lunes, 20 de julio de 2015

JULI D´ESPANYA Y RAIMONCÍN




Por Ricardo García Moya
Las Provincias 19 de Diciembre de 1996

La  mañana del sábado, 14 de diciembre, sirvió de aperitivo para la Trobada de la Llengua y posterior concierto de Raimoncín, todo auspiciado por su hincha Juli d'Espanya y el dinero de los im- puestos.  EI Ayuntamiento  del Campello y la Diputación de Alicante habían dispuesto un estrado en la plaza Consistorial junto al nolideportiu (allí sigue el catalán "poliesportiu" en el letrero) con una gigantesca bandera de cuatro barras. Los niños, en el concurso de pintura, dibujaron lo que veían:  banderas de cuatro barras.
Llegó la noche y el auditorio de la Casa de Cultura campellera fue marco de la entrada triunfal del  hincha  de  Raimoncín,  con cuarenta minutos de retraso. La señora de primera fila que, impertérrita como un semáforo, esperaba la Ilegada de su jefe político -con sombrerito y pieles a lo Bette Davis, y muchos grados en el mercurio- aposentó sus reales para escuchar al más grande,  más  comprometido  y  más proletario de los cantautores.
Con Juli d'Espanya y su estado mayor en vanguardia, un circunspecto Raimoncín de fúnebre atuendo -camisa gris, pantalón negro- irrumpió en la proletaria escena: cinco sillas y nada de leotardos purpúrinas o peinetas. Ahorrativo, no dio ni las buenas noches; cogió el guitarrón y -tras introito de racarrac, rac, rac- comenzó a emitir quejas, sollozos, atropellos y denuncias contra el poder franquista que, proporcionalmente, aumentaban la intensidad aplaudidora de los insólitos maulets.
En el variopinto público destacaban conocidos matrimonios de maestros catalaneros con sus ni- ños. Y ya se sabe, los niños no mienten, así que a la tercera tanda del racarrac aumentó el Ilori- queo. EI propio Raimoncín dejó la sierra (perdón, la guitarra) y suplicó en valenciano de verdad -el asunto era serio- que sacaran los chiquitos a pasturar a la plaza, que también era gratïs. Un miembro en la clac, justito a mi vera, lanzó un visceral "iQue se'n vachen, collons!" sin normalizar, con CH y todo.
Estaba  nervioso. Raimoncín nunca había cantado a la caverna (como ellos dicen) y estar a cinco metros de la derechona que jalea  reivindicaciones  independentistas no era bueno a su edad y con el colesterol alto. EI divo, viendo  el  entusiasmo  de  don Juli, impartió una lección de historia con el simpático lapsus de que  "Ausias  March  morí  en 1969". Luego dijo no sé qué del 69  (¡en qué pensaría!), rectificando con la única sonrisa que se permitió en toda la noche. EI, muy digno, sabe que de la caverna hay que coger la pasta con cara de póquer, volar a Barcelona y lavarse las manos con agua de M ontserrat.
La tragedia atenazaba al personal. EI racarrac no quitaba de la mente que, a las 9.30, España jugaba contra Yugoslavia ¿cómo escapar? Los previsores nos pusimos en las esquinas para, en un descuido,  huir  entre  sombras; pero no era fácil.
La leonardesca sonrisa de Juli d'Espanya  aumentaba con las denuncias que Raimoncín,  valiente como él solo, lanzaba contra la corrupción franquista. Entre racarrac y racarrac glosaba su heroismo: "tal  canción  no  la pude cantar hasta 1977, después de muerto el dictador" y, en catalán pata negra, el Ruiseñor de las Ramblas repetía su duda sempiterna: "Les butxaques ben buides ¡racarrac!; les teves, les meves, les seves ¡racarrac!; Però es hora de saber qui es que les té plenes ¡racarrac, rac, rac!"
Desde hace treinta años trata de saber quién se ha Ilenado los bolsillos en estos años, y no encuentra respuesta. Con voz potente explica a los presentes que "del home  mire sempre les mans", pero tampoco halla a los ladrones. Envalentonado, mirando las manos de los espectadores de primera fila, avisa que "torna el temps dels monsters que no són morts", y a Juli d'Espanya se le eriza el plumón capilar.
Lo siento, pero son las 9.20 y servidor se va con Zubi y Clemente. He comprobado que Raimoncín cumple aquello que en 1971 cantaba: "A veces la paz cierra las bocas y ata las manos, a veces la paz no es más que una vacía palabra para no decir nada. A veces la paz no es más que miedo."
EI  cantautor  rasca  sus  racarracs contra  los cementerios, pero olvida los asuntillos de Filesa, Malesa, el GAL, la ETA, el GRAPO, convolutos del AVE, etc. Pero tiene valor, especialmente como elemento decorativo de la clase política que -agradecida por su discreta y arqueológica  denuncia-,  Ilena sus bolsillos con subvenciones millonarias.  Farda mucho er el currículum  incluir que, "en tal fecha  contraté  un  racarrac  de Raimoncín".
Y cuando el cantautor se tortura con "es hora de saber qui te les boljaques plenes", podría mirar su cuenta corriente, pues las del circunspecto ruiseñor de las ramblas deben estar Ilenas a rebosar, pues Ileva treinta años con subvenciones de los  políticos, incluida la del sábado en Campello.  Por otro lado,  la noticia insólita es que Juli d'Espanya prefiere oír el "s'ajup sota el fuet" de Espriu, con racarrac incluido, que el partido de España.