domingo, 20 de septiembre de 2015

LA `CRESOLA´ DE ELISEU CLIMENT


Ricardo García Moya
Diario de Valencia 28 de Octubre de 2001

Editor, poeta y adaptador de mil romances, Timoneda fue uno de los autores en valen­ciano y español que más éxito tuvo en el Reino de Valencia y en el condado levantino. Una de sus historias cuenta -en va­lenciano de 1589-, que: “vin­gué a Valencia un chocarrero, fingint que sabia de alquimia, lo qual posá cartells que al qui li donaria un ducat en or, ne tornaria dos; y al qui dos, qua­tre: y al qui tres, sis”. Igual que Gescartera, ofrecía el do­ble de lo depositado: “La gent per provarlo acudia en pochs ducats y ell, davant ella, pesa­va la cantitat de cada hu en sa cresola de terra, escrivint lo nom de quils portava en un paperet posat dins ella y de alli a pochs dies los tornava dobles...ell desaparegue ab mes de mil ducats” (El sobre­mesa, 1569): Como era de es­perar, les cresoles aparecieron vacias, salvo un escrito donde sugería que cada uno llorara la pena en su cresol.
Avispado chocarrero del ex­pansionismo rancio, Eliseu Climent es un editor rey de las subvenciones que va y viene de Barcelona a Valencia con su cresola sin fondo, donde los políticos meten millones del contribuyente para que la na­ción catalana devore nuestro indefenso territorio. Cada oto­ño regresa con la pantomima llamada “Premis Octubre” y, en esta ocasión, las columnas del fascismo catalanero que ocupan Valencia el 27 de Oc­tubre están financiadas por la Generalidad de Cataluña, el Consell de Mallorca, el Govern d’Andorra, las Universidades catalanas de Valencia y Ali­cante, los Ayuntamientos de Castellón, Alcoy, Benisa, Fau­ra, Gandía, Benicasin, San Juan de Alicante, Onteniente, “Castelló de la Ribera”(¿), y una legión de entes que les so­bra la pasta: Renfe, Gran En­ciclopedia Catalana, Iberia, etc. Con la cresola rebosante de dracmas, volverán a ofen­dernos al llamarnos catalanes, volverán a ondear la bandera catalana en Valencia, volverán a ensalzar al falso principat y degradar al Reino. Al paso de la oca del IEC marcharán pre­sumiendo de liberalidad, cuando son odres ahítos de so­berbia e hipocresía, colabora­cionistas del aniquilamiento cultural de un antiguo pueblo europeo: la Nación Valenciana, que no es castellana ni ca­talana. La horda que invade Valencia ríe sus propias gra­cias para celebrar que contro­lan la AVL, la Generalitat, el diario Levante, la Universi­dad, Canal 9, etc. Ellos pro­graman la inmersión catalana y, al mismo tiempo, fomentan la huida hacia la vacuidad de unas fallas cada vez más des­comunales y contaminantes, fuegos artificiales más costo­sos, la pugna por paellas gi­gantes y la mascletá más en­sordecedora.
Hoy, en homenaje al turista fascista y gorrón, hablaremos de la cresola, voz valenciana que la inmersión sustituye por la corrupción catalana “gresola”. El parnaso de invi­tados de Climent debe saber que una voz valenciana se pro­híbe por ser arcaísmo o neolo­gismo, por ser vulgar o culta, por llevar ch o no, por ser deValencia ciudad o de Valencia reino y -habitualmente-, por­que les sale de los huevos a los señores del Institut d’Estudis Catalana, nuestros amos. Pa­labra de incierto origen, cresol figura en la prosa de Marto­rell y versos de Roig, asimilán­dola los catalanes Eiximenis y Pou en su estancia valenciana (“cresol de tres meches”, Thes.). El sustantivo perma­neció vivo en el idioma valen­ciano no infectado por la in­mersión, pues recuerdo que mi madre -socarrona y afecti­va-, nos decía al acostarnos: “Bona nit, cresol, que la llum s’apaga”. Frase curiosa que personaliza el cresol y que yo repito a mis hijos.
En 1887 el diccionario de Escrig mantenía cresol, cresola y cresoleta; hoy, los diccio­narios Bromera imponen las catalanas gresol, gresola. El triúnfo del fascismo idiomáti­co se debe en parte a colabora­ciones como la del falangista Fuster y el chocarrero Cli­ment. En 1983 editaba Cli­ment la “Flor de enamorados” de Timoneda, con una vil in­troducción de Fuster donde llamaba poeta catalán al va­lenciano, aplicando los espu­rios títulos de “Principat i País Valencia”. El de Sueca burlaba a Timoneda, ya que hasta en las ediciones barcelo­nesas del XVI se advertía al lector de que usaba la “lengua natural Valenciana “, no la ca­talana (Las patranyas de Timoneda. Barcelona, 1587). Si un verso decía: “en llum de cresol” (p.54), Fuster rectifi­caba a Timoneda y daba la for­ma catalana “gresol” a pie de página. Hoy, los colaboracio­nistas engañan a nuestros hi­jos y les enseñan que la forma culta es: “amb llum de gre­sol”.
Fuster practicaba el vampi­rismo literario sin caer en la trampa de la intertextualidad a lo Ana Rosa Quintana. En sus notas para la edición cho­carrera de “Flor de enamora­dos”, se emborracha bebiendo en los ensayos de Antonio Ro­dríguez Moñino, aunque sin asimilar la honradez del filólo­go que, en su “Discurso de re­cepción ante la Real Academia Española: Poesía y cancione­ros del siglo XVI” (a.1968), ci­taba las “composiciones en va­lenciano” (p. 48), no en cata­lán.
Con el rabillo del ojo miran­do a los valencianos norma­les, la troupe chocarrera de Climent desfila al son de las fanfarrias del diario Levante y las bendiciones de los moti­lons de Saó. El 27 de octubre, como otros años, reirá la ye-ye noctiluca Carmen Alborch, hará muecas el gótico Hauf, meterá la gamba el rey del encofrado Andreu Alfaro, el progre Miró endosará una es­cultura a algún periodista amaestrado, se le erizará el mostacho a Julia Otero y, pa­ra culminar, se iniciará el bai­le de los vampiros con, quizá, Emérit Bono, Julia Zabala, la Rahola, Peret Ruiz Torres y sus rumberos bloqueros, Ro­sa Solbes y demás amebas in­telectuales. Como es tradicio­nal, un emocionado trémolo de esfinteres acompañará la visión de las cuatro barras ro­badas a Aragón; y, el próximo otoño, otra vez el chocarrero llenará la cresola con las pe­las que nuestros bravos polí­ticos destinan al expansionis­mo catalán.
La indignidad intelectual a que llegan es patente si com­paramos las chapuzas de Cli­ment con la actitud de los edi­tores catalanes renacentistas hacia las obras en valenciano. Los Sendrat y Trinxer edita­ban a Timoneda y Roiç de Co­rella sin falsear las referencias al idioma valenciano, respe­tando la mayoría de diferen­cias morfosintácticas. Así, por poner un ejemplo nimio pero significativo, cuando Trinxer edita a Roiç de Corella en 1518 mantiene la preposición valenciana “en” (castellana con, catalana amb), en el fa­moso colofón: “acaba la pri­mera part del cartoxa en la vi­da de Iesus”. Los valencianos normales siguen usando tal construcción en el 2001, pero la inmersión catalanera la prohíbe. En fin, que la fiesta no decaiga y que nuestros visi­tantes, machacándonos, se lo pasen bien.