viernes, 1 de julio de 2016

LES RAILS, NO ARRELS, DEL 9 D´OCTUBRE




Ricardo García Moya
Diario de Valencia de 9 de Octubre de 2001

Hoy, 9 d’Octubre , es un día de alegría que la inmersión aprovecha para extender raí­ces o “arrels” catalanas, no “rails” valencianas. Desde Castellón a Alicante, con ayu­da institucional, se progra­man actos para enarbolar el falso pendón de la conquista e imprimir panfletos en la jerga del Institut d’Estudis Cata­lans, que sería sánscrito para Jaime I. El maquiavelismo se advierte si nos comparamos con otras autonomías, pues sería impensable que en Huelva o Sevilla saliera un grupo de castellaneros anda­luces reivindicando la bande­ra de Castilla y burlándose de la existencia de Andalucía. La comparación es más hiriente si pensamos que Andalucía no tuvo independencia de Castilla, ni moneda propia, ni Real Señera coronada, ni ter­cios del Reino, ni leyes pro­pias, ni frontera, etc.
La inmersión no quiere en­terarse de que Jaime I usaba dos barras rojas sobre tres amarillas como bandera pro­pia, y que el llamado pendón de la conquista es un anacro­nismo tan falso como la fa­chada de la catedral de Bar­celona (gótica de 1910). Tam­poco entienden que los valen­cianos habláramos romance antes de la llegada de Jaime de Montpellier (allí nació, cuando Cataluña no existía).. Esta conciencia idiomática fue invariable cultural en au­tores de cualquier época; así, en poesías de fray Francisco Ballester -cuya inspiración era teológica y no reivindica­tiva-, recordaba al mozárabe Pedro Pasqual, cuya infancia coincidió con la entrada jai­mina: “siendo tú niño tierno / fue Valencia de moros despe­jada” (Sacro plantel. Valencia 1651, p.396). El mismo poeta, hablando de S.Vicent, recuer­da el nombre del idioma: “predicando en lengua valen­ciana” (p.337).
Nuestros vecinos han usado reiteradamente el carisma de Jaime el Conquistador o de Montpellier para engatusar­nos. En 1680, los aragoneses pretendían que el puerto de Vinaroz pasara a ser territorio de Aragón, exponiendo a Car­los II que: “agregando el puer­to o playa de Vinaroz sería grande beneficio para el Reyno de Aragón” (Bib. Nac. Memorial del Reino de Ara­gón. 1680, f.1). El redactor ba­saba su demanda en el amor de los valencianos al monarca de Montpellier: “por ser Vina­roz de la Corona de Aragón y como la muy noble Ciudad de Valencia siempre tiene en me­moria a nuestro católico rey D.Jaime el Conquistador” (f. 1). Los aragoneses de 1680 -antepasados de los roñosos aguadores del Ebro­, mostra­ban paternal cariño hacia los valencianos que entregarían Vinaroz y, además, seguirían siendo entrañables: ”...la Ciu­dad y Reyno de Valencia ob­servará y continuará las aten­ciones con nuestra Imperial Ciudad de Zaragoza y Ilustrí­simo Reyno, pues nuestro Reyno de Aragón los mira siempre como a hijos de la Co­rona”(ib.).
¿Qué tendremos para que nos salgan tantos progenito­res? Los aragoneses se sentí­an padres de nosotros en 1680, y como muestra de amor querían mangarnos Vi­naroz. Los castellanos afir­maban que el español era la madre de la lengua valencia­na (Patón,1604) ; y los catala­nes, ahora, proclaman que son el padre, la madre y la abuela que nos parió. ¡Menu­da parentela rumbosa! Una de las primeras muestras del afecto aragonés que pretendí­an hacer «en Vinaroz, nues­tro Puerto de Aragón”, era sustituir la moneda valenciana por la aragonesa, y quitar el tráfico a los restantes puer­tos del Reino de Valencia. Con la artimaña de haber sido "raíces” de otros pueblos, los expansionistas suelen apode­rarse de lo ajeno.
En esta fecha del 9 d’Oc­tubre la prensa catalana que infecta el Reino clama por el retorno a las “arrels” del cla­sicismo idiomático; pero des­cubren su miseria al usar un sustantivo inexistente en idioma valenciano. Según Corominas: "arrel no sembla trobarse abans del s. XIX”. Lamentablemente, la inmer­sión ha incrustado este excre­mento léxico catalán en la bo­ca de los estudiantes, acen­tuando la labor iniciada por los valencianos del 1880 que, ya saben, buscaban pelas en Barcelona. En 1871 no figura­ba arrel en el diccionario de Escrig, pero el equipo de ba­bosos de 1887 ya recogía la corrupción barcelonesa. Las formas cultas y etimológica­mente correctas son las va­lencianas rail y arrail (del lat. Radix), pero los diccionarios catalanes que se anuncian como valencianos (Bromera, Tabarca, etc.) incrustan la de­cadente catalana “arrel”. La­mentablemente, como la Aca­demia de Ascensión está com­puesta mayoritariamente por lo más florido del catalanismo militante, callará esta inva­sión lingüística, y la Real Aca­demia Valenciana -que sí defiende el idioma valencia­no- ­seguirá postergada por nuestras heroicas autorida­des. Como las fuerzas de ocu­pación catalanera ocultan, desprecian o tildan de vulga­rismo el léxico del idioma valenciano, si utilizamos "rail” (y no arrel), seremos tan incultos como estos es­critores del pasado, que jamás entrarían en la Academia de Ascención: "les rahils desta erba” (Bib.Nac.Paris. Llibre de les erbes, any 1400); "les rails” (March, A.: Obra com­pleta, p. 383, h.1445); "soca e rahil” ( Villena. Vita Christi, any 1497); "com herbolaris, sempre aguaitem les rails” ­(Ballester: Ramellet, any 1667); «treta la rail”(Mas,L.: Sermó cofradía S.Vicent. any 1755); “y este abre que ham plantat no tirará rails fondes” (Cov.de Saro. any 1820); "les rails ya’l buscarán, y cregues qu’el trobarán” ( Aforismes catalans traduits al valenciá, 1853); “rails que crien els abres” (Escrig, any 1871). Los ejemplos podían seguir hasta amargarles el día, pero baste decir que el diccionario de la Real Academia Valen­ciana traduce correctamente el castellano raíz por "rail”; y son estos detalles feos -que disgustan a nuestros amos in­mersores- los que han moti­vado que la Generalidad crea­ra la Academia de Ascensión, comparsa de espadones idio­máticos -más alguna deco­rativa ave del paraíso- al ser­vicio de la lengua catalana.
Hoy es un día de júbilo y debemos convivir en paz, aunque no estaría mal que los paternales catalanes que nos quitan hasta la gastrono­mía nos dejaran en paz de una puñetera vez. Pero no caerá esa breva, ya que un nauseabundo hedor anuncia la llegada del femer de los Premis Octubre, plaga aso­ciada al otony o primavera d’ivern (no el catalán tardor). Por cierto, el programa infor­mático SALT de traducción al catalán -que la Generalidad de San Zaplana regaló a los centros oficiales- vomita fra­ses en barcelonés perfecto (p.e.: "les arrels de la tar­dor”).