martes, 13 de septiembre de 2016

LOS “BRIVONS” DE VALENCIA



Por Ricardo García Moya
Las Provincias 21 de Febrero de 1999

Un amigo lector, en llamada a "EI Cabinista", preguntaba si fray Pere es el mismo personaje que figura en una estampa donde se lee "predicador dels brivons de Valencia" y, añadía con bastante empeño que si podría aclarar el significado de la enigmática frase. En primer lugar, el fray Pere de la estampa sí es el mismo que formó parte del Tercio que expulsó del Reino a los micalets catalans. La segunda cuestión es más interesante, pues nos permite homenajear con el recuerdo a este dianense que la Gran Enciclopedia Catalana manipula al afirmar que "predicó en catalán", cuando en la documentación consta que utilizó siempre el "idioma valenciano".
Las acepciones que sobre bribón ofrecen los diccionarios de la RAE y el Moliner (haragán, pícaro, bellaco y granuja) no son halagüeñas, hay que reconocerlo. Pero tampoco nos afecta, ya que la voz "brivons" (sic) no es castellana, sino un vocablo de la lengua valenciana ahora prohibida, documentado en el Reino antes que en Castilla y con matices semánticos propios. La palabra estaba tan arraigada a fines del XVI que en Castellón, por ejemplo, se instituyó el "pare de brivons para la protección de niños mendigos y huérfanos ' (años 1583 y 1595, cor. DCECH) . EI dianense ejercía como "pare dels brivons valencians" y, acorde con ello, huía de "dar doctrina a los ricos y poderosos, prefiriendo pobres, humildes y pequeños que pedían pan". Su protección abarcaba a los brivons de Valencia reino, no sólo la ciudad, adoctrinado por igual en Morvedre, Morella, Valencia o Denia, "aun cuando era anciano y achacoso, corriendo todo el Reyno" (Mercader: Vida P. Esteve,1677, p.101).
Fray Pere declaró reiteradamente su interés hacia los "brivons" despreciados: "Diga al senyor Pavorde quem envie els brivons del seu auditori, y yo li enviaré del meu los cavallers y gent grosa" (p.52). En consecuencia, el valor semántico de "brivons valencians" no corresponde a un insulto, sino que acotaba la clase social desamparada, abundante en el siglo XVII, y no menos digna a los ojos de Dios, según fray Pere, que la nobleza y burguesía valenciana. Predicaba en lugares donde proliferaban mendigos, enfermos y huérfanos suplicando caridad. Su biógrafo testifica que "andaba acompañado desta gente pobre, tomando sus cuitas por propias, siendo como un buen pastor que anda cargado, no con cualquier oveja, sino con la más desdichada y despreciable del rebaño" (p.53). Vestía como ellos, descalzo, y sólo en la vejez aceptó calzar unas alpargatas.
La vida de fray Pere tiene cierta similitud con la de Calderón de la Barca, ya que ambos participaron en la Guerra dels Segadors y, posteriormente, fueron requeridos por Felipe IV. EI de Denia ejerció como virtual Maese de Campo de la infantería valenciana, mientras que el castellano acudió como caballero de Santiago. La discreción que envuelve la etapa bélica de Calderón contrasta con la vehemencia más acentuada que caracteriza al fraile Esteve, capaz de escalar baluartes y, con los fogosos Tercios de Oriola, Morvedre y Valencia, perseguir a la "escurribanda" catalana que había osado atravesar el Cenia. Fray Pere de Denia fue un héroe del valencianismo. Llamado a la corte, pudo aceptar un cargo similar al de Calderón, pero siempre alegaba excusas: "Yo be aniria, pero qué he de fer allá. La Reyna parirá una chicasa, el Rey y la cort están esperant un chic, quina cara li han de fer? Tots han de quedar molt trits" (p.300). Estas líneas que en Castilla tildarían de mal castellano y en Cataluña, pésimo catalán, son en realidad una muestra del vigoroso idioma valenciano del XVII.
Rechazó acudir a la corte para no alejarse de sus desvalidos "brivons". Criticaba el lujo de los virreyes y clamaba "contra los administradores que engordan con la sangre de los pobres" (p.371), conceptos sociales que traducía al lenguaje metafórico para que sus queridos "brivons" le entendieran: "Son com los porcs de Vallivana, los grans menjen les bellotes, y no deixen menjar als chiquets" (p.371). Hoy, en Denia o en Valencia, fray Pere encontraría al enemigo engordando en casa, pues puede que la estampita con el adjetivo "bribons" -con bilabiales y fuera de contexto- sea utilizada para confundir a los dianenses actuales al hacer creer que el significado era idéntico al de la lengua de Calderón. Por lo menos, ésa era la impresión que daba la amable anónima Ilamada a "EI Cabinista". La inmersión, ya saben ustedes, goza de un sueldo por sembrar odio y confusión entre las ciudades valencianas.
La voz "brivons", por orden del Institut d'Estudis Catalans de Barcelona, ha sido prohibida en el territorio valenciano. Como bien dicen nuestras autoridades, no hay voces prohibidas, salvo las que ordena el amo de Barcelona. Los profesionales de la inmersión, con el poder en sus manos y mucho presupuesto en el bolsillo, han editado diccionarios como el de la Generalidad, sin la voz que nuestros antepasados de Castellón y Denia usaban cuando eran libres. Incluso en el XVIII, y en la pluma del mejor novelista, hallamos el vocablo sentenciado a muerte por el IEC: "Estos eren molt taurs, y tan brivons" (Galiana: Rondalla, 1768, p-21), aunque ya con las connotaciones negativas actuales.
sugos de Bermeo, truchas de "Alverche" y anguilas de Valencia. Es decir, hacia 1330 ya eran famosas en Castilla las anguilas valencianas que -salpresas o en salazón, y trinchadas o abiertas para su conserva- llegaban a Toledo, Guadalajara y ¿por qué no?, a Teruel y al Alcañiz de Palmireno.

En el "Vocabulario del Humanista" (Valencia, 1569), Palmireno describe cualidades de la anguila ofreciendo la receta para hacerlas "fritas en azeyte com pimienta y naranja". Más valencianos que la naranja y el pebre no podían ser los  ingredientes, aunque ahora digan que "les anguiles en all y pebre" son plato catalán. En la página gastronómica de Arzak (Dominical LP) cuando trata sobre las anguilas, el allipebre y el allioli da  entender que son platos y recetas de Cataluña. El cocinero donostiarra huye de atribuir nada a Valencia. Por lo visto, no importa que el arcipreste testifique la exportación de anguilas valencianas en 1330, o que mosén Fenollar cite el "all y oli" en 1497.

Ya saben. Tenemos que sonreír agradecidos porque el Ayuntamiento de Tavernes anuncie nichos en una revista independentista, o que a Isabel de Villena transformen en monja de Pedralbes. Debemos aplaudir a quien descubre la catalanidad de los "vervos" de March; y debemos bailar sevillanas ante la extraña noticia de que Palmireno comía anguilas de Tortosa; aunque, en realidad, serían las famosas de Valencia, salpresas y trechadas.