viernes, 1 de julio de 2016

LES TROBES DE FEBRER


Ricardo García Moya
Diario de Valencia 21 de Octubre de 2001

Apócrifas, como es sabido, las “Trobes de Jaume Febrer” son una obra literaria escrita en idioma valenciano del 1670. Onofre Esquerdo en­tregó el manuscrito autógrafo al historiador Joseph Ortí y Mayor, el cual lo cedió al eru­dito Vicent Ximeno para que comprobara la autenticidad del texto. El análisis léxico y sintáctico, la fantasía de los hechos narrados y la ausencia de referencias al manuscrito antes de 1680 indicaba su mo­dernidad.
Las Trobes motivó un fe­cundo contraste de opiniones entre Gregorio Mayans, Ortí Mayor, Vicent Ximeno y Mar­cos Burriel, personajes de sóli­da formación humanística y co­nocedores de las lenguas his­pánicas. Fue Vicent Ximeno, miembro de la Academia Va­lenciana (antípoda del ántrax sardanero de Hauf y Ascen­sión), quien inició las pesqui­sas con esta carta al jesuita Burriel: “...hallará VR. otra carta mía sobre algunas dudas que puede poner quien esté versado en la lengua valencia­na, sobre la legitimidad de esta obra de Febrer” (Bib. Nac. Ms. 3947, 6 abril 1759) Observe el lector la contundencia en la adjetivación de la lengua por parte de Ximeno y los miem­bros de la Academia Valencia­na fundada por Mayans en 1742, pues no dudaban de su independencia: “la catalana ha recibido muchos vocablos de la francesa, valenciana, castella­na...” (Mayans: Orígenes, p. 343)
El manuscrito copiado por Ximeno contenía los endecasí­labos que Ortí y Mayor dedicó al ficticio Febrer: “...y per estes Trobes, de trobar tant dures, / be es poden donar moltes Tro­badures”. El poeta jugaba con la dificultad de los versos y el contenido histórico que ofrece­ría hallazgos o “trobadures” (sustantivo que la inmersión sustituye por “troballas”): La­mentablemente, el catalanis­mo extiende sus pezuñas hasta los ilustrados que analizaron el manuscrito de las Trobes. Por ejemplo, la Gran Enciclopedia Valenciana envilece la personalidad del Ortí y Mayor, prolifico investigador y escritor en valenciano y español que ocupó el cargo de secretario de Valencia; pese a ello, si un estudiante consulta la GEV leerá que escribió “buen número de poemas en lengua vernácula”. ¿Qué lengua será esa que no tiene nombre? Los terroristas culturales de la GEV ocultan que Ortí siempre llama idioma valenciano o lengua valenciana a la suya, siendo un testimonio incómodo contra el dogma de la unitat de llengua. La GEV cita el “Col-loqui entre lo Engonari de la Llotja i lo Rat Penat”, cuando el original de Ortí dice: “Coloqui entre lo Engonari de la Llonja y lo Rat Penat”(any 1740). Los descuideros de la GEV catalanizan el “coloqui, la llonja” y la conjunción copulativa.
La Universidad de Valencia se prestigiaba en 1740 con filólogos como el catedrático fray Raimundo Joseph Rebollida, intelectual que componía “en seis lenguas: la valenciana, la española, la portuguesa, la latina, la italiana y la francesa”; (Ortí y Mayor: Quinta Cent.1740, p.169). Los versos de Rebollida eran en valenciano barroco: “...oint cants, corns, sinfonies,/ vent come­dies, roques, jochs,/ jagants, llumenaries, fochs”. El catedrático usaba el gerundio valenciano “vent” (no “veient”), y rechazaba los catalanes gegants, simfonias, etc. En la Universidad de Valencia existía un Claustro digno, sin cola­boracionistas que vivieran de defender la bandera catalana, el idioma catalán y el merdós principat de pacotilla.
Respecto a las Trobes, cada copia posterior a la de Ximeno sustituía vocablos del XVII por arcaismos que, supuestamente, acercaban el texto al original que nunca existió. Si el manuscrito de 1759 dice: “aquelles tres isles” (prolec, v.39), la edición mallorquina lo transforma en “aquelles tres illes” (Trovas. Palma, 1848). Pese a estas alteracio­nes, las Trobes constituyen una pieza valiosa en lengua valenciana, superior a la equi­valente catalana del “Libre dels feyts d’armes de Catalu­nya”, falsificación de 1680 que Martí de Riquer considera “la obra en prosa más importante de la decadencia,, (H. Lit.Cat.­1985). En catalán, seguro; pe­ro es una piltrafilla compara­da con las escritas en idioma valenciano, sean las Trobes o la Rondalla de Galiana. Por cierto, los valencianos denun­ciaron el anacronismo de las Trobes en el XVIII, mientras que los catalanes presumieron del “Libre dels feyts” hasta 1948, cuando les fue imposi­ble mantener el timo.
El manuscrito que maneja­mos (Bib.Nac.Ms.3947), es an­terior al proceso de alteración del XIX, por lo que el idioma usado es del 1670. En él halla­mos el perfecto perifrástico va­lenciano, “varen trobar” (no el “van trobar” del colaboracio­nista Enric Valor); demos­trativos y diptongación va­lenciana, “este eixercit” (no “aquest exércit”); pronombres encliticos unidos al infinitivo, “manant repartirles”; y morfo­logías propias, como la velar oclusiva sorda en "prolec” (no “próleg”). En el apartado léxi­co utiliza gerundios como “des­pedint” (no “acomiadant”), y cultismos valencianos como “cloaques”.(no “clavegueres”). Uno de los primeros en escribir “cloaca” en texto no latino fue el valenciano Beuter (a. 1546), y teniendo en cuenta que pocas ciudades del Reino tenían estas obras sanitarias, el vocablo quedaría vinculado a minorías cultas y urbanas. En buena ló­gica, hoy tendríamos el valen­ciano “arbellons” -equivalente al castellano imbornal y al ar­caismo “embrunal”-, para nombrar las entradas de agua en el bordillo de las aceras; y “cloaques” sería el cultismo va­lenciano sinónimo de " aigue­rals” o conductos de aguas de lluvia y residuales (alcantarilla en castellano, claveguera en catalán). Como lo oculta la banda de Corominas y sus cua­renta filólogos, les recordamos a los concejales alcantarilleros de Rita, que el valenciano Es­querdo escribía antes de 1707: “fenli sis cloaques”, no “clave­gueres”.
Los intelectuales del Reino poseían un idioma propio, el valenciano, que iban modelan­do léxica y sintácticamente. En esta tarea participaron acadé­micos como Ximeno y Mayans, catedráticos como Rebollida y escritores como Ortí y Mayor. Todos se sentían orgullosos de la existencia de la lengua va­lenciana y de una personalidad nacional que abarcaba del Ce­nia al Segura. En el 2001, el fascismo catalanero fomenta hasta tal punto la burla hacia los valencianos que cualquier analfabeta separatista (catala­nera, claro) puede alardear por Canal 9 de que es alicantina, pero no valenciana. Y San Za­plana sigue sonriendo.