lunes, 16 de mayo de 2016

LAS CARABINAS DE AMBROSIO ¿ERAN VALENCIANAS?


Ricardo García Moya
Diario de Valencia 11 de Marzo de 2001

En los tratados sobre modis­mos y frases hechas hay un lu­gar de honor para la carabina de Ambrosio, un campesino an­daluz que se echó al monte en tiempos de la invasión francesa. Según dicen, su carabina era inocua al carecer de pólvora, fracasó como bandolero y regre­só a los surcos. Así lo cuentan José Calles y Belén Bermejo en Dichos y frases hechas (Madrid, 2000), aunque no informan so­bre la documentación que les permite localizar los hechos en Andalucía y enmarcarlos crono­lógicamente entre 1808 y 1813. Esta ambigüedad hace sospe­char que fusilaron el relato a José Mª Iribarren y su divulga­do El porqué de los dichos (Pamplona, 1994). El investiga­dor navarro, más explícito, re­mite a la revista “Por esos mun­dos” (Madrid, 1900) donde apa­rece la historia del Ambrosio sevillano que, a principios del XIX, decide cambiar el arado por la carabina cargada con ca­ñamones y sin pólvora.
Los tratadistas de modismos copiaron a Iribarren por su prestigio, al ser académico de la Real Academia Española. Todos reproducen la historieta del andaluz y su inútil carabina en­tre 1808 y 1813, en tiempos de Napoleón. Podría ser cierto el relato, pero no lo es. El verano pasado, al examinar el manus­crito de la comedia “El más temido valor y temido valencia­no Matías Oltra”, de Tomás Ma­nuel Carretero, me llamó la atención esta frase: “mis armas son carabinas de Ambrosio”, Era inusual la pluralización y quien hablaba no era un anda­luz, sino un valenciano; ade­más, el manuscrito estaba fechado en 1746, anterior a la época napoleónica. Sería la pri­mera documentación literaria del modismo.
El contexto donde surge la frase es tan valenciano como la topografía de la acción, entre Mulvedre, Liria, el Grao, etc. El dramaturgo, de posible origen manchego, debió vivir en el Rei­no por su acertada utilización de vocablos emblemáticos que teñían de valencianidad el am­biente; el recuerdo de san Vi­cente Ferrer y voces como meló de Alcher, “troset”, “sara huells” o “chirivia” son puestas en boca de Vicenteta, Grifol o Corbellot. En consecuencia, la expresión: “mis armas son como las carabinas de Ambrosio sugiere la existencia de algún comerciante valenciano que hubiera vendido carabinas en mal estado, quizá de las viejas y usadas en la Guerra de Sucesión mereciéndose el sambenito.
En lengua valenciana aparece la voz “caravina” antes que en castellano y catalán. En las poesías que fray Pere de Denia compuso contra los micalets catalans, escritas hacia 1651 (murió en 1658), encontramos el plural “caravines” con labiodental, igual que en otro poema de 1687: “desparassen caravines” (Sacro Monte Parnaso, Valencia, 1687, p.189). En castellano daría carabina, con bilabial; mientras que en catalán surgió “carrabina”, también con bilabial y una vibrante múltiple que, quizá, demostraría esa raíz aria de guerreros carlo­vingios que juraban “en catalá de l‘altra part del Pirineu” (L‘Avenç, Barcelona, 1893). El germanismo morfológico, aman­te de dígrafos y grupos conso­nánticos marciales como redo­bles de tambor o disparos de ametralladora, debiera normali­zarlo el IEC en grafías como Herr Herriberrt Barrerra o Marrta Ferrrusola.
La falsa historia de la carabi­na de Ambrosio ilustra cómo un modelo de prestigio -el texto del académico Iribarren- puede ge­nerar falsa tradición culta. Esta conducta robotizada afecta a los valencianos, como vemos en el sainetesco caso de Muchamel, topónimo que jamás se escribió con tx, Mutxamel, en idioma va­lenciano. La inmersión vendió como grafía ancestral y culta la que era falsa y reciente, nacida de una invención morfológica de Sanchis Guarner, similar a los fraudes históricos de Joan Fuster.
Ejemplo de lo dicho es el que cometió la pareja con un texto de 1561 de Almudéver. Según Fuster, el citado Almudéver: “incorporaba unas vibrantes admoniciones sobre el abandono del catalán por parte de sus contemporáneos valencianos” (Fuster: Obres, Barcelona, 1994, p.274). Con lupa o microscopio, como ustedes quieran, jamás encontrarán que Almudéver defendiera otra lengua que la valenciana. En “Nosaltres, els valencians”, Fuster va más lejos, dando a entender que Almudéver defendía una supuesta nación catalana: “los es- critores valencianos del siglo XVI abandonan el catalán (y) Almudéver acusa a sus compa- triotas valencianos de ser ingratos a la leche que habéis mamado y a la nación donde habéis nacido” (p.l38). Ni Tarancón hubiera defendido mejor a la gran nación catalana, pero Fus­ter engaña al lector.
El párrafo de Almudéver también fue reproducido por Sanchis Guarner: “Si no fuerais ingratos a la leche que habéis mamado y a la patria donde ha­béis nacido, no dormiríais con tan gran descuido, antes, los ojos abiertos, veríais cómo se os van perdiendo las perlas y mar­garitas que vuestros antepasa­dos adquirieron y después os de­jaron...Por eso os exhorto” (La llengua, p.162). Los censores Sanchis Guarner y Fuster muti­laron el texto original, sustitu­yendo con puntos suspensivos lo más sabroso del alegato de Al­mudéver, ya que la alerta que da a los valencianos de 1561 era contra los catalanes, por el robo de Ausias March; pues, pese a ser “valenciá, los Cathalans lo san volgut aplicar”. ¡Qué honra­dez filológica e histórica la de esta pareja! Almudéver era un valenciano digno -no un catala­nero colaboracionista como los citados- que dio la voz de alarma ante los saqueos culturales que los catalanes intentaban co­meter contra la nación valencia­na. Lo triste es que los estudian­tes valencianos sólo se entera­rán de la versión manipulada por Fuster, editada por la Gene­ralidad y elevada a texto sagra­do por la sumisa Universidad.
Más de lo mismo. La Genera­lidad de Mª Angeles Ramón ­Llin y Zaplana nos remite, ¡otra vez!, la revista Saó. En ella, el comando de motilones sólo uti­liza el catalán, salvo un aparta­do donde el pintamonas Harca se burla del racismo español, de don Pelayo, de la Reconquista y del Imperio. Cegatos, cobardes y místicos malasombras, pien­san que aún vive José Antonio y Franco, o que estamos en la época falangista de Fuster. ¿No os dais cuenta que el fascismo sois vosotros? Los que calláis las arengas de obispos trabu­quers, las barbaridades de Mar­ta Ferrusola o Heribert Barre­ra, o la entrega del pueblo va­lenciano al catalanismo nazi. Lamentablemente, os seguirán dando pasta nuestros heroicos políticos que, sin duda alguna, son como las carabinas de Am­brosio.