viernes, 1 de julio de 2016

LENGUA Y SISTEMA LINGÜISTICO


Autor: Juan Vanrell Nadal

No puede basarse sólo en el nombre la esencia de algo. Cualquier cosa, sin contenido, es vacua e inútil.

Descubramos qué encontramos bajo ese intocable nombre de valencià. Simple y llanamente hay (supuestamente) el léxico, las estructuras gramaticales y la ortografía de la lengua catalana: «…a Espanya hi ha dos denominacions igualment legals per a designar esta llengua: la de valencià, establida en l'Estatut de la Comunitat Valenciana, i la de català, reconeguda en els estatuts d'autonomia de Catalunya y Balears» (Dictamen AVL 9-2-2005, punto 6). Es la confirmación oficial de que valencià y català son (para los catalanistas) exactamente lo mismo.

¡Qué claramente lo denunció el buen jesuita padre Costa en su último artículo: «No es lo mateix ser propietari que co-propietari». Efectivamente, una «llengua compartida» es una sola y misma lengua cuya propiedad corresponde a varios. De esta manera los valencianos pierden la personalidad, la propiedad y la autoridad sobre su lengua ancestral, que siempre habían tenido. Es de atrasados mentales querer hacernos creer que la frase del perverso dictamen: «…el terme més adecuat per a designar la llengua pròpia en la Comunitat Valenciana és el de valencià», significa que los valencianos conservamos la singularidad diferencial del valenciano autóctono. Es una monstruosa falsedad. ¡Una impostura total! Es la tergiversación descarada de la Historia y de la Filología. Ambas nos demuestran que Valencia, por sí y para sí, ha ido configurando su lengua propia a través de siglos. Antes de la reconquista por Jaime I se hablaba el romans valencià. Cataluña igualmente, por sí y para sí, fue creando su propia lengua. Los historiadores medievalistas la llamaban llemosí, procedente del provenzal francés e importado con la creación de la Marca Hispánica por Carlomagno. «En llemosí parle a Deu», decía el gran vate catalán Aribau en su Oda a la patria, premiada en 1833. Muchos siglos después de que los Ferrer, March, Roig, Martorell y otros hubieran dicho y escrito que usaban la lengua valenciana para escribir sus obras. Lo propio sucedió en Baleares. Los isleños, por sí y para sí, fueron formando su propia lengua balear, «tan antigua como el inglés, más pura que el provenzal y el catalán, sus parientes más próximos» (Robert Graves). Es, pues, totalmente falso, desde el punto de vista histórico y social, que la lengua y la cultura de estas tres autonomías esté compartida. Lo propio hay que decir de Cataluña y Baleares. Lo único que compartimos es «un mateix sistema lingüístic», como comparten todas las lenguas neolatinas. Todas estas lenguas: español, francés, portugués, balear, catalán, valenciano y demás son por igual dialectos del latín. Es innegable también que de todas las lenguas neolatinas las más parecidas entre sí son valenciano, catalán y balear. La consecuencia lógica de ser territorios limítrofes y de estar muy relacionados históricamente. Pero esta enorme similitud no autoriza a las universidades ni a los políticos el poder tergiversar la Historia y la Ciencia por conveniencias pancatalanistas. Estos quieren apoderarse de la lengua genuina de Valencia y Baleares para poder proclamar: «¡Somos 12 millones de catalano-parlantes! ¡¡Som una nació!!» Ante esta impostura, el PP y el presidente Zapatero prefieren ceder, ceder, ceder. Es más cómodo complacer a los chillones nacionalistas que salvaguardar la lengua milenaria de los pacíficos y estoicos valencianos y baleáricos.

¿No proclaman ufanos por doquier: «¡Se ha salvado el nombre!» Se ha mantenido su nombre vacío de contenido. Bajo el nombre de «valencià» sólo hay la dictadura implacable del «català». Con el nombre de «valencià» yace muerta para siempre la ancestral lengua de los valencianos, utilizada por nuestros clásicos y por el pueblo llano.