lunes, 11 de junio de 2012

HISTORIA DE VALENCIA (IX)



Extraído de Internet

 La Valencia de la Ilustración

      Con el reinado de Felipe V se instauró el Decreto de Nueva Planta por el cual el rey tenía la libre facultad de imponer tributos. Cuando en 1724, Felipe V, renunció a la corona en favor de su hijo Luis I, lo hizo en Valencia y durante el reinado de este, la nobleza valenciana también fue víctima del aire unificador y despersonalizador, se anuló la distinción entre barones, caballeros, etc, categorías que se unificaron en una, equiparada a la de hidalgo. El gusto de la nobleza y la burguesía valenciana se europeizó y afrancesó con lo cual se establecieron numerosos comerciantes extranjeros en Valencia, los más numerosos fueron los franceses. En 1769 los ministros de Carlos III dividieron la ciudad en barrios y su término en cuatro cuartos, Campanar, Benimaclet, Ruzafa y Patraix y crearon los alcaldes de barrio, dando al pueblo una mayor participación en el gobierno municipal, se creó el cuerpo de vigilantes nocturnos que recibieron el nombre de "serenos" y este cuerpo fue imitado en todas las ciudades españolas.

       Entre 1761 y 1780, Carlos III, hizo construir para la orden militar de Montesa el edificio del Temple y entre 1758 y 1802 el edificio de la Aduana que en 1828 se destinó a fábrica de tabaco y en 1922 a Palacio de Justicia. La noticia de la ejecución de Luis XVI, provocó que los estudiantes de Valencia secundados por la plebe fueran a la calle del Portal Nou, habitada por comerciantes franceses con actitud hostil y después de varias revueltas, fueron expulsados de la ciudad 648 franceses. La guerra se formalizó en 1794 y a pesar de los éxitos iniciales del ejército español, fue vencido por los revolucionarios franceses. Guerra y revolución Carlos IV y Fernando VII renuncian a sus derechos a la corona de España a favor de José Bonaparte, cuando esta noticia llega a Valencia provoca manifestaciones de protesta entre el pueblo, entonces Vicente Domenech, un "Palleter" (*), marcha hacia el mercado, llega a la casa donde se vendía el papel sellado habilitado por el gobierno francés y cogiendo un pliego y rompiéndolo dice "Un pobre palleter le declara la guerra a Napoleón. Viva Fernando VII y mueran los traidores". Al día siguiente la plebe rebelándose, asaltó y tomó por las armas la ciudadela, el 25 de mayo fue constituida la "Junta Suprema de Gobierno del Reino de Valencia", la revolución había triunfado. Después de someter el Principado de Cataluña, el mariscal Suchet prepara formalmente el ataque al Reino de Valencia. Durante la ocupación francesa en la ciudad se producen cambios, en el solar del Palacio Real comienzan las obras del Jardín de los Viveros, la Alameda casi desaparecida fue replantada y se hizo la actual Glorieta. Como consecuencia de la derrota de los franceses en Vitoria el 5 de julio de 1813, Suchet evacúa Valencia y se constituye un gobierno provincial presidido por el Marqués de Dos Aguas.

       El 16 de abril entra Fernando VII en Valencia donde recibe las mismas manifestaciones de alegría que en todas partes y el 4 de mayo también en Valencia firma secretamente el decreto que anula la Constitución de Cádiz. El nuevo arzobispo Simó López García que se hizo cargo de la Diócesis en 1824 restableció la Inquisición con el nombre de Junta de la Fe y en 1832 se inauguró el Teatro Principal. 

OMEYA BEN ISHAJ ABU LAHIA




Font: Gran Enciclopedia de la Regio Valenciana – Valencia 1.972 

Caudillo hispanoarap que vixque en l’epoca d’Abderrahman III, califa de Cordova, o siga en la primera mitat del sigle X de la nostra era. Son incerts els principis d’este guerrer, puix mentres que Masden afirma que en 937 era Guali o governaor de Saragossa, els historiaors araps diuen que era alcaide de Santarem, en Portugal. Siga com fora es cert que Omeya es trobava al servici d’aquell califa, y, segons pareix, conspirava contra ell en un germa seu cridat Ahmed, y descobert el complot, Abderrahman III va fer desterrar als dos.

Atra versio diu que el monarca manà matar a Ahmed, y que Omeya, en venganja, es posà al servici de Ramiro II, rey de Lleo, entregantli algunes fortalees de la vora del Duero, que estaven a lo seu mando. Irrità l’arap, reuni a ses millors guerrers y posà cerc a Zamora, ixquent al seu encontre Ramiro II, al que acompanyava Omeya manant un cos de cavallería musulmana.

El 21 de juliol de 939 es lliurà una gran batalla prop de Simanques, y encara que els resultats foren indecisos, Omeya, segons conten les croniques araps, fiu tambe traicio al seu nou aliat, aconsellantli que es retiraren els cristians, lo que va permetre a Abderrahman III ocupar la ciutat de Zamora. Despres d’este fet Omeya es va reconciliar en lo seu anterior sobira, que el tornà ses posesions y el va confiar la defensa de Zamora. Atacà esta dies despres per Ramiro II, caigue en lo seu poder, y Omeya fon fet presoner y enviat a Lleo, d’aon provablement logrà fugir, per mes que les croniques ya no tornen a fer mencio d’ell.  

ANTONI JOSEP CAVANILLES I POLOP



Autor: Joan Benet
www.llenguavalencianasi.com
Es Llicenciat i Doctorat en Medicina i Cirugia per la Facultat de Medicina de Valéncia. Diplomat en Sanitat.
Mege Puericultor per les Escoles de Puericultura de Madrit i Valéncia.
Mege Pediatra per l'universitat de Brusseles, Madrit i per la Clínica Pediàtrica War Memorial de Brusseles i pel Conveni Cultural Hispà-Belga.
Pediatra Social pel Centre Internacional de l'Infància.
Mege Rehabilitador. Especialiste en nutrició, creiximent i desenroll. També Especialiste en rehabilitació infantil.
És membre del Centre Internacional de l'Infància, del U.I.P.E. (Unió Internacional de Protecció a l'Infant) de Ginebra. Membre de les Societats Espanyola i Valenciana de Pediatria i també ha segut el Primer Secretari General i Fundador de U.N.I.C.E.F. en la Comunitat Valenciana.
Ha publicat diversos treballs i estudis d'investigació relacionats en la seua professió dels que ha obté importants guardons com el Premi Societat Valenciana de Pediatria, Premi Sanitat Espanyola, Premi Direcció General de Sanitat. Premi Periodístic U.N.I.C.E.F., Premi “Naranja de Oro” i “Flor de Azahar” de Vilarreal i Premi “Limon” en Múrcia.
Publica assíduament artículs en diaris i revistes, tant de Valéncia com d'àmbit estatal. Sempre ha sabut compaginar la seua activitat en el camp de la medicina en el compromís per la seua cultura.
Fon durant 12 anys President de Lo Rat Penat, ostentant actualment la distinció de President d'Honor d'eixa Centenària Entitat Valenciana. Membre del Consistori de Mantenedors dels Jocs Florals de la Ciutat i Regne de Valéncia, i Acadèmic de Número de la Real Acadèmia de Cultura Valenciana.
Fon president de la secció d'etnologia i cultura popular i vicesecretari de la R.A.C.V. en el moment de morir.
Funda les associacions culturals i cíviques, Valéncia 2000 i El Grup d'Acció Valencianista (G.A.V.), Amics de l'Acadèmia, Amunt el Cor... per a fer vibrar el sentiment valencianiste del poble.
Home carismàtic, sabé donar-li a tota una generació les ganes per lluitar pels interessos sociculturuals de la nostra nació valenciana.
Crea les Joventuts Ratpenatistes, l'escola cultural tradicional, "Mª Teresa Oller", un grup de teatre...
Potencià els cursos de llengua i cultura valenciana, i els cicles de conferències impartides per prestigiosos professors, catedràtics i experts de tots els àmbits de la problemàtica de la societat valenciana del moment.
Home recte, mai ha permés que cap cosa li llevara de la seua trayectòria valencianista.
Li dona als Jocs Florals una espenta, que mai havia tingut.
Ha obté lo Premi Llealtat, otorgat pel G.A.V.
Obra.

Puericultura para el Medio Rural
Puericultura para Padres
Educación Sexual para Padres
Psicología Infantil para Padres
Gent Menuda
Costums i Tradicions Valencianes (1986)
Personages Ilustres Valencians, relacionats en la Medicina (1994)
Participà en l'obra colectiva Clams de vida en el relat La bossa d'Or
Medicina valenciana mágica y popular

NACIONALISMO CATALAN, UNA GRAN FARSA (XIX)




Autor: Michel Braveheart
Depósito Legal: PM-1405-2002


            Para dar certificación de las villas o pueblos ya existentes en Mallorca anteriores a 1300, y clarificar qué pueblos fueron realmente los que se ordenaron crear en ese año por Jaime II de Mallorca, y que no fueron los catorce que se han relacionado por casi todos los cronistas, porque salvo cuatro, todos los demás ya existían como villas desde muy antiguo, veremos más adelante el listado de las villas que rindieron dicho juramento. Pero antes veamos que nos dice D. Gabriel Alomar (arquitecto) en su obra Urbanismo regional en la Edad Media, pag. 3 : (sic) “Es un tópico general entre los historiadores del Reino de Mallorca, desde Dameto hasta Martínez Ferrando, pasando por Tarrassa, Campaner y Quadrado, hablar de la creación de nuevas villas en la Isla Balear mayor por el Rey Jaime II. Si este tópico es un error, lo es también la arraigada tradición de la fundación de las once villas. Todo arranca de la interpretación superficial de un importante documento, del cual por fortuna se conserva un traslado fiel, posterior en unas décadas y probablemente íntegro: el texto de las “Ordinacions”, mediante las cuales se planeaba, con un sistema sorprendentemente actual, no la fundación de determinadas villas, la mayoría de las cuales ya tenían existencia real y administrativa (algunas de ellas se hallaban incluso amuralladas) desde hacía muchos siglos, sinó la promoción de un desarrollo económico-social de la isla, es decir, la realización de un plan económico, social y urbanístico, de ámbito regional. De lo que se trataba en realidad era de la creación de “polos de desarrollo agrícola”, cada uno de los cuales tuviera por centro su correspondiente polígono residencial. Es decir, de poblados de asentamiento, en algún caso en un nuevo emplazamiento, pero casi siempre junto a villas ya existentes.” 

            Habiendo nosotros tenido acceso a la copia del original de las “Ordinacions”(9) efectuada en 1365, que menciona D. Gabriel Alomar, comprobamos como efectivamente, no se trata de una “carta de fundación”, sinó que es un plan de concentración poblacional, unido a una parcelación rural y a una planificación urbana de los núcleos residenciales ya existentes. Salvo dos casos expresos en que se menciona su fundación. Dice así:

...e les viles quis faran en Arta, so es assaber, la una deves la torra den Michel Nunis e laltra deves lo port de Banyeres.

             La primera corresponde a “Càpdepéra”, pues la torre que se menciona de Michel Nunis, es la misma en que se hallaba D. Jaime I el día y la noche antes de la rendición de Menorca a sus enviados. Torre al rededor de la cual se fundó dicha villa, amurallándola. Hoy en día a todo este conjunto se le denomina “el castillo de Càpdepéra”. Pues la actual villa situada a los pies del “castillo”, se edificó en tiempos más modernos.

            Y la segunda, corresponde a “Son Servera”.

            Se nos dá cuenta también en este documento, que las villas de “Felanitx y Santàñy” ya estaban edificadas y amuralladas desde antes de la conquista.

            Pasemos pues ahora, a ver el listado de las villas ya existentes antes del 1300, y con la relación de las personas que fueron comisionadas por cada una de ellas,(10) para jurar fidelidad a D. Alfonso III de Aragón en el 1285, significando, que los representantes del pueblo de Sineu, por ser esta villa casi tan importante como la capital del reino, están incluidos en la relación de los de Palma, pues en ella aparecen los apellidos Font, Esteva y Verdera los cuales son propios de dicha villa. En lo que se refiere a la villa de Pollènsa, no aparece relación ninguna, porque ésta pertenecía a la Orden del Temple y por consiguiente se hallaban exentos de prestar ningún juramento.

            “ (11) Esta noticia la trae el cronista Binimelis en su historia manuscrita de Mallorca, de donde la copió el paborde de Tarrasa en sus Anales. Dice así:

            “ Luego de entrado el Rey en la Ciudad, ésta hizo nominación de sus (“Indicàds”) Síndicos, para prestarle el juramento de fidelidad y homenage, los cuales fueron: Arnàu Torrélla, Pére de Maquienes, Bernàd Zaragossa, Guiém Ebrí, Guiém Espinàch, Pére Arcís, Guiém Arnàu, Raimón Caldoñy, Arnàu Marquês, Pére Verdéra, Pére Fònt y Ronoverardo Estéva. Quienes juraron en la iglesia Catedral de tenerle por Rey y señor a él y sus sucesores.

miércoles, 6 de junio de 2012

LA TRADICIÓN INVENTADA (I)




'Historias ocultadas del nacionalismo catalán'
Por Javier Barraycoa
 Extraído de Internet

Hoy, en Cataluña, se toman como realidades multiseculares toda una serie de hechos que en realidad se han incorporado al imaginario catalanista sólo muy recientemente. Por el contrario, tradiciones muy arraigadas durante siglos, como las fiestas taurinas, son tomadas como elementos extraños. El propio catalanismo, con apenas un siglo de historia, pretende encarnar el alma de una Cataluña casi milenaria, reconfigurando no sólo la historia de Cataluña sino la del propio catalanismo.
Dos antiguos militantes del grupo terrorista e independentista Terra Lliure, Oriol Malló y Alfons Martí, escribían hace años un potente alegato anticatalanista titulado En tierra de fariseos. La obra, muy peculiar, denunciaba entre otras cosas el descaro del catalanismo al tergiversar la historia:
El catalanismo inventa Cataluña y cree sus mentiras a pies juntillas. Todo lo que se oponga al envoltorio virtual, fantasmagórico, que absorbe las almas, las historias y los entornos del catalán concreto debe desaparecer.
Con otras palabras, y evidentemente con otra intención, coinciden con una expresión de Torras i Bages –el llamado Patriarca de Cataluña, por su influencia y ascendencia espiritual– cuando avisaba del peligro de construir una "Cataluña de papel". Se refería Torras i Bages a los intentos de erigir una Cataluña moderna desarraigada de su tradición, de su historia real y de su herencia espiritual, que a nada podían llevar, sino a extinguir la verdadera Cataluña. De hecho, el nacionalismo moderno pretende dotar al catalán de una identidad que nada tiene que ver con la identidad de los hombres que ocuparon estas tierras durante siglos. Peor aún, se puede sospechar que el innegable triunfo actual del catalanismo, más que reafirmar una identidad cultural, ha provocado un vaciamiento identitario, sólo sustituido por cuatro elementos simbólicos, tres agravios históricos y altas dosis de sentimentalismo.
En la obra mencionada, En tierra de fariseos, Oriol Malló y Alfons Martí sentenciaban con toda rotundidad:
El catalanismo ha conseguido su mayor éxito: convertir Cataluña en un desierto de almas. No quedan tenderos, republicanos, burgueses ni obreros. Casi tampoco católicos de comunión diaria. Todos somos clase media, champiñones de una nueva especie cultivada en el estercolero de la posguerra. Sólo sabemos que fuimos víctimas de Franco, que somos los buenos, y nos basta. Aunque nada sea verdad.
Tremendas palabras, en la medida que se acercan a la realidad. Cuanto más se alzan las voces reclamando la identidad cultural de Cataluña, más fácil es detectar la vacuidad identitaria y espiritual que reina en la actual sociedad catalana.
[...]
El doctor Francisco Canals, que fuera catedrático de Metafísica en la Universidad de Barcelona, catalán de raigambre y un profundo estudioso del catalanismo, lo caracterizaba de la siguiente forma:
El nacionalismo es al amor patrio lo que es un egoísmo desordenado en lo afectivo, y pretendidamente autojustificado por una falsa filosofía, a aquel recto amor de sí mismo que se presupone incluso en el deseo de felicidad (...) El nacionalismo, amor desordenado y soberbio de la nación, que se apoya con frecuencia en una proyección ficticia de su vida y de su historia, tiende a suplantar la tradición religiosa auténtica, y a sustituirla por una mentalidad que conduce por su propio dinamismo a una idolatría inmanentista.

LA REAL SENYERA, BANDERA NACIONAL DELS VALENCIANS (II)




Per: Antoni Atienza
Exztraigut d'Internet

La bandera de la ciutat de Valencia

En una data tan matinera com 1261, sabem que Valencia tenía una bandera, la funcio de la qual era militar. Esta bandera degue inspirar-se en la del Rei Jaume I: dos barres roges en camp d’or. Que esta era la seua ensenya, es veu en una pintura de la Casa Aguilar de Barcelona —hui en el Museu d’Art de Catalunya— que representa la tenda del Rei Conquistador durant el sege de Mallorca. En 1375, l’Atlas Català dels Cresques —hui en Paris— mostra en Valencia la mateixa bandera: dos barres roges en camp d’or, quan ya Pere II havia oficialisat que la bandera del Rei d’Arago portava no dos, sino quatre barres. Entre 1365 i 1377, la bandera de Valencia adoptava ademes una corona, per privilegi d’est ultim monarca.

Esta bandera, coneguda entre els valencians com la Senyera, era sobre tot un estandart militar, que devia, a l’hora que encapçalar la milicia del Cap i Casal —principal força armada civil que el Rei podia cridar en el Regne de Valencia—, portar tambe a la guerra a atres poblacions de tot el Regne. A lo llarc de la seua historia fon coneguda com a Senyera de la Ciutat, Senyera del Senyor Rei e de la Ciutat, Senyera Real de la Ciutat, Senyera Real, Senyera de Valencia, bandera del Rat Penat… “Traure la Senyera” volia dir, senzillament, anar a la guerra.

Previament, es necessari entendre que el Cap i Casal del Regne de Valencia, la ciutat de Valencia, era la mes poblada, la mes armada, i la que tenía tropes de tota la seua Nacio —el Centenar de la Ploma, per eixemple— entrenades i preparades per a intervindre. El pes de l’eixercit valencià corresponia a la ciutat de Valencia: un eufemisme, puix la ciutat de Valencia abarcava des de Sagunt a Chiva i Cullera, i molts dels seus ciutadans, ad ella somesos, eren la principal noblea del Regne: el comte de Bunyol, el marqués de Dosaigües, el marqués d’Albaida, el duc de Vilafermosa, el vescomte de Chelva… En el segle XVII, a soles la ciutat de Valencia alçava dos terços, dels huit que componien la força sancera del Regne.

El Rei d’Arago tenía les seues tropes, mercenaries, que sí portaven la seua bandera real quatribarrada. Quan necessitava mes forces, llavors convocava, en el cas valencià, a les tropes de la ciutat de Valencia. Precisament, existien dos models de convocatoria guerrera per al Cap i Casal: pels gremis, i per parroquies. Si la convocatoria es fea per gremis, llavors els regiments els formaven els agremiats, comandats pels seus mestres d’ofici; si es fea per parroquies, els regiments els formaven els feligressos, manats pels nobles que residien en el barri. En el primer cas, la noblea no intervenia; en el segon, sí. Pero si es volia de veres traure tota la tropa, llavors es fea una crida per a “seguir a la Senyera”. La decissio de traure la Senyera no depenia dels Jurats, sino del Consell, orgue consultiu d’aquells en els quals tenía pes la noblea, o per orde directa del Rei. La Senyera del Senyor Rei e de la Ciutat suponia d’entrada que tot lo mon —agremiats i no agremiats, inclus els valencians no capitalins residents en el Cap i Casal, i els nobles— devia acudir a “seguir a la Senyera”. Si cridant “per gremis” els nobles podien vore els bous des de la barrera, i no anar a la campanya, l’eixida de la Senyera els arrancava el deure de participar en la guerra. Llavors, devien convocar en els seues senyorius a les seues tropes i milicies, en les despeses i perills personals que suponia. Aço explica que la noblea intentara boicotejar les eixides de la Senyera, sobre tot en el Consell, actitut molt durament criticada, per eixemple, per Marti de Viciana. Ademes, el rei havia d’escriure a les atres viles reals, i ordenar-les que acudiren a juntar-se en l’eixercit de la ciutat de Valencia. La formula era “a seguir la Senyera”, ¿per que? ¿Que representaria la Senyera Real, quan viles com Alzira, Xativa, Vilarreal, Castello, Biar, Alacant, Elig, Oriola, Morella o Burriana havien de seguir-la? Estes poblacions, obviament, tambe tindrien banderes per a indicar al comandant la posicio de les seues tropes en el camp de batalla. Moltes d’estes banderes sumarien l’ambit estrictament local, i tindrien caracter que hui diriem comarcal; i donada la seua funcio estrategica, no podrien ser totes iguals, sino molt diferenciades en colors i decoracions, per a ser identificades facilment, com s’evidencia en les descripcions fetes en el segle XVI per Marti de Viciana, o en la propia bandera de Morella.

La campanya millor descrita a on intervingue la Senyera Real, fon la mantinguda contra Jaume d’Arago, senyor de la Baronia d’Arenos, en 1464, estudiada ya fa anys per Ferran Llorca. A traves de tot un seguici de documents, podem establir que la Senyera debia ser seguida, per orde dels Jurats i del Consell, per la ciutat de Valencia i tot el seu terme, per la ciutat de Morvedre, i per la noblea resident o en casa oberta en el Cap i Casal; i despres per orde del rei, per totes les viles reals: el monarca manà llavors a tot el Regne “seguir la Senyera”.

En definitiva, la Senyera Real de la ciutat de Valencia, les quatre barres coronades, era la bandera de l’host, de l’eixercit feudal que el Regne de Valencia en el seu conjunt devia alçar quan el Rei ho manava, pero que —en principi— no podia eixir del Regne de Valencia. Que eix eixercit devia ser encapçalat per la Senyera, queda demostrat en absoluta seguritat documental en les campanyes contra Jaume d’Arago, i contra els moriscs de la serra d’Espadà, en 1526. I tant Joan I en el primer cas, com Carles I en el segon, exigiren l’eixida de la Senyera, perque aixo suponia movilisar un major numero de tropes i de canons que lo que la milicia de la Ciutat de Valencia estricta podia reunir. En conseqüencia, la Senyera era, en tot el Regne de Valencia, l’unica bandera capaç d’aglutinar a l’hora a les tropes del Cap i Casal, de les viles reals, i de la noblea: de tota la nacio valenciana en el seu conjunt. Encara mes: en una frase dels Jurats de Valencia, es deixa constancia que la Senyera representa a “tot el poble”: no era una bandera dministrativa, sino una bandera que tenía darrere tot un significat fondo, social. 

LA NATURALEZA DEL VALENCIANISMO (y III)



Autor: José Manuel Bou
Extraído de Internet

Uno de los argumentos con los que se ha querido flagelar al valencianismo regionalista ha sido la acusación de ser excesivamente anti catalanista. Así frente a la pretendida “catalanitis” del regionalismo, el nacionalismo valenciano proponía un “valencianismo de construcción” con eslóganes que no fueran contra Cataluña, sino a favor de Valencia. Un enfoque positivo, en lugar de negativo. Esto, en realidad, es una trampa retórica. El nacionalismo se basa en la dialéctica de la eterna reivindicación. Ningún nacionalismo sobrevive a la ausencia de un enemigo, de un agravio que compensar. Es precisamente el patriotismo el que usa la dialéctica constructiva, el que está a favor de sí mismo y no en contra de los demás, porque es el patriotismo la virtud que mueve al sacrificio y a la solidaridad, y es el nacionalismo el vicio que mueve al egoísmo y al complejo de superioridad. Los valencianistas no somos anti catalanes, somos anti catalanistas, no estamos contra Cataluña, sino contra el nacionalismo catalán de extrema izquierda, anti valenciano y anti español, el separatismo imperialista que pretende convertir al Reino de Valencia en Cataluña del Sur. ¿Cómo cualquier valenciano de bien, digno de tal nombre, no va a estar en contra de un proyecto tan lamentable como el de “els països catalans”? Eso no es “catalinitis”, es dignidad. Cuando el nacionalismo valenciano habla de “valencianismo de construcción” en realidad no está planteando una retorica alternativa a la de la reivindicación, solo está planteando un cambio de foco reivindicador, de Cataluña a Madrid, Castilla o, directamente España. Quieren sustituir la legítima lucha contra el catalanismo, fundada en el derecho natural de un pueblo a proteger sus señas de identidad y su prosperidad de los ataques injustificados, por la lucha contra el centralismo borbónico, impuesto desde la batalla de Almansa, es decir, convertirnos en aves carroñeras de la misma especie que los nacionalistas catalanes o vascos y lanzarnos al mercado de las desvergüenzas a pugnar por nuestro trozo de la carroña. ¿Por qué alguien cree que es más “positivo” o “constructivo” reivindicar una competencia autonómica frente al Estado central o una inversión de los presupuestos (que habrá que reivindicar cuando sean justas, como es natural) o copiar la lamentable política lingüística catalana y torturar a los castellanoparlantes, que reivindicar nuestra “dolça llengua valenciana” frente a la imposición catalanista, o nuestra Real Señera Coronada frente a la cuatribarrada? ¿Por qué pelarse por una competencia administrativa, que en nada beneficia a los ciudadanos, es más importante que luchar contra el paro, la corrupción o la inmigración ilegal? Esas son las preguntas a las que no logra responder el nacionalismo.
La pregunta fundamental, sin embargo, que se hace el valencianismo y se debería hacer toda la sociedad valenciana, es la siguiente: ¿Cómo puede la ínfima minoría catalanista, que nunca ha rebasado el 5% necesario para entrar en las Cortes Valencianas o en el Parlamento Español por alguna de las circunscripciones valencianas, imponer por la vía del hecho y, últimamente, la del derecho, su política lingüística y cultural a la inmensa mayoría de valencianos ajenos a los complejos del pancatalanismo? ¿Mediante que combinación de pasividad y traición de la clase política, adoctrinamiento en la educación y los medios de comunicación, y pasotismo de una ciudadanía desmovilizada, se han podido imponer las tesis catalanistas, sostenidas por una minoría antipática a los ojos de casitodos, a los sentimientos mayoritarios de los valencianos?
La clave hay que buscarla en un hecho que suele pasar desapercibido: La lucha antifranquista en Valencia fue financiada desde Cataluña. Contra lo que reflejan las series televisivas de la memoria histórica zapaterista, la lucha antifranquista fue cosa de minorías, no necesariamente democráticas, sino vinculadas al separatismo y al comunismo. El activismo político antifranquista valenciano fue de signo catalanista, al estar financiado desde Cataluña. Esto no tuvo influencia alguna en la sociedad, ajena a todo eso, pero determinó que la clase política izquierdista valenciana, heredera de esa lucha, estuviera contaminada de catalanismo, contra el sentir de la mayoría de sus votantes. Así tenemos una masa social de izquierdas valencianista, pero una clase política, sindical y asociativa totalmente catalanizadas. En parte por ser estómagos agradecidos, en parte porque el enemigo de mi enemigo es mi amigo y en parte por seguir las modas, toda la izquierda valenciana ofende continuamente las señas de identidad valencianas en su orgía de entrega al pancatalanismo. Tanto en la denominación, utilizando el anti-estatutario termino de “país valencia”, como en sus logotipos, utilizando la cuatribarrada en lugar de la señera, todas las formaciones izquierdistas valencianas, partidos y sindicatos, dan la espalda a los símbolos valencianos, con los que se identifican la mayoría de sus afiliados, para acoger los catalanes. Así hacen el PSPV, UGT-PV, CCOO-PV, EUPV, etc. Esto explica que el PP, que por lo menos finge respetar las señas de identidad valencianas (aunque tampoco haga nada por defenderlas), arrase electoralmente, a pesar de los casos de corrupción que lo atenazan.
De este modo, ganar el PSOE las elecciones valencianas y pasar a imponer el catalanismo fue todo uno, creando, de paso, el elemento aglutinador, que dio pie a la formación del movimiento valencianista, como respuesta a las imposiciones catalanistas, no, insisto, frente al centralismo madrileño, sino frente al separatismo catalán, imperialista sobre el Reino de Valencia. De todas formas, si la traición de la izquierda hubiese sido el único problema, hace tiempo que con el desalojo del PSOE del poder en las instituciones valencianas estaría solucionado. Otros dos elementos vinieron a sumarse: la pasividad del PP, convertida en traición cuando Zaplana pactó con Pujol la creación de una Academia Valenciana de la Lengua de mayoría catalanista, para legalizar el catalán que por la vía del hecho había impuesto el PSOE, y la compra-venta de voluntades del valencianismo político, que acabó convirtiendo a Unión Valenciana en un mercado, donde el PP acudía a comprar “valencianistas” cuando alguna operación de imagen así lo aconsejaba. El resultado: las imposiciones catalanistas continúan y el valencianismo destrozado lame sus heridas. Y, en medio de todo eso, como una voz que grita en el desierto, Juan García Sentandreu y Coalición Valenciana siguen restaurando, con su solo ejemplo, la dignidad de un pueblo, que en su ausencia, la tendría perdida. 

LA GUERRA DE SUCESIÓN (XVI)



 Extraído de Internet
ACLARACIONES
Ingleses, holandeses y hugonotes se mantuvieron firmes en el centro. La caballería portuguesa “huyó a toda velocidad”: Una de las causas, no única, pero si fundamental de la derrota de los partidarios del Archiduque, al dejar completamente expuesto su flanco a merced de Berwick. Galway y Das Minas consiguieron con su astucia salvar de la derrota algunos escuadrones de Caballería
LA MUJER DE DAS MINAS Y LA HERIDA DE GALWAY
El general octogenario Das Minas tuvo la desgracia de presenciar la muerte de su mujer que le acompañaba vestida de hombre. Galway sufrió un golpe de sable que le produjo una grave herida encima de los ojos en el momento más crítico de la batalla y por ello tuvo que abandonar la lucha.
BAJAS : SEGÚN BERWICK
“El enemigo tuvo 5000 muertos y cerca de 10000 prisioneros ; perdió 120 pares de banderas y estandartes, toda su artillería y la mayoría de su bagaje... Nuestras pérdidas en total ascendieron a unos 2000 hombres”.
ACLARACIONES
La artillería fue arrasada según reconoció Galway en una carta a Sir George Byng. El profesor Trevelyan sostiene que Berwick está equivocado en el cálculo de las bajas puesto que el total de soldados no excedía de 16000 personas cuando comenzó la batalla y la caballería portuguesa abandonó casi al principio las hostilidades.
EL MONUMENTO A LA BATALLA
En Almansa se levantó un monumento en memoria de la batalla y se creó todo un regimiento con el nombre de la misma ciudad para conmemorar el triunfo borbónico.
BALADA INGLESA DE LA BATALLA
Veinte millas marchamos en aquel día,
sin la menor gota de agua ;
hasta que, pobres de nosotros, estábamos casi agotados
antes de comenzar la sangrienta carnicería
El bravo Galway, nuestro General,
gritó : “Luchad mientras podáis ;
luchad, valerosos ingleses ;
sois uno contra cinco en este día.”
Los holandeses acometieron espada en mano,
tal como era su deseo ; treinta y cinco escuadrones portugueses huyeron y nunca llegaron a disparar.
Del Duque de Berwick se me ha dicho
que cursó órdenes para que
si el ejército fuese destrozado,
dar cuartel a los ingleses
“Sed amables con mis paisanos,
pues tal es mi deseo ;
con los portugueses haced lo que os plazca,
pues pronto se retirarán”
Logan W. H. Pedlar’s Pack, págs 82,83

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS (VI)



JUDÍOS ESPAÑOLES EN LA EDAD MEDIA
LUIS SUÁREZ FERNÁNDEZ
EDICIONES RIALPMADRID 1980
CAPÍTULO X

     Abraham Seneor, el Rabino Mayor, y su yerno Mayr Malamed, se bautizaron siendo apadrinados por los propios reyes, y pasaron a llamarse Fernando Núñez Coronel y Fernando Pérez Coronel, respectivamente. Seneor fue luego miembro del Consejo real, regidor de Segovia y contador mayor del príncipe heredero. Isaac Abravanel y los suyos, según dijimos, conservaron su fe. Fernando e Isabel se mostraron generosos: compensaron las deudas que aún tenia con el Fisco aceptando como pago las obligaciones de sus deudores cristianos; sumaban unas y otras más de un millón de maravedis. Además recibió la autorización especial para sacar hasta mil ducados en oro y joyas por el puerto de Valencia. No tenemos noticia de que hubiera resentimiento en su contra por haber decidido permanecer judio. Tampoco hay muestras de mala voluntad contra los que vendian sus bienes, presionados por especuladores y por municipios que pretendian aprovechar la ocasión para robarles. Los bienes comunales de las aljamas pasaban a formar parte del patrimonio real.
     La liquidación de inmuebles y raices fue causa de grandes sufrimientos para los judíos. Hubo, entre los cristianos, modelos de refinada malevolencia, pero también ejemplos de lealtad y de afecto. El 27 de junio de 1492 el municipio de Vitoria recibió oficialmente el cementerio de los judios, comprometiéndose a conservar para siempre, como dehesa y pastos, aquella tierra que conservaba cenizas de varias generaciones. Este es el Judizmendi. La promesa ha sido cumplida hasta hace muy pocos años, en que la comunidad de Bayona ha relevado a Vitoria de su obligación en agradecimiento por los 40.000 judíos que España salvó del holocausto nazi. Por lo demás, la brusquedad del decreto sorprendió a muchos en la doble condición de acreedores y deudores. Muchas fortunas quedaron comprometidas en manos de intermediarios, otras se disiparon. El Consejo real intervino, tratando de jugar papel de árbitro y forzando el pago de las deudas antes de que se hubieran cumplido los plazos, pero era muy poco ya lo que podía lograr. Los banqueros genoveses recogieron la mayor parte del dinero judío transformándolo en letras de cambio.

La salida
     No sabemos cuántos judíos salieron de España en esta emigración que, en la conciencia histórica del pueblo de Israel, tuvo cierto paralelismo con el éxodo de Egipto. Baer ha aceptado la noticia dada por el cronista Andrés Bernáldez que, a su vez, se refiere a apreciaciones dadas por Abraham Seneor y su yerno Mayr: según esto habria 30.000 casas en Castilla y 6.000 en Aragón. Esto daria, como población total, 160.000 personas. Podemos tomar dicha cifra como un máximo posible 7; cuanto exceda de ella debe reputarse como fantástico. Personalmente me inclino a creer, con Ladero, que incluso aquélla debe rebajarse para situarla, en el conjunto del reino, alrededor de los 100.000. De éstos salieron la inmensa mayoria.
     La salida tomó el aire de un gran movimiento religioso, como si los desterrados se sintiesen movidos por la esperanza de que muy pronto hallarían la extraordinaria ayuda de Dios. «Salieron de las tierras de sus nacimientos -dice Bernáldez- chicos y grandes, viejos y niños, a pie y caballeros en asnos y otras bestias y en carretas, y continuaron sus viajes cada uno a los puertos que habian de ir, e iban por los caminos y campos por donde iban con muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros levantando, otros muriendo, otros naciendo, otros enfermando, que no había cristiano que no hubiese dolor de ellos y siempre por do iban los convidaban al bautismo, y algunos con la cuita se convertían y quedaban, pero muy pocos, y los rabinos los iban esforzando y hacían cantar a las mujeres y mancebos y tañer panderos y adufos para alegrar la gente, y asi salieron de Castilla». Oficiales reales acompañaron a algunos de los grupos de emigrantes para defenderlos de los abusos.
     La mayor parte de los judíos castellanos pasaron a Portugal, en donde pagaron ocho cruzados por cabeza a cambio de un permiso de residencia de sólo ocho meses. Una flota de veinticinco buques, mandada por Pedro Cabrón, salió de Cádiz con destino a Orán, pero los viajeros no se atrevieron a desembarcar aquí, temiendo ser objeto de violencias, y pasaron a Arcila, haciendo escalas en Cartagena y Málaga por vientos desfavorables. En dichos puertos algunos se convirtieron. Sólo 700 casas, seleccionadas por la habilidad artesanal de sus componentes, recibieron autorización para fijar su domicilio en Portugal. La gran masa de emigrantes se unió a los que estaban en Arcila para entrar en Marruecos. Los cronistas españoles se complacen en describir las violencias y malos tratos de que estos judíos fueron víctimas. Otros grupos embarcaron en Laredo hacia Flandes, o en Tortosa y Cartagena hacia Italia. Fueron los mejor tratados, porque eran pocos y porque algunos conversos influyentes, como Luis de Santángel y Francisco Pinelo, cuidaron de ellos.
     La lista de abusos sería interminable. Bastan algunas muestras, tomadas al azar. El corregidor de León, don Juan de Portugal, cobró 30.000 maravedís a los judíos por su protección y después se apoderó de todos los recibos de sus deudores. Dos hermanos, Pedro y Fernando López de Illescas, cobraron 6.000 doblas por un viaje a Tremecén que jamás se realizó. Muchos capitanes de barcos vendieron como esclavos en Africa a los pasajeros que transportaban. El 5 de octubre de 1492 Fernando envió a Florencia uno de sus consejeros para que, con discreción, averiguara los robos y violencias de que los judíos habían sido víctimas. A los que regresaban, para recibir el bautismo, les era otorgada la devolución total de bienes por los precios que hubiesen recibido. 

LA ARAGONESIDAD DE LA LITERA




Autor: Héctor Castro Ariño
Filólogo y periodista 31 de enero de 2010
31 de enero de 2010

            Pocos territorios de este nuestro viejo Reino pueden presumir de tanta aragonesidad como nuestra querida comarca de La Litera. En una época en la que todo se cuestiona sin el menor rigor se hace más necesario que nunca recurrir a la Historia para conocer la realidad. Para este cometido me he sumergido en la bibliografía de Antonio Ubieto, uno de los mejores historiadores aragoneses.

            Nuestros 733,9 km2 han sido testigos de numerosos pasajes de la historia de Aragón. Ya durante los siglos XI y XII encontramos documentación respecto a nuestra identidad aragonesa:

            “A lo largo de ambos siglos (XII y XII) aparecen constantemente documentadas como ‘tenencias’ aragonesas las de Benabarre, Benasque, Calasanz, (…), Ribagorza, San Esteban de Litera, (…), Tamarite de Litera, (…)”.[1]

            Las poblaciones de La Litera siempre se rigieron por los Fueros de Zaragoza o de Huesca. Tamarite, por ejemplo, se rigió por el Fuero de Zaragoza.

            El 6 de febrero de 1228, en las Cortes aragonesas celebradas en Daroca, Lérida juró fidelidad a Alfonso –hijo de Jaime I-, heredero de Aragón que nunca llegó a reinar puesto que murió antes que su padre. Posteriormente la ciudad de Lérida, por donde corría la moneda jaquesa, se negó en un principio a jurar fidelidad a Pedro, heredero de Cataluña.

            En 1243 Jaime I estableció la frontera entre Aragón y Cataluña integrando las tierras que van desde el Segre hasta el Cinca en territorio aragonés, incluyendo la ciudad de Lérida –que en aquellos momentos no formaba parte ni del reino de Aragón ni de los condados barceloneses, ya que gozaba de un estatus de ciudad libre-.
            Meses más tarde, ya en el año 1244, Jaime I estableció una nueva frontera integrando Lérida, La Litera y Ribagorza en Cataluña.

            En el año 1300 en Cortes celebradas en Zaragoza Jaime II, apodado el Justo, fijó una nueva frontera estableciendo los límites entre Aragón y Cataluña en la clamor de Almacellas –tal y como hoy siguen-.
            La Litera y Ribagorza volvieron al lado aragonés mientras que Lérida se quedaría definitivamente en el lado catalán. Ferran Soldevila apunta la posibilidad de que los habitantes de Lérida sufrieran una presión por parte de los condados de Barcelona para sentirse catalanes hasta el punto de redactarse una canción de gesta propagandística que: “degué ésser un dels elements de la propaganda pro lleida catalana que es degué desplegar per Catalunya”.[2][3]

            Finalmente, el 30 de noviembre de 1833, con el decreto de creación de las provincias, volverá a haber una división en Ribagorza pasando una parte de esta a Cataluña. La comarca que hoy se denomina Alta Ribagorça y que tiene su capital en el Pont de Suert se desmembró de Ribagorza incluyéndola en la provincia de Lérida.





[1] Ubieto Arteta, Antonio, “Los límites de Aragón” en Historia de Aragón; p. 316.
[2] Ubieto Arteta, Antonio, “La formación territorial” en Historia de Aragón, p.331.
[3] Soldevila, Ferran, Les prosificacions en els primers capítols de la crònica de Desclot en el “Boletín de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona”, nº 27, p. 86.