miércoles, 15 de mayo de 2013

ACOTACIONES EN TORNO A LA CULTURA VALENCIANA



Juan Ferrando Badia (q.e.p.d.)

El descubrimiento de las Américas fue un acontecimiento extraordinario para todos los españoles, y aunque fue obra de Isabel la Católica, también se debió en buena parte a que un valenciano, Luis de Santángel, convenció a la reina para que no permitiese a Colón solicitar el patrocinio del viaje a las Indias al rey de Francia. Y fue también Luis de Santángel quien ante la realidad de que la reina Católica ya no tenía dinero ni alhaja alguna que empeñar, le prestó "de su casa" el millón ciento veinte mil maravedíes que a la reina le faltaban para entregérselos a Colón.
Otro gran acontecimiento fue la publicación, en 1492, del que puede considerarse propiamente el primer gran diccionarío de la lengua castellana, el lexicon de Antonio Nebrija. Sin embargo, tres años antes de que el lexicon de Nebrija se publicase, apareció una especie de diccionario valenciano; el Liber Elegantiorum, cuyo autor fue el notario público por autoridad real Joan Esteve.
Otros acontecimientos dignos de subrayarse, cuyo quinto centenario se cumplió en 1992, son el nacimiento de Luis Vives, primer humanista europeo, forjador de la nueva conciencia europea, y la exaltación al Pontificado de Roma bajo el nombre de Alejandro VI, del cardenal valenciano Rodrigo de Borja.
Gracias a este Papa se pudieron forjar, en buena medida, mediante las bulas intercaeteras, pacíficos y armónicos descubrimientos y evangelizaciones de España y Portugal. No puede olvidarse tampoco lo que significó este Papa para el Renacimiento italiano y europeo. Cabe, por último, detenernos, a exponer la trascendental importancia que tuvo el Siglo de Oro Valenciano tanto para las letras valencianas y catalanas, así como para las castellanas.
El siglo XV. El antiguo Reino de Valencia, ciertamente, es pieza clave en las conmemoraciones de estos centenarios aludidos. Y ello es así porque fue Valencia la ciudad española más traspasada por la atmósfera del Renacimiento de todas las ciudades entonces existentes. Valencia, nos dirá Pierre Vilar, se hallará en pleno Siglo de Oro; su siglo XV, se distinguirá por su riqueza agrícola y su producción de lujo, la sedería. En los libros del comerciante veneciano Barbarigo, Valencia aparece como una factoría apreciada.
Y las naves valencianas forman la masa del comercio mercantil. En aquel entonces era Valencia la ciudad más poblada de España, con unnúmero estimado de 82.000 habitantes, cuando la segunda, que era Sevilla, tenía 35.000 y Zaragoza 30.000; Madrid contaba con sólo 15.000 habitantes y Barcelona apenas llegaba a los 14.000.
Valencia era la capital cultural de España; el principal centro comercial del Mar Mediterráneo. Florecían aquí el comercio, la industria, las artes plásticas, la literatura; era el tiempo en que se escribía "Tirant lo Blanch"; nacían los poetas Jaume Gasull, Jaume Roig, Ausias March, Roiç de Corella y Sor Isabel de Villena; Arnau de Vilanova destacaba en la ciencia; Jacomart, Lluis Dalmau y Roderic D’Osona en la pintura; Damiá Forment, Pere Compte y Pere Balaguer en la escultura y arquitectura; y una lista interminable de escritores en lengua valenciana que no cabría en este breve artículo.
 La Lengua Valenciana, la primera Lengua Clásica...
Precisamente dos años antes del Descubrimiento, es decir, en 1490, queda la cultura valenciana inmortalizada con la edición en nuestra ciudad del "Tirant lo Blanch", de Joanot Martorell. De esta obra se hicieron 715 ejemplares, lo que prueba de manera inequívoca la gran cantidad de lectores entonces ya existentes, confirmación del alto nivel cultural que consagra a Valencia como cabeza de la cultura española. Y que la lengua valenciana pasó a ser la primera en lograr la categoría de lengua clásica entre todas las lenguas de España.
Merece destacarse que todos los clásicos del siglo XV sin excepción, tienen una clara conciencia lingüística y literaria propias; para ellos la lengua en que escribían se denominaba lengua valenciana y se sentían valencianos. Piénsese, por ejemplo, en J. Martorell y en su máxima obra "Tirant lo Blanch".
También es en el siglo XV valenciano "Siglo de Oro y gran Siglo de Europa", cuando junto a la creación literaria en lengua valenciana, nace el "Llibre del Consolat del Mar" y se levantan edificios como la Lonja (1482-1498), las Torres de Quart (1441-1460), la Catedral (s. XIII-XIV), el Miguelete (s. XV), la Generalitat (1482-), las Atarazanas (s. ) y tantos más. Si quisiéramos sintetizar toda aquella época en un solo monumento, mencionaríamos la Lonja de la Seda, que ahí queda como una canción del arte, del progreso y del trabajo de toda la Valencia del siglo XV, convertida en piedra para perenne memoria.
 Un Pueblo no debe olvidar sus raíces.
Valencia no debe olvidar su pasado, sino revitalizarlo mediante su constante revisión crítica. Quizá la historia de Valencia no sea una historia blanca, pero tampoco es una historia negra. Parafraseando a Unamuno, diríamos que como toda realidad humana, tiene sus claroscuros. Y si un pueblo no quiere estar condenado a la frustración, debe recordar sus raíces, porque, como ya decía Vázquez de Mella, "los pueblos se casan con la muerte cuando se divorcian de sus raíces históricas".

..:Diario de Valencia:..

viernes, 10 de mayo de 2013

LA NUEVA LEY DE LENGUAS DE ARAGON


                                        




DECENAS DE ARAGONESES CELEBRAN EN LAS CORTES DE ARAGÓN LA NUEVA LEY DE LENGUAS

Ciudadanos de a pie venidos de localidades del Aragón oriental como Fraga, Tamarite de Litera, Mequinenza, Alcampell, La Codoñera, Altorricón, Valderrobres, Castillonroy, San Esteban de Litera y Baldellou, entre otros, acudieron este jueves al Pleno de las Cortes de Aragón en Zaragoza para apoyar y celebrar la aprobación de la nueva Ley de Lenguas.

La Plataforma Aragonesa No Hablamos Catalán y la Federación de Asociaciones Culturales del Aragón Oriental congregaron a decenas de personas en el Palacio de la Aljafería para seguir en directo el Pleno en que se aprobaba la Ley de Lenguas que por primera vez reconocía que en Aragón se hablan dos lenguas: español y aragonés, esta última referenciada en dos grandes dialectos, uno en el norte y el otro en la zona oriental de la Comunidad.

Tanta la PANHC como la FACAO se congratularon por el gran paso hacia delante que se ha dado para salvaguardar el aragonés en sus distintas modalidades. De hecho, ambas entidades estudian la propuesta de pasar del 13 de junio al 9 de mayo (día de aprobación de la Ley) la celebración del Día de la Lengua Aragonesa que desde 2009 vienen celebrando.

Representantes de las asociaciones culturales presentes en las Cortes explican no entender las argumentaciones de CHA, IU y PSOE en su defensa de la imposición del catalán. Por parte de CHA intervino su portavoz, Nieves Ibeas, quien afirmó que “en las Cortes Generales de la Corona de Aragón se hablaba en catalán”. Por su parte, Adolfo Barreda, portavoz de IU, señaló que “la anterior Ley de Lenguas tenía más legitimidad”, y es curioso que en esta ocasión la Ley se aprobó con una amplia mayoría (con una diferencia de 8 votos) y que Izquierda Unida también votó en contra de la Ley aprobada en 2009. Por parte del PSOE intervino Maite Pérez, quien copió la terminología del nacionalismo cataán para desprestigiar la Ley y habló de “lapao” y “lapapyp” para referirse al aragonés y sus modalidades.

Al finalizar el Pleno, algunos de los vecinos venidos del Aragón oriental felicitaron a diputados de PP y PAR así como a representantes de La Voz Independiente de Aragón y UPyD que se habían acercado a las Cortes para mostrar su solidaridad a los ciudadanos venidos del territorio.

Las Juventudes de ERC reivindican en Zaragoza la nación de los Países Catalanes

Lo más surrealista, según la Plataforma y la Federación, fue la presencia de una docena de militantes de las Juventudes de Esquerra Republicana de Catalunya, partido coaligado con ChuntaAragonesista en Europa, exhibieron una pancarta a la entrada del Palacio de la Aljafería donde exigían que las comarcas de la zona oriental de Aragón pasaran a la nación de los Países Catalanes.

Camisetas con la leyenda “I loveChapurriau” y Presentación de una Súplica al Justicia de Aragón

Una vez finalizado la sesión en Cortes, algunos de los ciudadanos que asistieron al pleno no quisieron perderse la oportunidad de fotografiarse con algunos miembros de las asociaciones así como del RoldeChoben y la senadora del PAR Rosa Santos. Algunos de los asistentes lucieron una camiseta donde podía leerse “I loveChapurriau” (forma cariñosa de nombrar al aragonés oriental) y le obsequiaron con una camiseta a la senadora.

Al acabar lacelebración, representantes de la Plataforma Aragonesa No Hablamos Catalán se desplazaron hasta el Palacio del Justicia de Aragón para hacerle entrega de una Súplica en la que se solicita se cumpla a partir de ahora la nueva Ley, se deje de imponer el catalán en Aragón y que se cree, como dice la Ley, una sola Academia para regular el aragonés y sus modalidades, a diferencia de las dos Academias, una de ellas respecto al catalán, que preveía la anterior Ley de Lenguas.



Aragón, a 9 de mayo de 2013

miércoles, 8 de mayo de 2013

APUNTES HISTÓRICOS SOBRE LOS FUEROS DEL ANTIGUO REINO DE VALENCIA (V)





D. Vicente Boix
Valencia 1855

 XLII Universidad literaria

CATEDRÁTICOS CÉLEBRES.
     Muchos son los Profesores que con sus luces y vastos conocimientos han dado celebridad a esta escuela, y que con justicia debieran ser incluidos en este catálogo; más por amor a la brevedad se hará tan solamente mención de aquellos que con la publicación de sus obras han hecho su nombre inmortal.
SIGLO XV.
     D. Fr. Jacobo Pérez de Valencia, natural de Ayora, religioso Agustino, fue Catedrático de Teología en esta escuela, y después Obispo ausiliar de esta Diócesis, con el título de Cristópolis. Sus grandes conocimientos en las lenguas latina, griega y hebrea, y en la Teología y Derecho Canónico le hicieron la admiración de su siglo. Publicó varios comentarios sobre los salmos y cánticos, y una refutación contra los errores de los judíos, las cuales obras fueron las primeras que se imprimieron en esta capital en el siglo XV cuando fue introducida la imprenta.
     Juan Andrés Strany, hijo de esta ciudad, fue aventajadísimo en todas las ciencias, y especialmente en la teología espositiva, cuya Cátedra obtuvo algunos años en esta escuela, contando entre sus discípulos a los insignes Juan Navarro y Miguel Gerónimo de Ledesma. Ilustró con doctísimas observaciones las obras de Séneca, Valerio Máximo y Plinio. Los sabios, así nacionales como estrangeros, le han tributado los mayores elogios.
     Pedro Gimeno, natural de Valencia, llevado de una vehemente pasión por el estudio de la medicina, recorrió las principales Universidades del mundo, para perfeccionarse en ella, y en todas recibió las mayores muestras de aprecio. Fue discípulo del gran Vesalio, y obtuvo la Cátedra de Anatomía en esta Universidad, donde siempre se respetó como el padre de la escuela valenciana. Descubrió el tercer huesecillo del oído, de nadie hasta entonces observado, cuyo hallazgo dedicó a su maestro Vesalio. Sensible es que no haya dejado más que unos diálogos de anatomía, pero sus esplicaciones sirvieron para formar hombres eminentes en el arte de curar, que dieron a esta escuela el mayor lustre y esplendor.
     Miguel Gerónimo de Ledesma, natural de Valencia, obtuvo en esta Universidad una Cátedra de medicina y otra de lengua griega, que regentó con aplauso general. Fue el restaurador de la cultura de las ciencias, desterrando de esta escuelala barbarie que los árabes introdujeran. Ilustró con eruditos comentarios las obras de Galeno, y con su pericia en el árabe interpretó a Avicena. Publicó otras varias obras relativas a la enseñanza de la medicina y de la lengua griega. Ilustres escritores le han tributado todo linage de elogios.
     Juan Navarro, natural de Alcoy, fue Catedrático de Retórica en esta escuela, cuya Cátedra desempeñó por espacio de treinta años, siendo indecible los frutos de su enseñanza, y los innumerables jóvenes que con sus lecciones salieron aventajados en la oratoria. Desterró el mal gusto que a la sazón reinaba, e introdujo las bellezas de la literatura del siglo de oro. Pronunció varios panegíricos, cuya impresión no permitió su escesiva modestia, pero que justamente reclamaban la luz pública.
     Fr. Gerónimo Pérez, valenciano, de la orden de la Merced, obtuvo en esta escuela una Cátedra de Teología, contando entre sus discípulos a S. Francisco de Borja, a D. Andrés de Oviedo, Obispo y patriarca de Etiopía, y al insigne escritor Manuel Sá. Se llamó con justicia el teólogo de su siglo; dictado que justifican sus varias producciones literarias.
     Pedro Antonio Benter, natural de Valencia, obtuvo en esta Universidad una Cátedra de Teología y otra de lengua hebrea. Pasó a Roma, donde mereció las mayores distinciones del Papa y demás Prelados. Escribió la crónica de España, y si bien se dejó llevar de las falsas noticias del Beroso, que tan en crédito estaba en aquella época, fue al menos de los primeros que abrieron el camino para llegar a la posesión de una verdadera historia. Fue también el primer historiador quo tuvo Valencia, cuya crónica escribió en lemosín, y tradujo después en castellano.
     Fr. Gerónimo de Areis, valenciano, de la orden de la Merced, fue teólogo y médico escelente por sus raros conocimientos en la medicina: los Sumos Pontífices Paulo y Julio III le concedieron el permiso de egercitar esta facultad, como de hecho la practicó con grande beneficio de la humanidad. Enseñó muchos años filosofía y teología en esta Universidad, y con gloriosa emulación le desearon por Profesor suyo todas las de España. Fue Catedrático en Salamanca, teniendo pendientes de sus resoluciones a los más insignes Doctores de aquella escuela. Adquirió por su saber tal nombradía en el estrangero, que la Universidad de París le eligió por su Catedrático. Publicó varias obras, que han conservado su memoria.
     Gerónimo Muñoz, natural de Valencia, discípulo de esta escuela, fue peritísimo en la lengua hebrea; por manera que los judíos le creían tal por su dicción. Obtuvo una Cátedra de dicha lengua en la Universidad de Ancona, y después en esta de Valencia. Dedicado a las matemáticas, honró esta Universidad con grande aprovechamiento de sus discípulos, desempeñando a la par la enseñanza de la lengua santa. Empero envidiosa Salamanca de las glorias de esta Universidad, le llamó para las mismas Cátedras, que regentó por algunos años, mereciendo los mayores elogios.
     Andrés Sempere, médico de profesión, natural de Alcoy, uno de los oradores más insignes de esta escuela, fue Catedrático de Retórica de esta Universidad, debiéndose a su pericia los grandes progresos que se esperimentaron, recobrando esta escuela su lustre y esplendor algún tanto decaído. Sus dotes naturales, unidos a su elocuencia, le merecieron el renombre de Demóstenes de su siglo. Amigo íntimo de Lorenzo Palmireno su comprofesor, le cupo la dicha de que éste formara su elogio, llamándole, Gorgices de los retóricos, príncipe de las lenguas latina y griega, y restaurador de la elocuencia.
     Luis Collado, valenciano, médico habilísimo, fue Catedrático de Anatomía en esta Universidad, observador atento e investigador profundo, él por sí hacía las disecciones, adquiriendo a fuerza de sus observaciones el conocimiento de importantes secretos. Fue el primero que llegó a descubrir un huesecito llamado stapes, que está en el órgano del oído. Escribió varias obras de medicina, mereciendo especial mención sus Comentarios al libro de Ossibus de Galeno, obra que le valió un crédito sin igual.
     Lorenzo Palmireno, célebre humanista, hombre nacido para la enseñanza, aunque médico de profesión, tenía puesta su afición en las bellas letras. Fue peritísimo en las lenguas griega, latina y hebrea, como también en la historia, filosofía y estudios de erudición. Enseñó latinidad en Zaragoza y en Valencia, formando eminentes discípulos, que ennoblecieron esta escuela, entre ellos el célebre Vicente Blas García. Los escritos de Palmireno patentizan su vasta erudición y la elocuencia más pura y correcta.
     Jaime Segarra, natural de Alicante, médico profundo, discípulo de Luis Collada. Su inteligencia en las lenguas latina y griega le ayudaron a sus progresos en el arte de curar; su atento y profundo estudio de las obras de Hipócrates y Galeno le hicieron penetrar la mente de los dos grandes oráculos de la medicina, publicando unos doctos Comentarios a las obras de los mismos. Escribió varios tratados de medicina; mas una muerte prematura nos privó de otras producciones, que sin duda hubiera dado tan insigne profesor.
     Pedro Juan Núñez, natural de Valencia, uno de los cuatro españoles que merecieron que Nicolás Antonio los apellidara príncipes de toda erudición. Estudió en esta escuela la filosofía y lenguas, y pasó a París a perfeccionar los conocimientos que en su patria adquiriera. Enseñó filosofía en Valencia y Zaragoza; mas dedicado a las bellas letras, obtuvo la Cátedra de Retórica en aquella y en Barcelona. Escribió varias obras de conocido mérito; con especialidad han sido muy apreciadas su Gramática griega, las Instituciones oratorias, los Comentarios a los libros de los retóricos de Aristóteles y las Instituciones físicas. Los sabios de su tiempo le honraron con su amistad, y le tributaron los mayores elogios.
     Vicente Blas García, natural de Valencia, estudió humanidades, filosofía y medicina en esta Universidad; empero impelido de su afición a la elocuencia, se dedicó a su estudio con tal empeño, que a los veintidós años de su edad fue nombrado Catedrático de esta muela. Pasó luego a Roma, y la Universidad de la Sapiencia le ofreció la Cátedra de Retórica, mereciendo las mayores distinciones de los Papas y Cardenales. Oró ante el Sacro Colegio en la elevación al Pontificado de Gregorio XIV y Clemente VIII, y en las exequias de aquél, mirándole y apreciándole Roma como el primer orador. Mas envidiosa Bolonia de la gloria que aquella adquiriera con tan célebre profesor, le propuso la Cátedra de Retórica de tan insigne Universidad, honor que le impidió admitir una enfermedad peligrosa que padeció. Restituyese a su patria, y se encargó de la enseñanza de elocuencia, siendo numerosísimo el auditorio que asistía a sus lecciones, contándose entre los oyentes las personas de mayor lustre y erudición. Publicó varias obras de elocuencia, que patentizan el buen gusto de tan esclarecido profesor.
     Melchor de Villena, natural de Valencia, médico insigne, Catedrático de yerbas en esta Universidad. Estudió medicina en ésta, siendo sus maestros los célebres profesores Luis Almenara y Honorato Pomar, médico de Felipe III. Regentó por espacio de cincuenta años la Cátedra de yerbas; y deseoso de adquirir conocimientos en este ramo de la medicina, no se contentó con herborizar en nuestro reino, sino que pasó a Cataluña, Castilla y Portugal. El Rey Felipe IV le llamó a la Corte por médico suyo; mas no lo pudo conseguir de la incontrastable humildad del Doctor Villena; empero hallándose en Valencia S. M., quiso oír a tan esclarecido maestro, a cuyo fin dispuso que presidiera unas conclusiones de medicina, que defendió el Doctor Miguel Vilar, discípulo de Villena. Honró S. M. con su presencia este acto, en el que tomaron parte los más célebres médicos de la comitiva real, y admiraron todos los profundos conocimientos de Villena. Reiteró el Rey sus instancias para que siguiera la corte; mas Villena, inclinado al retiro y al estudio, espuso a S. M. razones de familia, que le impidieron el aceptar tan honroso cargo. Consultado por varias Academias y sabios, así nacionales como estrangeros, sus respuestas eran tenidas como oráculo, leyéndose y citándose en las principales Universidades de España, Francia, Italia y Alemania. Escribió varias obras de medicina, bien que su escesiva modestia no se cuidó de publicarlas: vieron sin embargo la luz pública algunas de ellas después de la muerte del autor. Contó entre sus discípulos al graduado en esta Universidad, y médico después, del Rey de Francia, D. Francisco Ranchino, el cual le llevo un retrato de su maestro a París; y defendiendo públicamente unas conclusiones de medicina en aquella Universidad, puso al pie, que las presidía el Doctor Melchor de Villena, valenciano. Llegada la hora, colocó el retrato en el lugar de la presidencia, y dijo en alta voz: »Veis aquí la imagen del Doctor Melchor de Villena, valenciano, nuevo Galeno católico y padre de la medicina."
     D. Gregorio Mayans y Siscar, natural de Oliva en el reino de Valencia, estudió filosofía y jurisprudencia en ésta, pasando luego a la de Salamanca a perfeccionar sus estudios, bajo la dirección del valenciano D. José Borrull, Catedrático de dicha Universidad. Graduado de Doctor en la de Valencia, obtuvo en 1723 la Cátedra del código de Justiniano, siendo el más joven de los opositores. En 1733 fue nombrado Bibliotecario de S. M., cuyo encargo desempeñó hasta 1740, en que renunció para dedicarse con mayor sosiego a las tareas literarias. El Rey, en atención a sus méritos literarios, y las varias obras que había publicado, se sirvió concederle los honores de Alcalde de Casa y Corte, y a pesar de haberse retirado a la oscuridad de su gabinete para dedicarse esclusivamente al fomento de las ciencias, su reputación se estendió por toda Europa: Muratori en su Suplemento a las Antigüedades de Grevio y de Gronovio, hace de Mayans un magnífico elogio. Voltaire le consultó sobre su obra de Heraclio español y Robetson sobre la Historia de la América, y así mantuvo una correspondencia literaria no interrumpida con todos los sabios de Europa. Fuera asunto demasiado prolijo presentar un catálogo de sus producciones literarias: Sempere y Guarinos, en su Ensayo de una Biblioteca española, después de haber referido los títulos de setenta y cinco obras publicadas por Mayans, añade que no ha hecho mención sino de las que han llegado a su conocimiento; pero que son muchas más las que había publicado este sabio. A los ochenta y dos años de su edad bajó al sepulcro, después de haber llenado su gloria a la nación y de lustre a esta escuela.
     D. Andrés Piquer, natural de Fornoles, en Aragón, estudió la filosofía y medicina en la Universidad de Valencia, donde se graduó de Doctor en dicha facultad. Nombrado Académico público de medicina, comenzó a introducir el gusto por los autores modernos, y mejorar los estudios médicos; con cuyo objeto, y a la edad de veintitrés años publicó la obra titulada Medicina vetus et nova, demostrando en ella que no se debía suscribir a ningún partido, sino escoger lo bueno que en los antiguos y modernos se encontraba. En 1712 obtuvo por oposición la Cátedra de Anatomía, enseñando la medicina moderna según el sistema del mecanismo que era entonces generalmente desconocido; y persuadido de la necesidad de reformar los estudios filosóficos, principalmente en los tratados de lójica y física, publicó la lójica moderna, o arte de hallar la verdad y perfeccionar la razón, y la física moderna racional y esperimental. Dio también a luz un tratado de calenturas, y la filosofía moral que dedicó a la juventud española, y un discurso sobre la aplicación de la filosofía a los asuntos de religión. Débese igualmente a este sabio la publicación de las obras más selectas de Hipócrates, con el texto griego y latino, puesto en castellano e ilustrado con observaciones, y unas instituciones médicas para uso de la escuela valentina. Increíble parece que un hombre siempre rodeado de las más graves ocupaciones pudiese dar a luz tantas y tan sabias obras, a no persuadirlo los títulos de un ingenio privilegiado. Fue nombrado médico de Cámara de S. M., e individuo del Real Proto-medicato, en cuyo tribunal desempeñó los cargos de juez y de censor. El nombre de este insigne literato es conocido en todas las escuelas, y los gloriosos laureles que tan justamente adquirió, han perpetuado su memoria.
     D. Juan Sala, natural de Pego, en este reino, estudió filosofía y jurisprudencia en ésta: dedicóse asimismo al estudio de las matemáticas, y su escesiva aplicación le causó una grave enfermedad, de la que no se vio enteramente libre en el discurso de su larga vida. Su pasión empero por las ciencias, y en especial por la jurisprudencia, dábale tal esfuerzo, de sus achaques hizo varias oposiciones, en que lució sus eminentes talentos, obteniendo una Cátedra de Jurisprudencia con Pavordía aneja. Dedicado con tesón a esta enseñanza, y conociendo la escasez de libros que pudieran facilitar a los alumnos los conocimientos que deseaban, se entregó a la composición y publicación de varias obras que pudieran llenar este vacío. Publicó su obra titulada. Vinius castigatus, ilustrándole con las leyes concordantes del reino y disposiciones del Derecho patrio, y añadiéndole un tratado de la sucesión intestada, con cinco apéndices. Asimismo publicó el Digestum Romano-Hispanum, la Ilustración al Derecho Real de España, y la Historia del Derecho Romano Español. El ímprobo trabajo que estas obras le costaron, agitó de tal manera su enfermiza naturaleza, que le costó la muerte, pudiendo decirse que fue víctima de su laboriosidad y estudio.

VIDA DE SANT VICENT FERRER, APOSTOL D’EUROPA (VII)


BIOGRAFÍA E HISTORIA DE SAN VICENTE FERRER


SAN VICENTE FERRER.
En la vida de san Vicente existen ciertas lagunas que no nos permiten conocerla con exactitud, por ejemplo sus intervenciones en la posterior legación de Pedro de Luna en las diversas Coronas de la Península Ibérica. También le encontramos en Valencia: interviniendo como árbitro en una sentencia entre los religiosos y el resto del clero, transcrita por su mismo padre; predicando una de las Cuaresmas en la ciudad y otra en Segorbe; o dedicado también a la enseñanza, pues fue nombrado profesor de Teología en la Seu valenciana (1385 1390).
Elegido Papa Pedro de Luna, que tomó el nombre de Benedicto XIII, en 1394, le llamó a su lado y le nombró su confesor y teólogo. Pero al Maestro Vicente no le gustaba el clima que se respiraba en la Curia pontificia de Avignon. Se le ofrecen dignidades cardenalicias y obispados que rechaza; sufre interiormente la división de la Iglesia; finalmente, se ausenta del palacio papal y se hospeda en el Convento de Dominicos de la ciudad. Al sufrimiento interior se añade la enfermedad y la muerte que parecía avecinarse. En esta grave enfermedad, concretamente el 3 de octubre de 1398, es de capital importancia, una visión sobrenatural, pues cambiará el rumbo de su vida: se dedicará desde entonces a la predicación itinerante. Con frecuencia aludirá a ese día y a ese cambio.
A partir de este momento se consagra de lleno a la predicación como legado a Latere Christi, como Apóstol de Cristo, recorriendo siempre a pie, hasta que lo permitió su salud buena parte de la Europa occidental.
Vicente como predicador insistirá en la renovación y conversión interior, en la reforma de las instituciones y en la unidad de la Iglesia, manteniéndose partidario de los Papas aviñonenses. Glosando las bíblicas plagas de Egipto (Éxodo 7,14 12,34), dirá: "La novena son las tinieblas: durante tres días estuvieron los hombres y las mujeres que no se veían el uno al otro; y significaba el tiempo del cisma. ¡Oh, qué tinieblas tan fuertes! Los tres días significan los tres Papas que ahora son: el Papa Juan, el Papa Gregorio y el Papa Benedicto; y cada uno tiene grandes doctores y personas santas que tienen a cada uno como realmente Papa y no conocen cual es el verdadero". A partir de su intervención en el Compromiso de Caspe en 1412, los frecuentes encuentros con el Rey Fernando, el Papa Benedicto XIII y, posteriormente, con el Emperador Segismundo, hablan de esta preocupación por la unión de la Iglesia. El 6 de enero de 1416, Vicente Ferrer en Perpignan leerá el documento de la sustracción de la obediencia al Papa de Avignon de la Corona de Aragón. El año siguiente se elegirá a Martín V y será reconocido como único Papa por toda la Cristiandad.
Vicente nunca quiso revelar el secreto de su cambio personal ante el Cisma, la clave de su evolución que generó su distanciamiento de Benedicto XIII. Su gesto fue reconocido por muchos. Supo cumplir heroicamente con su deber de conciencia y su serenidad y actitud tranquilizaron a muchos.
El escrito vicentino que más ediciones e influencia ha tenido a lo largo de los siglos es su Tratado de la vida espiritual, posiblemente redactado hacia 1407 como respuesta a las preguntas formuladas por un novicio que quería caminar y progresar en la espiritualidad encarnando el ideal de la predicación vivido según el estilo y en la escuela de santo Domingo de Guzmán. En él, Vicente no sólo muestra el conocimiento de los autores espirituales más prestigiosos en aquel momento, sino que además deja entrever su vivencia de dominico observante. Está vertebrado por ideas tales como una referencia permanente a Santo Domingo, la imitación de los mayores en la Orden para conformar con ellos su Vida, la valoración de la pobreza y de la austeridad, destacando la obediencia y el amor al estudio conjugado con la oración. Todo ello al servicio de una única misión: la de ser útil al prójimo.

APUNTES HISTÓRICOS SOBRE LOS FUEROS DEL ANTIGUO REINO DE VALENCIA (XIV)



D. Vicente Boix
Valencia 1855

- XXIV -

Los Jurados
Se componía el cuerpo de los Jurados de seis individuos. Su insignia era una toga o gramalla, que recordaba el trábea purpúrea del Consulado romano. Los Jurados no eran lo mismo que los Regidores en Castilla; pues se diferenciaban en atribuciones y en el número. Estos delegados populares entendían primeramente en el abastecimiento del reino; pudiendo por lo mismo prohibir la estracción de los cereales y de los ganados de nuestro país a otro, castigando a los transgresores; y armar galeras contra los contrabandistas que negociaban en este tráfico, imponiéndoles el castigo señalado por los Fueros. Dictaban, o confirmaban o aprobaban las ordenanzas gremiales, entendiendo en las causas promovidas en el seno de los oficios a gremios; en el conocimiento de los negocios de aguas corrientes o estancadas inmediatas a la ciudad; tenían a su cargo la adopción de medidas higiénicas en los casos de peste; y fijaban los precios de las subsistencias.
     Los Jurados eran seis; dos de la clase de caballeros o generosos y cuatro de la de los plebeyos. El que salía en suerte el primero en cada uno de las dos clases, se llamaba Jurado en cabeza (en cap) o primero de los caballeros, y Jurado en cabeza (cap) o primero de los ciudadanos. He aquí el sistema electoral.
     Las parroquias elegían sel Consejo General. Los electores parroquiales debían ser, según indicación de D. Pedro I, de la clase mayor, menor y mediana de los prohombres. Los oficios que egercían este derecho de elección para individuos del Consejo eran los siguientes: esto es, comerciantes de vara, notarios, marineros, pelaires, freneros, zapateros, sastres, pellejeros, cortantes, corregeros, carpinteros, roperos, herreros, pescadores, barberos, corredores, labradores u hortelanos, plateros, aluderos, curtidores y los del oficio de tintoreros. En 1633 se dispuso la inseculación, incluyendo en ella, según sus clases, a los ciudadanos honrados que podían ser elegibles para los cargos de Justicia, Racional, Síndicos y Almotacén. Con arreglo a esta disposición, se formaban tres bolsas para el sorteo de tales empleos: en la primera se hacía inseculación de veinte caballeros; en la segunda de veinte ciudadanos que hubiesen sido ya Jurados, y en la tercera otros veinte de la misma clase que no hubieran obtenido todavía una gramalla, esto es, que aún no hubiesen sido Jurados. Todos los años víspera, del día de Pascua del Espíritu Santo, se sorteaban, con grandes formalidades, de la bolsa de los caballeros dos personas para Jurados de esta gerarquía, y otros dos de la primera bolsa de los ciudadanos para Jurados segundos de la misma clase, y otros dos de la última para los de tercera.
     Así mismo de la bolsa de los caballeros y de la primera de los ciudadanos se hacía estracción alternativa de una persona para el cargo de Justicia criminal, y de otra para el de Justicia civil.
     Víspera de S. Miguel se sorteaba de las mismas bolas y con iguales ceremonias un sugeto para el cargo de Almotacén, alternando de modo, que un año fuese Justicia civil o criminal y Almotacén un caballero, y en el otro un ciudadano.
     Para el cargo de Racional se hacía estracción de tres ciudadanos de la primera bolsa, y se proponían en terna al Rey.
     Antes sin embargo de este sistema de elecciones, acordado en 1633, era muy diferente el que había regido desde los tiempos de D. Pedro I. Al principio el Rey o el Baile General hacían sin previa consulta, tanto la elección del Justicia como de los Jurados.
     Desde 1266 los Jurados salientes presentaban, con anticipación debida al Rey, o al Baile General en su ausencia, la propuesta de los que debían reemplazarles. Pero en 1283 se fijó este sistema de modo, que los mismos Jurados y cuatro hombres buenos de cada parroquia, elegían doce personas, o doce ciudadanos o prohombres, uno por parroquia, de los cuales se sorteaban tres para cada oficio, y de estas ternas hacía el nombramiento el Rey o el Baile general.
     La elección de Jurados variaba sólo en que el Maestro Racional nombraba una persona por parroquia, mitad de caballeros y mitad de ciudadanos, y elevaba su propuesta al Lugar-Teniente General, que introducía en la lista las modificaciones que creía convenientes; y de este modo se trasmitía al Rey, que por su parte hacía o no las variaciones que estimaba justas. Completa ya la lista, de esta manera, los Jurados salientes sorteaban cuatro ciudadanos y dos generosos para sucederles

LA GUERRA DE SUCESION EN VALENCIA (XXV)




REVISTA DE HISTORIA MODERNA
Número 25 - 2007

LA GUERRA DE SUCESION EN VALENCIA (XXV)
RETROSPECTIVA HISTORIOGRAFICA Y ESTADO DE LA CUESTION.
Páginas: 303 a 329
Autor: Carmen Pérez Aparicio.

En el caso de Borrull estamos ante un trabajo que no aporta nuevos elementos documentales, sino que tiene como objetivo demostrar la injusticia que supuso la abolición de los Fueros, cuya finalidad no era otra que la de acabar con la constitución y la libertad del Reino de Valencia.  Este hecho marcaba para su autor el punto de partida para reivindicarlos, precisamente en unos momentos en que el absolutismo borbónico llegaba a su fin y se abrían las puertas a la recuperación de las libertades políticas. Borrull se sumaba así a una corriente surgida desde el mismo momento de la publicación del decreto y de la que Minyana ya se había hecho eco.

En la línea argumental expuesta ya en 1707 por la Ciudad de Valencia para manifestar la disconformidad de los valencianos con el decreto abolicionista, y utilizando profusamente la obra de Minyana, trataba de fundamentar la nulidad del decreto sobre la inexistencia del delito de rebeldía y la falta de potestad real para decretar la abolición. Aportaba nuevas razones para demostrar que sólo uno de los tres Estamentos valencianos -el Real- se rebeló contra el rey, mientras que los otros dos -Eclesiástico y Nobiliario- se mantuvieron fieles al Borbón. por lo que no se podía afirmar que el reino hubiera sido rebelde ya que la mayor parte de la representación había permanecido fiel.Y puesto que no hubo unanimidad, cualquier disposición real que obligara a todos ellos sería, en consecuencia, contraria a la legislación foral, un argumento ratificado por el hecho de que el rey no tenía facultad para abolir, mudar o corregir los Fueros valencianos. Esta medida había sido también contraria a la razón natural y a las propias leyes de Castilla, según las cuales no pueden pagar los unos por los delitos de los otros. En definitiva, consideraba que el decreto había sido nulo y que, por lo tanto, los Fueros permanecían vigentes.

En la misma línea argumental, Borrull defiende que, por el contrario, fueron Felipe V y el virrey quienes, con su inoperancia, facilitaron el desembarco enemigo y la capitulación de Valencia y señala que si hubo poblaciones que aclamaron a Carlos III, lo hicieron movidas por el temor a la repre4salias del ejército aliado. Manifiesta un firme empeño en demostrar la incompetencia e incapacidad del ejército borbónico, que contrapone a la llegada de grandes contingentes de tropas aliadas. A pesar de todo, de las cuatro fortalezas valencianas, Alacant, Dénia, Montesa y Peníscola, sólo una, Dénia, se entregó a los aliados y muchas otras poblaciones, como Xixona, Elig, Sagunt o Morella, resistieron tenazmente. Su afán por demostrar la falta de rebelión y exculpar de ellas a los valencianos, le lleva incluso a situarse en la comprometida tesitura de asegurar que Xátiva no era austracista y que su encarnizada resistencia a las tropas borbónicas fue fruto de la presencia de una guarnición aliada. En este sentido, las noticias recogidas por el marqués de San Felipe sobre la total indefensión de las costas, la falta de previsión del gobierno borbónico y la inoperancia del virrey le permitían rebatir, con testimonios felipistas, lo injusto e injustificado de la abolición.

En clara sintonía con el alegato de Borrull en favor de lo que llama "libertad", hay que situar la obra de Vicente Boix, "Historia de la Ciudad y Reino de Valencia", publicada en 1845. En ella pretende seguir el camino trazado por los cronistas clásicos de la Edad Moderna, Viciana y Escolano, si bien en este caso se prestan también atención a los acontecimiento de la guerra en el Reino de Valencia a partir de las obras ya publicadas de Minyana, el marqués de San Felipe y Belando, a las que incorpora algunas fuentes documentales de carácter complementario tangencial. Sin menospreciar los hechos militares, se sitúa en un plano analítico para tratar de establecer las causas del conflicto. Su punto de vista recoge las tesis, ya mencionadas, de la indefensión de los valencianos por la falta de previsiones del propio gobierno borbónico y la inoperancia del virrey, al tiempo que resalta el carácter minoritario de los seguidores del Archiduque, a los que descalifica -como hizo Minyana en su momento- tachándoles de la "canalla más soez y despreciable", movidos por el espejismo de las promesas del general Basset.

Añade la existencia de diversas razones para el descontento hacia Felipe V, resumidas en el rechazo de una dinastía extranjera y de un monarca que se rodea de una corte también extranjera. No se recata tampoco de criticar la ambición de los partidarios del archiduque y sus críticas salpican por igual a unos y otros. Sobre Baset no escatima descalificaciones por su responsabilidad en el clima de anarquía en el que se sumió la Capital del Reino tras la proclamación de Carlos III. Del primer Borbón censura sus errores de gobierno, especialmente su menosprecio a la tradición política hispana -tan diferente de la francesa-, su afán de gobernar la Monarquía con un modelo importado y, por supuesto, la "injusta" abolición de los Fueros, que califica, además,  de premeditada. Responsabiliza a los dos partidos del clima de violencia y extorsión que se vivió tras la batalla de Almansa, los dos son tachados de ciegos y fanáticos y de responsables de la ruina del Reino de Valencia, víctima de su encono. Culpa a las tropas aliadas extranjeras de la resistencia militar contra el ejército vencedor y afirma, como colofón, que Felipe V había sido, a pesar de todo, uno de los príncipes más dignos que había tenido España.

MISTERIOS DE LA HISTORIA-XVII



Por: Ricardo de la Cierva
Editorial  Planeta

Segunda edición: febrero 1991


A un discurso que contenía semejante atentado a la uni­dad nacional de España, y a la Constitución española, Alian­za Popular de Cataluña votó sí. El presidente catalán de AP matizó el voto; quiso votar sí, pero...; aludió inútilmen­te a la irrenunciable unidad de España, sin que casi nadie haya reproducido la frase; pero sólo se puede votar sí, no o abstención, y el presidente regional, en nombre de Alian­za Popular en Cataluña, votó sí. Lamento decirlo; lo dije, cuando era tiempo, donde lo tenía que decir -en la Ejecu­tiva nacional de AP- sin resultado alguno. E1 presidente catalán de AP es un político novato y evidentemente inmaduro­ duro pero sus relevantes cualidades personales permiten  esperar que con el rodaje corrija, y pronto, su inexperiencia. Donde no podía fallar el presidente regional de AP es el terreno de los principios; y el voto de Alianza Popu­lar catalana en favor del Discurso de la Nación Catalana no parece una quiebra fundamental de principios, una concesión a la pleamar del sentimiento catalanista y un error histórico que -dados los precedentes de la campaña autonómica del 84- me explica cabalmente a posteriori la causa principal del tremendo fracaso sufrido por Alianza Po­1ular en las elecciones al Parlamento de Cataluña.

Alianza Popular de Cataluña es profundamente catala­na, pero no es catalanista. Es, en mi opinión personal, una voz catalana en Cataluña; pero también, y por la misma razón, la voz catalana principal -sin excluir a las demás­ la España moderada en Cataluña. Me temo que sus vo­tantes lo crean así, por gran mayoría; pese a que algunos de sus dirigentes se hayan visto arrastrados por la corriente sentimental catalanista, y no tienen muy claros los princi­pios básicos de un gran partido nacional. Entonces los vo­tantes comprobaron que durante la campaña los dirigen­tes de AP (incluso algún dirigente nacional) aceptaron ese disparate de considerar a España como nación de nacio­nes (lo cual es absolutamente anticonstitucional) y prefi­rieron votar a los nacionalistas de verdad que a quienes  presentaban como nacionalistas vergonzantes. En su voto de investidura, el presidente regional de AP, si quería sin­tonizar con sus votantes, debió votar abstención y explica­rlo; no sumarse, con grave detrimento de los principios, a la pleamar del sentimiento. Si no corrige ese rumbo, Alianza Popular de Cataluña se irá diluyendo, como suce­dio con los centristas de Cataluña, en la mayoría naciona­lista.

He sospechado demasiadas veces que el actual nacionalismo catalán, que no es separatista en lo político, sí apunta una peligrosa desviación separatista en lo cultural. La normalización de la lengua catalana no pretende el bi­lingüismo, que sería natural y constitucional, sino la práctica  y gradual exclusión de la lengua castellana en el ám­bito catalán, lo cual sería un atentado y un perjuicio terrible para las nuevas generaciones catalanas, privadas de su lengua ­universal. Es necesario leer a fondo un libro muy difí­cil de encontrar en las librerías, Lo que queda de España, Federico Jiménez Losantos, que por pensar así fue ex­pulsado de Cataluña con una ráfaga de metralleta en las piernas. Para consolidar la autonomía catalana la Genera­lidad catalanista destacó al señor Roca Junyent a la arena política nacional y le encargó encabezar una ristra de pe­queños partidos regionales para las elecciones de 1986 con apoyo colosal de la Banca, que se lo negaba a la derecha nacional del señor Fraga. La operación Roca, cuyo lema era muy parecido al de los austracistas catalanes en la guerra de Sucesión, principios del siglo XVIII, rezaba así: otra manera de hacer España. Los votantes creyeron que tal vez se trataba más bien de otra manera de deshacerla y propinaron al señor Roca, y al catalanismo expansivo, una de las más sonadas derrotas de la historia electoral española. Dada la inteligencia política de los señores Pujol y Roca cabe esperar que ellos y sus promotores financie­ros hayan aprendido la lección. Aunque la reiteración del intento en Madrid, ahora desde el frente informativo con la ocupación catalanista del diario YA y la orientación par­cial en este sentido del ABC, no parece indicar que la lec­ción se haya asimilado como sería deseable.
Cataluña, como demuestra la historia que hemos reco­rrido, no ha sido nunca, ni es, ni puede ni debe ser una nación, especialmente en este marco constitucional de 1978. Pero aunque me cueste graves disgustos personales y polí­ticos, mi obligación era -en 1984, cuando escribí el citado artículo, y hoy, que lo reitero- expresar con tanta deci­sión como respeto y amor a Cataluña mi discrepancia his­tórica sobre los deslices políticos que, como el citado de Alianza Popular en Cataluña, pueden llevar a mayores de­sastres: sacrificar la estrategia a la táctica, los principios propios a los sentimientos ajenos, la convicción ideológica a la entrega política. Y no entregar el rompeolas a la pleamar.
LA RESACA DEL MILENARIO
Volvamos al principio de este ensayo. E1 milenario artifi­cial de Cataluña debe inscribirse, para comprender la in­tención con que se urdió, entre este discurso de la Nación Catalana en 1984 y las consecuencias políticas sacadas por el señor Pujol y sus colaboradores en plena resaca del mi­lenario. Ya hemos comentado el discurso; vengamos ahora a algunas muestras de la resaca.

El 4 de diciembre de 1989 cuatro mil catalanes, con el señor Pujol a la cabeza, celebraban el milenario en la Plaza de San Pedro de Roma (El País, 5 de diciembre de 1988), y de ellos partieron algunos silbidos antihistóricos cuando el papa osó hablar primero en castellano. El car­denal Jubany, en su homilía, hizo honor al seny y decepcionó sin duda a los silbadores. El papa, desde la ventana del Ángelus, saludó en castellano «a la numerosa peregri­nación de pastores y fieles venidos de Cataluña, España», ahí brotaron las groseras xiulades que se convirtieron provincianamente en aplausos cuando el papa optó por el Viva Cartagena en versión catalana. Poco después, 9 de enero de 1989, el señor Pujol clausuraba el VIII Congreso de su partido, dentro del que alienta un ala muy radical, con varias concesiones a la demagogia, entre otras, idas sobre la futura validez del Estatuto constitucional: autonomía; y aludió a que «el futuro de la plenitud de Cataluña está lejos», eufemismo habitual de los catalanistas­, para designar la independencia, mientras fustigan a quienes protestamos de tal disparate llamándonos separa­dores. Poco después una dama valenciana muy bien docu­mentada, doña Amparo Ramírez, protestaba en la revista Cambio 16 (núm. 901, 6 de marzo de 1989) porque durante acto de exaltación fallera en Barcelona el señor Pujol dijo: «No quiero ninguna clase de discusión. Llegará un momento en que volveremos a Jaime I, a una sola persona  y una sola Corona. La historia tiende a eso.» Por el contrario la Historia marcha hacia adelante, no hacia atrás; y legado de Jaime I lo consumaron para siempre los Reyes­ de España a partir de los Reyes Católicos. Casi inme­diatamente después, en la lejanía húngara, el señor Pujol, muy adicto a los viajes de Estado por todo el mundo, afirmó, que Cataluña había sufrido más que Hungría por de­fender su identidad (El País, 10 de marzo de 1989, p. 23). se mostró luego muy nostálgico por la pérdida de la so­beranía catalana hace cuatro siglos, es decir a finales del XVI, donde Cataluña evidentemente no perdió absolutamente nada. En fin, resacas propias del milenario y coh­erentes con él.
Aflora minoritaria pero ruidosamente en Cataluña otro tipo de resaca, que ya no me parece histórica sino resaca vulgar, que es la grosería independentista pura y dura, de que no deberían asombrarse quienes siembran los polvos para luego cosechar estos lodos. Todos recordamos con vergüenza los abucheos, tan poco catalanes, al rey de Es­paña cuando acudió a inaugurar un estadio olímpico que se deshacía a chorros de gotera en plena inauguración. Pero a veces estos disparates se profieren reflexivamente, es un decir, en letra impresa y publicada.

PAÍS, PRINCIPADO Y PAÍSES CATALANES



Written by admin on 27 Marzo 2010

Juan Ferrando Badía.- Algunos “valencianos” catalanizantes vienen utilizando expresiones como las siguientes: “Les Illes” para designar al antiguo Reino de Mallorca; “País Valenciano”, para indicar al Reino de Valencia, que dicho sea de paso inició su existencia, como reino árabe en el año 788 y finalizó como tal en 1238, y desde esta fecha hasta 1707 como reino cristiano, fundado como se sabe por el rey Don Jaime I. (El título de Reino de Valencia, todavía no ha sido derogado jurídicamente, estando pues, en vigor; tanto es así que en el real decreto de 30 de noviembre de 1833, firmado por Javier de Burgos, por el que se llevó a cabo la división de España en provincias, se respeta, entre otros, el título de Reino de Valencia, que comprenderá, según el citado real decreto, las provincias de Valencia, Alicante y Castellón de la Plana). Y, en cambio, estos mismos “valencianos” utilizarán el término – principado – para referirse a Cataluña – que tiene su existencia a partir del siglo XIV – que no fue principado, si no condado, como puede comprobarse leyendo las crónicas del rey D. Jaime, y así vemos en la colección diplomática del rey D. Jaime I el Conquistador (Valencia, 1918) de Ambrosio Huici, que, desde el documento del 19 de junio de 1217 hasta el 30 de octubre de 1274, entre los títulos del rey figura el de “Comes Barcinone”.
El rey don Jaime I, desde el 28 de septiembre de 1238, la fórmula que utiliza en sus documentos es la siguiente: “Nos Jaime, por la gracia de Dios, Rey de Aragón, de Valencia, de Mallorca, Conde de Barcelona y señor de Montpellier” ¿Por qué se rebaja a Valencia de Reino a “País” y a Barcelona la elevan de Condado a Principado de Cataluña? ¿Qué persiguen con ello? ¿A quién aprovecha esta actitud? A los valencianos, por supuesto que no. ¿Acaso con ello no se estará preparando el camino para la realización del ideal pancatalanista de los llamados “países catalanes”. Por parte de una concreta minoría y en concretas y limitadas publicaciones se está comenzando a hablar en Valencia – con el apoyo económico de la Banca Catalana – ante la inviabilidad de llevar a cabo su quimera de “Paísos Catalans”, de que el antiguo Reino Balear, el antiguo Reino de Valencia y el País Catalán han compartido una misma historia, una misma cultura y una misma lengua.
Yo quisiera hacer más que unas puntualizaciones relativas tan sólo, aquí y ahora, a la cuestión de la historia (“supuestamente” vivida en común entre los Estados integrantes con la Corona de Aragón) una serie de interrogantes a esta postura de los que, de contrabando, quieren introducirnos la existencia de una hipotética comunidad histórica, cultural y lingüística, que vendría a ser lo equivalente a lo de “Paísos Catalans”, pero constantes en su empeño nos quieren introducir de matute la misma supuesta realidad, hablándonos de hipotéticos vínculos comunes.
¿Es verdad que el Reino de Valencia y Cataluña han tenido una historia común? ¿Qué relaciones había, v. gr., el Reino árabe valenciano que existió desde el año 788 a 1238, y la entonces existente, para los árabes Afranc, es decir, la que en el siglo XIV se llamará Cataluña? ¿Qué historia tuvieron en común los distintos Estados que integraban la Corona de Aragón? ¿No es cierto que cada Estado, en el marco de la Corona de Aragón, eran independientes y soberanos en todos los niveles, tanto económicos, sociales, políticos y académicos? ¿No es cierto que, concretamente, el Reino de Valencia, tenía sus Furs o Leyes, su moneda y comercio propio, su propia Universidad? Y, lo que es más importante, ¿no es cierto que la historia socioeconómica valenciana estuvo condicionada por el modo de producción agrícola, creado en la época del Reino árabe, que nunca conoció, la que más tarde se llamaría Cataluña?
Podríamos hacernos otros interrogantes, pero concluyamos con lo siguiente:
1º) No se puede hablar de una “historia vivida en común” a partir de la conquista del Reino árabe de Valencia, por el rey D. Jaime I; 2º) No se puede olvidar que toda la historia multisecular valenciana anterior a la fecha de 1238, es la que más ha influido y está subyacente a lo largo de la época del Reino Cristiano, y hasta nuestros días, y determina que la “nacionalidad” valenciana, anterior a la catalana en bastantes siglos, tenga unos problemas económicos, sociales y superestructurales propios y diferenciados.
Y, por último, digamos, es que ¿acaso desde que comenzó el reinado, en España, de la dinastía borbónica, tanto la burguesía de Cataluña como la de Valencia no han tenido sus miradas puestas en Madrid, viviendo completamente de espaldas, y con ellas los pueblos catalán y valenciano?
¡Y son 270 años los que hace ya que se rompió, por el primer rey Borbón, la corona de Aragón y, por tanto, la independencia política de cada uno de los Estados integrantes de la citada Corona! ¿Dónde está, pues, la historia vivida en común?
Y, finalmente, denunciamos la falsedad histórica que de vez en cuando se propala cuando se afirma que la Corona de Aragón fuera una “Confederación” o, lo que es más falso aún, una “Federación”. Tan sólo fue una “Unión Real”. Y resulta ya aberrante la afirmación de la existencia de una “Confederación Catalana-Aragonesa” ¿Cuándo? ¿Cómo? La Historia está ahí para demostrar lo contrario.
Para finalizar este artículo hablemos de una encuesta realizada por una de las más mundialmente prestigiosas empresas dedicadas a sondeos de opinión pública, la ICSA – GALLUP, sobre qué ocurriría si se celebrara en la nacionalidad valenciana un referéndum sobre el tema de los Países Catalanes. He aquí los resultados: NO a los países catalanes, 88,3 %; y SI a los países catalanes, 11,7 %. Ante estos resultados y otras manifestaciones populares al respecto, ¿qué sentido tienen ciertas recalcitrantes posturas pancatalanistas como la del domingo día 8 en la plaza de toros de Valencia?: Sembrar la confusión y dividir al pueblo valenciano…, y así se facilitará uno de los fines perseguidos por los líderes catalanistas: debilitar o despersonalizar a la nacionalidad valenciana y con ello ir dejándola, poco a poco, a merced de la influencia catalana. Existen pruebas basadas en documentos “manuscritos” pancatalanistas que han caído en nuestras manos.
Juan Ferrando Badía. Catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional.
• Articul publicat en el periodic “La Verdad” d’Alacant, edicio per a Alacant, Elig i Elda. 22.10.1978.
Font Cardona Vives

viernes, 3 de mayo de 2013

RONDALLES DEL PARE GUINOT





BEN FET, PERQUE TORNA.

Va anar un predicador a un poble a predicar el sermo de Passio. Quan estava predicant veu que un home estava escoltant-lo molt atentament i a tot lo que ell dia repetia en veu baixeta: mal fet, mal fet.
El predicador repassava la Passio: el prengueren, el portaren al Sanedri, a Pilato, a Herodes, l'ayotaren, el coronaren d'espines, l'escupiren, etc.
I a tot lo que dia el predicador, el parroquià contesta va en veu baixeta: mal fet, mal fet.
A l'any sigüient tornà el predicador al mateix poble a predicar tambe el sermo de Passio.
I quan pujá a la trona a predicar va vore, al parroquia de la quaresma anterior, pero esta vegada a tot lo que anava dient el predicador,contestava, ben fet, ben fet.
Al predicador li va cridar l’atencio este canvi de l'oyent, i, quan s'acaba la misa el va vore a la porta de l'iglesia en un ranconet i li va preguntar: escolte, bon home, ¿per qué l'any passat tot lo que li, feen al nostre jenyor els judios, li pareixia mal fet, i est any ho troba tot ben fet?.
El parroquia li contesta: esta clar: no va vore l’any passat lo que li feren el judios? ¿ per qué torna enguany atra volta?, encara li esta massa be.



Artana Estiu 1991

Per Josep Maria Guinot i Galan

El Pare Guinot.

EL DESCENDIENTE VALENCIANO DEL DIOS JANO




Por Ricardo García Moya
Las Provincias  23 de Febrero de 1997

Jano era un dios raro, con dos caras; una miraba hacia delante, la otra, hacia atrás. Sus muchas cualidades -orador, inventor, protector de Roma- propiciaron que el pueblo romano diera su nombre al primer mes del año. Después, cuando el Imperio se desmoronó, del lanuarius latino surgieron  corrupciones (yanair, ianer, janer, jianer...) que fueron eliminándose hasta adoptar cada colectividad una forma propia. En nuestro Reino de Valencia, tras siglos de fluctuaciones morfológicas que abarcaron desde janer a chiner (de 1600, por ejemplo, tenemos: "a set dies del mes de Jiner", en el manuscrito del Loreto de Muchamel) se generalizó giner, como apellido y mes.
EI sustantivo giner del valenciano moderno fue recogido en los diccionarios de Escrig (año 1850) y Llombart (1887). Asimismo, el filólogo valenciano más importante del siglo XX, el padre Fullana, sólo admitia giner ("Vocabulari ortográfic") como equivalente a enero. En el posfranquismo, en tiempos de la UCD, se editó la "Gramática valenciana" con el vocablo giner (Ed. Paraval, 1980, p. 125), criterio seguido por Miedes en su "Vocabúlari" (Val. 1983). Por tanto, la lengua valenciana,  como  las restantes europeas, tenía un singular descendiente del lanuarius latino; hasta que llegó la inmersión catalana y dijo que nones.
Por mandato del Institut d'Estudis Catalans, en todos los libros de texto (Gregal, Trànsit, Llindar, Ras...) se prohibió la palabra giner.
Criterio obedecido a rajatabla por la misma Generalidad Valenciana en el actual proceso editorial dirigido por Josep Lacreu, fiel inmersor que sólo publica cuando el producto está "avalado por el Institut d'Estudis Catalans" (L'illa, Hivern,1997, p. 7). Así, la Gramática y el Vocabulari de la Generalidad no incluyen el valenciano giner, y sí el catalán gener. La disciplina afecta incluso al diccionario etimológico de Corominas  (considerado el "súmmum" del cientifismo lingüístico) que temerariamente  olvida  la existencia  de giner  (DCEC, 1987).
La palabra no la inventó Bernat Baldoví, como alguno pudiera pensar, pues está documentado un "primer dia de giner" en 1270, coetáneo de Jaime el Conquistador. Y, por citar un clásico del XV, también aparece giner en el Spill de Roig. ¿Lo ven? la voz giner cumple todos los requisitos: antigüedad, uso de clásicos, mención en los diccionarios; pero no place al Institut d'Estudis Catalans.
Como ciertos apellidnc fueron tomados del mes de nacimiento, imaginen un utópico "Parle vosté" sobre linajes con la presencia de Jesulín Janeiro, andaluz de Ubrique; Manolo Ynerín Etxevarría, gitano de Hondarribia; Vincens Gener Escurçó, catalán de Sardanyola; Ricart Giner Navarro, valenciano de Benilloba; Richard January, inglés de Brighton; Joseph Genáyo, sefardita de Estambul; Vincenzo Gennaio, italiano de Sorrento; François-Marie Janvier, francés de Nimes; Luis Enero Arévalo, castellano de Matapozuelos, y Heinz Januar, alemán de Stuttgart. ¿Qué une a estos europeos?  EI  apellido  derivado del bifronte Jano.
EI  secular trasiego  humano hace que encontremos al torero Jesulín Janeiro, con su apellido gallego, en Andalucía; o al calé Ynerín, en  Guipúzcoa; pero es significativo que la "Enciclopedia Valenciana" sólo cite un Gener y que corresponda a un catalán del siglo XVIII. Por el contrario, el linaje valenciano Giner es nutrido y glorioso (el compositor Giner, autor de "La entrà de la murta"; el  misionero Giner de Alcoy, muerto en Manila en 1727; o el escritor Giner de Jávea, del siglo XVI).
Entre los descendientes catalanes de Jano destaca un mediocre Gener i Babot (lo de Babot es textual) obsesionado en demostrar que Arnau de Vilanova era catalán: Instigador del Congreso Catalanista  de 1880, colaboró con "L'Avenç" en la invención de normas de las que saldría la pro- hibición del giner valenciano.
Afilan sables.  La Generalidad está culminando el "Diccionari d'ortografia i pronúncia" (sic) dirigido por el feliz Josep Lacreu, joya lermista y actual Cap de Servei d'Assessorament Lingüístic i Traducció de la Generalidad Valenciana. Su trabajo es asesorar con lo que le asesora previamente el  Institut d'Estudis  Catalans. ¿Que el IEC prohíbe "giner"? Encantado de la vida, el tándem de oro Lacreu-Bromera publica una gramática (con nuestros impuestos) donde considera falta de ortografía escribir giner. Eso explica que ciertos estudiantes bloqueros -normalitzats  desde  la  lactancia- entren en coma al leer giner en la revista del Ivaj.
Si pudieran, hasta el modernista cine Giner -añorado por Caps- lo transformarían en Gener; y, quizá, en las enciclopedias normalitzadas aparezca don Vicente Gener Boira. Son capaces de todo, ya que de los descendientes léxicos de ianuarius romano (janvier, enero, januar, janeiro, gener, genáyo, giner, ynerín, january u gennaio) sólo uno tiene la soga al cuello: el valenciano giner. Y, mientras Canal 9 insiste con "gener", permítanme despedirme con un antiguo refrán de Castellón: "En giner, tanca la porta y encén lo braser"; y otro; "En giner no es trau el morro al carrer", de Callosa.