lunes, 29 de febrero de 2016

LA PASIÓN TURCA DE MOSSÉN ROCCA



Por Ricardo García Moya

Tenía que ser Antonio Gala, con su especial exquisitez, quien reflejara en "La pasión turca" la aventura erótica de una española en Turquía. La novela, a pesar de las crudas pruebas sexuales de la "perra salida" -según se autocalifica  la  protagonista- no adquiere excesivo realismo e interés. Lo cierto es que Planeta supo dorar la píldora publicitariamente (¿recuerdan el viaje de Gala y su bastón a Turquía para presentar la obra?) y, con la ayuda de la sensual Ana Belén, transformó el folletín en un peliculón de la obligada visión para la progresía militante. Así y todo, comparado este  producto cultural con los esperpentos que programa el régimen en Valencia -como el "integral" del trovador de la ciénaga, Raimon- merecería Gala el Nobel.
EI argumento tiene solera, pues ya existió "La pasión turca" de una valenciana en 1586; hasta el punto de que el prior de la Cartuja de Valldecrist intervino para lograr "la libertad del turco para que pueda casarse con la cristiana" (ACA, leg. 651 ). Durante siglos, los otomanos -"gente extraña", en opinión de Gala-  fueron  motivo  de  interés para los valencianos, especialmente de los que habitaban zonas propensas a  incursiones berberiscas. La posibilidad de cautiverio en tierra de infieles, sumisas al imperio turco, impulsó la publicación de obras sobre los mismos. Estas, despreciadas en ocasiones, constituyen un género menor literario y son presa apetecible para la voraz  región norteña que careció de ellos.
Así, en 1556 aparece en Valencia un libro con sabrosas intimidades sobre las características físicas de las turcas ("mujeres de grandes tetas,  comedoras de arroz y migas con mantecas") de un escritor nacido en el Reino. Se Ilamaba Vicente Rocca y presumía de ser "CabaIlero Valenciano"; título del que solían vanagloriarse nuestros antepasados; p.e., un contemporáneo de Rocca, el primer provincial franciscano en las regiones de Jalisco y Michoacán -nacido en Orihuela- siempre firmaba como fray Angel de Valencia. En el siglo XVI no existían ejemplares como  los que acudieron -gratis, faltaba más- al terrorífico integral", y que afirmaban ser catalanes de Picanya, Toledo o Albacete.
Eran tiempos en  que cualquier valenciano que observara el horizonte desde el Micalet o el Benacantil se estremecía ante la amenaza procedente del Mediterráneo; el Gran Turco, cruel y poderoso, golpeaba a Ia Europa cristiana. Pues bien, nuestro paisano Rocca averiguó pelos y señales del infiel enemigo, dejando constancia de ello en su "Historia del origen y guerra de los turcos", dirigida al duque de Gandía y editada en 1556 en Valencia.
Pero mossén Vicente -polo apuesto de Gala- sentía  pasión por las turcas. EI texto pierde frialdad conforme avanzamos en la lectura, pues la descripción de las turcas como "mujeres de grandes tetas", nos  introduce en  el  irónico mundo de los escarceos amoroso: "le desata (el turco) los çaragüelles con muchos halagos, y ella se hace mucho de rogar, por parecer más honesta  y  vergonzosa" (f.l 30). Con sentido del humor descubre el débil fervor religioso de algunos cristianos, en contraste con el turco: "tienen tanta reverencia a su santísimo nombre (de Dios), que porque se suele escribir en papel, no osaría nadie limpiarse con él  las partes vergonzosas" (f.l 29) .
Es una observación extraña, pues el papel era caro y rugoso en 1556; y no parece lógico que los valencianos lo  utilizaran  como sugiere Rocca. También apunta que "los niños, mientras leen, hacen muchas cabotadas (valencianismo que indica inclinación de cabeza) porque hallan el nombre de Dios". La procacidad  de  los  chismorreos del mossén confirma que los redactó en el Reino, no en Turquía, pues habría acabado "mutsurmano (sic) o circunciso", ya que "hacen circuncidar los turcos a los cristianos a la fuerza, si han avergonzado a algún musulmán o, o reído.  Si  lo hallan con alguna turca lo hacen turco o lo queman, o por gran favor lo capan".
Más que circunciso lo habrían convertido en gentil capón, por ser un malicioso deslenguado: "A la mujer la lavan las moças del baño; pero las más de las veces van en compañía diez o doce mujeres vecinas, y lávanse unas a otras, por donde suele haber entre ella grandísimo amor y se suelen enamorar una de otra; y deleytanse (sic) tanto en el baño que, si van por la mañana, no vuelven a sus casas hasta la hora de comer, y tres o cuatro veces a la semana" (f.134).
También  la  anatomía  baja  del Gran Turco es tratada por Rocca, pero no como Antonio Gala. Mientras que el escritor de Brazatortas estruja, sopesa y acaricia lo que ustedes sospechan, mossén Rocca no muestra interés hacia ellos, aunque le sorprende que: "los turcos mean encogidos  como  las  hembras; y, acabando,  limpian  muy  bien   el cabo de su cosa (sic)" (f.139).
EI libro de Rocca todavía no ha sido descubierto por los depredadores del  eje  lermacatalanero.  EI ejemplar citado se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, constituye una obra interesantísima dentro de su género; ergo, como los catalanes  no tienen  nada  en esta materia (igual que en tantas otras) seguro que urgentemente lo incluyen en la Gran Enciclopedia Catalana. Total, el  hierático y  la ciénaga no van a protestar; todo lo más, les otorgará alguna opípara subvención.
Por cierto, con subvención de la Generalidad de Lerma han editado en Almassora un curioso libro -en catalán, por supuesto- en que se traduce al idioma del Omnium Cultural obras del poeta árabe valenciano Ibn al Abbar: "devers Valéncia amb els vostres genets". Y es que para catalanizar, como saben, los chicos de Lerma siempre disponen de fondos reservados multimillonarios.