lunes, 16 de mayo de 2016

LAS TRAMPAS COTIDIANAS


Por Ricardo García Moya
Las Provincias 3 de Junio de 1997

En el último  número  de la revista  "Escola catalana", un anuncio pagado por la Generalidad de   Pujol  agradecía al  Congreso de Diputados que, desde ahora, "podrán etiquetar en catalán productos tradicionales de nuestra tierra, como l'allioli". Oue sepamos, el ajoaceite es tradición valenciana,  por lo que sobraba en el anuncio el posesivo "nuestra".
Hace más de un siglo y medio, en el sainete "L'agüelo PoIlastre”, de Chusep B. Baldoví  (como él escribía su nombre)  ya ofrecían en una taberna de  Alfafar "all y oli, tenques, Ilises, Ileu en salse y Ilonganises” (p.  6).
Están  sembrando confusión  en todo. Así, un lector confrontaba "abaecho y bacallat" (EI  Cabinista, 20-5-97) atribuyendo más pureza valenciana al primer vocablo, siendo un error provocado por la consigna inmersora de que todo procede del condado norteño. Nada más opuesto a la realidad. Esta palabra vino a España hacia el 1500, y por su origen pelean los que se dedicaron a la pesca del sabroso teleósteo: rusos, vascos, germanos y portugueses. Aparece en Portugal y Castilla con  la variable bacallao (Enciso,  1519) generando las variables conocidas: bacallá, bacallar y bacallat. Respecto al valenciano abaejo o abaecho equivalía al abadejo castellano, un dìminutivo de abad que no era insólito, pues otros peces fueron Ilamados capellans.
Más  conflictivo  es  el  aladroch, sustantivo que todos suponíamos valenciano hasta que el Dr. Corominas dijo que era "palabra esencialmente catalana" (DCECH).
No habria nada que objetar si  la  atribución  se  fundamentara  en documentos, pero el más antiguo que aporta es el Diccionario  de la  Real Academia de 1884, en el que sólo consta aladroque y como murcianismo.
Tanto el lexicógrafo como el Institut d'Estudis Catalans no tuvieron en cuenta el catálogo "dels peixos en Ilengua valenciana", de Orellana (año 1802)  o el diccionario valenciano-castellano de Lamarca (año 1839), donde también figuraba el nombre del pececillo.
Y aquí convendría advertir a la vehemente Pilar Rahola (la del cientificismo) que el Institut d'Estudis  Catalans cuadra la teoría de la unidad lingüística a cabezazos  mortológicos,  pues recoge aladroch sin la ch final (norma del IEC) despreciando el catálogo de Orellana y el diccionario valenciano de Escrig (1850), donde figuraba con ch, y no como murcianismo.
Aladroch es el vocablo valenciano equivalente al seitó catalán o al castellano boquerón. EI término deriva del árabe ázraq (azul) y está documentado en la Edad Media: en 1456 las autoridades del Reino de Valencia ordenan a un moro de Pedreguer que abone la cantidad que debe al cordelero Andreu Ribes, el moroso se Ilamaba Aladroch (ARV, Bailia, 1151 ). Como es sabido, plantas y animales originaron apellidos: Fenoll, Figuera, Moll, Sorell, Corder, Bou, Blat y, en este caso, Aladroch.
Del mar de Valencia a su huerta. En el Reino usamos las dicciones tomata y tomaca; pero, al  coincidir esta última con la catalana, los inmersores afirman que es la culta y -cerrando vocal- pronuncian "tumaca" como en Cataluña.
Quizá ignoran que tomate, tomata y tomaca proceden del náhuatl tómatl,  nombre  de  la herbácea mejicana que comenzó a cultivarse en España en el siglo XVII, cuatrocientos años más tarde de la entrada de Jaime I, por lo que se incorporaron a la lengua valenciana hacia el 1600, procedente de una lengua amerindia.
La voz culta tomata -etimológicamente fiel a tómatl- estaba extendida en tiempo de Cavanilles y, posteriormente, la encontramos  popularizada  en sainetes decimonónicos: "sofrechit en tomata" (Llombart, Abelles, 1878, p. 42). Tan correcto es "pa en tomata" como "pa en tomaca", y no supone catalanización, salvo que Racionero descubra que el nahualt mejicano era dialecto de la lengua  del principado sin príncipe.
Nos manipulan como quieren.
En los diccionarios inmersores (que obligatoriamente usan nuestros hijos) figura platja como forma culta, con la tj de marras.
Pues bien, esta palabra es tan dudosa de origen que lo mismo podría proceder del latín tardío que del mozárabe; en  ambos casos, la citada T es un postizo pedante y un pecado etimológico. En la misma Cataluña del siglo XV, en  el  dietario de la Generalidad anotaron el 11 de agosto de 1468  que, al  estar "en  guerra  con  los  valencianos', habían capturado un navío con tejido de aquel Reino, trasladándolo  a  la  "plaia"  de Barcelona.
De  igual  modo, cuando Onofre Pou escribe en Valencia su Thesaurus (año 1575) anota la forma "plaja”, igual que haría siglos después Fullana, sin la T.
Ahora bien, si los valencianos siguiéramos el criterio de singularizar nuestro idioma, adoptaríamos la variable "placha" exclusiva de la lengua valenciana y documentada antes de 1707 en carta del escribano del Palacio Real de Valencia: "lo dia 10 de agost, la armada ancorá en la placha de la Vila de Altea"  (B.  Univ. Valencia, Ms.  16). Pero estamos demasiado acomplejados para adoptar lo verdaderamente nuestro.