martes, 13 de septiembre de 2016

LOS PARQUES TEMÁTICOS DE DOÑA RITA


Ricardo García Moya
Diario de Valencia 11 de Noviembre de 2001

La amarillenta y aromática siempreviva, ornamental y cu­rativa de ciertas molestias de la retaguardia, es posible en­contrarla en lugares soleados, sean poéticos tomillares o los ‘parques temáticos’ del terror, suciedad y ruinas que Doña Rita -para acojone del turis­mo- mantiene en el barrio del Pilar (así llamado hasta que alguien lo cambió por Vellu­ters en los años 70). La en­crespada hierba surge junto al miramar de un agonizante te­jado barroco, o comparte espa­cio con jeringuillas ensangren­tadas y esculturas de excre­mentos que semejan diseños de Alfaro.
Metáfora burlona de tanatorios y floristerías, la siempre viva es testigo del nacimiento y evolución del idioma valen­ciano. Podíamos haberle dado cualquier nombre, pero nues­tros antepasados que prece­dieron a la entrada de los cru­zados. jaiminos escogieron “crespinell”, aludiendo al as­pecto y textura del tallo y hojas. No trataban de ser ori­ginales, y tampoco tenían oca­sión de comprobarlo, ya que los valencianos de Muchamel, Alboraya o Redil vivían sin apenas desplazarse de su lu­gar de nacimiento. Del étimo latino “crispus” (ondulado, ri­zado), los pueblos hispánicos crearon sustantivos, adjetivos y verbos: el valenciano “cres­pinell”, el crespo castellano, encrespar, crispar, etc. El as­pecto del matorral, las hojas cubiertas de pelusilla y mar­gen ensortijado hizo que se ge­neralizara el sustantivo que, hacia el siglo X o XI podría ser crespí, crespíns o crespinell. Lo cierto es que Jaime el Con­quistador llega a lugares don­de el topónimo “crespins, cres­pí” está arraigado en 1238, siendo su creación autóctona. Esta realidad es reconocida hasta por nuestro enemigo cultural Corominas, que dice: “Crespins como valenciano... es un sustantivo de lugar ve­nerable, no tanto por la distin­guida familia que lo tomó co­mo nombre, sino por su cuali­dad de viejo topónimo autócto­no” (Cor: Onomasticon,1995).
Efectivamente, en el texto latino de las donaciones de tie­rras o repartiment salta la voz valenciana, “est supra Cres­pins”(336), en varios pasajes. El etimólogo catalán advierte que “siendo románico mozára­be, es evidente que ha de venir de un derivado latino” (ib.) También aclara que “del ma­teix crespí, deriva el nom cres­pinell” (DECLLC). Los clási­cos valencianos usaron crespí como adjetivo equivalente a erizado, encrespado, etc., “perca crespina” (Roig: Espill, 1460), siendo coherente lla­mar “alquería dels crespins” a la situada en zona donde abundara la siempreviva. El linaje de los Crespí ,“nom mossàrab” (Onom.), lo toma­ron de la Alcudia de Crespina, terreno irregular donde el crespinell sería abundante.
El “crespinell" figura en obras valencianas como el manuscrito "de - las Medici­nas” (s.XIV), en las observa­ciones botánicas de Cavanilles (a.1797) y en el diccionario de Ros (a.1764). Es decir, desde antes de la Conquista posee­mos esta familia léxica que convivió con sus parientes de otros romances, incluso com-. partiendo vocablos como “crespina”, cofia o redecilla que usaban las mujeres (DRAE), tanto las castellanas como las valencianas critica­das por Roig ,“orellera, cres­pina, trena “(Espill,a.1460) En la Universidad de Valencia anterior a la ocupación fascis­ta catalanera no se dudaba en usar el adjetivo “valenciano” como complemento del sus­tantivo “idioma”. Así, en ver­sos compuestos en 1663 por los catedráticos Jerónimo Ju­lián y Josef Montaña, consta­tamos esta realidad: “Llamase la flor siempreviva en nuestro idioma valenciano crespinelí” (Valda: Fiestas, 1663, p.ll7) La variable “sempreviva” pa­rece ser un castellanismo in­corporado en el XIX, por lo que debemos seguir usando la mozárabe crespinelí, voz que penetró por la vía valenciana hacia Lérida y generó varia­bles más o menos dialectales en otros territorios vecinos: crespinello en Mallorca; en Murcia, crespinillo; crispinelí en Cataluña, etc.
Los nombres botánicos va­lencianos -gracias a la esforza­da labor de la Generalidad y políticos de peso como M’ An­gels Ramón-Llin y Díaz Al-peri-, están siendo sustituidos por los catalanes. Manuales como “Les formacions vege­tals de la ciutat d’Alacant”, (Ed. Ayunt. Alicante y Gene­ralidad) imponen las voces or­denadas por el Institut d’Es­tudis Catalans, pasándose por donde se aplica el ungüento de crespinell si son etimológica­mente correctas o son patri­monio léxico del idioma . El manual citado impone el bar­barismo catalán “gespa”, cuando todos los valencianos decimos “céspet”, sustantivo culto derivado del latín “caes­pos”. En 1871 recogía Escrig: "Céspet: pedazo de tierra ves­tido de hierba menuda y entretejido de raíces” (Dicc. val. 1871). El mismo desprecio aplican a las clásicas valencia­nas junc, juncars ( del latín juncus) que la inmersión dege­nera en las catalanas “jonc, joncosa”. La etimología no les afecta a los del IEC, pero la usan como arma cuando la voz valenciana difiere de la catala­na. Del latín “cardus” surgió la variable valenciana “cart” (Espill.a.1460), diferenciándo­se de la castellana cardo y catalana card, y así fue mante­nida por el botánico Cavani­lles,- “cart, cardets” (Obs. 1797), siguiendo la tradición morfológica reflejada en la frase “cardats en carts de her­ba” (Mostasseria de Valencia, 1322), y en los versos de Au­sias March,”llir entre carts”. En este caso, las plañideras del Institut d’Estudis Cata­lans -alojados en la academia Ascensión- sí exigen el rigor etimológico para que adopte­mos la morfología catalana de “card”.

La inmersión en valenciano, paradójicamente, consiste en eliminarlo. Si Cavanilles re­gistra “safanoria en nucs”, los inmersores enseñan “pastana­ga amb nusos o nusosa”. El clásico “llicsó” (cerraja en cas­tellano), documentado desde los orígenes del idioma, lo pro­hiben y sustituyen por el cata­lán “lletsó”. Igual que sucedía con el mozárabe “crespí, cres­pinell”, el nombre botánico “quallallet menut” (espunyi­della, en catalán) enlaza con el mozarabismo idiomático va­lenciano, ya que el verbo de la voz compuesta también es producto prejaimino, según el etimólogo Corominas: "no ten­go pruebas de que el valencia­no quallar se haya empleado fuera del antiguo territorio mozárabe” (DCECH). Aunque luego se extendió el vocablo al condado levantino, todavía pueden sus habitantes tradu­cir el valenciano “quallarse” al catalán “aglevar-se”. No es­taría mal que los ‘parques te-máticos’ que Doña Rita man­tiene en los solares de la Va­lencia regnícola -biotopo de roedores, arácnidos y hermo­sas cucarachas- pusiera rótu­los con el nombre de los bi­chejos y hierbajos para infor­mación del turista. Lo haría, claro, en el catalán que ella y su partido impone; pero, ¿ por qué no ponerlos también, aun­que sea en letra pequeña, en el idioma valenciano del con­tribuyente? Doña Rita, obsce­no reglot inmersor, olvida que es alcaldesa de Valencia; no de Barcelona.