lunes, 16 de mayo de 2016

LAS GARZAS REALES DE CATARROJA


Por Ricardo García Moya
Las Provincias 28 de Septiembre de 1997

Hace años, un etimólogo inmersor se escandalizaba al leer garsa, castellano garza, en el Diccionario de la Real Academia  Valenciana; él sólo admitía el vocablo agró y rechazaba la otra acepción garsa, plural garses. El inmersor seguía la estrategia de desprestigiar a la Real Academia, acusándola de inventar una nueva lengua. En “El valenciano enfermizo” defendía que garsa en valenciano sólo equivalía a urraca en español. Por lo visto, olvidaba que Garça Real figuraba en el diccionario de Pou (Valencia, año 1575), y que fue usada por clásicos como Roiç de Corella. Además, el catálogo de Orellana sobre Pardals de l´Albufera (año 1795) en “lengua valenciana” también incluía Garza y Garza blava, aves con historia en nuestro Reino.
Hacia 1550, el setabense Martí Pineda aconsejaba a una dama valenciana que no frecuentara “fonts, horts, ni cabanyals”, porque allí recibían picaduras mortales “moltes garces” (“Consells y bons avisos”, estrofa 10) metáfora comprensible para los valencianos renacentistas; las garzas abundaban en las palustres áreas de arrozales y marismas (el poeta, irónico, cita la Albufera como un lugar vedado a la virtud), donde no era extraño ver a la esbelta zancuda tratando de engullir pequeñas sierpes con su afilado pico.
Desconozco si hacia 1550 abundaban los ofidios venenosos, y si tenían posibilidad de morder a la depredadora. De todos modos, la realidad zoológica no afecta al juego literario del setabense Martí Pineda, que llama garzas a las doncellas valencianas en floreo verbal erótico-galante (Pineda, culto notario, quizá conocía el francés garce, muchacha frívola).
Ignorado el étimo prelatino de garza, la palabra perduraría en la época mozárabe como fósil léxico en zonas de su hábitat natural. En el Reino de Valencia existía el punto geofísico ideal para su nidificación y crianza en los cañaverales cercanos a Catarroja, coto de la monarquía musulmana antes de la Conquista y lugar de procedencia de las garzas que solicitaba el soberano. Esta actividad perduraba en 1597, cuando Felipe II dice que, “a Macian Verdeguer, vecino de Catarroja, le he mandado que cada año cace en la Albufera Real algunas Garças; que las críe y traiga a los estanques de nuestros Jardines Reales de Madrid, Aranjuez y otros” (Arch.Cor.Aragón, l.651).
Al vecino de Catarroja le abonaban cien ducados de Valencia al año por la captura de “Garses Reals”. El adjetivo Real que Pou añade en 1575 al sustantivo Garça (escrito asimismo garsa y garza) significaba en aquel tiempo perteneciente al rey; así, la misiva de Felipe II alude a la Albufera Real, estanques Reales, jardines Reales, moneda Real, etc.
Las dos acepciones valencianas de garza son significativas de la actitud de los que sólo admiten las ordenadas por el Institut d´Estudis Catalans, despreciando el léxico legado por nuestros antepasados. Así, Martí Pineda usaba en 1550 el pronombre yo (no jo), el adverbio hui (no avui), la conjunción Y (no la i); los sustantivos faena y viuda (no feina y vidua); los abstractos bonea (no bonesa), perea (no peresa), noblea (no noblesa), llegea (no lletgesa). Con el clásico artículo lo sustantiva adjetivos, lo negre (no el negre); une pronombres enclíticos, oblidarme (no oblidar-me); usa el cardinal dos (jamás el arcaísmo dues); mantiene la y griega en joya y joyell (no joia i joiell); emplea dirigit y bodes (no adreçat i noces); es decir, vocablos y ortografía que los catalaneros denuncian como invento de la Real Academia.
En un verso de Pineda leemos:”parleu poc y ab gancho”, con CH, dígrafo que la universidad prhibe por considerarlo valenciano enfermizo. Ocultan que, según el propio Corominas, el sustantivo “gancho es mozarabismo que ofrece CH frente a la Ç castellana” (DCECH). Tampoco place a los inmersores la terminación de gancho en O; y eso que la lengua de Sant Vicent, Martorell y Jaume Roig abundaba en palabras como caldo, sao, fondo, cego y clero. En otra metáfora picante, Pineda también recurre a la CH en el fenecido arcaísmo valenciano “clochetes”, sinónimo del crochet vivo en Francia y Argelia.
Utilizan la ley del embudo. Ese Institut d´Estudis Catalans que prohibe a los valencianos (no sé con qué autoridad) el uso de CH por ser galicismo medieval, ha adoptado la acentuación de vocales de la ortografía francesa del siglo XVII. La é cerrada con acento agudo y la è abierta con acento grave fue un capricho de Pierre Corneille en 1663 (El genial dramaturgo lo mismo plagiaba al valenciano Guillén de Castro que inventaba normas ortográficas).
¡Y ojo con los regates! El etimólogo inmersor que fustigaba léxicamente a les Garses Reals de Catarroja es un futuro juez lingüístico que revolotea sobre el CVC.