martes, 23 de abril de 2013

MATARIFES DE SAINETE



Autor: Juan Ignacio Culla

De todos es conocido lo aficionados que somos los valencianos a los sainetes. Especialistas en este género como Arniches o Escalante consiguieron convertir estas piezas dramáticas jocosas de un solo acto, de carácter popular, en auténticas joyas.

Este subgénero teatral ha sido objeto de innumerables estudios. Uno de ellos, La medicina en els sainets d’Escalante , del médico de la cárcel de Picassent Ángel Calpe, debe de ser una herramienta imprescindible para la investigación, el estudio de la cultura y singularidad valenciana a juzgar por los resultados obtenidos. Calpe, gracias a él y a alguna colaboración esporádica, y pese a carecer de conocimientos filológicos, fue encumbrado nada menos que a ocupar un “sillón” en la sección de Llengua i Lliteratura de la Real Academia de Cultura Valenciana (RACV).

Nada más acceder a su cargo, el autor del estudio del sainete puso en práctica sus conocimientos de diseccionador para diferenciar las vísceras de los acentos gramaticales, aún en contra de los expertos. Y ha llegado tan lejos en su empeño que ha querido certificar la defunción de la lengua valenciana para poner en su lugar al neonato catalán. Para tal hazaña sólo ha tenido que renegar de sus raíces y de los postulados que mantenía, único requisito exigible para ingresar en la Academia Valenciana de la Lengua (AVL) y, así, poder acceder a la nómina de 6.000 euros al mes que tienen asignada sus miembros.

De ahí que, lógicamente, el otrora defensor de la lengua valenciana hoy haya cambiado el gorro de médico por la barretina, y no tenga ningún escrúpulo en firmar el famoso y vergonzoso dictamen del 9 de febrero de 2005, que amortajaba el idioma valenciano. Como siempre, las nefastas consecuencias de este dictamen las pagará el pueblo valenciano en sus generaciones presentes y futuras.

Y es que, como dijo Víctor Hugo, ciertas actitudes cuestan mucho de digerir: “No es vergonzoso cambiar de opinión: es vergonzoso cambiar de opinión por interés”. Un interés que se amplía en agradecimiento a la mano que le da de comer, al “recomendarnos” a los que seguimos fieles a nuestro pueblo y a nuestra lengua que abramos una nueva etapa: la del vasallaje. En definitiva, nos conmina a que abracemos a la catalanista AVL, donde él ejerce como “experto” en lengua, y no la referida, precisamente, al cuerpo humano. Y apoya esta idea en el supuesto impacto que tendrán las elecciones pasadas en el valencianismo. Como si hubiesen sido un plebiscito sobre la lengua que hablamos, la normativa que debemos emplear, o la institución lingüística que debe representarnos. Calpe yerra una vez más en el diagnóstico; no es lo mismo la fuerza de la razón, que la razón de la fuerza.

En las últimas elecciones los valencianos no votamos más que a los representantes políticos de las administraciones locales y autonómicas. No fueron un referéndum sobre el valenciano o el catalán, como algún personaje pobre de argumentos trata de justificar. Aunque no se puede negar que el resultado de esas elecciones afectará el destino de nuestra lengua, no hay que olvidar que uno de los grandes argumentos esgrimidos por los líderes del partido ganador ha sido, precisamente, la supuesta defensa de la identidad valenciana en contra de la presunta catalanización que supondría la victoria del tripartito de izquierdas

Y así lo entendió la gente que avaló y confió su voto a quien, entre otras cosas, prometió que defendería a ultranza la idiosincrasia de lo valenciano. Otra cosa es que las promesas electorales se hagan para incumplirlas. Al respecto no hay más que ver los libros de texto, cómo hablan los locutores de RTVV, la realidad de la AVL de Calpe (al servicio del catalán), o cómo se despistan los senadores del PP votando a favor de ERC en contra del valenciano, por más que digan que ahora lo subsanarán en el Congreso y que sólo se trató de un error. ¡Un error viniendo de ERC, que sólo entiende al pueblo valenciano como apéndice del catalán! Por cierto, uno de los senadores que perpetró el error fue Chiquillo, en el pasado gran defensor de la lengua valenciana, al igual que Ángel Calpe. Dónde estaba ahora, ¿tomando café, leyendo el periódico, u ocupado en otros menesteres?

En definitiva, son lógicos los esfuerzos de este médico, en su calidad de meritorio de la bien pagada AVL, para “reconducir” a los valencianos fieles a su historia y a su lengua a la senda del nuevo ente normativo catalanista acientífico, pero no creo que su argumento sea el del simple sainete. Porque, como bien sabrá, este también tiene la acepción de “situación o acontecimiento grotesco o ridículo y a veces tragicómico”, máxime si lo realiza quien no tiene credibilidad alguna.


PER ALS QUE ENCARA NO EL TENEN CLAR: ¡¡PAS A LA NACIO!!



Publicat per Autor/Enkara en 00:48
VII Época – Nº 40 – març de 1998.

Secció: Opinió.

5/Pàtria Nova.

Està clar que: valencià es tot aquell que per circumstancies de la vida naix, treballa o es relaciona en esta maravellosa terra, perque tots sabem que a fi de contes, valencià es el que viu i es desenrolla en la Nacionalitat Valenciana. Pero... ¿de qué val o servix un valencià que carix d'un minim sentiment de valencianitat?

Molts valencians tenen un buit jagant dins de la seua anima, un buit que, de fet no s'han adonat que el tenen, pero que fan gala inconscientment d'ell dia a dia.

De cap manera, el sentiment de valencianitat dels valencians, de molts valencians no s'hi troba en les accions quotidianes que definixen a un poble historicament configurat i clarament diferenciat del restant dels pobles de l'Estat espanyol.

En els carrers de tota la ciutat de Valencia, en molts pobles i en no poques comarques, els valencians se comporten com a lo que no han segut mai, castellans, o lo que es quasi lo mateix... espanyols.

Per a vergonya dels nostres antepassats, els valencians de hui som, ademes d'un poble conquistat per la força de les armes i anexionat per just dret de conquista, una Nacionalitat ensobinada a un centralisme salvage, que fins a hores d'ara ens humilia i ens dona de costat, afonant-nos cada vegada mes en unes politiques que no son per a nosatres, no son per als valencians.

Estes politiques servixen als interessos d'uns atres i als interessos d'una politica centralista i panespanyolista. Per aixo cal ser i sentir-se valencià abans que no res.

Hem d´entendre i vore que els valencians per gust o per disgust, ens agrade o no, hem tingut i tenim unes necessitats que no son cobertes per l'Estat, necessitats que van des del reconeiximent public d'aspectes culturals, fins a unes infraestructures (per eixemple) en ports i aeroports que nos facen molt mes competitius de lo que ya som. Son necessitats generals per a despuntar en tota Espanya i Europa i, en poc temps en lo mon sancer.

La trist impressio d'una Valencia de segona que tenim quan eixim fora de la nostra terra s'ha d'acabar.

Ens tallen les ales per por a que ixcam volant, i perque aixina ens controlen millor, som a totes llums... molt mes comodos de governar.

Basicament, es practicament impossible parar el progres, i evidentment el canvi que ve relacionat en ell. Per aixo s'ha d'anar progressant i millorant en tots els camps, hem de recorrer molt de cami encara i, a modo d'eixemple podriem anar deixant, en el nostre himne, d'ofrenar noves glories a Espanya, per a ofrenar noves glories a nostra terra; la Nacio Valenciana i, obrir pas a la Nacio que avança en marcha triumfal. Ya es hora, ¿no?

EL DICCIONARIO CRÍTICO CASTELLANO E HISPÁNICO DE COROMINAS ES TENDENCIOSO Y FALSEA LA HISTORIA DE VALENCIA Y SU LENGUA



Ricardo García Moya                   Las Provincias 18 de mayo de 1992
Todos sabemos que el ser huma­no, no importa su formación cultu­ral, puede caer en execrables abis­mos morales, como el filólogo ruso que asesinó a más de cincuenta personas. Evidentemente, es un caso pato­lógico similar al del marqués de Sade, que seducía a sus sirvientas con el venenoso extracto de cantá­ridas. No obstante, hay otras mal­dades –las lingüísticas- que son más difíciles de descubrir, al ser ca­mufladas bajo el disfraz de prestigio del autor. El propio Sartre, teórico defensor de las libertades, no tuvo inconve­niente en escribir para los alemanes del III Reich una obra de teatro, “Bariona”, que denigraba al pueblo judio y fomentaba el antisemitismo.
Además de literarios inmorales, también hay libros asesinos, como el códice impregnado de arsénico que recoge Umberto Ecco en “El nombre de la rosa”, quizás, inspi­rándose en lo sucedido a Alfonso el Magnánimo de Valencia, cuando “su mayor enemigo le envió un li­bro de Tito Livio. y disuadiéndole los de palacio y los médicos que le manejase, por la sospecha de que en él venia el veneno” (Mendo, A.: El príncipe perfecto, Madrid 1656, p. 82). Actualmente, a los valencia­nos nos están destruyendo con li­bros emponzoñados, aunque el ve­neno empleado no sea ningún compuesto químico.
Un filólogo puede poseer todos los conocimientos de su ciencia y, sin embargo, hacer uso tendencioso de la misma. Veamos el caso de Joan Corominas y su Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico (DCECH), obra de obli­gada consulta para cualquier profe­sional de la filología. Nadie puede discutir a Coromi­nas su saber lingüístico; sin embar­go, aunque se escandalice la “bea­tería intelectual”, la finalidad del ci­tado DCECH fue encumbrar el ca­talán sobre el castellano y, de paso, fagotizar el idioma valenciano. Corominas comenzó en 1927 un diccionario etimológico catalán, pero observó que muchas palabras eran comunes con el castellano y que gran parte del léxico actual se documentaba por primera vez en el Reino de Valencia. En 1939, sin aclarar la causa, se decidió a escribir el diccionario eti­mológico castellano. ¿Por qué un nacionalista como Corominas –discípulo de Pompeu Fabra, miem­bro del “Institut de Estudis Catalans” y defensor de los Países Catalanes- se olvidó de su proyecto y decidió “dar prioridad” al idioma enemigo? En 1939, no podía arriesgarse a publicar una obra defensora del im­perialismo catalán; el franquismo estaba en su apogeo y no lo hubie­ra tolerado. Por tanto, aprovechan­do el material léxico recogido, fue gestando su DCECH en el que in­troduciría sus anhelos inconfesa­bles. Los cinco tomos de la obra contienen una sutil exaltación del catalán, pero –y ahí está lo censu­rable- devorando el léxico valen­ciano de los siglos XIV y XV.
La politización del DCECH se evidencia en su obsesión por ofre­cer al lector un concepto del terri­torio valenciano como colonia del “Principado”. Para Corominas, “Valencia es tierra catalana” (T. 5.°, p. 261), y, con el salvoconduc­to que le ofrece este concepto, se considera autorizado para saquear léxicamente al Reino de Valencia, que él llama “Pais Valenciano”, aunque a continuación escriba en­fáticamente “Principado de Catalu­ña” cuando se refiere a su tierra. ¡Vaya científico imparcial¡ Corominas, en su avaricia léxica, recalca plomizamente el catalanismo de los vocablos valencianos; aunque respeta la independencia entre galle­go y portugués y la singularidad del aragonés, asturiano y leonés. Corominas hurta –metafórica­mente hablando- los vocablos de origen árabe y mozárabe que pasaron a través del valenciano a otros idio­mas peninsulares. Así, el vocablo Al­bufera que deriva “del árabe buharra, diminutivo de mar, es catalán”. Corominas, al estudiar la etimo­logía de las lenguas peninsulares, observó que el valenciano aportaba una gran proporción de voces al catalán y castellano; de ahí su sis­temático expolio a los clásicos como Jaume Roig. También ignora la opinión de los gramáticos que respetaban el idioma valenciano, como Covarrubias (Tesoro de la Lengua, año 1611), que reconocía el origen valenciano de palabras castellanas (p.e., “chuleta” que de­rivaba del valenciano “chulleta”). Corominas descubrió que una gran proporción del léxico actual –en gráfica y acepción- no era usa­do en 1238, fecha de la conquista de Valencia, cuando existía un koiné lingüística romance. El léxico valenciano –que eliminó vocablos romances, arcaístimos latinos y provenzalismos- se formó lenta­mente en paridad con otros penin­sulares y, por supuesto, no fue Ca­taluña el lugar privilegiado para que surgiera una lengua culta –como insiste Corominas-, sino el Reino de Valencia en su Siglo de Oro; anticipándose también a Cas­tilla, pues incluso en el siglo XV, el gramático Nebrija se avergonzaba de la rudeza de su lengua. El filólogo catalán no perdona ni a la típica exclamación ¡che! (con­siderada todavía valenciana en la última edición del María Moliner). Corominas sabe que no tenemos defensa, pues la Universidad está en manos del taciturno Lapiedra y la Generalidad hace lo que puede para incrementar el catalanismo.
Están jugando con nosotros como hacían con los soldados heri­dos de Felipe IV en el siglo XVII: “algunos bárbaros (catalanes) no querían acabar de matarlos, porque tuviese todavía en qué cebarse el furor de los que llegaban después” (Melo, M.: Guerra de Cataluña, año 1641, p. 274).

VIDA DE SANT VICENT FERRER, APOSTOL D’EUROP (VI)



BIOGRAFÍA E HISTORIA DE SAN VICENTE FERRER
San Vicente Ferrer es el patrón de la Comunidad Valenciana (España). Pero la devoción al mismo se halla extendida por la mayor parte de los lugares que recorrió a lo largo de su peregrinación. Su elevación a los altares a mediados del siglo XV infundió gran vitalidad a la rememoración de sus hechos y fama. La encuesta realizada por Roma en distintos lugares de Europa para desarrollar el proceso de canonización hizo florecer innumerables referencias, convertidas después en tradiciones, que junto a los documentos históricos sobre las contingencias de su biografía, conservados en los archivos locales, sembraron los reinos medievales de una profunda devoción.
Numerosas capillas, ermitas y altares recuerdan por todos los rincones de Occidente anécdotas apócrifas o históricas con fiestas populares, debido en gran parte al reguero de milagros y de objetos vinculados a su persona, avalados con reliquias, que dejó tras de sí en su periplo de apostolado y predicación.
RASGOS BIOGRÁFICOS
Cuando Vicente Ferrer vio la luz en Valencia en enero de 1350, acababa de sufrir junto con el resto de Europa- una espantosa epidemia que conocemos como la "Peste Negra". La situación en la ciudad es fácil de imaginar gracias al relato de los cronistas de la época quienes señalan que más de 300 personas morían cada día. En la denominada aquel entonces Corona de Aragón    de convivían cristianos, judíos y musulmanes, con la riqueza de sus credos, y las luchas por los protagonismos sociales, marginadores de los sectores populares depauperados.
PRIMEROS AÑOS
Pedro Ranzano, el primer biógrafo de San Vicente, intentará mostrar que su protagonista y héroe fue un auténtico fraile dominico y por ello el modelo prototípico del fundador de éstos el español santo Domingo de Guzmán (h. 1173 1221) estará ya presente tanto en el relato de su nacimiento como de su niñez.
Lo cierto es que pertenecía a una familia acomodada pues su padre era notario, lo que además de brindarle unos prestigiosos padrinos de Bautismo escogidos entre la nobleza y ciudadanos de renombre- posibilitó que a partir de 1357 gozase del beneficio de Santa Ana en la Parroquia de Santo Tomás. Ello también hizo que iniciase estudios de latinidad en alguna de las Escuelas existentes entonces en la ciudad. Si bien, según la tradición popular se entretenía también con los juegos de niños y jóvenes pero sin olvidar sus actos de piedad. Un día llamó a las puertas del vecino Real Convento de Predicadores, los dominicos. A principios de febrero de 1367 tomó su hábito, renunciando para ello al señalado beneficio eclesiástico de Santa Ana.
Sus cualidades intelectuales sobresalían, y a partir de 1368 hasta 1375 observamos cómo sus Superiores lo mandan en calidad de estudiante a Barcelona, o como profesor de Lógica en Lérida en dicha ciudad estaba el Estudio General de la Corona y de Ciencias de la Naturaleza en Barcelona, prolongando sus estudios de especialización en Toulouse (actual Francia).
De este período de estudios sobresalen su amor a la Biblia y sus conocimientos de hebreo, la impronta de la doctrina de su hermano de Orden santo Tomás de Aquino (h. 1224 1274) y la fuerza de su formación filosófica reflejada en sus dos Tratados filosóficos escritos a los 22 años y en los que desde los postulados de la filosofía aristotélico tomista responde a algunas afirmaciones del imperante nominalismo bajomedieval.
Hoy conocemos en parte a sus profesores, pero mucho menos qué huella dejaron en él. Hay que señalar el encuentro providencial con el también dominico Tomás Carnicer en Lérida que le aficionó más a las cosas espirituales. Vicente Ferrer era ya una fuerte personalidad que irradiaba simpatía y atracción, aunque su posterior vida de estudiante en Barcelona esté revestida de tintes milagrosos como cuando profetizó la inminente llegada de unas naves cargadas de trigo en unos momentos de extrema necesidad para la ciudad.
EN EL CISMA DE OCCIDENTE
Vicente Ferrer vivió este Cisma con intensidad, le supuso los mayores sacrificios de su vida y aun la misma enfermedad. Pero vayamos a los hechos. En enero de 1377 se cumplía uno de los mayores anhelos de muchos sectores de aquella Cristiandad: el retorno de los Papas a Roma. A simple vista parecía que la estancia en Avignon, iniciada en 1309, se cerraba. Pero no iba a ser del todo así. En marzo de 1378 al morir Gregorio XI y en el cónclave del siguiente 8 de abril se eligió al italiano Arzobispo de Bari, que tomó el nombre de Urbano VI. Tumultos, presiones..., llevaron a hablar de falta de libertad en la elección. La huida de los cardenales franceses, unida a la ausencia de uno de los electores, y el adherirse a la causa el cardenal español Pedro de Luna, llevó consigo que el 9 de agosto un grupo de electores proclamase nula la elección realizada y que el 20 de septiembre del mismo año se eligiera a Clemente VII. La Cristiandad quedaba divida en dos sectores, más o menos amplios, según sus reyes, canonistas y universidades: el de la obediencia aviñonense y el de la romana.
¿Qué partido iba a tomar la Corona de Aragón con Pedro IV el Ceremonioso a la cabeza? Se habla de la "indiferencia" del rey, pero su hijo el Príncipe Juan se adhirió desde el principio a Clemente VII. Vicente Ferrer se había entrevistado en Barcelona con Pedro de Luna y éste le delegó para que interviniera en Valencia, donde se encontraba ya Perfecto Malatesta, Legado de Urbano VI. Vicente Ferrer ya en su ciudad natal fue elegido Prior de su Convento. Sus actividades a favor de la obediencia aviñonense fueron tales, que las autoridades ciudadanas escribieron a Pedro IV denunciándolas. No conocemos la respuesta del monarca. Sí, en cambio, la carta que el Príncipe Juan escribió a Olfo de Proxita rogando que interviniese para que no se molestase a Vicente Ferrer en su empresa clementista. La carta está fechada en enero de 1380.
Son los primeros sinsabores en el Cisma. Sinsabores que lo llevarán a renunciar al único cargo que tuvo a lo largo del resto de su vida en su Orden de Frailes Predicadores. Romper la actitud que muchos mantenían de indiferencia, o de adhesión al sector urbanista era tarea ardua. Y Vicente Ferrer acometió la empresa dejándonos un Tratado, sobre el Cisma Moderno, que hay que fechar en 1380, con el que con razones teológicas y del Derecho Canónico vigente pretende convencer de que el Papa legítimo era el de la línea aviñonense. 

APUNTES HISTÓRICOS SOBRE LOS FUEROS DEL ANTIGUO REINO DE VALENCIA (XIII)



D. Vicente Boix
Valencia 1855

- XXII -

Régimen municipal
Alfonso II, Rey. Valencia, año 1329. »Establecemos por fuero nuevo, que en la ciudad de Valencia sean elegidos cada año dos Justicias, un Almotacén (Mustazaf), y seis Jurados, esto es: un Justicia para lo criminal y otro para lo civil, de los cuales uno sea caballero y otro ciudadano; de modo que el año en que sea caballero el Justicia criminal, sea civil un ciudadano; y el otro año sea el ciudadano Justicia criminal, y Justicia civil el caballero; un año sea Almotacén un caballero, o generoso, y el otro año ciudadano, y de los seis Jurados, dos sean caballeros y cuatro ciudadanos.
     Este privilegio puede reducirse al sistema siguiente: la jurisdicción ordinaria competía al Justicia, la seguridad pública y la administración económica a los Jurados, al Racional y a los Síndicos, con atribuciones peculiares a cada uno de estos oficios: los arbitrios y fondos municipales al Consejo general de la ciudad; y la policía urbana, pesos y medidas y ornato al Almotacén (Mustazaf).
     Los cargos municipales eran, pues, las dos Justicias, seis Jurados, un Maestre Racional, dos Síndicos, un Almotacén, un Consejo general, compuesto de seis caballeros, cuatro ciudadanos honrados (prohomens), cuatro letrados, dos escribanos, dos mercaderes, sesenta y seis menestrales, esto es, dos de cada oficio de los treinta y seis aprobados; y en fin cuatro individuos de cada una de las doce parroquias.
     Nos ocuparemos de cada uno de estos cargos en particular.

- XXIII -

Los Justicias
Los Justicias no eran más que unos alcaldes ordinarios, muy parecidos en su institución a los antiguos zalmedinas de Aragón, o los vegueres de Cataluña. El vulgo solía dar a estos dignatarios el nombre de Un-sol-vehí; porque el fuero en que lo instituyó el Rey D. Jaime empieza con estas palabras: »Un sol vehí, &c." esto es, un vecino solo de la ciudad conozca en primera instancia de las causas civiles y criminales. No bastando sin embargo uno solo para la administración de justicia, creó otro el Rey D. Jaime II en 1321; y desde entonces perseveró dividida la jurisdicción en civil y criminal, conociendo cada uno de los Justicias privativamente de sus respectivas causas.
     Había también un Justicia, que al principio sólo conocía de las causas que no pasaban de 30 sueldos; después D. Jaime II le dio facultad para conocer hasta la suma de 50 sueldos, y finalmente se estendió a 300; llamándose por esto el Justicia de los trecientos, cuyo cargo desempeñaba un escribano.
     En los primeros tiempos forales era atribución de la corona el nombramiento del Justicia, según consta del privilegio 4.º del Rey D. Jaime I: después hacían los Jurados la propuesta, elevándola en terna al Rey, y en su ausencia al Baile General, como principio a verificarse en 1266; pero últimamente se obtuvo su elección, que tenía lugar la antevíspera de Navidad, en cuyo día prestaban los nuevos Justicias el debido juramento. Para ello escogían los Jurados a los candidatos de cualquiera de las doce Parroquias de la ciudad; y formaban la terna, dejando al Rey o al Baile General el nombramiento de uno, y reservándose para ellos el nombramiento del otro. Este sistema de elección se conservó desde el año, 1288 hasta la supresión de los fueros del reino.
     El Justicia presidía al cuerpo de los Jurados y al Consejo General.
     Cuando esta última corporación celebraba sus reuniones para tratar de negocios criminales, la presidencia correspondía al Justicia criminal; si su objeto era un negocio civil, le presidía el Justicia civil.
     Si llegaban circunstancias (aunque raras) en que hubieran de encontrarse ambos Justicias, la presidencia pertenecía al Justicia criminal. El llamado Justicia de los 300 sueldos no alternaba con aquellos dos funcionarios.
     El Justicia, como hemos dicho, egercía la jurisdicción ordinaria, y el criminal egercía por lo mismo el mero, mixto imperio en el término de su jurisdicción. En las causas criminales contra los nobles, formaba el sumario, lo elevaba a plenario; pero antes de fallar se consultaba a la corona, remitiendo los autos. Este caso se entendía cuando la pena en que un noble podía incurrir, era la de muerte, o de mutilación de miembro. El Justicia no podía, empero, fallar por su propia autoridad: debía por fuero asesorarse por los prohombres, o sea por el Consejo General, cuando se trataba de un negocio criminal; bien que nunca acostumbraron estos funcionarios a juzgar sin la asistencia de los abogados consultores.
     Podía también el Justicia condonar una pena, siempre que por circunstancias especiales, a juicio del Consejo, y no implicando el delito la pena de muerte natural, o de civil o de mutilación, le creyera el reo digno de esta gracia.
     En una palabra, el Justicia conocía de todas las causas, así civiles como criminales, y de éstas aun las que se intentaban contra los cuerpos eclesiásticos y clérigos sobre bienes de realengo. Los caballeros y ricos hombres no eran admitidos a los cargos de administración de justicia, cuyo poder se ha considerado siempre formidable. Con efecto, habiendo establecido como principal Magistrado, al que simplemente intituló Justicia, con amplísimas facultades para conocer todas las causas, tanto civiles como criminales, determiné que fuese plebeyo, y que sólo se le propusieran tres del estado general para dicho cargo: quiso también que los de la misma clase egerciesen el de Almotacén; y lo propio se observaba aun entonces con el de Baile, según se colige de Un fuero, en que declara, que el Baile después de dejar este cargo, puede servir el de Justicia. Lo mismo creyó que convenía por lo perteneciente al gobierno de la ciudad; pues luego que acordó que la rigiesen cuatro Jurados, y dio facultad para nombrarlos, declaró que habían de ser ciudadanos, esto es, plebeyos.
     Quejóse altamente la nobleza de que formando uno de los tres cuerpos o Brazos del reino, cuyo bien les interesaba tanto, se le prohibiese obtener los empleos de administración de justicia, sobre todo en aquellos pueblos principales, que con el ausilio de sus personas y de las de sus vasallos y descendientes se habían conquistado de los moros, obligando a esta clase a reconocer la autoridad de jueces plebeyos. El Rey y demás juiciosos de la plebe se hicieron cargo de la justicia de esta queja, y de los funestos resultados que podía producir tan enorme desigualdad. En su consecuencia instaron al Monarca los habitantes de este reino, para que corrigiese en muchos puntos el código valenciano; y así lo verificó en el año 1270, disponiendo con relación a esto, que uno de los tres sugetos, que se le proponían para el empleo de Justicia, hubiera de ser caballero. Cuando les hizo donaciones de algunos pueblos, y de la jurisdicción de los mismos, había ya dispuesto que observaran en este punto los Fueros, donde se hallan prescritos los derechos que competían a los particulares, las penas que debían imponerse a los delincuentes, y el ritual que se había de observar en los pleitos, como también la obligación de sentenciarlos con consejo de los hombres buenos o del Consejo General; reservándose sin embargo, en todas las causas civiles y criminales las instancias de recurso y manifiesta opresión. Por lo mismo se elevó después a tal grado de autoridad al Justicia de Valencia, que él solo era el que podía conocer de algunas causas criminales de los caballeros que se hallaban domiciliados en los demás pueblos del reino. Pero cuidó que no se introdujese en él el libre egercicio del mero imperio, y de un poder absoluto, independiente de las leyes que, sin concesión real, se apropiaban en Aragón los señores de los lugares, prohibiendo bajo pena de la vida, que los dueños de feudos hiciesen justicia alguna personal en los castillos, villas, alquerías, ni otros pueblos suyos, a no mediar un especial privilegio del Rey.
     En las Cortes celebradas en Valencia por D. Alfonso II el año 1329 se concedió a los eclesiásticos, caballeros y plebeyos, que poseyeran entonces o fabricaran después pueblos compuestos, a lo menos, de quince familias o casas en el término de cualquiera ciudad, villa real o de señorío particular, la jurisdicción civil, y también aquella parte de criminal que se limita a la imposición de penas, no muy graves, por razón de los delitos, quedando reservadas las demás a los mismos que egercían anteriormente el mero imperio en aquel territorio, añadiendo por fin el uso de la primera apelación de su providencia a los jueces ordinarios, y aun al Justicia de Valencia.

LA EXPULSIÓN DE LOS MORISCOS, SUS RAZONES JURÍDICAS Y CONSECUENCIAS ECONOMICAS PARA LA REGION VALENCIANA (XV)




Autor: Antonio Magraner Rodrigo
Valencia 1975
ARV. Signatura 1607-2498


Parte Segunda

Capítulo I: El bando de expulsión y sus incidencias.

Acordado, definitivamente, por el Consejo de Estado, en 30 de enero de 1608 y 4 de abril de 1609, la expulsión de los moriscos, siendo, como acabamos de referir, el Duque de Lerma quien inclinó, decisivamente, al Monarca a ejecutarla, no tardó el valido en llevar a la práctica el encargo regio de tomar las medidas pertinentes a tal fin. Dicho acuerdo, que debía empezar por los moriscos del Reino de Valencia, que eran los más numerosos, se mantuvo, naturalmente, secreto hasta el momento de su expulsión.

Ante las noticias de su inminente expulsión y en previsión de posibles fugas y ocultamientos o venta de sus bienes por parte de los moriscos, es natural que las autoridades y también la Inquisición valenciana tomasen medidas precautorias para impedirlo.

Por eso vemos que, con fecha 30 de enero de 1609, el Inquisidor provincial Don Gabriel Picazo, en contestación a un escrito del Consejo Supremo del Santo Oficio, de 5 de marzo anterior, manifiesta haberse escrito “a todos los comisarios y a otros clérigos rectores de lugares de la Marina y de otras partes”, encargándoles, como ya se hizo en otras ocasiones, informasen acerca de los extremos contemplados al principio y en particular de “los moriscos que de dos años a esta parte falten en este distrito y de que edad y qualidad son y de que hacienda llevan o han vendido y qué motivos han tenido para ello o para estorbar el pasaje a los que quisieren embarcar”, sin haber tenido respuesta o aviso sobre ello.

Se remitían, además,  al organismo superior de la Inquisición dos testimonios de las juntas de Hacienda que se habían recogido en los meses de noviembre y diciembre de 1608.

A Segovia, morada circunstancial de Felipe III, desde el 2 de julio hasta el 3 de septiembre de 1609, se llamó al maestre de campo,  general Don Agustín Mejía, castellán de Amberes y bizarro general que había dirigido las operaciones de asedio de la plaza de Ostende, en 1601. Elegido para comenzar la ejecución de la real orden de expulsión, partió, seguidamente para Valencia, siendo portador de algunos pliegos para don Luis Carrillo de Toledo, Marqués de Caracena, Virrey y Capitán General de la Región, que había de ser el primer testigo del destierro. Salió, también, de la ciudad castellana, en dirección a Gandia, don Pedro Toledo, Marqués de Villafranca, con el fin de disponer lo necesario y tomar, luego, el mando de las galeras españolas.

Cursáronse, asimismo, órdenes    reservadas a varios Virreys y capitales generales, incluso los de Portugal e Italia,  para que aprestasen  escuadras con la misión de concentrarse a lo largo del litoral valenciano, desde Vinaroz hasta Alicante y cuando todos los preparativos estuvieron listos, el Marqués de Caracena, el 22 de septiembre de 1609 mandó publicar el bando de expulsión. Ese mismo día, al toque del Ángelus, tomados ya, por las fuerzas militares,  los puntos estratégicos de la capital valenciana, salía del Real el pregonero público Pedro Pi, para dar lectura a la multitud, que con ansia se agrupaba en derredor, del temido decreto. No por esperado dejó de causar viva impresión aquel acto imponente, que se repitió en las plazas y lugares acostumbrados.

Eran las principales disposiciones de dicho bando las siguientes:

1.- Todos los moriscos residentes en este Reino, así hombres como mujeres, como sus hijos, tanto naturales de él como extranjeros, excepto los esclavos, debían presentarse en el término de tres días, bajo pena de muerte, en los puertos de embarque designados al efecto (Valencia, Alicante, Vinaroz, Les Alfaques y Denia), proveyéndoles de lo necesario para su manutención durante la travesía, hasta desembarcar en Berbería (África). Solo se les permitía sacar de sus casas los bienes muebles que opusieran llevar sobre sus hombros el resto de sus bienes quedaría en propiedad de sus señores.

2.- Pasado el plazo de tres días, todo cristiano que encontrara un morisco prófugo del embarque, podía sin responsabilidad, prenderle, desvalijarle y hasta matarle si oponía resistencia.

3.- Bajo la misma pena de la vida, se conminaba a los moriscos para que no salieran de sus casas hasta ser conducidos, por el Comisario, a la embarcación,  ni que escondieran ni enterraren dinero u otros bienes, ni prendiesen fuego a sus casas, sembrados, huertas o árboles.

4.- Se apercibía a los cristianos viejos y a los soldados para que no maltratasen de palabra u obra a los que iban a ser desterrados, ni los ocultasen o encubrieran o les facilitasen ayuda para ello, bajo la pena de seis años de galeras.

5.- A más de los esclavos, quedaban exentos de expulsión: a) Un seis por ciento de varones labradores, con sus familias,  escogidos entre los mas viejos y que más prueban hubiesen dado de fe cristiana,  para que enseñasen sus prácticas agrícolas a los colones  cristianos que vinieran a sustituirles en las tierras por ellos abandonadas. Esta excepción era un reconocimiento de la capacidad de los moriscos para los trabajos del campo, pero la mauro parte de los designados rehusaron ser excluidos, prefiriendo seguir la suerte de los demás. Fue, posteriormente, anulada por el Monarca, ante la poderoso enemiga del Duque de Lerma,  con fecha 9 de enero de 1610. El texto originas de dicho bando lleva por colofón: “Impreso en Valencia en casa de Pedro Patricio Mey, junto a San Martín”. B) Los niños y niñas menores de cuatro años sin sus padres o tutores (siendo huérfanos) lo consintiesen. C) Los menores de seis años hijos de cristianos viejos quienes quedaran al lado de sus madres; y en caso de tratarse de un matrimonio mixto, solo sería expulsado el padre morisco. Con referencia a los nuños moriscos, la solución que finalmente se adoptó fue la de dejar a los menores de siete años y expulsar a los restantes. D) Los moriscos que, durante cierto lapso de tiempo, dos años por lo menos, hubiesen convivido entre cristianos sin acudir a las juntas de las aljamas. Y finalmente “los que recibieran el Santísimo Sacramento, con licencia de sus Prelados, lo cual se entenderá de los retores de los lugares donde tienen su habitación.

COMENTARIOS AL TEXTO CONTENIDO EN EL ARTICULO: LA PROSTITUCION VALENCIANA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIV .



Autor: Russafi 

Me gustaría hacer un breve comentario sobre este artículo, que he podido encontrar en los fondos del Archivo del Reino de Valencia, trabajo realizado por su autora M. Carmen Peris.

Me llenó de curiosidad  su título y por ello emprendí seguidamente su lectura, descubriendo importantes e interesantes aspectos del tratamiento que en el siglo XIV se le daba a la prostitución en el Reino de Valencia.

La primera curiosidad con la que me tropiezo es el tratamiento que en Els Furs del Regne de Valencia, otorgados por el rey Jaime I de Valencia, El Conquistador, en la legislación relativa al ordenamiento de la actuación de la profesión y a la denominación que, para estas mujeres, se utiliza en el texto foral valenciano: “putana püblica”. El rey Jaime I, muy comprometido en la organización política del Reino de Valencia, no dejó pasar por alto esta profesión que, dada su importancia, ocupaba un importante momento de la vida de los habitantes.

Si bien esta denominación era corriente en la primera mitad del siglo XIII, cuando se otorgaron los Fueros del Reino, fue cayendo en desuso en la medida en que, en el siglo XIV, se otorga al Consell de la Ciudad de Valencia, las facultades pertinentes para controlar y cuidar de las formas públicas de este importante negocio.

Así pues, empiezan a utilizarse las denominaciones de “puta, bagassa, picarona, goça, fembra errada, fembra de bordell, fembra pecadriu  o fembra que feia mal ses faenes..." con los diferentes sobrenombres con que se conocían: la murciana, la barcelonina, la çeciliana...” contempladas en los contenidos de las “composiciones” (denuncias), con las que los correspondientes Justicias Criminales penalizaban la explotación de las mujeres públicas, siempre que su actividad se dearrollase fuera del recinto que en la ciudad de Valencia se estableció para tal fin.

Por ello, desde primeros el siglo XIV, la prostitución se desarrolla en un barrio de la ciudad conocido como “Bordell o Pobla de les fembres pecadrius”, denominación ésta última con la que también se conocía a las mujeres ejercientes de la profesión, atribuyéndose a Jaime II de Valencia, el Justo, la creación de los “gettos”. Al mismo tiempo el indicado rey, Jaime II, dicta una provisión real que amplía la disposición foral en la que no se autoriza ni a moros ni a judíos el yacer con hembras cristianas, situación que debe ser controlada por el Justicia Criminal y también, en muchos casos, por el Mestre Racional.

Al existir diferentes variaciones sobre el control del ejercicio de la prostitución,  aparecen los alcahuetes, celestinas, proxenetas, variantes masculina y femenina  del trabajo sexual, hombres solteros y casados de “buena” reputación, mujeres, solteras y casadas también de “buena reputación”, madres y padres que prostituyen a sus hijas en su propia casa, padres de familia que entregan sus hijas a alcahuetas y celestinas para que “cuiden” de su aprendizaje adúltero, viudas que buscan su consuelo mediante el pago de honorarios, mujeres casadas que buscan más una prostitución esporádica que el adulterio, etc.

No obstante las ordenanzas de los Fueros del Reino y del Consell de la Ciudad, basadas principalmente en las buenas costumbres, aunque reconociendo que el ejercicio de la prostitución es inevitable y, en cierto modo, conveniente, las intervenciones en las denuncias del Justicia de Valencia y del Mestre Racional, se traducen en importantes multas, cuando existen quejas de la gente de bien de la ciudad porque han comprobado que la prostitución se escapa de los límites del “bordell o pobla de les fembres pecadrius”       

Es de destacar la procedencia de las habitantes de los burdeles valencianos, contándose de un total de 83 mujeres que ejercían la prostitución legal, por decirlo así, más del 50% procedían de Castilla, teniendo también procedencia de otros países europeos como Italia, Francia, Portugal y Grecia. Al tratarse de una profesión ejercida y ejerciéndose en todo el mundo, el Reino de Valencia, por su importancia y prosperidad en los años de la baja Edad Media, era conocida mundialmente y esa importancia, tanto comercial como artística, atrae a inmigraciones que vienen a establecerse y a ejercer sus profesiones.

El celestineo y el alcahueteo toman un importante auge, ya que el cobro de sus intermediaciones, entre prostitutas y usuarios de las mismas, les produce importantes ingresos económicos tanto en dinero, como en ropas como en joyas.

Para paliar este tipo de ejercicio carnal y con el fin de que en el sector profesional haya un escape para las mujeres ejercientes, a instancias de alguna nobleza valenciana se crea la Casa de las Arrepentidas, donde vienen a ingresar aquellas profesionales “de vida fácil” que desean escapar del ejercicio del “oficio más antiguo del mundo”, donde se cuida de su manutención y necesidades a cambio de adaptarse a las distintas reglas morales que rigen en la institución. Para ello, el Consell de la Ciudad contribuye con asignaciones en la medida de las necesidades que se presentan. A las residentes se les exige el renunciar a su profesión y, en muchos casos, la institución consigue casarlas con hombres honrados, después de un importante periodo de adaptación a la vida de las  mujeres decentes, casamiento que es premiado con una donación municipal de 10 florines de oro como ayuda para la celebración de su matrimonio.

LA GUERRA DE SUCESION EN VALENCIA (XXIV)



REVISTA DE HISTORIA MODERNA
Número 25 - 2007

LA GUERRA DE SUCESION EN VALENCIA (XXIV)
RETROSPECTIVA HISTORIOGRAFICA Y ESTADO DE LA CUESTION.
Páginas: 303 a 329
Autor: Carmen Pérez Aparicio.


Es cierto, sin embargo, que el erudito de Oliva llevó a cabo años antes algunas diligencias al respecto. De hecho, en 1734, el canónigo don José de Castellví le remitió la obra de Minyana para su revisión y dos años más tarde su hermano, el conde de Cervelló, desde su exilio en Viena, manifestaba su interés por recibirla y publicarla. No fue posible. El resultado traumático que para los valencianos -de cualquier filiación política- tuvo el conflicto sucesorio, puede explicar las dificultades encontradas, incluso entre los propios intelectuales austracistas, para editar la referida obra. Llama la atención incluso que el propio Mayans, distanciado ya también de la causa austracista abrazada por su padre, reproche a los seguidores del archiduque el haber dado motivo a la abolición de los Fueros, aunque por otro lado mantenga el tono quejumbroso hacia esta decisión de Felipe V y considere el tema "molesto" para los valencianos. De todas formas, el hecho de que la obra estuviera escrita en latín y su publicara en Holanda, limitó necesariamente su proyección al campo erudito, sin que los votos formulados por el ilustrado valenciano para una pronta traducción se vieran cumplidos hasta casi dos siglos después.

Muy similares fueron las vicisitudes que rodearon la publicación de la memoria del conde de Robres, que permanecieron inéditas hasta 1862. Su autor, de clara filiación borbónica, como Minyana,  fue también un testigo excepcional de los acontecimientos, vividos en la primera fila de la escena política. Su obra rezuma un amplio bagaje intelectual  y una sólida formación histórica y política y se caracteriza y destaca por una escrupulosa imparcialidad y por una capacidad de análisis y de juicio claramente excepcionales en el panorama historiográfico sobre la Guerra de Sucesión.

De otro lado, su origen aragonés,  y su conocimiento del sistema político y del entramado institucional de la Corona de Aragón, convierten sus Memorias en una lectura inexcusable para comprender el conflicto sucesorio desde una perspectiva periférica. Por lo que se refiere al asedio de Játiva por las tropas borbónicas, n dudó en hacerse eco de las atrocidades cometidas por el ejército contra los defensores de la población. Todos los defensores fueron exterminados por resistirse a las tropas D'Asfeld, pero, en su opinión, la actitud temeraria de los setabenses no justificaba el furor y la venganza con la que se comportaron los vencedores contra la población civil, deportada a Castilla, confiscados sus bienes y destruida finalmente la ciudad por una orden aprobada en la Corte.

Mejor suerte corrieron las obras del marqués de San Felipe y de Belando, que fueron publicadas en vida de Felipe V, pero el hecho de tratarse, como la de Robres,  de obras generales sobre la guerra y el del primer  Borbón explica que su interés sea limitado desde la perspectiva estrictamente valenciana. La obra del marqués de San Felipe, aparecida en 1725, es, sin duda,  la más ambiciosa de las que se publicaron en la centuria. Militar y diplomático sardo al servicio del Borbón, con quien mantuvo una cierta amistad, también literato,  fue testigo y protagonista de unos acontecimientos que recoge en general con rigor e imparcialidad, virtudes ambas que no pudieron evitar que el Borbón, disconforme con el tratamiento dado en distintos pasajes de la obra a la actitud de diferentes personajes, ordenara su retirada en el mismo año de su publicación. San Felipe, muestras, además, y una gran capacidad narrativa y analítica, lo que le sitúa en conjunto a mucha distancia de Minyana. Sin embargo, como es lógico, las referencias al Reino de Valencia son muy escasas y a veces confusas, si bien predomina la exactitud y la concisión.
Desde una postura comprometida con el Borbón, utiliza un lenguaje moderado para referirse a los partidarios del archiduque, aunque no ahora duras críticas a las clases populares ni mucho menos a su líder, el general Basset. No obstante, la obra revela cierta falta de rigor en algunos pasajes, lo cual es comprensible en una obra de tal envergadura, y en otros muy puntuales una clara y grosera manipulación de los hechos, como, por ejemplo, cuando pretende atribuir el incendio de la ciudad de Xátiva, llevado a cabo en junio de 1707, a la acción desesperada de los austracista sitiados por las tropas del francés D'Asfeld. De esta forma tan burda trata de  ocultar que la total destrucción de la ciudad se produjo, de manera premeditada, casi un mes después de ocupada la ciudad por el ejército borbónico, en cumplimiento de las órdenes dictadas por el propio rey, que se mostró insensible a las peticiones de clemencia formuladas. A favor del historiador hay que apuntar la valentía con la que reflejó algunos episodios dramáticos que ponían en entredicho la política llevada a cabo por el gobierno borbónico.

La obra del alicantino fray Nicolás Jesús de Belando completa el panorama historiográfico del XVII español. Bajo un enfoque también borbónico, el autor manifiesta en el prólogo su propósito de escribir "desnudo de pasión", lo que se deja notar en el tono ponderado de la narración y de los juicios, tan alejados, por ejemplo, de los excesos verbales descalificatorios del también eclesiástico Minyana. Este afán por conseguir un tomo moderado y pretendidamente aséptico y  sobre todo su intención de respetar al máximo el deseo de FelipeV, que "no quiere que se diga cosa alguna contra particulares ni contra la Monarquía", le obligó a ocultar aquellos  aspectos que podían  resultar más problemáticos, como él mismo lo anuncia: "aunque no lo digo todo falto a la verdad de la narrativa".

A pesar de ello,  no escatima descalificativos contra los campesinos valencianos seguidores del archiduque Carlos, a los que tacha de "facineroso y forajidos", y en cuanto a la veracidad de su relato es algo dudosa cuando se hurga en algunos de los episodios más dramáticos de la guerra. La noticia de la destrucción de Xátiva, por ejemplo, no permite a Belando superar la prueba de esa pretendida objetividad. Como también hiciera el marqués de San Felipe, exonera al Borbón de su exclusiva responsabilidad en la orden de incendiar y arrasar la ciudad, cuya población se aproximaba a los diez mil habitantes. Para ello no duda en exponer la tesis de la  autoría compartida entre borbónicos y austracistas. En su afán por disculpar al rey de las decisiones más criticadas, tampoco se priva Belando de formular opiniones más que discutibles. Así, respecto del tan denostado por todos los valencianos Decreto de 29 de junio de 1707, dice que los Fueros "más fueron moderados que abolidos, pues no en todo espiraron sino en parte se suspendieron".

Así pues y aunque resulte llamativo, "De bello rustico valentino" es, con todas sus limitaciones y aciertos, la primera y única historia de la Guerra de Sucesión en el Reino de Valencia hasta los tiempos actuales y punto de arranque de toda la literatura posterior. En el siglo XIX, otros historiadores se han ocupado del tema, pero, o bien han derivado hacia la defensa de los Fueros o han tratado el periodo en el contexto de historias más generales. El primero es el caso de Borrull y Vilanova, cuya obra fue publicada en 1810. El hecho de haber sido elaborada en unas circunstancias históricas excepcionales, explica que el enfoque y el alcance de la misma sean de carácter eminentemente político. Ya de entrada, establece como punto de partida un claro paralelismo entre la llegada de Felipe V y de su ministro Amelot, a quien atribuye el plan para suprimir las leyes forales, con la invasión napoleónica. La obra rezuma francofobia por los cuatro costados, planteamiento éste muy alejado des de las obras escritas durante el reinado de Felipe V.

MISTERIOS DE LA HISTORIA-XVI



Por: Ricardo de la Cierva
Editorial  Planeta

Segunda edición: febrero 1991

 CATALUÑA ENTRE LA HISTORIA Y EL FUTURO

En mi libro La derecha sin remedio he analizado la trayec­toria de Cataluña durante la era de Franco. El nuevo régi­men cometió serios errores -perfectamente inútiles- con­tra el sentimiento catalán, sobre todo en el campo de las restricciones culturales, como ha contado Dionisio Ridruejo en su libro Casi unas memorias. Sin embargo, la toleran­cia se fue imponiendo poco a poco, y durante esa época Cataluña experimentó un crecimiento y una prosperidad poco comunes en otras épocas de su historia. Catalanes insignes cooperaron con el régimen de Franco en puestos de gobierno y alta administración, y contribuyeron a la vida política y económica de Cataluña de forma destacadí­sima. Todo esto se ignora culpable e injustamente en la antihistoria de la propaganda ultracatalanista, pero se tra­ta de hechos reales y comprobables.

A1 llegar la transición democrática, el centro-derecha catalán fue en parte dirigido por el catalanismo antifran­quista, cuyos líderes principales son Jordi Pujol -proce­dente de medios católicos- y Miguel Roca y Junyent, pro­cedente de un curioso grupúsculo de oposición radical, pero vuelto muy a tiempo a la moderación. Rodolfo Martín Vi­lla, en sus Memorias, ha contado con objetividad los pro­gresos de la oposición catalanista de centro-derecha y los avances del antifranquismo en Cataluña, pese a lo cual la UCD, el centrismo nacional, obtuvo en las diversas eleccio­nes celebradas en el principado notables éxitos. Alfonso Osorio, por su parte, ha descrito desde dentro la opera­ción inspirada por la Corona y realizada por el presidente Adolfo Suárez para el restablecimiento de la Generalidad en la persona del antiguo líder de la Esquerra Josep Ta­rradellas, transformado durante el exilio en un político in­teligente y pragmático que ha contribuido decisivamente a la consolidación de la nueva democracia española desde Cataluña y ha revelado en sus Memorias encrucijadas y claves muy interesantes de la historia catalana reciente.

El hundimiento de la UCD tuvo graves repercusiones para la continuidad del centro-derecha nacional en Catalu­ña, cuyos efectivos y votantes han ido cayendo en la órbita del catalanismo de centro-derecha. El 1 de junio de 1984 protesté en mi columna del diario YA contra el discurso de investidura pronunciado por Jordi Pujol como presi­dente de la Generalidad. Hoy sería imposible decir lo mis­mo en ese pobre periódico, destruido y degradado por una equivocada política informativa episcopal, y luego caído en manos nacionalistas y después, o simultáneamente, por­que hace años que no sigo esa decadencia, en la órbita sucedánea de El País.


Los párrafos siguientes se inspiran en mi artículo-pro­testa citado, cuando en el diario YA, con 150 000 ejempla­res de venta, se podía escribir objetivamente sobre Ca­taluña.

Cataluña es racionalidad; Cataluña es pacto. Cataluña es seny. Cataluña fue la avanzada europea en España, y es ahora la avanzada española en Europa. Pero por enci­na de la racionalidad, el pacto, el seny, la avanzada y la vanguardia, Cataluña es sentimiento. No hay en Europa, ni seguramente en el mundo, un pueblo más sentimental que Cataluña. La insigne torpeza política del gobierno socialista, al utilizar flagrantemente a la justicia nacional española contra una victoria política catalana, ha provocado en Cataluña una riada, una pleamar de sentimiento. Los miles de afectados por la crisis de Banca Catalana -cuya administración no sé si ha sido un delito, pero sí me consta que ha sido un desastre- en cabeza de la manifestación  Jordi Pujol me parece un espectáculo emocionante corno casi nunca se había contemplado en España desde los gritos famosos de ¡Vivan las cadenas! que proferían los ciudadanos serviles uncidos al carro de Fernando VII; gritos que suelen expresarse en andaluz, pero que se inicia­ precisamente en Cataluña, como fue la única universi­dad de Cataluña la que dirigió al mismo rey absolutista la invocación célebre: Lejos de nosotros, Señor, la funesta manía de pensar. Ante la querella criminal más detonante de toda la historia contemporánea -la querella Burón-Gon­zález sobre Banca Catalana, dicho sea con tanta sinceri­dad como respeto- Cataluña entera ha vuelto a prescin­dir de la funesta manía de pensar y se ha echado a la calle; Una riada, una pleamar de emociones. Afortunadamente, después de meses de tortura, la querella ha fracasado por motivos que me parecen tan políticos como los que suscitaron. De esta forma han perdido todos: el Gobier­no central, el señor Pujol, la seriedad del pueblo catalán, justicia, la democracia y sobre todo los pobres accionistas­, de Banca Catalana, que encima aplaudieron a rabiar cuando en asamblea general se les comunicó que cada mil de sus pesetas quedaban reducidas a una. Todo un porten­to de la transición.

El discurso de investidura del presidente Pujol en mayo de 1984 ha sintonizado tanto con Cataluña que merece para su ilustre autor el título del más sentimental entre todos los catalanes, aunque ha escrito el discurso a impulsos de una fría y habilísima estrategia. No ha sido, naturalmente, el discurso de Banca Catalana (le sobra al señor Pujol inte­ligencia política para haber caído en semejante disparate), sino el Discurso de la Nación Catalana, en la misma línea         I suavemente chantajista que tanto cultivó su predecesor el señor Cambó. Diez referencias directas (a ver si algunos comentaristas aprenden a contar) y cinco indirectas justi­fican esta denominación. (Por desgracia, y ante la gran ma­nifestación que siguió a la investidura, el señor Pujol sí que dejó que su sentimentalismo desbordase a su pruden­cia y aprovechó a fondo, con demagogia tan reprobable como la de los impulsores de la querella, el problema de Banca Catalana que interpretó absurdamente como un ata­que no a él sino a Cataluña.)
Pero en el discurso de investidura -sesenta y cinco fo­lios tengo delante-, el candidato recalcó, entre otras ci­tas, la siguiente: «Reafirmo mi convicción de que Cataluña es una nación y que tiene derecho a que le sea reconocida su personalidad, tanto en el terreno cultural y lingüístico como en el político e institucional.» No se refiere el señor Pujol al reconocimiento del Estatuto, que ya está cuajado por ley orgánica, sino al reconocimiento cultural y políti­co de Cataluña como nación. Cierto que pide este recono­cimiento en el marco constitucional, lo cual es un refugio contradictorio, porque la Constitución no reconoce más nación que la española.

LENGUA VALENCIANA, UNA LENGUA SUPLANTADA


  

(Diputación de Valencia.2006)
Autora: Teresa Puerto
“La antítesis de la ciencia es el dogmatismo".
(Ortega y Gassset.)
A las nuevas generaciones de Valencia, sometidas y asfixiadas por la pesada losa del monolitismo lingüístico catalanizante, impartido desde las aulas y desde la Universitat-Estudi-General. Una Universitat, deformadora de opiniones sobre lo valenciano y acientífica en su dogmatismo.
VALENCIA 2005.  JUSTIFICACION .
La Generación del 68 fue una generación rebelde que lo puso todo en cuestión. Pese a las limitaciones de la época, disfrutó en la Universitat de Valencia de un pluralismo librepensante, fruto de las brillantes personalidades docentes que ilustraron su claustro:
Carlos París, J. L. Pinillos, J.M. Jover, Antonio Ubieto, Sánchez Castañer, J. Reglá, Emili Giralt, San Valero.........
Profesores eméritos, de diferentes ideologías que supieron despertar en aquella juventud nuestra el espíritu crítico y el desprecio al dogmatismo empobrecedor por ser, como dice Ortega, la antítesis de la ciencia. Las distintas versiones que se recibían en clase sobre la Lengua y la Historia de Valencia ( la versión catalana de Joan Reglá y el profesor Giralt, la versión aragonesa del Profesor Ubieto y profesora Cabanes, la versión centralista del professor Jover . ) fueron sumamente enriquecedoras.
Ellos depositaron en esas generaciones rebeldes la semilla de la duda, como base de todo aprendizaje, y el afán de investigación como base para el descubrimiento de la verdad, a la que sólo podríamos llegar mediante los archivos y los documentos. Personalmente nuestra mayor admiración hacia el gran medievalista internacional profesor Ubieto, a quien el alumnado le llamábamos la "rata de archivo" por sus documentadas teorías sobre la historia, actualmente patrimonio ya de prestigiosas universidades internacionales como la de Harvard (Estados Unidos). De ella pudo ser el Dr Ubieto su profesor emérito. Pero prefirió quedarse investigar por y para Valencia.
El profesor Ubieto y su Departamento de Historia Antigua y Media libraron una durísima batalla contra el catalanismo rampante que ya a finales de los 60 intentaba posicionarse en la Universitat falseando la historia de Valencia y de su Lengua. Los trabajos del profesor Ubieto desmontaron siempre, una por una, todas las falsedades del "Establishment" (poderes fácticos) catalán, obsesionado en apropiarse de una Lengua, una Cultura y una Historia que jamás les perteneció. Querían crear la "Gran Catalunya" engrandeciéndose a costa del patrimonio del histórico Reino de Valencia : con ello el nacionalismo catalán intentaba superar ese terrible complejo de inferioridad que siempre les ha atormentado desde hace siglos: ellos jamás fueron un Reino, tan solo condados. Lo que siempre fue un Reino de Valencia , ahora nos lo rebajan a la categoría geográfica de “pais” . Lo que siempre fueron condados feudales, ahora se los elevan a la categoria de “principat” ... La historia al revés.
Los triunfos de Don Antonio, como investigador, le costaron caro: en 1972 el profesor Ubieto fue enviado al exilio zaragozano por las nuevas huestes catalanizantes que se habían apoderado materialmente de la Universitat e hicieron de ella el coto del búnker-barretina. Todos los "disidentes" fueron condenados al ostracismo, al "gulag" de la burla cruel y del desprecio. Y así, poco a poco, el monolitismo histórico-lingüístico catalán acabó con el pluralismo librepensante que durante tantos años había ilustrado nuestras aulas literarias universitarias. Esa asfixiante situación es la que ha perdurado y perdura ...........
Era allá por los 60 cuando el Profesor Joan Reglá siempre nos solía recordar en sus clases: " Estos valencianos no se dan cuenta de que siempre que Cataluña sube Valencia cae y al revés. Difícilmente podemos ir a la par" .... Mejor una Valencia hundida y vasalla de Cataluña que una rival dura y competidora. En lo lingüístico y, sobre todo en lo económico.
Lástima que nuestras Nuevas Generaciones hayan sido desposeidas de su rebeldía crítica y de su descaro para plantar cara a un profesorado-Universitat-Estudi-General, más dado a hacer política que investigación, más vasallo del Establishment catalán que señor de lo propio.
Sin rebeldía y sin crítica, la Lengua, la Cultura y la Historia de Valencia han venido otros a reinventárnoslas .....................
VALENCIA 1 de Julio de 2005

"Un Idioma se diferencia de un Dialecto en que hay disposición official que dice una u otra cosa".
(Profesor Emilio Alarcos, Académico de la R.A.E.)
Esa disposición oficial, puramente política y no científica, decidió un día, bajo presiones interesadas del "Establishment" catalán, relegar a la, históricamente reconocida, Lengua Valenciana a la categoría de dialecto. Lo que históricamente siempre fue la Lengua Valenciana lo quieren rebajar a la infra-categoria de “dialecto” . Y lo que siempre fue el “dialecto barceloní” (ahora llamado catalán) lo elevan a la categoria de lengua . El mundo al revés.
¿ Por qué llamar catalán a lo que durante más de siete siglos se ha llamado LENGUA VALENCIANA ? Valenciano, Mallorquín y Catalán han sido y son TRES LENGUA ROMANCES, hijas de la misma madre: el Latín.
Pero de las tres, la PRIMOGENITA, la históricamente prestigiada, la universal, había sido desde siempre la Lengua Valenciana. Producto artificial de la "historiografía romántica" (fantasía) nacida de la Renaixença decimonónica, el DIALECTO BARCELONÍ , fue subido , en 1906, a la categoría de “lengua catalana” por esa acientífica disposición oficial y por poderío económico , desde entonces, le han robado a la Lengua Valenciana su PRIMOGENITURA, su koiné, su siglo de oro, su historia .... Pura cuestión de MARKETING embaucador y folklore nacionalista, fruto de la fantasía histórica, tantas veces denunciada y condenada por el historiador catalán Jaume Vivens i Vives.
Sin embargo, pese a todo, ahí están los archivos, tozudos y pétreos, y la HISTORIA documentada para contradecir falsedades y devolverle a la Lengua Valenciana su puesto y rango históricamente innegables. Los testimonios documentados ayudan a entenderlo un poco mejor