lunes, 29 de febrero de 2016

LA PARTE Y EL TODO O EL SUEÑO VIRTUAL


Autor: Antonio Alemany Dezcallar

Hay un pressing catalanista en Baleares alimentado por la euforia ante la hipótesis de un Estatuto catalán que rompa, se mire por donde se mire, en el texto y en la intención, el carácter unitario de la nación española. Supongo que el oro catalán engrasa con generosidad -lo ha hecho siempre- este quintacolumnismo ideológico, político y mediático que nos está invadiendo. Por diversas razones no tengo tiempo para analizar, aquí y ahora, como se merece este revival catalanista. Lo dejo para más adelante. De momento, sin embargo, esquematicemos los viejos fetiches argumentales que sirven de armazón a la ofensiva y que, por ejemplo, se han materializado en tres artículos de Damián Pons, de Gori Mir y de Nanda Ramón.
De entrada, la parte por el todo. Los tres articulistas dan por supuesto que lo que piensa el catalanismo grupuscular sobre la identidad catalana de nuestras islas va a misa. Somos -evidencia cegadora para estos articulistas- nación catalana, al menos nación cultural, concepto que no sé exactamente lo que significa y menos cuando las relaciones entre las partes que se supone comparten esta identidad nacional es tan conflictiva como evidente.
En segundo lugar, la identidad es la lengua, diagnóstico aventurado cuando más de la mitad de las respectivas poblaciones son castellanoparlantes siempre y la totalidad son castellanoparlantes a lo largo de buena parte de su vida de relación.
En tercer lugar, esta comunidad de lengua -conflictiva y, en todo caso, parcial- es acompañada por una supuesta comunidad de intereses que, en la realidad, son contrapuestos, en buena parte excluyentes y nada complementarios.
En cuarto lugar, las delirantes interpretaciones históricas que contraponen las trayectorias de los països catalans y España como paralelas, opuestas, históricamente disímiles y dialécticamente contradictorias cuando esto es históricamente falso, jurídicamente inexacto y políticamente absurdo.
En resumen, estamos, una vez más, ante unas minorías iluminadas que confunden la parte liliputiense -ellos- con el abrumador todo, que somos los demás. Y que, sobre todo, olvidan el elemento central y esencial de cualquier proyecto nacional: la voluntad de ser nación catalana, una realidad virtual que estas gentes se la creen en un enfebrecido proceso onírico, propio de los fanáticos. Todos los mimbres que exhiben para justificar la nación catalana se pueden aplicar, corregidos y aumentados, contrastados y asumidos, para justificar la nación española. Hablaremos de ello más adelante.