viernes, 1 de julio de 2016

LENGUA VALENCIANA CUESTION DE NOMBRES

 

La llengua de Carod-Rovira es el valencià
Guillermo Dupuy
¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya”
No contentos con que el Gobierno socialista haya respaldado su costosa e innecesaria iniciativa de reclamar en la UE la oficialidad de las lenguas de España, los socios independentistas de ZP y Maragall han emprendido una furibunda y agresiva campaña contra la inclusión del valenciano junto al catalán, el gallego y el euskera. Se reabre así un debate entre Cataluña y la Comunidad Valenciana que no ha terminado nunca de estar cerrado. No les quieren dar agua pero se quieren apropiar de su lengua.

En el resto de España se cometería un error quitando importancia este asunto como una mera cuestión de nombres. Porque junto a este debate que pretende ser meramente filológico —y en el que, como veremos, también se trampea— van unidas las conocidas pretensiones expansionistas del nacionalismo catalán y su irrenunciable deseo de borrar la autonomía propia de la Comunidad Valenciana en beneficio de ese invento antihistórico y delirante conocido como los “Països catalans o la Catalunya Gran”. La defensa de la lengua y cultura valenciana, aunque no exenta de los rasgos colectivistas de toda reclamación identitaria, es mucho más abierta y tolerante que la catalana. Más que enfrentarse a la española, trata de no quedar supeditada y ninguneada por la catalana.

Carod-Rovira ha asegurado que esto “sólo es una cuestión de nombres” y, displicente, ha calificado de “ridículo científico y académico” distinguir entre el valenciano y el catalán. Aunque no vamos a negar que el pancatalanismo académico —de la mano, por cierto del político— está muy infiltrado incluso en universidades valencianas, que no se arrogue tanta autoridad científica. Ahí están todas las obras medivales en donde se empieza a escribir y a traducir del latín en “llengua valenciana”. Y eso por no hablar de la autoridad científica y académica de autores como Ubieto, Fullana, Cremades, Giner i Ferrer y tantos y tantos otros.

Conviene empezar por recordar que la denominación oficial que, junto al castellano, es oficial en la Comunidad Valenciana es el valenciano. Así lo señala expresamente el Estatuto de Autonomía y, por tanto, así lo reconoce nuestra Constitución. Tal denominación, además, lejos de ser un mero voluntarismo político para la ocasión, refleja, por el contrario, la denominación histórica que —insistimos—siempre tuvo esta lengua, que nació como autóctona, como romance valenciano proveniente del bajo latín. No fue pues, una “importación de la reconquista” sino por el contrario una persistencia idiomática mozárabe. La reconquista -fundamentalmente a cargo de aragoneses- no aportó a los territorios del antiguo Reino de Valencia una lengua desconocida hasta entonces, como pudiera ser el caso de los españoles en América.
Tan original fue, pues, para los valencianos su lengua como pudo ser para los catalanes la suya. Con la diferencia de que el Reino de Valencia fue el primer reino de la península en desarrollar y tener (a partir del siglo XIV), un "Siglo de Oro" literario en su propio idioma Valenciano; una razón más para que los catalanistas traten de apropiarse de su solera reivindicando la unidad de la lengua bajo denominación catalana.

Por mucho que se lo mantengan muchos pseudoespecialistas valencianos, el valenciano no es una variante local del catalán. No vamos a engordar la entidad de las variantes que separan y diferencian a ambas lenguas, ciertamente menudas. Pero si en base a esta indiscutible cercanía, lo que se pretende es uniformizar la lengua, en lugar de erradicar palabras y características propias del valenciano, que las que se supriman sean las catalanas. ¿Unitat de la llengua? Molt be. Que se suprima la solicitud de oficialidad del catalán en la UE en beneficio del valenciano...¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya”

LIBERTAD DIGITAL
18 de septiembre del 2004