martes, 13 de septiembre de 2016

LOS INCULTOS Y EL PRONOMBRE MOSATROS



Ricardo García Moya
Las Provincias, el 30 de març de 1997

La escena se repite día tras día. El presentador de Canal 9 habla en normalitzat del Institut d´Estudis Catalans, usando el arcaísmo nosaltres; el invitado, en lengua valenciana moderna, le contesta con el pronombre personal mosatros que aprendió de sus padres. Esta fidelidad idiomática no es ignorancia, al apoyarse en hechos que legitiman el vocablo y que podrían remontarse incluso al aragonés medieval, con sus dicciones nusatros y vusatros, pero no iremos tan lejos.


Comenzamos con un manuscrito firmado por don Josep Ortí, secretario de la Generalidad del Reino a fines del siglo XVII que, a pesar de su caligrafía barroca, permite leer "en nosatros" (ACA, Memorial, 11 - 12 - 1696), antecedente del actual mosatros. Hace trescientos años se estaba gestando el valenciano moderno, igual que sucedía con el castellano, catalán, gallego y francés. Las alteraciones morfosintácticas conformarían progresivamente la singularidad léxica futura, y todas las variables (nosoutros, nosotros, nous autres, nosaltres, mosatros) podrían ser calificadas por Cicerón o Virgilio como corrupciones de la latina lengua madre

No sólo encontramos nosatros en memoriales de la Generalidad anterior a 1707. En la mejor obra literaria valenciana del siglo XVIII, la Rondalla de rondalles (Valencia 1769) de fray Luis Galiana, podemos leer "tingam nosatros la festa en pau" (p. 18), que testimonia la implantación del pronombre. En la obra de Galiana -filón de lexicólogos- se documentan muchos términos del valenciano moderno por primera vez (ascolte, boljaca, aufegarse, gentola...). Ni que decir tiene que Galiana era persona ilustrada, admirador de Quevedo, amigo de Carlos Ros y estudioso del idioma.

Progresivamente, sin imposiciones externas, la aceptación del pronombre nosatros fue absoluta en el Reino de Valencia, hasta tal punto que el latinista y archivero José Nebot, en su "Gramática Valenciana", publicada hace más de un siglo, advertía que "será catalanismo usar la voz nosaltres por nosatros" (Gramática, 1894, p.127). El mismo erudito da una valiosa información al comentar que "también se dice mosatros en vez de nosatros" (p.45). Es decir, la lengua valenciana sólo admitía nosatros y mosatros, transgrediendo esta regla los poetas románticos que, deliberadamente, envejecían escritos con los apres, dreturer, forcivolment, nosaltres, pas, lur, y demás cadáveres léxicos procedentes del romance y provenzal medieval.

El setabense Vicente Boix reproducía en 1855 poesías con las voces nosatros y vosatros (Fiestas, 1855, p.424); y el filólogo y académico Lluis Fullana, al tratar sobre pronombres personales, decía: "La formación nosaltres (nos alteros) fon substituida per nosatros, no per corrupció, sino per evolució" (L´ensenyança de la llengua valenciana, 1926, p.103). Para el filólogo de Benimarfull sólo eran correctas las formas nosatros y mosatros (Gramática, 1915, p.214) que, como es habitual en términos cultos, tienen sus localismos dialectales: moatros, natros, etc.

Quizá el único que podía rivalizar con Fullana en el conocimiento del valenciano clásico fue el franciscano Andrés Ivars (Benisa 1885); el cual, en publicaciones y conferencias sobre manuscritos del siglo XIV usaba el léxico ahora ridiculizado: "nosatros, en el Reine de Valencia" (Congreso de Historia de la Corona de Aragón, Valencia 1923, p.51). Igual criterio muestra don Francisco Martínez (Altea, 1866), vicepresidente de Lo Rat Penat, investigador y recopilador de leyendas. Después de escudriñar en los rincones lingüísticos del Reino, en las historias "arreplegades per el Reyne de Valencia", utiliza el pronombre "nosatros" como forma culta. Por cierto, sus leyendas las ha editado la Diputación de Alicante, la de Juli d´Espanya, con comentarios en barcelonés del Institut d´Estudis Catalans: avui, amb, nosaltres, aquesta, dues. (Llegendari, Diputació d´Alacant, 1997.)

Entre los intelectuales que escribían nosatros y mosatros no podía faltar mosén Martí Gadea, nacido en 1837 en Balones, cerca de Alcoy. Su valiosa obra -vocabularios, diccionarios, poemas, folklore y narrativa- ha sido trillada por lexicólogos como Corominas. Casualmente silencian que Martí Gadea utilizaba el valenciano moderno: nosatros, mosatros, companyers, bellea, vegá, carranchs, reyne; es decir, el perseguido por el Institut d´Estudis Catalans. Curiosamente, en el diccionario de Alcover incluyen mosatros sin tildarlo de corrupción blavera.

La lista se podría ampliar, pero es suficiente para que cuando nos digan que el Institut d´Estudis Catalans -gendarme en casa ajena- prohibe los pronombres valencianos, se les invite a leer al filólogo Fullana, de Benimarfull; al escritor Martí Gadea, de Balones; al novelista fray Luis Galiana, de Ontenient; al historiador Boix, de Xátiva; al investigador Francisco Martínez, de Altea; al erudito padre Ivars, de Benisa; al secretario de la Generalidad Josep Ortí, de Valencia. El avergonzarse de los pronombres personales valencianos mosatros y vosatros comenzó en 1940, y no por las razones que propagan los inmersores.