martes, 13 de septiembre de 2016

LOS PROFESORES DE CATALÁN

 

Por Ricardo García Moya

Son funcionarios de la Generalidad Valenciana, aunque obedecen al Institut d'Estudis Catalans y hacen la vida insoportable a quien no se catalaniza. Escriben libros como el titulado "Col-loquis" (Generalidad Valenciana,1996), un ensayo del profesor Joaquim Mestre de la Universidad de Valencia, que nos servirá de ejemplo para analizar la distorsión de la obra de Batiste Escoriguela, escritor nacido en Valencia en 1753. Del primero "mangazo" (¡cientifico ¿eh?) Mestre se carga el titulo "Coloqui de coloquis" dado por Escoriguela en el siglo XVIII, sustituyéndolo por el catalán "Col-loqui de col-loquis"; de paso, cierra vocal del subtitulo al cambiar "Ansisam de totes herbes" por "Ensisam" (Escrig, en 1851, recogía la variable "ansisam" como lechuga y ensalada).
El normalizador (que alude a Catalunya con el titulo mayestático de Principat) incrusta sin ton ni son lo de "País Valencià" y "literatura catalana"; despreciando que Escoriguela llamara a su tierra "Reyne de Valencia" ("Reflexiones críticas", 1794, f. 22), y diferenciara entre "llengua valen- ciana" y catalana (Ib.). Aparte del timo conceptual, el ensayista comete picardías apreciables al cotejar su versión (editada, ¿cómo no?, por la Generalidad) y el manuscrito del XVIII.
Donde en el original dice: "Pero yo, que ni per chansa"; el profesor Mestre, muy científico, transcribe: "Peró jo, que ni per xansa". Es decir, a la adversativa pero le mete la boina del acento, transformándola en la catalana "peró". Escoriguela situaba tilde en "vostè, asentaré, relació"; jamás en la grave "pero". Hay alteraciones sutiles, como convertir el original "en mich", en la locución preposicional catalana "enmig", voz que no consta en los diccionarios valencianos de Escrig (1851), Fullana (1921 ) o LAS PROVINCIAS (1997). EI furor catalanero de Mestre se ceba en la y griega y la ch valenciana, habituales desde Martorell y Roig; si en el original consta: "y encara pera els machuchos"; Mestre lo catalaniza en: "i encara per als matxutxos" (p. 345), cargándose la sintaxis de la frase y la ortografía de "machuchos", voz de raiz morisca (Corominas). Joaquim Mestre, como profesional de la catalanización, rechaza hasta el "malfaener" de la lengua valenciana por el "malfeiner" catalán: y sabe que "faena" es voz clásica, mientras que feina es corrupción catalana tardía.
En los comentarios, Mestre enloda conscientemente la lengua con catalanismos como el adverbio "avui" (p. 15), rechazando el clásico "hui"; y el barcelonés "cec" (p.18), no la voz valenciana "cego", usada desde la Edad Media. Estos personajes colaboran en revistas como Saó, alabándose unos a otros; así, Mestre alaba a Ferrer Pastor (q. D.g.) por incorporar en su falso diccionario valenciano palabras catalanas y mallorquinas "aunque no tengan una larga tradición literaria" (Saó, enero 1998). Es decir, son tiquismiquis con vocablos regnícolas centenarios, pero con tal de confundir y destruir la singularidad del idioma aceptan barbarismos como "gla, anyell, abitlar, finçonada, beula, betza, acurullar, alova, abarnegar" (Ib. p. 26). La destrucción es muy científica, mucho (y subvencionada).
En el ensayo, Mestre altera lo que le place. Si en el texto del XVIII lee "fill de Alboraya", de un plumazo lo convierte en "fill de Alboraia" (p. 55); dos líneas después, "ya" y "dichós" lo muta en "ja" y "ditxós". Embalado, retoca el "Coloqui de Peyró", en "Col-loqui de Peiró"; y el primer verso "Gracies al pardal de Alcoy", en "Gràcies al pardalot de Alcoi" (p.159), cargándose el topónimo. El sardanero, engreido, pontifica que "la lengua de los coloquios es el catalán" (Literatura de canya,1997, p.63), cuando él sabe que desde Carlos Ros a Escoriguela, pasando por Civera, todos puntualizaron que escribían en "llengua valenciana".
Escoriguela consideraba la lengua valenciana distinta de la catalana, y aconsejaba que el modelo central tenía que ser el paradigmático:  "Valencia es cab (sic) del Reyne, conque com así se parle es conforme es deu parlar" (Reflexiones críticas, 1792). Por el contrario, Mestre considera que "Barcelona es el centro literario e intelectual de todo el dominio lingüístico catalán" (Mestre, J.: Saó, enero 1998). El oficio de Mestre es la expansión del catalán, de ahí que manipule el idioma valenciano de Escoriguela, escritor que usaba el artículo lo para sustantivar, diferenciando entre "lo millor" y "el millor"; los indefinidos "els atres", "com hu que ronca"; las consonantes valencianas, "Deu os guart, chiques"; las formas verbales adecuadas: "yo sapia" (no "jo sápiga"), vorán (no veuran), vixca, vixquen, atrevixca, chiular, etc. No separaba enclíticos, asentarme, donarl- ila; no renegaba del adverbio hui por el avui catalán. Situaba la preposición en ante topónimo, "en Ecija, en Valencia"; utilizaba el adverbio "aixina"; las terminaciones valencianas de los sustantivos abstractos: pobrea, noblea, vilea; el pronombre nosatros; y, claro está, el léxico ahora sentenciado a muerte: milacre (no miracle), safanoria (no pastanaga), peregrí, colp, chiquet, mentres, etc.
Todo lo anterior lo prohíbe la Universidad de Valencia; mejor dicho, ésta no prohíbe nada; es el Institut d'Estudis Catalans, desde Barcelona (Capital de los inmersores) quien ordena y manda a los verdugos del idioma valenciano. Aunque hay una función que han dejado los catalanes a los valencianos ¿Adivinan cuál? Sí, esa, la de pagar los miles de millones que nos cuesta mantener a estos genios de la filología. Por cierto ¿y los políticos valencianos? ¿Cuándo limpiarán la cultura valenciana de excrecencias como el fumeral rovellat de Pie de la Cruz, o el catalanismo parásito?


Las Provincias 30 de Marzo de 1998