curiosamente, apenas murieron catala­nes, pues tuvieron la astucia de entregar Cataluña a la poderosa Francia en 1640, por lo que su paupérrimo ejército se bene­fició del “paraguas” militar francés. En un principio, los valencianos rechazaron invo­lucrarse en la guerra, pero la sistemática violación del territorio provocó la contun­dente respuesta. Era necesario tomar Tor­tosa. ciudad considerada puerta del Reino, y refugio de los que asolaban el Maestraz­go. El solemne y enrevesado texto de Vi­llalva nos recuerda los preparativos:
“Apréstate, pues, la restauración de la Plaza (de Tortosa); hace levas, alista soldados, tiende sus banderas, suenan las caxas (especie de tambor de guerra), pífanos responden. Hasta el reservado antiguo Centenar (de la Ploma) sacan y siguen el antiquísimo misterioso Rat Penat; y todos, y otros muchos, al Padre de la Patria su Jurado en Cabeza, heroyco Coronel de es­cuadras (que) asiste en la campaña con casi quatro mil infantes”.
Líneas después, Villalva hace gala del barroquismo metafórico en esta frase: “El fausto Rat Penat, o Real Lábaro si Timbre de este Reyno, tendió sus alas sobre la frente de las Flor de Lises”. Es decir, Real Lábaro, equivalía a Real Estandarte, aun­que Villalva usó de la hipérbole, pues, en sentido estricto era el estandarte de los emperadores romanos (María Moliner). La Real Señera, popularmente llamada “Ban­dera del Rat Penal”, siempre protegida por el Centenar y singularizada en la expedición, venció al ejército de “las Flor (sic) de Lises”.
Por tanto, los Tercios de Castellón, Orihuela, Segorbe, Alicante, Liria, Peñíscola, Morella y Valencia –con el Rat Penat “Timbre de este Reyno”- se desplazaron hasta el Ebro, donde las tropas de Felipe IV eran incapaces de someter al ejército franco-catalá. Lo sucedido en el cerco de Tortosa lo cuenta el dominico Pedro Esteban –el personaje más belicoso de la ex­pedición-, que lanzaba fuertes arengas en valenciano sobre la dudosa fe de los sitia­dos: “Germans dins de Tortosa tots los soldats que hi ya no son Cathotichs; que hi ya motis heretjes” (B. Nac. Madrid. Ms. 2381, f. 249).
La narración de Esteban podría corres­ponder a una confrontación actual: “sába­do. antes del amanecer, prosiguieron su marcha cubiertos de una niebla que les guardó del daño que podían recebir (sic) de la artillería de la plaça”. El Tercio de Orihuela y Alicante actuó como infantería de marina: “reforzó sus galeras para co­rrer la costa con gente que escogió del Tercio de Orihuela y Alicante, lo que hizo sin hallar navios (enemigos); volvióse con ellas a los Alfaques y la gente al exército”. Ya en tierra, oriolanos y alicantinos se rein­tegraron a labores de cerco: “Los Tercios del Reyno de Valencia hicieron su trinche­ra con sus fortines y puntas de diamante, desde el río (Ebro) at barranco que dicen del Diablo, que es por donde había el ene­migo de venir a romper para socorrer la Plaza”
Por otro lado, es poco sabido la abismal diferencia que presentaban los soldados valencianos –perfectamente equipados por gremios, municipios, cabildos y noble­za- y el lamentable espectáculo que ofre­cían algunos tercios castellanos que, en ocasiones, parecían mendigos: “el tercio está desnudo, en carnes y apartados en un cuartel de Vique por la vergüenza que daba dexarlos ver”. El sueldo del arcabu­cero imperial —cuando cobraba— no daba para mucho; “con 25 reales, no pueden mantenerse sino hambrientos y desnudos la mayor parte del año” (A. C. de Aragón. L. 72, 1686). No es extraño, por tanto, que las bien equipadas huestes valencianas consiguieran lo que no podían los famosos tercios imperiales. Así lo exponía Villalva:
“¿Qué será, que habiéndose perdido Tortosa más de dos años ha; hasta este año no se ganó Tortosa? Cuidado le da a la curiosidad este reparo. Y este año que se redujo la Plaza, no se ganó, no se rindió Tortosa hasta que las armas de Valencia salieron de sus límites a la empresa; y el fausto Rat Penat. o Real Lábaro si Timbre de este Reyno, tendió sus alas sobre la frente de las Flor de Lises. Un mes justo pasó de el salir de Valencia el Padre de la Patria, vestido de biçarros esfuerços, como de la nobleza acompañado, hasta entrar en Tortosa (...) este es tu Reyno, la Corona de Valencia, a cuyas armas rindieron el orgu­llo los enemigos.”
Aunque “los valencianos desean entrar en Barcelona” (Villalva, p. 21), la aventura terminó antes de Navidad. Los sitiados de Tortosa, desmoralizados por la captura de 500 infantes enviados para socorrerles, ca­pitulaban el 5 de diciembre de 1650 a las 8 de la mañana. La noche anterior, magnáni­mamente, se permitía salir a trescientos heridos que se encontraban en el interior de la plaza. Lamentablemente, y ya en nuestros días, ocurre un hecho vergonzo­so, pues ciertas autoridades que debieran dar ejemplo acompañando al “Real Lábaro del Rat Penat”, organizan actos paralelos a la procesión cívica con la finalidad de ais­lar y humillar a nuestra máxima enseña.