lunes, 16 de mayo de 2016

LAS TRADUCCIONES DE BONLLABI AL IDIOMA VALENCIANO


Ricardo García Moya
Diario de Valencia 18 de Noviembre de 2001

No saben qué hacer con Bonllabi, aquel humanista ca­talán que tradujo “en llengua valenciana” los manuscritos provenzales del Blanquerna y Scala Dei en 1521 y 1523, res­pectivamente. Nuestro idioma se anticipaba al de los vecinos, pues los impresos de Lulio en castellano y catalán fueron más tardíos; incluso en 1749 los mallorquines recurrieron a nuestra edición para publicar el Blanquerna, tal como re­cuerda la portada: “traducido fielmente ahora del valenciano y de un antiguo manuscrito lemosino, al castellano (Blan­quema. Mallorca, 1749).
Los catalanes no admiten es­ta realidad documental y ase­guran en la Gran Enciclopedia Catalana que: “Joan Bonllavi es autor de la primera edición de una obra de Ramón Llull en catalán”. En el original, Bonllabi declara que lo traduce a la lengua valenciana, labor que finalizó en plena guerra de Germanías y que pudo afectar negativamente, pues hay deta­lles de pobreza literaria; p.e., la constante utilización de ex­presiones como “estes parau­les”; aunque podría responder al interés por valencianizar el Blanquerna, rechazando las catalanas “aquests mots” y “aquestas paraulas”; con igual criterio rechaza el arcaísmo femenino “dues”, usando siem­pre el valenciano moderno “dos” (“partit en dos parts”). Pese al alejamiento morfológi­co del valenciano renacentista, observamos desinencias prohi­bidas por la inmersión catala­nera: “ixc, naix, yo no obeixc” (De matrimoni, f.VI), opuesta al “jo no obedeixo” catalán. También rechaza la epentética t en el infinitivo “desijar”, forma culta y opuesta al metaplasmo catalán “desitjar”. Con el neutro, Bonllabi escribe “lo que tu vols”, que traducido por los artistas del diario Le­vante sería: “el que tu esti­mes”, chapuza sintáctica que genera anfibología.
Todo indica que Bonllabi, huyendo de la Germanía, se trasladó a Barcelona en 1521 con la traducción a “la llengua valenciana” del Scala Dei en la mochila. Allí la publicó en 1523, tres años antes de fallecer en la misma ciudad levanti­na. Se supone que era sacerdo­te, pero no como los motilones de Saó que te clavan las cuatro barras y el avui a la menor subvención. El texto de Bon­llabi presenta alternancias en la valencianización, como si hubiera folios que él sabia que serían revisados, y donde es evidente que exagera el proce­so, pues no es normal que en 1521 aparezca la grafia “llóchi­ca” (“aprengué llóchica y rethórica”, f.4 ). Bonllabi utili­za el sustantivo prejui (no pre­judici), y la conjunción men­tres, (“mentres que Blanquer­na aprenia en esta manera”, f.4 ), jamás el arcaísmo “men­tre”, usual en presentadores como Forés. Tampoco cae en el barbarismo de escribir “amb”, voz tan emblemática de la in­mersión como la cruz gamada del nazismo (si Canal 9 quita lo de “amb Eduard”, pone lo de “Queda’t amb mi”) Bonllabi rechaza el “lleial” catalán y emplea el “lleal” valenciano, siguiendo a Martorell (lleal­tea). Los colaboracionistas destrozarían la morfología de Bonllabi, convirtiendo los va­lencianos “parais, pobrea, chich, naix, almorsar, homens, jovens, prolech, delits, riquees, viuda, desijable, recontat, maestria, servicis, fret, quint, vert, sanc, fanc...”, en los bar­barismos “paradís, pobresa, xic, neix, esmorzar, homes, jo­ves, próleg, delictes, riqueses, vídua, desitjable, recomptar, mestria, servei, fred, cinquè, verd, sang, fang...”. El huma­nista valencianizaba en el 1521, mientras que la Genera­lidad valenciana gasta miles de millones en catalanizamos en el 2001.
Los ascensionistas (si les queda tiempo en la discusión sobre el asunto de las pelas académicas) dirán que si “ví­dua” es más latinizante (en realidad, latín puro sin el acen­to), o que “maestria” es caste­llanismo . No hay que hacerles ni caso, pues ocultan que “maestre” es habitual en la prosa medieval: el 27 de mayo de 1389, el Consell de Valencia cita “al reverent maestre Francesch Eximenis” (Arch. Mun. Val. Claveria, 23, J), y la carta del rey Martí de Valencia, fechada el 15 de febrero de 1398, trata “dels salaris dels ­doctors e maestres” (ACA, reg. ­2.289, f.92), y así podríamos seguir hasta que nos durmiéra­mos. Tengo aquí el ejemplar de 1521 y veo que Bonllabi escri­be “empachat, llaugerament” (f.85), no "empatxat” ni “lleu­gerament”. Respecto al arcaís­mo “lluitar” -que ya era mal visto por los clásicos- es susti­tuido por “guerrejar” (f.92): Resucitado por la Renaixença catalana, lluitar se filtró al va­lenciano de los poetas floreros de los jocs barceloneses y otras mandangas circense-idiomáti­cas. El ambiguo Thous y su “Cançó de lluita” de 1924 extendió el engendró, rematando el grajo de Eixátiva con su “lluitarem amb força” (...per les subvencions, clar).
La traducción de Bonllabi enlaza con la prohibición de voces tan valencianas como “asesí, asesins”, y la imposi­ción de las catalanas “assassí, assassins”. El vocablo valen­ciano deriva del usado por Bonllabi, y supongo que sería el utilizado por Lulio hacia el 1300. En el texto valenciano de 1521 leemos: “dos axixins havien mort a un Rey cristiá” (f.83), relato que pudo escu­char en sus conversaciones en árabe con los sabios islámicos. La voz axixí aludía a los adep­tos de una secta que -embria­gados con hachís o cáñamo índico-, asesinaban a políticos y comerciantes entre Siria y Pakistán. El valenciano “asesí”, etimológicamente más correcto que el catalán (copia tardía del italiano assassi), sólo alteraría las fricativas y la abertura de la vocal pretónica respecto al modelo luliano, el más cercano cronológicamente al étimo (en el XIII corretea­ban axixins por la zona donde se escondía Rin Laden). Por tanto, cuando el inmersor en­señe a su hijo la voz “assa­sins”, hay que recordar a Bonllabi y a Porcar, que en 1626 escribía: “un famosisim asesí” (Porcar. Coses, 1626, f.481).
Y hablando de axixins, mi co­lega catalanero Moncho me acaba de traer calentito un ejemplar de “La pols i el desig” (Bromera, 2001), premiada por Rita Barberá con dos kilos de nuestros impuestos, más la cama de Bromera. En la porta­da aparece la fotografía de unos ojos y frente con expre­sión concentrada, como la de un bloquero que estuviera ji­ñando con esfuerzo y tesón. Como se parece a Moncho, le he preguntado si es él, pero dice que no , que es un diseño de Solbes. Yo sigo pensando que le pillaron con las manos en la mona, ¡perdón, en la masa! Moncho es un bon chic que es­criu en catalá del IEC, mentres que Bonllabi triava paraules del idioma valenciá. En fi, ya voré si aclarixc el misteri de la portá del libre.

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6.    Y por tanto, «el valenciano es uno de los dialectos catalanes» (M. Sánchez Guarner, La llengua..., p. 3).

, catalán, provenzal, mallorquín. Al degenerar e: latín vulgar, según las regiones, en bajo latín (mientras se seguía escribiendo, mal que bien, hasta las fronteras da lo vulgar, el latín culto) es el que, como lengua hablada: da origen a las diversas lenguas romances. Nadie se atreve a decir que en esta fase primordial el valenciano se deriva­ra del catalán; los dos nacen más o menos simultáneamen­te, de forma autóctona, aunque emparentada, como por lo demás les sucedía a todas las demás lenguas romance, en general e hispanorromanas en particular.