miércoles, 13 de marzo de 2013

LA GUERRA DE SUCESION EN VALENCIA (XXII)



REVISTA DE HISTORIA MODERNA
Número 25 - 2007

LA GUERRA DE SUCESION EN VALENCIA (XXII)
RETROSPECTIVA HISTORIOGRAFICA Y ESTADO DE LA CUESTION.
Páginas: 303 a 329
Autor: Carmen Pérez Aparicio.




Las críticas a la forma y al fondo de la obra de Minyana hicieron profunda mella en el trinitario, quién por otro lado atravesaba en aquellos momentos por una fase de profundo desánimo personal, reflejo a su vez de la tristeza colectiva que afectaba a la sociedad valenciana en esta etapa de represión y aplicación de las primeras medidas de la Nueva Planta del gobierno. En respuesta a las mismas,  escribió una carta de 5 de diciembre de 1707 en la que, se mostraba reacio a admitir las críticas y sugerencias hechas por su maestro. Para empezar, no consideraba necesario dar principio a su obra con una exposición más amplia sobre las causas de la guerra y las intenciones de los príncipes contendientes. "Que haga esto el que haya suscitado todo el asunto", afirmaba, pero, al tiempo que se ratificaba en su propósito inicial de tocar sólo tangencialmente estos temas, se mostraba al final condescendiente y dispuesto a recoger parte de esta observación.

También se ponía a la defensiva sobre la cuestionada credibilidad de las fuentes utilizadas, refutando algunas de las objeciones formuladas por Martí, si bien reconocía la necesidad de disponer de más información sobre alguno de los episodios de los que no había sido testigo. Más receptivo se mostraba en cuanto a incluir referencias más precisas sobre las fechas y una menor descripción de los lugares, pero en general trataba de justificarse ante las objeciones de fondo que le había hecho llegar su maestro. Así, se escudaba en Salustio y Livio, quienes "en la descripción de los crímenes del pueblo romano, hablaron con bastante libertad", para mantener el todo de sus acusaciones contra las clases populares y en cuanto a la relación de los fieles del Borbón, consideraba ésta una tarea no sólo pesada, sino odiosa, "porque yo me he encargado de una Historia del pueblo, no de escribir los elogios de cada uno de ellos".

En definitiva, Minyana acusaba el golpe de tan acerada y profunda crítica y, en respuesta, si bien agradecía los favores del maestro,  reflejaba también un distanciamiento bastante firme respecto de las objeciones, más bien "reprimendas", que se le formulaban y que consideraba y tachaba de desmesuradas. El propio Martí calificaría, años más tarde, de "carta desacordada" la respuesta enviada por su discípulo y atribuía a este hecho la causa del distanciamiento entre ambos. Todos estos pormenores explicarían que el Libro Tercero de la obra no fuera revisado por Martí, sino remitido a Mayans en una fecha bastan te tardía como era la de 1723.

A propósito del retraso en la redacción de la última parte, nada se sabe con certeza. El propio autor, en la carta respuesta a Martí de 5 de diciembre de 1707 ya mencionada, aseguraba encontrarse en un estado de ánimo poco propicio para la pluma. Por estas fechas había renunciado a la cátedra de Retórica que ocupaba en la Universidad y se había recluido en el convento aquejado de un profundo desánimo, causado, según él mismo confiesa, por las difíciles y dolorosas circunstancias que afectaban a la sociedad valenciana.

El papel desempeñado por Mayans acerca de la última parte del texto fue muy diferente del que había realizado Martí con los dos primeros libros. El propio erudito de Oliva se lamentaba, pasado el tiempo, de que el deán no lo hubiera visto y se excusaba en el hecho de que por aquellas fechas él mismo se hallaba inmerso en la preparación de la cátedra de Justiniano para explicar que  tan sólo hiciera  algunas objeciones al estilo. Con todo, Mayans formularía dos años después, a propósito de la publicación, su juicio sobre la obra. Entre los aspectos cuestionables, se limitaba a recoger la crítica ya formulada por Martí, acerca de la falta de suficientes referencias cronológicas, si bien añadía por su cuenta que hubiera deseado un mayor cuidado y atención a los temas relacionados con la Historia del Derecho, máxime después del cambio radical que se había introducido con la Nueva Planta. Por otro lado, ensalzaba Mayans algunos de los valores del Tercer Libro y en especial la mayor elocuencia respecto de los dos libros anteriores. Sobre la obra, en general, destacaba la veracidad a la hora de narrar los hechos, virtud que diferenciaba a su autor de todos aquellos que habían empleado su pluma con el mismo fin. También consideraba digno de elogio el estilo narrativo del texto, muy por encima, a los ojos del erudito, de la "Continuación de la Historia de Mariana" que había escrito poco después. En su opinión ión se trataba, además,  de una "historia amenísima" y, lo que consideraba más importante, "escrita con prudencia y libertad, si bien hay que confesar públicamente que fue muy afecto a Felipe V Rey de España". En definitiva, Mayans se mostraba mucho más favorable en sus opiniones que el deán Martí, pero no hay que olvidar que fueron escritas para acompañar la edición de "De bello rustico valentino", aparecida en La Haya en 1752.

            Desde la perspectiva actual, y a pesar de los comentarios críticos vertidos por sus coetáneos, la obra de Minyana es de un valor incuestionable, sobre todo teniendo en cuenta que es el único testimonio en el desierto historiográfico que es el Setecientos valenciano. Dejando a un lado todos los valores literarios que pueda tener, hay que reconocer en ella el propósito de su autor de respetar la verdad y de recoger sólo aquellos hechos vividos personalmente o de los que contara con testimonios fidedignos. Sin embargo, el rigor con el que se narran los acontecimientos se ve en general limitado por la falta de precisiones cronológicas, que sólo esporádicamente  aparecen en el texto, y al mismo tiempo empeñado por las descalificaciones que dispensa a los seguidores del Archiduque en general y a los sectores populares en particular.


 La obra sitúa sus comienzos en 1705, año en que estalló la revuelta valenciana a favor del Archiduque Carlos, con una brevísima disgresión sobre la actitud europea y sobre los intereses de los dos bloques en conflicto, para analizar seguidamente las causas que habían dado lugar al descontento de castellanos, aragoneses y valencianos hacia la Casa de Borbón. Según él, quedaban limitadas a dos, la fidelidad a la Casa de Austria y la antigua enemistad con Francia, agravada por el comportamiento abusivo de los comerciantes franceses.

Antes de iniciar su relato, perfile los grandes rasgos de la estrategia aliada, el porqué de su presencia en el Mediterráneo y el desembarco de Altea en 1705. Tras ello, presenta a Basset como un personaje de origen modesto y antecedentes oscuros, artífice de la sublevación y líder popular cuya actuación en estos primeros momentos no fue otra sino la de incitar a los campesinos a la revuelta con promesas de mejoras de las condiciones señoriales. Formula, pues, Minyana la idea del protagonismo popular en los acontecimientos y, al mismo tiempo,  el carácter reivindicativo de los mismos, aunque abandona rápidamente este buceo en la raíces profundas de las motivaciones populares para pasar en derecho a la narración de los hechos.

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