viernes, 27 de diciembre de 2013

EL SARANDERO, EL ESTARIBEL Y LA CORPENTA


 Por Ricardo García Moya

Las Provincias 2 de Mayo de 1999


Cuando los valencianos eran libres lingüísticamente, el pueblo enriquecía con neologismos el idioma propio. En 1767, por ejemplo, las fiestas del "Centenar de la Verge dels Desamparats" inspiraron un romance publicado por Salvador Fauli, dedicado a "tota senyoreta que vullga anar tova en son sarandero". En él observamos la voz valenciana sarandero, equivalente al miriñaque o guardainfante castellano, formado por aros de madera o alambres que soportaban el tejido de la falda. EI artilugio provocaba un coqueto balanceo que generó este neologismo metafórico derivado de saranda: aro de madera bastante ancho con tejido en el fondo. Pendiente del techo y balanceándose ante cualquier roce o corriente de aire, servía para guardar el pan fuera del alcance de los roedores en alquerías y barracas.
Dos étimos disputan la paternidad del vocablo: el persa sirand (columpio), y el vasco sarán (cesto de madera de castaño). Curiosamente, el coloquio acaba con la frase: "de tots em despedixc" y la interjección abur. Se trata, parece, de la primera documentación de este neologismo derivado del agur vasco. Es decir, que surge en lengua valenciana antes que en la gallega y catalana, siendo coetánea de la castellana (el comediógrafo madrileño Ramón de la Cruz la utiliza hacia el 1770). EI coloquio contiene otro neologismo en la frase "anar en cabriolet", anticipándose el valenciano en el uso de esta voz respecto a las neolatinas hispánicas y, casi, a la francesa de origen (en Francia se documenta en 1759).
Entre las neolatinas es frecuente hallar vocablos homógrafos y de significado distinto; por ejemplo: las italianas noia, palla y caldo significan aburrimiento, pelota y calor. Algo similar sucede con el neologismo valenciano futre, presente en coloquios burlescos del XVIII: "lo molt futre estafador" (B.N. Primitiu, Ms. 419). Algún filólogo inmersor de la Universidad de Valencia lo traduce como "lechuguino, o persona vestida con atildamiento" (Marti, J.: "Literatura de canya", 218), al considerarlo galicismo. En realidad se limita a repetir la opinión de Corominas, siempre escorado a ver influencias ajenas a la península.
EI valenciano futre era un portuguesismo despectivo, equivalente a hombre engañoso y ladrón en los tratos. En el manuscrito donde aparece "lo molt futre estafador" (verso 105) se califica al mismo personaje como "lo Iladre embustero" (verso 98). Ambos vocablos poseían idéntico valor semántico, sin relación con los caballeretes "lechuguinos" que sugieren los del Institut d'Estudis Catalans. La procedencia de este portuguesismo es fácil de rastrear, ya que en el mismo siglo XVIII, millares de soldados portugueses recorrieron el Reino de Valencia durante la Guerra de Sucesión, y uno de los insultos más habituales que proferían era el citado. Así, en el "Resumen de los excesos cometidos por las tropas del Archiduque en los años 1706 y 1707", leemos que las tropas portuguesas del conde Guido Staremberg "llevaron (al prisionero) con bayoneta calada, diciendo: ¡Futre, futre! (...) Le Ilevaron en cuerpo, dándole de palos todo el tiempo" (f. 4).
Hay neologismos que, aunque inusuales, también fueron disputados agriamente por los etimólogos (salvo los valencianos) para sus idiomas propios. Es el caso de estaribel o cárcel, voz relacionada con el caló y el argot de los marginados que se documenta en castellano desde 1896. Ya en el siglo XX, en 1910, el escritor Vallmitjana dice que la localiza en ambientes carcelarios de Barcelona.
No obstante, Escalante se anticipa en dos décadas al incluirla en su comedia "Matasiete". En un diálogo entre valencianos de la clase media, un "sabater" dice: "tancarme en I'estaribel". La obra fue estrenada en el teatro Colón de Valencia el 31 de marzo de 1884.
La inmersión también empobrece el valor semántico de los vocablos valencianos, dándoles sólo el permitido por el Institut d'Estudis Catalans. Por ejemplo, en los diccionarios catalanes camuflados como valencianos, la voz "corpenta" sólo equivale a esqueleto y osamenta. Pero en el de Escrig de 1887 se añadía la acepción: "Tindrer u corpenta. Tener uno valor, bríos, decisión, disposición o ánimo para una cosa". Como es sabido, Escrig fue acusado por Corominas de falsario y de "incluir acepciones inexistentes" (DCECH, 1987), "pero la descalificación es una treta más de los lingüistas del Condado.
Escrig y Llombart se limitaron a recoger una voz viva del idioma valenciano, y hay pruebas. En Castellón, en 1875, publicaba Colom y Sales la comedia "Lo que fa la roba", con una protagonista femenina de mucho genio y atrevimiento, de la que un tímido enamorado comenta: "ella te masa corpenta" (p. 8). En la misma obra leemos: "la chamba fa desconeixer". Según Corominas, la primera documentación de "chamba" en castellano es en 1884, pero en el idioma valenciano de Castellón la encontramos en 1875. Evidentemente, hasta la llegada de los "salvadores" catalaneros, nuestro idioma gozaba de muy buena salud.


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