lunes, 16 de mayo de 2016

LA `VALIDESA´ DE CAMPS



Ricardo García Moya
Diario de Valencia 27 de Octubre de 2002

Entre los políticos valencia­nos, ser conseller de Educació equivale a superar un rito iniciático interesante. Así lo prueba el rostro del candidato Francisco Camps que, tras ejercer el cargo, adquirió una expresión de asombro y des­confianza, como si en el ritual hubiera pasado una noche col­gado de las turmas. Hay que tener melsa, como Tarancón, para cumplir el legado del Ci­priano, distribuyendo entre los alumnos las normas cata­lanas del “Gripau”, favore­ciendo la rotulación en catalán o la compra de mapas “co­lonialistas” que -aunque As­censión diga que no-, siguen en los centros de enseñanza. Esta ‘eskola borroka’ cantin­flera impide -como debe saber Tarancón-, que la Real Señera y la bandera de España se icen en determinados centros de enseñanza “per ser símbols feixistes”, según los comisarios que pagamos todos; y que han engañado a sus alumnos hasta hacerles creer que el ca­talán “amb” es valenciano, o que somos un país catalán conquistado por el catalán Jaume I.
El otro día sintonicé la cha­bacana escuela de catalán Ra­dio 9 cuando hablaba Camps.
Era alocución solemne y usaba el catalán “validesa” (corrupción creada en Cata­luña hacia 1890), pues Camps tiene prohibido el antiguo valenciano “validea” por mandato del IEC y su miniyó AVL. Como refuerzo de la ‘eskola borroka’ lingüística, la Conselleria de Tarancamps­cón editó y edita panfletos donde se prohíbe la singularidad léxica, sintáctica y morfo­lógica del idioma valenciano. ¿Consecuencias? El pueblo tiene miedo a ser considerado inculto, y si el programa SALT de Tarancampscón ofrece, por ejemplo, los catala­nes “perruca, perruquí, pe­rruquer, perruquera”, y si aparte de admitirlos, subven­ciona su uso como “etiquetat­ge i retolació” (sic), la maldad está hecha; por mucho que Camps ponga cara de duque de Lugo, y Tarancón la de Don Tancredo.
Ayer observé en Benisa un gran rótulo, de los que sub­venciona la Generalitat, anunciando una “perruque­ría”. Crucé la calle “Desem­parats” (sic) y vi el “Casal dels Joves”, mientras una furgoneta municipal de un “servei” de no sé qué, casi me atropella cerca de la “Llotja”. La autoridad impone el cata­lán y el sumiso pueblo tiene miedo de usar “llonja, desam­parats, peluquería y servici”. En el bar de la plaza del Ayuntamiento pido un “café en llet” y escucho un valen­ciano perfecto; pero el letrero anunciando tapas, escrito con tiza, recuerda que la norma­lització penaliza el uso de la lengua valenciana. El dueño del bar me habla un valencia­no genuino, con el prohibido pronombre “mosatros” (no el arcaico “nosaltres” o el vergonzante “nosatres” de blan­dibú), y le pregunto si alguna vez ha oído lo de “perruque­ria”, respondiéndome que “¡En ma vida!” Respecto los nombres de las tapas, da a entender que su hija es la que le dicta la ortografía correcta. Por desgracia, en los institu­tos sólo se enseña catalán a nuestros hijos; por mucha pantomima que nos haga el tricicle Camps, Ascensió y Ta­rancó (no cito a Olivas por ser un manchego serio, preocupado por el tema de la chollo-pensión de ex president).
El dueño del bar, cuando le avisé de los catalanismos del rótulo, se apresuró a sacar un cuaderno para tomar nota. Tenía palabras correctas como “navaixes” (no el catalán “navalla”), pero ofertaba “sang” en lugar del valencia­no “sanc” (velar sorda y fre­cuente grafía sanch), vigente desde los clásicos: “vostra alta sanc” (DECLLC).
Doc. Real, any 1300); “sanc” (Canals: Trad. Valeri Maxim, 1395); “la Sanc” (Ferrer, St. Vicent:          Sermons, I, 106, 23, 1408) “Sanc de tisiquea” (Roig: Spill, 1460); “en la sanc” (Ferrer, Bonifaci: Biblia valenciana, 1478); “pedres banyades de sanc” (Esteve: Li­ber. 1489); “lladre de sanc” (Timoneda: Mist. Iglesia, 1569); “la bona sanc” (Pou: Thesaurus, 1575); “la sanch estava chorrant” (Porcar: Co­ses, 1615); “llansar sanc per la boca” (Ms. del Loreto de Mu­chamel, 1630); “de sanc, cau­dalós riu” (Ortí: Sol de acade­mias, 1659); “perque tinga sanch” (Mulet: Poesies a Marciana, c. 1643); “sanc en seba”­ (Mulet: Bib. Nac. Ms. Inf. Tellina, c. 1660); “carn y sanc” (Ballester: Ramellet, 1667); “chorrant sanc” (Sentiment de Mon Senyor, 1755); “rius de sanc” (Conv. de Saro. 1820); .“chorrar mes sanc” (Lier: La mona de Pasqua, 1862); “te faré chorrar sanc” (Liern: Telémaco en l’Albu­fera,. 1868); “tinc per sanc” (Escalante: El agüelo Cuc, 1877); “sanc en seba” (Millás: Els microbios, 1884); “sanc” (Borrás: El estudi d’un pintor, 1886); ”la sanc” (Un defensor de Melilla, Alacant, 1893); “sanc” (Fullana: Voc. 1921); “sanc” (Dicc. RACV, 1997). Hoy, en este teatro de pusilá­nimes, la ‘eskola borroka’ im­pone el catalán “sang” con ve­lar sonora.
Una de las frases hechas de la lengua valenciana es “tin­dre sanc d’horchata”, aunque la ídem de los valencianos ha permitido que sólo nos tole­ren escribirla en catalán: “te­nir sang d’orxata”.
Somos tan blandos que hui­mos ante las bravatas de los matones del IEC y tagamo­chis como Eliseu Climent; pues ¿ofrecen algún documen­to donde se escriba orxata en idioma valenciano? Ni uno, salvo las miserias de los floralistes y colaboracionistas de siempre. La voz valenciana “horchata” es un cultismo que mantiene la ‘h’ etimológi­ca y la ‘ch’ palatal africada sorda por mozarabismo; aun­que, excepcionalmente, se omite la h por descuido o in­cultura: “dos gots de orchata” (Coloqui de Tito, 1789); no ocurre igual con la ch, siem­pre respetada. Corominas lo tenía claro: “horchata, del la­tín hordeata, mozarabismo quizá de origen valenciano” (DCECH).
Igual que los sustantivos lonja, migraña o cantimplora proceden de los valencianos llonja, migranya y cantimplo­ra; la voz “horchata” aparece en Castilla en el siglo XVIII, cuando comienzan a llegar a Madrid los “horchaters valencians”; por tanto, aunque los colaboracionistas lo prohíban, no hay que tener vergüenza de esta morfología admitida desde Castellón: “fer horcha­ta” (Colom: Lo que fa la roba, Castelló, 1875), a Alicante: “te la sanc d’horchata” (Un de­fensor de Melilla, Alacant, 1893), pasando por Valencia: “l’horchateria” (Escalante: En una horchateria, 1869); “les horchates” (Millás: Una agensia, 1874); “tinc per sanc aigua d’horchata” (Escalante: El agüelo Cuc, 1877); “parlá un día en l’horchatera” (Fambuena: Per les cartes 1881); “sanc d’horchata” (Borrás: El estudi d’un pintor, 1886); “si horchata haguera pres” (Bar­ber: De Valencia al Grau 1889); “horchata, llimó...” (“La nova traca”, 29, VI, 1894); “horchata, horchater” (Fullana: Voc. 1921)
El 9 d’Octubre, el político “riu de sanc d’horchata” res­ponsable de que el pueblo es­criba validesa, sang, orxata, desemparats, llotja, servei y demás arcaísmos y barbarísimos, desfilaba sonriente y am­parándose bajo la Real Señera.
La última broma de estos que callan cuando nos llaman Levante o país catalán, ha sido aprobar la guía Telefóni­ca 2003 de la CV con “servei de trucada”. ¿Está de conse­ller Tarancón o Eliseu Cli­ment?