domingo, 20 de septiembre de 2015

LA CONQUISTA DE VALENCIA CAPITAL

Por: Ricardo de la Cierva


E1 29 de junio de 1236 una noticia de primera magnitud empieza a conmover a la cristiandad entera: el rey de Cas­tilla Fernando III conquista la capital del califato musul­mán en España, Córdoba. Jaime I se alegra por la victoria de su primo y, ya que no le puede emular en santidad per­sonal, decide emprender su gran ofensiva sobre Valencia, cuya fama no era inferior en el mundo mediterráneo. Con­voca Cortes
aragonesas en la ciudad de Monzón, en las que proclama la cruzada y cita a sus tropas y mesnadas para la Pascua de 1237 en la ciudad de Teruel, punta avance ­de Aragón sobre el Reino de Valencia. Como demuestra documentalmente el profesor Ubieto, la expedición es típicamente aragonesa con fuertes contingentes de Na­varra v participación de caballeros de casi toda España En cambio, la participación de Cataluña es mínima, casi inexistente. Ni los nobles ni los caballeros catalanes sien­ten atracción por la empresa valenciana; mal podían lle­var a ella su lengua si ni siquiera aportan, salvo honrosas excepciones, sus armas. El ejército real de Aragón se ins­tala en el Puig, que recibirá su nombre definitivo de Puig de Santa María; tras disponer la estrategia para el asedio, el rey retorna y deja al mando de la hueste y de la posi­ción a su tío, el aguerrido Guillén de Entenza. En ausencia del rey las tropas de Zayan emprenden un movimiento en­volvente desesperado, rebasan la posición cristiana del Puig y en agosto de 1237 chocan más al Norte, cerca de Peñís­cola, donde a precio de sensibles pérdidas -entre ellas, el propio Guillén- los cristianos les derrotan completa­mente.

Para la campaña de 1238 regresa el rey don Jaime al campamento del Puig y toma el mando de un ejército bien escaso, con el que parecía imposible el asalto de una bien defendida ciudad, apoyada desde el mar por una escuadra tunecina, que no se atreve, sin embargo, a desembarcar ante la posible presencia de una flota cristiana. La fuerza principal es aragonesa, con 130 caballeros, 150 almogáva­res -los más terribles guerreros de la Baja Edad Media, procedentes de casi toda España- y 1000 soldados más: poquísimos catalanes entre el corto pero decidido conjun­to. Sólo el tremendo desgaste de los musulmanes fuerza sin apenas combates previos, la rendición de Valencia, que tiene lugar por capitulación formal el 28 de setiembre de 1238. Se ha dicho que el rey entró en la ciudad el día 28 aunque no efectuó su entrada solemne, con la ocupación del palacio real y la consagración de la catedral hasta la fecha mantenida hasta hoy por una tradición popular y profunda, el 9 de octubre. Ese día, según la misma tradi­ción, se tremola la venerable senyera, la bandera del Reino de Valencia con su franja vertical azul sobre las cuatro barras en campo de oro.