martes, 13 de septiembre de 2016

LOS INSULTOS DE “ESCOLA CATALANA”



Por Ricardo García Moya
Las Provincias 7 de Marzo de 1999

EI último número de "Escola catalana" -revista financiada por la Generalidad de Cataluña- denuncia que las Cortes Valencianas están gobernadas por "Pinochets" del PP y UV. Es curioso, pues nadie ha visto entrar pistola en mano en tal recinto a Zaplana o Villalba; tampoco recordamos a Tarancón atacando al trote con la Legión y su cabra, ni a Rita al frente de la Brunete o bombardeando el búnker de EU o el nido de Romero. Pero debe ser cierto, ya que "Escola catalana" es seria y nutre gramatical e ideológicamente al profesorado inmersor.
La denuncia contra los "Pinochets" no ha provocado ni carraspeo en nuestros Vinateas, y conste que la perla luce en la editorial, lugar emblemático ("Escola catalana", gener 1999, p. 3) . EI enfado catalán nace por el hecho de que algunos centenares de miles de valencianos que votamos y conseguimos mayoría en las Cortes, no nos gusta que Ilamen país al Reino. Se han irritado mucho los inmersores, ya que en Barcelona se acordó que sólo debía utilizarse un título: el de Principado de Cataluña, que es progresista. EI resto "de las comarcas" (sic) se Ilamarían islas o países catalanes.
También se han enterado del asunto "Pinochet" los alumnos que leen "EI Temps" y "Escola catalana" en las bibliotecas de los centros de BUP y ESO de la Comunidad -donde está prohibìda LAS PROVINClAS y sólo reciben este tipo de pienso intelectual. EI rebuzno de EC incita a la rebeldía contra los "Pinochets valencians" que no permiten usar la expresión "País Valencià" en "aquellas comarcas dels Països Catalans" (p. 3). Lo de "aquellas comarcas" alude a lo que secularmente, y todavía en boca de valencianos normales, se Ilamó Reino. (Hay que aclarar que quienes usamos esta denominación legítima no tenemos que ser monárquicos necesariamente, de igual modo que quienes usan Principado de Cataluña o Condado de Los Angeles no tienen por qué desear la sumisión a un príncipe o conde.)
Y los que suponen beatífica neutralidad a los vecinos del norte tenían que observar la diaria catalanización de los niños valencianos dirigida desde Barcelona. La citada revista EC regala el "Auca de Pompeu Fabra" con la orden de hacer fotocopias y que se trabaje sobre Prat de la Riba, el Institut d'Estudis Catalans y la "normativització". EI ingenuo pensará que nuestros políticos impedirán tal manipulación. Se equivoca, pues la Conselleria de Cultura es alma mater de la inmersión, y los escritos que remite a los maestros son paradigma del barceloní: "us pregue, aquesta, servei, amb", etc. Los inspectores de la Generalitat imponen las normas de EC y firman como "Cap de Servei d'Inspecció".
EI rebuzno del "seny" aterra a nuestras pusilánimes Cortes. Ningún político ha plantado cara a estos ictiosaurios que comparan las Cortes Valencianas con la "l'Alemanya de Hitler" (EC., p. 3). Teníamos fama de blandos en tiempos del duque de Olivares, pero era lógico al arrastrar el trauma de la escabechina que castellanos y catalanes hicieron con nosotros en tiempos de la Germanía. En 1999, sin temor al acero y arcabuces del Imperio, nuestras Cortes reptan ante una EC que escupe insultos. Para ignonimia nuestra y de nuestros descendientes, estas publicaciones permancerán siglos en las bibliotecas de nuestros centros escolares.
Tras cuatro años, el máximo logro de la lucha contra el catalanismo es el supuesto cambio de un topónimo; y digo supuesto por su permanencia en algunas estaciones de Metro. Han pasado cuatro años y ni siquiera se han molestado en rectificar el barbarismo "poliesportiu" por "polideportiu". Mientras, en la academia de catalán Canal 9 sigue la prohibición de la lengua valenciana, despreciándose voces clásicas como Ilonja (Roig, 1460), para imponer la Ilotja que ordena IEC.
Comenzaron por incluirnos en unos mapas de la Gran Catalunya con el cuento de la supuesta unidad idìomática. Ahora, marzo de 1999, en los centros de enseñanza de Alicante hay mapas de las "Xarxes elèctriques als PPCC", desde Salses a Guardamar. Como si las catenarias fueran glorietas de Badalona donde el protón saludara al electrón con el "iBona tarda tingui!" Y todavía hay quien dice que no hay problema lingüístico en Alicante. Lo que sucede es que en esta ciudad, el ochenta por ciento son indefensos hijos o nietos de andaluces y manchegos, por lo que los maestros catalaneros los moldean a placer. Hoy he hecho la prueba del "petón" entre los alumnos de quince años. Hace una década decías "petón" y se producía desconcierto o carcajadas; ahora, los alumnos creen que es una palabra valenciana.
Lo controlan todo y, bravucones, emiten el aterrador rebuzno del "seny" que provoca la estampida de nuestros Vinateas. Nos esperan, ¡ay!, lustros de "petons", "llotjas" y "poliesportius". Hacia 1570, Timoneda publicaba las "Quejas de Valencia", y con ellas me despido:


 "Yo soc valencia (...) me menchen gosos / tots ab bons moços / van estirant / yo vaig prestant (...) aço no es vida que es pot sufrir".