lunes, 29 de febrero de 2016

LA REAL SEÑERA EN LA “GUERRA DELS SEGADORS”


Ricardo García Moya                                    Las Provincias 9 de octubre de 1992
Pocos valencianos recuerdan, al acompañar a la Real Señera el 9 de octubre, su protagonismo en la “Guerra dels Segadors” en una acción de­fensiva, después de soportar múltiples agresiones a la zona septentrional del Rei­no. Precisamente en el extremo sur, en Orihuela, se conserva un deteriorado opúsculo de Bartolomé Villalba –valen­ciano del siglo XVII-, que describía la dramática situación:
“¡Cómo se hallaba afligido este florido Reyno (de Valencia), tan dentro de sus caminos el enemigo, tan dueños de sus llaves, señor de la campaña sus campos talados, los vecinos fugitivos, los morado­res inquietos y asustados, mal seguras las villas y vendidas las aldeas ¡Qué molesta­do se hallaba!” (Villalva, B.: Restauración de Tortosa. Valencia, 1651).
De estos años se conservan peticiones de ayuda de las viudas de valencianos muertos en la frontera catalana; así “Joanna Mas, viuda de Gregorio Rodríguez, que murió a manos de los micaletes en Tortosa” (A. Cor. Aragón. Leg. 889); o, tam­bién. la de “Francisca, viuda de un Maes­tre de Campo, (que) pide se le pague de lo que procediere de haciendas de catalanes en el Reyno de Valencia” (A. C. A., Leg. 894).
Curiosamente, apenas murieron catala­nes, pues tuvieron la astucia de entregar Cataluña a la poderosa Francia en 1640, por lo que su paupérrimo ejército se bene­fició del “paraguas” militar francés. En un principio, los valencianos rechazaron invo­lucrarse en la guerra, pero la sistemática violación del territorio provocó la contun­dente respuesta. Era necesario tomar Tor­tosa. ciudad considerada puerta del Reino, y refugio de los que asolaban el Maestraz­go. El solemne y enrevesado texto de Vi­llalva nos recuerda los preparativos:
“Apréstate, pues, la restauración de la Plaza (de Tortosa); hace levas, alista soldados, tiende sus banderas, suenan las caxas (especie de tambor de guerra), pífanos responden. Hasta el reservado antiguo Centenar (de la Ploma) sacan y siguen el antiquísimo misterioso Rat Penat; y todos, y otros muchos, al Padre de la Patria su Jurado en Cabeza, heroyco Coronel de es­cuadras (que) asiste en la campaña con casi quatro mil infantes”.
Líneas después, Villalva hace gala del barroquismo metafórico en esta frase: “El fausto Rat Penat, o Real Lábaro si Timbre de este Reyno, tendió sus alas sobre la frente de las Flor de Lises”. Es decir, Real Lábaro, equivalía a Real Estandarte, aun­que Villalva usó de la hipérbole, pues, en sentido estricto era el estandarte de los emperadores romanos (María Moliner). La Real Señera, popularmente llamada “Ban­dera del Rat Penal”, siempre protegida por el Centenar y singularizada en la expedición, venció al ejército de “las Flor (sic) de Lises”.
Por tanto, los Tercios de Castellón, Orihuela, Segorbe, Alicante, Liria, Peñíscola, Morella y Valencia –con el Rat Penat “Timbre de este Reyno”- se desplazaron hasta el Ebro, donde las tropas de Felipe IV eran incapaces de someter al ejército franco-catalá. Lo sucedido en el cerco de Tortosa lo cuenta el dominico Pedro Esteban –el personaje más belicoso de la ex­pedición-, que lanzaba fuertes arengas en valenciano sobre la dudosa fe de los sitia­dos: “Germans dins de Tortosa tots los soldats que hi ya no son Cathotichs; que hi ya motis heretjes” (B. Nac. Madrid. Ms. 2381, f. 249).
La narración de Esteban podría corres­ponder a una confrontación actual: “sába­do. antes del amanecer, prosiguieron su marcha cubiertos de una niebla que les guardó del daño que podían recebir (sic) de la artillería de la plaça”. El Tercio de Orihuela y Alicante actuó como infantería de marina: “reforzó sus galeras para co­rrer la costa con gente que escogió del Tercio de Orihuela y Alicante, lo que hizo sin hallar navios (enemigos); volvióse con ellas a los Alfaques y la gente al exército”. Ya en tierra, oriolanos y alicantinos se rein­tegraron a labores de cerco: “Los Tercios del Reyno de Valencia hicieron su trinche­ra con sus fortines y puntas de diamante, desde el río (Ebro) at barranco que dicen del Diablo, que es por donde había el ene­migo de venir a romper para socorrer la Plaza”
Por otro lado, es poco sabido la abismal diferencia que presentaban los soldados valencianos –perfectamente equipados por gremios, municipios, cabildos y noble­za- y el lamentable espectáculo que ofre­cían algunos tercios castellanos que, en ocasiones, parecían mendigos: “el tercio está desnudo, en carnes y apartados en un cuartel de Vique por la vergüenza que daba dexarlos ver”. El sueldo del arcabu­cero imperial —cuando cobraba— no daba para mucho; “con 25 reales, no pueden mantenerse sino hambrientos y desnudos la mayor parte del año” (A. C. de Aragón. L. 72, 1686). No es extraño, por tanto, que las bien equipadas huestes valencianas consiguieran lo que no podían los famosos tercios imperiales. Así lo exponía Villalva:
“¿Qué será, que habiéndose perdido Tortosa más de dos años ha; hasta este año no se ganó Tortosa? Cuidado le da a la curiosidad este reparo. Y este año que se redujo la Plaza, no se ganó, no se rindió Tortosa hasta que las armas de Valencia salieron de sus límites a la empresa; y el fausto Rat Penat. o Real Lábaro si Timbre de este Reyno, tendió sus alas sobre la frente de las Flor de Lises. Un mes justo pasó de el salir de Valencia el Padre de la Patria, vestido de biçarros esfuerços, como de la nobleza acompañado, hasta entrar en Tortosa (...) este es tu Reyno, la Corona de Valencia, a cuyas armas rindieron el orgu­llo los enemigos.”
Aunque “los valencianos desean entrar en Barcelona” (Villalva, p. 21), la aventura terminó antes de Navidad. Los sitiados de Tortosa, desmoralizados por la captura de 500 infantes enviados para socorrerles, ca­pitulaban el 5 de diciembre de 1650 a las 8 de la mañana. La noche anterior, magnáni­mamente, se permitía salir a trescientos heridos que se encontraban en el interior de la plaza. Lamentablemente, y ya en nuestros días, ocurre un hecho vergonzo­so, pues ciertas autoridades que debieran dar ejemplo acompañando al “Real Lábaro del Rat Penat”, organizan actos paralelos a la procesión cívica con la finalidad de ais­lar y humillar a nuestra máxima enseña.


LA REAL SEÑERA DE LA BATALLA DE MORVEDRE


Por Ricardo García Moya                                             Las Provincias 9 de octubre de 1993
En 1806, el escritor y viajero Joaquín Lorenzo Villanueva encontraba "dans les archives de la Chartreuse du Val de Cristo, près de Segorbe" un valioso pergamino que, al poco tiempo, era vendido a la Biblioteca Nacional de París (Sig. R.G.AA., 566). Del documento y su descripción se ocupó Michel Mollat en "Les Portulans", publicado en Fribourg el año 1984. En el pergamino, aparece nítida la imagen de la Real Señera con las barras coronadas sobre el terri­torio del Reino de Valencia y contiene, además del nombre del autor, la fecha de ejecución: año 1413. Es decir, nos ilustra sobre la Bandera Real que presi­dió la decisiva batalla de Morvedre en 1412 -no muy lejos de Segorbe- y con la que el adelantado mayor de Castilla trató de proclamar rey de Valencia a Fernando de Antequera; detalle que no se ha tenido en cuenta hasta la fecha.
Sucedió el sábado 27 de febrero de 1412, poco después del mediodía, cuando los dos ejércitos va­lencianos se enfrentaron en las cercanías de Morve­dre. La Corona de Aragón no tenía rey y nuestros antepasados estaban divididos entre los partidarios del catalán conde de Urgel y los del infante Fernan­do de Castilla. Lacónicamente, el capellán del Mag­nánimo recordaba que: "Fue vencido el ejército de Valencia por Bernat de Centelles y caballería de Castilla, de Valencia y gente de Morvedre. Murióel virrey de Valencia y fue herido gravemente el justicia criminal, apoderándose de la Bandera de Valencia que fue llevada al de Antequera.
Vencieron los Centelles que seguían a Femando de Antequera, pero no hubo humillación para la Señera, ya que los vencedores también eran valen­cianos y reconocían la realeza del símbolo. Antes del choque, el virrey había solicitado al Consell un ejér­cito y el estandarte real con el Centenar de la Ploma, -según la norma empleada en el siglo XV; pues siem­pre que ejecutaba alguna misión propia de su cargo y que requería manifestarse con autoridad, se hacía acompañar por la Bandera Real de Valencia.
Y habría que aclarar que fue el virrey, que era catalán, quien ordenó marchar contra Nules y Sagunto -donde estaban las tropas castellanas- y no fue iniciativa de la ciudad de Valencia, como aviesa­mente sugiere Fuster. El historiador Diago se percató de la turbia maniobra:
"Insta el virrey Bollera que salga la Bandera y hueste de Valencia contra Nules (...) y como Bellera era catalán deseaba que el Conde de Urgel sucedie­se en la casa real" (Diago, F.: "Apuntamientos", p. 234).
Jerónimo Zurita, cronista aragonés, defendía la legalidad del ejército que llevaba la Señera de Valen­cia por dos motivos: por seguir al virrey, máxima autoridad (el monarca había fallecido), y por defen­der al parlamento valenciano, que en aquellos días estaba en Vinaroz: "El parlamento de Vinalaroz (sic); que siendo legítimamente congregado, representaba todo aquel Reyno de Valencia".
El ejercito iba presidido por la Bandera de Valen­cia, sustantivo que valía tanto para la ciudad como para el Reino; "movió el Gobernador con la Bande­ra de Valencia, y con todas sus compañías de caba­llo y de pie; el sábado a la tarde, sus batallas ordenadas". Entre los caballeros que reconocieron la realeza de la Señera habían castellanos y catala­nes, como Guillen de Vich "que andaba con el Adelantado de Castilla "No la consideraron trofeo de batalla, sino Bandera Real apta para la procla­mación del rey de Valencia:
"Tomó Ruy Diaz la Bandera de Valencia, la cual envió el Adelantado de Castilla al Infante. Le envió a suplicar que cuando Dios quisiese, que tomase título de Rey, lo que fiaba en Dios que sería, que le plu­guiese de tomarle con aquella Bandera Real" (Zuri­ta, Jerónimo de: "Anales de la Corona de Aragón". Zaragoza. 1579, p. 54).
Por tanto, no la humillaron como da a entender Fuster, sino todo lo contrario. Fue ofrecida al futuro rey de Valencia para que se proclamara soberano "con aquella Bandera Real". Por cierto, también te­nemos la imagen de la Real Señera anterior a la batalla de Morvedre en un pergamino procedente de la antigua Bibliothèque Royale de París, instalada en 1368 en una torre del Louvre. El valioso documento, del año 1410, muestra la Real Señera coronada so­bre fondo azul sobre el territorio valenciano (B. N. París. Res. Ge. B. 8268).
Habría que añadir, por último, que el 9 de octubre no era una jornada cualquiera en el resto de España. En el "Kalendario de las fiestas" de las órdenes de caballería peninsulares -entre las que figuraba la valenciana Orden de Montesa- aparecen la Ascen­sión, el Corpus Christi y "el 9 de octubre. San Dioni­sio". ("Definiciones de la Orden y Caballería". Capí­tulo general celebrado en Madrid, 1658. p. 546.)


LA REAL SENYERA, BANDERA NACIONAL DELS VALENCIANS


Per: Antoni Atienza

No anem a reobrir una polemica, pero es evident que, a punt de complir vint anys d’Autonomia, la societat valenciana continúa dividida pel tema de la seua bandera nacional. Per a un sector significatiu, la seua Senyera valenciana “no porta el blau”, i en conseqüencia apliquen l’ingeni per a institucionalisar-la: aço es evident en algunes localitats, associacions civiques i grups politics i sindicals.

Realment, esta situacio d’enfrontament o disgust per una ensenya, no es anomala. Per aço, es preten, a través de les pagines d’este nou llibre, llevar dramatisme i intentar explicar qué era una bandera del Rei, qué era una bandera de ciutat-capital d’estat, per qué les dos podien ser perfectament banderes reals, i cóm es podien convertir en banderes nacionals.

Les banderes i els seus problemes

En un principi, el llibre vol explicar que els valencians no som un poble immadur —o alguna atra cosa pijor— per tindre una discusio vexilologica. Molts atres colectius la tenen o l’han tinguda, inclus en pressions internacionals, com fon el cas recent de Macedonia. Tambe es vol abordar el problema, complex, de l’heraldica de la Corona d’Arago, complicada per qüestions politiques, que porten a controversies —si l’escut dels quatre pals rojos en camp d’or te orige catala o aragones—, realment irresolubles i, per tant, esterils. S’analisa el concepte d’estat en el mon migeval, i cóm éste anava lligat a les ciutats, que estructuren o vertebren els regnes al seu voltant —¿es pot entendre la França migeval, sense Paris?—.

Entrant en materia, podem dir que la bandera que hui coneguem per quatribarrada s’estabilisa heraldicament a mijans del segle XIV per obra de Pere II El Cerimonios —anteriorment, el numero de barres no era fix—, i era fonamentalment una bandera personal del Rei d’Arago, Valencia, Mallorques, Sicilia, Napols, Corsega, Sardenya, Comte de Barcelona… Este personage tenía un control absolut sobre eixa bandera, l’us de la qual reglamentà la seua Cancilleria. Pero no fon mai una bandera nacional de la Corona d’Arago. Es cert que els Reis d’Arago, sobre tot Joan I i Marti I, concediren el seu us a gremis, societats, i inclus algunes viles, pero sobre tot era un simbol del monarca i del seu poder personal, el qual marcava el seu us i es reservava la seua propietat heraldica. El rei manava hissar-la en alguns castells i viles, no perque la concedira, sino perque volia subrallar el seu domini feudal sobre eixos punts, en ocasions de disputes o confiscacions.

Les viles i ciutats que aportaven tropes als eixercits dels seus senyors feudals o del Rei, tambe es proveïren de banderes, per a senyalar-se en el camp de batalla. Estos estandarts eren duts per les milicies, i la seua confeccio fon d’iniciativa local. Normalment eren de colors brillants, i portaven al mig l’heraldica del seu senyor, del municipi o del Regne de Valencia, el cairo o rombo coronat, acompanyat de simbologia relativa a la toponimia, al santoral o a la mitologia. D’este model de banderes conservem alguns eixemplars antics, com les de Morella, Sueca o Alzira. Estes banderes eren efimeres, i quan acabaven les campanyes no es guardaven en atencio. Extraordinariament, algunes viles tingueren bandera propia per concessio real: no hi ha que confudir esta bandera concedida, honorifica, en les atres. Si la simbologia de les primeres canviava en les modes d’ornamentacio, les concedides devien conservar el seu aspecte, testimoni de l’agraïment d’un Rei. Com els blasons heraldics, que no es poden alterar caprichosament, estes banderes responien sempre a un mateix esquema grafic. En la Corona d’Arago esta concessio de bandera era un privilegi, una distincio, com fon clarissimament el cas de Burriana. Unes atres eren les banderes cerimonials, representatives del municipi i del seu poder, com l’Oriol d’Oriola. Pero el cas de la Senyera de la ciutat de Valencia, fon diferent.

A partir del segle XIV, l’heraldica comença a perpetuar-se, a conservar una generacio darrere d’una atra uns mateixos simbols lligats a persones, llinages, dignitats i ciutats. Algunes ciutats importants, normalment ciutats-estat, autonomes en el seu govern, com les italianes, o be capitals de Regne o estat, se singularisen en una heraldica propia, basada en la del monarca, pero no identica ad ella, i plasmada tambe en una bandera. Estes banderes es faran oficials, i per tant inalterables en el seu contingut heraldic, front a les atres banderes, locals, gremials o religioses. Com eren utilisades en naus i cerimonies, no podran canviar caprichosament: deuran conservar el seu aspecte, per a ser reconegudes internacionalment. Algunes d’estes banderes tindran un referent fisic, una bandera original, feta en teixits rics, que crearà un ritual al seu voltant. Seran refetes i reparades, una i atra vegada i acabaran convertint-se en simbols per un costat de l’estat o nacio, i per un atre, del poble.

La bandera de la ciutat de Valencia

En una data tan matinera com 1261, sabem que Valencia tenía una bandera, la funcio de la qual era militar. Esta bandera degue inspirar-se en la del Rei Jaume I: dos barres roges en camp d’or. Que esta era la seua ensenya, es veu en una pintura de la Casa Aguilar de Barcelona —hui en el Museu d’Art de Catalunya— que representa la tenda del Rei Conquistador durant el sege de Mallorca. En 1375, l’Atlas Català dels Cresques —hui en Paris— mostra en Valencia la mateixa bandera: dos barres roges en camp d’or, quan ya Pere II havia oficialisat que la bandera del Rei d’Arago portava no dos, sino quatre barres. Entre 1365 i 1377, la bandera de Valencia adoptava ademes una corona, per privilegi d’est ultim monarca.

Esta bandera, coneguda entre els valencians com la Senyera, era sobre tot un estandart militar, que devia, a l’hora que encapçalar la milicia del Cap i Casal —principal força armada civil que el Rei podia cridar en el Regne de Valencia—, portar tambe a la guerra a atres poblacions de tot el Regne. A lo llarc de la seua historia fon coneguda com a Senyera de la Ciutat, Senyera del Senyor Rei e de la Ciutat, Senyera Real de la Ciutat, Senyera Real, Senyera de Valencia, bandera del Rat Penat… “Traure la Senyera” volia dir, senzillament, anar a la guerra.

Previament, es necessari entendre que el Cap i Casal del Regne de Valencia, la ciutat de Valencia, era la mes poblada, la mes armada, i la que tenía tropes de tota la seua Nacio —el Centenar de la Ploma, per eixemple— entrenades i preparades per a intervindre. El pes de l’eixercit valencià corresponia a la ciutat de Valencia: un eufemisme, puix la ciutat de Valencia abarcava des de Sagunt a Chiva i Cullera, i molts dels seus ciutadans, ad ella somesos, eren la principal noblea del Regne: el comte de Bunyol, el marqués de Dosaigües, el marqués d’Albaida, el duc de Vilafermosa, el vescomte de Chelva… En el segle XVII, a soles la ciutat de Valencia alçava dos terços, dels huit que componien la força sancera del Regne.

El Rei d’Arago tenía les seues tropes, mercenaries, que sí portaven la seua bandera real quatribarrada. Quan necessitava mes forces, llavors convocava, en el cas valencià, a les tropes de la ciutat de Valencia. Precisament, existien dos models de convocatoria guerrera per al Cap i Casal: pels gremis, i per parroquies. Si la convocatoria es fea per gremis, llavors els regiments els formaven els agremiats, comandats pels seus mestres d’ofici; si es fea per parroquies, els regiments els formaven els feligressos, manats pels nobles que residien en el barri. En el primer cas, la noblea no intervenia; en el segon, sí. Pero si es volia de veres traure tota la tropa, llavors es fea una crida per a “seguir a la Senyera”. La decissio de traure la Senyera no depenia dels Jurats, sino del Consell, orgue consultiu d’aquells en els quals tenía pes la noblea, o per orde directa del Rei. La Senyera del Senyor Rei e de la Ciutat suponia d’entrada que tot lo mon —agremiats i no agremiats, inclus els valencians no capitalins residents en el Cap i Casal, i els nobles— devia acudir a “seguir a la Senyera”. Si cridant “per gremis” els nobles podien vore els bous des de la barrera, i no anar a la campanya, l’eixida de la Senyera els arrancava el deure de participar en la guerra. Llavors, devien convocar en els seues senyorius a les seues tropes i milicies, en les despeses i perills personals que suponia. Aço explica que la noblea intentara boicotejar les eixides de la Senyera, sobre tot en el Consell, actitut molt durament criticada, per eixemple, per Marti de Viciana. Ademes, el rei havia d’escriure a les atres viles reals, i ordenar-les que acudiren a juntar-se en l’eixercit de la ciutat de Valencia. La formula era “a seguir la Senyera”, ¿per que? ¿Que representaria la Senyera Real, quan viles com Alzira, Xativa, Vilarreal, Castello, Biar, Alacant, Elig, Oriola, Morella o Burriana havien de seguir-la? Estes poblacions, obviament, tambe tindrien banderes per a indicar al comandant la posicio de les seues tropes en el camp de batalla. Moltes d’estes banderes sumarien l’ambit estrictament local, i tindrien caracter que hui diriem comarcal; i donada la seua funcio estrategica, no podrien ser totes iguals, sino molt diferenciades en colors i decoracions, per a ser identificades facilment, com s’evidencia en les descripcions fetes en el segle XVI per Marti de Viciana, o en la propia bandera de Morella.

La campanya millor descrita a on intervingue la Senyera Real, fon la mantinguda contra Jaume d’Arago, senyor de la Baronia d’Arenos, en 1464, estudiada ya fa anys per Ferran Llorca. A traves de tot un seguici de documents, podem establir que la Senyera debia ser seguida, per orde dels Jurats i del Consell, per la ciutat de Valencia i tot el seu terme, per la ciutat de Morvedre, i per la noblea resident o en casa oberta en el Cap i Casal; i despres per orde del rei, per totes les viles reals: el monarca manà llavors a tot el Regne “seguir la Senyera”.

En definitiva, la Senyera Real de la ciutat de Valencia, les quatre barres coronades, era la bandera de l’host, de l’eixercit feudal que el Regne de Valencia en el seu conjunt devia alçar quan el Rei ho manava, pero que —en principi— no podia eixir del Regne de Valencia. Que eix eixercit devia ser encapçalat per la Senyera, queda demostrat en absoluta seguritat documental en les campanyes contra Jaume d’Arago, i contra els moriscs de la serra d’Espadà, en 1526. I tant Joan I en el primer cas, com Carles I en el segon, exigiren l’eixida de la Senyera, perque aixo suponia movilisar un major numero de tropes i de canons que lo que la milicia de la Ciutat de Valencia estricta podia reunir. En conseqüencia, la Senyera era, en tot el Regne de Valencia, l’unica bandera capaç d’aglutinar a l’hora a les tropes del Cap i Casal, de les viles reals, i de la noblea: de tota la nacio valenciana en el seu conjunt. Encara mes: en una frase dels Jurats de Valencia, es deixa constancia que la Senyera representa a “tot el poble”: no era una bandera dministrativa, sino una bandera que tenía darrere tot un significat fondo, social.

La Senyera i el Centenar de la Ploma

Tradicionalment, el Centenar de la Ploma s’ha vist com un cos de ballesters creat per a la defensa de la Senyera. En realitat, el Centenar naixque com una milicia urbana preparada per a intervindre en defensa de la ciutat de Valencia, dels Furs, i del Rei. Posteriorment, es creà un cos de cent ginets que, estos sí, tenien l’obligacio d’escoltar a la Senyera en les seues eixides beliques. Pero esta força de cavalleria es va extinguir pronte, traspassant llavors la seua honorosa missio a la milicia de Ballesters, que a principis del segle XV ya eren custodis de la bandera.

Junt a la Senyera, les tropes valencianes tingueren unes atres banderes, algunes de caracter local, i atres gremials. Les primeres eren teles a on es pintaven l’escut del senyor feudal o del Regne, el cairo o romb coronat; les segones, portaven els distintius del gremi en qüestio, sent especialment apreciada la bandera del Gremi de Blanquers, que portava representada la Custodia furtada pels pirates musulmans en Torreblanca. Tambe es feren reinterpretacions de la Senyera, per eixemple substitïnt la corona per un rat penat, que mostren que la nostra bandera estigue ben viva.

Despres de la batalla d’Almansa, abolida la força militar foral, la Senyera tenía que haver passat a l’oblit. Pero llavors fon recuperada pel poble com a bandera festiva i religiosa: un fet significatiu, que ha de fer reflexionar. En mig de la repressio felipista, els valencians no consentiren que la Senyera desapareguera. De ser la bandera de guerra, passà a ser emblema social, presidint provessons, davant el rebuig o l’indiferencia, quan no de la por, de les autoritats borboniques. Aço es va plasmar en el V Centenari de la Conquista, celebrat en 1738, quan la Senyera fon escoltada per un reconstruït i efimer Centenar de la Ploma, entre l’entusiasme de la poblacio. Tambe l’alçament contra Napoleo, el 23 de maig de 1808, estigue presidit per la Senyera, la qual fon rapidament amagada per les autoritats.

La Senyera i la Renaixença

Quan començà la revolucio burguesa en Espanya despres de la mort de Ferrando VII en 1833, els lliberals en el poder descobriren el Peno de la Conquista. Conscients de la necessitat de provocar una ruptura en el passat, tragueren de la foscor el Peno i el feren protagoniste del VI Centenari de la Conquesta, en 1838, mentres el protocol de la Senyera no fon respectat, baixant-la per les escales. Des d’eixe moment, el Peno i la Senyera conformaren una dualitat extranya. Per ad alguns lliberals, el Peno representava les lleis sabies de Jaume I, una epoca dorada de democracia, de llibertat, abolida per la monarquia autoritaria i absolutista posteriors. Per ad alguns d’ells, ferms defensors de l’idea d’Estat-Nacio Espanyola front a l’idea federal i la reivindicacio dels Furs, l’importancia simbolica del Peno era, per tant, superior a la de la Senyera, bandera foral per excelencia. L’idea de l’encarnacio del Peno de la Conquista com la d’una era perduda que calia retrobar, encara perdura en bona part de la societat valenciana actual; pero l’arrel d’esta idea pertany al primer Romanticisme, al lliberal, que era tambe centraliste i antiforaliste. La contradiccio entre l’adoracio per Jaume I i el Peno, i el rebuig als Furs, a la Senyera i a l’idea d’un Regne de Valencia independent, provocà l’esgotament d’esta ideologia romantica lliberal. Els següents romantics, encapçalats per Vicent Boix, es decantaren cap a un protonacionalisme a través de la Senyera, pero emparellada en el Peno de la Conquista.

Durant el segle XIX la Senyera es va convertir en un simbol popular a traves de les provessons del Corpus i de les festivitats religioses, i va seguir lligada a l’idea d’un Regne de Valencia que fon un estat indepent en el si de la Corona d’Arago primer, i d’Espanya despres: per tant, no es estrany que la Senyera coronada fora la bandera de la Renaixença valenciana. Vicent Boix, Constanti Llombart, Teodor Llorente, Jacint Labaila, li dedicaren pagines i poemes en les seues obres, algunes de fondo caracter reivindicatiu i protonacionaliste.

Llogicament, l’evolucio d’esta corrent cap a un nacionalisme valencià posà a la Senyera al seu front. Estigue present en actes, mitins i aplecs nacionalistes fins a 1939, presidint-los. Joventut Valencianista i Lo Rat Penat es feren copies de la Senyera original, per a les seues manifestacions. La Senyera anà unida a la lluita per conseguir l’autonomia, i a les reivindicacions de la cooficialitat del valencià en el castellà, o de l’abolicio de les divisions provincials… I si be es cert que alguns intelectuals, molt pocs, abogaren per utilisar la quatribarrada a partir de 1931, no amagaren que lo que els menejava en la seua reivindicacio no era una rao historica, sino senzillament la reivindicacio de la catalanitat per al nostre poble: com se sentien catalans, la seua bandera era la catalana. Pero els principals escritors del segle XX valencià abogaren per la Senyera, en franja blava, com a bandera nacional dels valencians: Ignaci Villalonga, Nicolau Primitiu, Josep María Bayarri, Francesc Almela i Vives, Xavier Casp, Miquel Adlert, Miquel Durán i Tortajada… Per contra, el Peno de la Conquista encapçalà els dos principals actes promoguts des de les instancies oficials del poder, per a frenar el nacionalisme valencià: l’Aplec per la restauracio del Monasteri del Puig de 1915, en el qual l’Ajuntament —conservador— de Valencia rebentà un acte reivindicatiu convertint-lo en un atre merament peticionari; i el 9 d’Octubre de 1939, quan les autoritats franquistes es negaren a traure la Senyera, i passejaren el Peno en la provesso civica del VII Centenari de la Conquista.

El treball que ara es publíca es tanca en el començament de la Guerra Civil, quan les ilusions autonomistes dels valencians s’esvaïren pel colp d’estat dels generals Mola, Cabanellas, Queipo de Llano, Sanjurjo i Franco. La Senyera es va convertir en la bandera de guerra de les milicies valencianes que partiren sobre tot als fronts de Terol i de Madrit, sens oblidar la presa d’Ibiça. La derrota, la repressio i la dictadura posterior esborraren el caracter nacionaliste de la Senyera. Perseguida pels capitosts locals, la Senyera, com despres de 1707, es va refugiar en el mon de la festa, mentres les comarques i pobles a on s’havia hissat la Senyera des de 1930 (arran de la llegalisacio de les banderes regionals durant el Govern Berenguer) a 1939, l’oblidaren… a la força.

Completa el volum una coleccio de fotografies, que mostren des de 1940 el paulati retorn de la Senyera a la vida cotidiana dels valencians, a través primer de les festes, i mes tart de les associacions culturals valencianistes.


En definitiva, es preten demostrar que la Senyera Real, de quatre barres en corona extesa damunt d’una franja blava —color que Pere II identificava en l’antiga ensenya de la casa real d’Arago—, es la bandera dels valencians, una bandera creada per a un territori, no per a una persona o una dignitat, sino per a un poble, per a una Nacio, al qual ha romangut lligada en els ultims siscents anys.

LA REAL SENYERA PINTADA POR BENINCASA EN 148

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Autor: Ricardo García Moya

FRESCO PINTADO POR BARTOLOMÉ OLIVES EN 1538 QUE SE ENCUENTRA EN LAS ATARAZANAS DE BARCELONA

Siempre que nos aproxi­mamos al 9 de octubre, los colaboradores de la "inmersió" -constantes en su sistemática destrucción de la personalidad valenciana- em­ponzoñan el ambiente con ata­ques a la Real Señera, tratando de imponernos la enseña del rey de Aragón que, por circunstan­cias aculturales, ahora represen­ta a Cataluña. La consigna que más repiten es la inexistencia de la Real Señera en el siglo XV, lo que demuestra su desconoci­miento del tema.

En la biblioteca de la más anti­gua universidad europea, la de Bolonia, se conserva la carta náutica del italiano Grazioso Benincasa, fechada en 1482. La obligada esquematización propia de estos pergaminos no impide apreciar una serie de banderas sobre la península ibérica, desta­cando la Real Señera en el espa­cio definido entre el río Ebro y el reino moro de Granada, todavía independiente en aquel año. Una gran franja junto al asta y tres escuetas barras rojas y amarillas identifican el territorio regnícola.

Los cartógrafos no pretendían hacer un tratado de banderas, de ahí que en ocasiones apareciera la Real Señera con la corona so­bre las barras (carta de Viladestes del año 1413) o, simplemente, la franja azulada del fondo; pero es notorio el empeño en dejar cons­tancia gráfica de un espacio rec­tangular junto al asta, reduciendo la longitud de las barras. Por cier­to, la corona fue incorporada in­cluso en las marcas de agua de los papeles fabricados en el Rei­no en el siglo XV: "Deux país, marque representant les armoiries de Valence (...) surmontés d'une couronne de 1463-1426" (Mosin, Vladimir: Filigranes, 7.a.greb, 1957). Detalle que no exhi­bían los elaborados en Cataluña.

Documentada la presencia de barras coronadas sobre franja azul en nuestro Siglo de Oro (Bib. Nacional de París: Ms. Ge. B. 8268), quedaría la duda res­pecto al símbolo que completaba la Real Señera: el Rat Penat. Ante la imposibilidad de su represen­tación en los pocos milímetros que ocuparía en un portulano, debemos buscar otras fuentes que testifiquen la presencia del vespertilio en la Señera o en ban­deras de menor costo utilizadas en campaña. No es fácil encon­trar descripciones meticulosas. Los cronistas daban por hecho que cada pueblo conocía su he­ráldica y las referencias literarias son, generalmente, incompletas. Por suerte, Jerónimo de Blancas dejó un testimonio valioso al afir­mar que el murciélago formaba parte del blasón del Reino de Va­lencia, y que, "como tal, fue lle­vado hasta la época presente en las enseñas militares" (Blancas, J.: Comentarios de las cosas de Aragón, p. 151).

El "presente" del cronista real Jerónimo de Blancas era la se­gunda mitad del siglo XVI, siendo su cita importantísima por la au­toridad que poseía sobre heráldi­ca, protocolo y relaciones de los estados de la Corona de Aragón, como demuestra su erudito lega­do. En 1585 escribía "Corona­ciones de los sereníssimos Reyes de Aragón", aunque su mejor obra fue "Aragonensium rerum comentarii ab anno 704, ad annum 1588", que es donde encon­tramos el preciso comentario so­bre la naturaleza del Rat Penat como símbolo del Reino de Va­lencia y, también, de la capital del mismo.

Los siglos de esplendor pasa­ron. Las tradiciones autónomas sufrieron la erosión de otras cultu­ras agresivas y, consecuencia de ello, hasta la vexilologia del Reino resultó afectada por lamentables confusiones. Pese a ello, siempre hubo eruditos que recordaron la composición de las armas reales valencianas. Así, en un manuscrito que examiné este verano en el Ar­chivo General Militar -ubicado en el alcázar de Segovia- conte­nía esta descripción:

"Encima de la Corona que cu­bre cada uno de los escudos se halla un murciélago, de que se deduce que dicha bandera perte­neció a alguno de los cuerpos del Reino de Valencia que lo tiene en sus armas" (A.G.M.; Sección 2, Div. 3, leg. 32).

El manuscrito está datado a mitad del siglo XIX; es decir, tres­cientos años después que el cro­nista real testificara la presencia del Rat Penat en las banderas como símbolo del Reino. En con­secuencia, la información vexilológica del pergamino de Grazioso Benincasa es complementada por otras fuentes; a pesar de ello, los catalanistas insistirán en im­ponernos la bandera cuatribarrada. Algún día se darán cuenta que la citada enseña podía usarse en todos los territorios de la Co­rona de Aragón (como en la ac­tualidad sucede con la de Europa o España), pero los reinos de Ná­poles, Sicilia, Valencia y Mallorca tenían su particular bandera.


LA PRETENSION



"La pretensión de muchos catalanes y también de algunos valencianos en querer llamar lengua catalana a la lengua valenciana, nos parece, como siempre nos ha parecido una pretensión disparatada y muy fuera de razón. (Palabras pronunciadas en valenciano, que traduzco al español para mejor conocimiento de todos, en 1.918.por el P. Fullana en su conferencia "La cooficialidad de la Lengua Valenciana").

A pesar de ello la Societat Castellonenca de Cultura (especie de AVL del año 32), organización patrocinada por los catalanistas, le engañó como a un pardillo al presionarle a firmar el preacuerdo para las bases de normativización del valenciano en la de las renombradas Normas del 32, aunque él dejó bien clara su intención en su antefirma: "Atés lo caracter provisional que tenen les bases anteriors no tenim inconveniente en firmarles". Y como todo el mundo sabe abandonó vista la tendencia catalanista de las directrices que se tomaban.

Hace tres largos años, cuando se nombró la comisión para la creación de la AVL ya escribí en esta misma sección que el entonces Secretario General del PSPV, En Joan Romero, le había metido al Molt Honorable President del Consell, Exmo. Sr. Zaplana un gol de los que en el argot futbolístico llamamos de "verbena". A principios del pasado año, cuando leí las condiciones que ponía el actual Secretario del PSPV, En Josep Pla, ya no era cuestión de goles de "verbena" sino de una descarada tomadura de pelo. Hoy me permito insistir, a pesar de la parafernalia y los parabienes de todos los "consellers", aunque sólo los del PSPV tengan razón para estar contentos, que la solución tomada para el nombramiento de los 21 académicos más que un incuestionable "consenso" ha sido lo que en lenguaje popular solemos llamar "una bajada de pantalones" por parte del PP.

Si de los 21 académicos nombrados, 10 son "exclusivos" del PSPV ( uno pertenece al IEC y a la Academia de la llengua de Barcelona, tres o cuatro filólogos de lengua catalana y el resto catalanistas de pro) y de los 11 que le correspondía nombrar al PP 5 han sido impuestos (lo de consenso es puro eufemismo para engañar al electorado) por su firme convicción en la "unidad de la lengua" y de los 6 restante uno, el Sr. Casp (como ocurrió con el P. Fullana),a regañadientes y en contra de la opinión de sus compañeros de la R.A.C.V. ¿Podría explicarme el Sr. Zaplana, que "normativización del valenciano" se puede esperar a pesar del que el Sr. Giner presuma de haber quitado algunas palabras y frases catalanistas del "consenso" establecido con el PSPV?. No creo que haya que ser muy inteligente para conocer de antemano el resultado.

Al parecer nuestro Presidente Zaplana, aún no se ha enterado que el autor de "El Príncipe", sin duda la obra política más controvertida escrita hasta la fecha, despreciaba a los gobernantes que "se conforman con soluciones a medias, pues no sirven para nada".

Los que no entendemos de política, muy especialmente los que han votado al PP, nos preguntamos para que coño les hemos dado la mayoría absoluta si esa mayoría a la hora de la verdad no sirve para nada; si cuando se discute la identidad del pueblo valenciano se hace, más o menos, lo que quieren los procatalanistas. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

Comprendo y admito, diré más, soy acérrimo partidario del consenso en todos y cualquier tema, pero las mayorías absolutas están precisamente para tomar decisiones cuando las minorías intentan imponer sus deologías contrarias a las de la mayorías. Caso del PSPV, que para más inri empieza por ciscarse con el nombre que el Estatuto le ha dado a nuestra comunidad y continúan con "Pais Valencia", nombre como mínimo alegal.

Durante años, incluida la época franquista, los catalanes han luchado y gastados millones y millones en la defensa y expansión del catalán, dentro y fuera de Cataluña, mientras que nosotros, los valencianos, nos hemos comportado como verdadero paradigma del "meninfotisme" olvidando la defensa de nuestra lengua, más aun, permitiendo su castellanización. Y ahora nos lamentamos. Es penoso tener que admitirlo, pero tenemos lo que nos merecemos.

¡Ojala las nuevas generaciones hayan aprendido la lección!

Juan Borrás (Gandia)



LA POLISÉMICA FRESA

 

Por Ricardo García Moya
Las Provincias 9 de Febrero de 1998


Una de las populares aucas del XIX se titulaba "EI mercat de Valensia" (sic). A lo largo de 48 viñetas, los vendedores ofrecen sus productos ("Melóns de Foyos, carchofes, llonganises, etc.") con apelaciones construidas con el verbo comprar: "¿comprau raim?, ¿Comprau olives?". El texto refleja la lengua valenciana hablada hacia 1850, y hay sorpresas, pues el aparente vulgarismo "comprau" (español "compráis"), alberga el arcaís- mo desinencial au usado por los clásicos, desde Isabel de Villéna a Joanot Martorell. Ahora, con plural de 2.ª persona del presente de indicativo, diríamos: ¿Compreu pomes?
Pero es la viñeta 22, donde la vendedora pregunta "¿Qui compra freses?, la que plantea dudas. Como es sabido, la inmersión engaña a los estudiantes valencianos al endosarles la voz catalana maduixa para designar al fruto; en el polo opuesto hay quien repudia fresa/freses por presunto castellanismo, decantándose por la valenciana fraula, que por su arcaísmo y poca implantación espanta al personal tanto como la maduixa bloquera. Lo curioso es que no hay constancia de que fresa/freses se usaran en Castilla antes que en el Reino, por tanto: ¿no estaremos despreciando nuestro tesoro léxico en un quijotesco afán de pureza idiomática? Hay que tener presente que la mayoría de voces de las que nos avergonzamos es por instigación lejana de los filólogos arios del Avenç, a principios de siglo; y por los del Institut d'Estudis Catalans, hoy en día.
La voz fresa aplicada al fruto fue desconocida en Castilla hasta el 1600, siendo Sebastián de Covarrubias el primero que documenta este vocablo en 1611. El lingüista castellano, como es sabido, residió en Valencia y en ella escribió gran parte del "Tesoro de la lengua" (Madrid,1611 ), obra donde aparte de la voz fresa recoge ciertos vocablos valencianos como blanquet, chufa, albacora, albufera, alcarchofa, etc. Al ser comisionado real en asuntos de moriscos, no sería extraño que le hubieran ofrecido este fruto en alguna de sus visitas al interior del Reino.
Fresa fue vocablo polisémico en lengua valenciana. En el "Dret Real del vedat" (Oriola,1613) encontramos "freçes de cera" junto a otros productos que pagaban impuestos para su exportación fuera del Reino. Parece que estas fresas de cera no eran imitaciones del fruto, sino la llamada "cera groga" en grumos, o en unidades similares en tamaño al que ofrecían ciertas legumbres fresadas o descortezadas. Onofre Pou cita la "mola de fresar fabes" (Thesaurus, Valencia,1575), y en la "Brama dels llauradors" leemos "fava fresa"; es decir, legumbre con la piel quitada por la muela o piedra. Puede que entre las "freçes de cera", la "freses" legumbres y el sabroso fruto se estableciera un parentesco semántico, bien fuera por tamaño, textura o color; sin olvidar que en las extensiones semánticas podía influir hasta el sentido del humor del pueblo.
En el Reino es difícil hallar actualmente la fresa silvestre peninsular, pero en lugares frios aún brotan espontáneamente y son como las que Covarrubias pudo observar hacia 1600 en zonas montañosas valencianas. El pequeño fruto silvestre, no la fresa y fresón cultivados con abono, presenta en su proceso de maduración un color amarillento blanquecino y un tacto ceroso, por lo que no sería extraña la conexión semántica entre el fruto y algún aspecto de la cera: amarillenta a grumos o fresa de cera, roja para cirios de Semana Santa, bolitas para ungüentos, pomadas, etc.  Lo cierto es que la voz no resultaba extraña, aunque fuera para aludir a la cera fresada o al ornato textil; Alcover cita un texto de 1571 sobre "uns vestits de brocat morat carmesí ab parament de setí vert ab fullage y freses".
Una palabra se convierte en polisémica de manera lenta e imperceptible. En ciertos casos, la voz que designaba algo honroso pasa a denominar un concepto tan opuesto que requiere el uso de eufemismos. Así, en un legajo de 1691 leemos que "Doña Juana Monllor, dueña del retrete de la Reina, pide que se le pague la tercia de la renta" (A.C. Aragón, L.929); esta señora valenciana estaba orgullosa, pues retrete significaba estancia recogida e íntima, donde la reina podía retirarse a escuchar música, leer o charlar con sus damas; hoy, tras el cambio de significado, puede que Doña Juana no alardeara de tal recinto. Otro ejemplo de extensión semántica es la sufrida por los "avións" que volaban por los cielos valencianos hace siglos, aunque sus alas no eran metálicas, sino plumíferas. Escrig recogía en 1851 el vocablo valenciano "avió", equivalente al castellano vencejo.
La polisemia de fresa/freses también abarcaba acepciones opuestas, desde el fragante fruto que vendía la valenciana del "¿comprau freses?", hasta  el  irónico  y  escatológico "fresa: excrement de conill" (Alcover) usado en la comarca de Vinaroz, sin olvidar las fresas de cera del texto oriolano de 1613, coetáneo de Covarrubias. Por tanto, sería beneficioso no condenar precipitadamente como barbarismo a esta voz de incierta entrada en las neolatinas peninsulares, y que merece compartir espacio en la lengua valenciana junto con fraula. Lo que está claro es que no nos hace falta el extraño maduixa; vocablo catalán que los inmersores están  introduciendo a  golpe de suspenso entre los estudiantes valencianos de COU y ESO, con el aplauso y complacencia de las autoridades que ustedes saben.


LA PASSIO DE CRIST.




Autor: Ferrer.

23-4-2004.

La passio de Crist, la polemica obra mestra de l’ ultracatolic director de cine Mel Gibson, es un fabulos film. Gibson portava madurant este proyecte des de fa mes de dotze anys i es una aposta personal arriscada puix l’ ha produit en diners de sa propia bojaca i està rodat en llati i en arameu (encara que te subtituls). La pelicula, que ningu volia distribuir, s’ ha convertit en un arrollador exit de critica i public. Se li acusa d’ haver fet un film antisemita (aixo es com dir que La llista de Schindler es una pelicula antialemana) i violent (mes que violent es realiste, lo irreal es eixe Jesus galà d’ ulls blaus que no patix dolor al que estavem acostumats fins ara).

Jesus supon el canvi del Deu iracunt i venjatiu de l’ Antic Testament a un Deu redentor dispost a perdonar-nos els pecats quantes voltes calga i a salvar-nos a traves de la fe i l’ arrepenediment, un Deu capaç de sacrificar al seu propi fill per a salvar a l’ humanitat. Hi ha qui pensa que el cristianisme es anacronic, obsolet. Res mes llunt de la realitat; quan veus l’ odi del terrorisme islamic i etarra, el d’ Estats Units que li declara la guerra a Iraq sols per a furtar-li el petroleu o l’ opressio catalanoespanyolera sobre el poble valencià (que recorda a l’ opressio romana sobre Israel) et dones conte de que el revolucionari mensage de Crist no ha segut entes encara hui.

El valencianisme deu apostar fermament pel cristianisme per a dotar-se d’ una cohesio moral, etica i humana. Al cap i a la fi el nostre poble entrà en decadencia precisament per la falta de fe (en Deu i en ell mateix). Molts valencians pensen que no valem per a res, que som un poble inferior que nomes servix per a ser tutelat des de fora, que Valencia deu ser l’ apendix de Catalunya o el d’ Espanya perque som incapaços de fer res de bo per nosatres mateixos. Yo no estic d’ acort. Crec que un dia els valencians forem molt grans i que si vullguerem podriem tornar a ser-ho. Hui mes que mai recobrem la fe en el poble valencià que es el nostre i en Deu.

LA PASIÓN TURCA DE MOSSÉN ROCCA



Por Ricardo García Moya

Tenía que ser Antonio Gala, con su especial exquisitez, quien reflejara en "La pasión turca" la aventura erótica de una española en Turquía. La novela, a pesar de las crudas pruebas sexuales de la "perra salida" -según se autocalifica  la  protagonista- no adquiere excesivo realismo e interés. Lo cierto es que Planeta supo dorar la píldora publicitariamente (¿recuerdan el viaje de Gala y su bastón a Turquía para presentar la obra?) y, con la ayuda de la sensual Ana Belén, transformó el folletín en un peliculón de la obligada visión para la progresía militante. Así y todo, comparado este  producto cultural con los esperpentos que programa el régimen en Valencia -como el "integral" del trovador de la ciénaga, Raimon- merecería Gala el Nobel.
EI argumento tiene solera, pues ya existió "La pasión turca" de una valenciana en 1586; hasta el punto de que el prior de la Cartuja de Valldecrist intervino para lograr "la libertad del turco para que pueda casarse con la cristiana" (ACA, leg. 651 ). Durante siglos, los otomanos -"gente extraña", en opinión de Gala-  fueron  motivo  de  interés para los valencianos, especialmente de los que habitaban zonas propensas a  incursiones berberiscas. La posibilidad de cautiverio en tierra de infieles, sumisas al imperio turco, impulsó la publicación de obras sobre los mismos. Estas, despreciadas en ocasiones, constituyen un género menor literario y son presa apetecible para la voraz  región norteña que careció de ellos.
Así, en 1556 aparece en Valencia un libro con sabrosas intimidades sobre las características físicas de las turcas ("mujeres de grandes tetas,  comedoras de arroz y migas con mantecas") de un escritor nacido en el Reino. Se Ilamaba Vicente Rocca y presumía de ser "CabaIlero Valenciano"; título del que solían vanagloriarse nuestros antepasados; p.e., un contemporáneo de Rocca, el primer provincial franciscano en las regiones de Jalisco y Michoacán -nacido en Orihuela- siempre firmaba como fray Angel de Valencia. En el siglo XVI no existían ejemplares como  los que acudieron -gratis, faltaba más- al terrorífico integral", y que afirmaban ser catalanes de Picanya, Toledo o Albacete.
Eran tiempos en  que cualquier valenciano que observara el horizonte desde el Micalet o el Benacantil se estremecía ante la amenaza procedente del Mediterráneo; el Gran Turco, cruel y poderoso, golpeaba a Ia Europa cristiana. Pues bien, nuestro paisano Rocca averiguó pelos y señales del infiel enemigo, dejando constancia de ello en su "Historia del origen y guerra de los turcos", dirigida al duque de Gandía y editada en 1556 en Valencia.
Pero mossén Vicente -polo apuesto de Gala- sentía  pasión por las turcas. EI texto pierde frialdad conforme avanzamos en la lectura, pues la descripción de las turcas como "mujeres de grandes tetas", nos  introduce en  el  irónico mundo de los escarceos amoroso: "le desata (el turco) los çaragüelles con muchos halagos, y ella se hace mucho de rogar, por parecer más honesta  y  vergonzosa" (f.l 30). Con sentido del humor descubre el débil fervor religioso de algunos cristianos, en contraste con el turco: "tienen tanta reverencia a su santísimo nombre (de Dios), que porque se suele escribir en papel, no osaría nadie limpiarse con él  las partes vergonzosas" (f.l 29) .
Es una observación extraña, pues el papel era caro y rugoso en 1556; y no parece lógico que los valencianos lo  utilizaran  como sugiere Rocca. También apunta que "los niños, mientras leen, hacen muchas cabotadas (valencianismo que indica inclinación de cabeza) porque hallan el nombre de Dios". La procacidad  de  los  chismorreos del mossén confirma que los redactó en el Reino, no en Turquía, pues habría acabado "mutsurmano (sic) o circunciso", ya que "hacen circuncidar los turcos a los cristianos a la fuerza, si han avergonzado a algún musulmán o, o reído.  Si  lo hallan con alguna turca lo hacen turco o lo queman, o por gran favor lo capan".
Más que circunciso lo habrían convertido en gentil capón, por ser un malicioso deslenguado: "A la mujer la lavan las moças del baño; pero las más de las veces van en compañía diez o doce mujeres vecinas, y lávanse unas a otras, por donde suele haber entre ella grandísimo amor y se suelen enamorar una de otra; y deleytanse (sic) tanto en el baño que, si van por la mañana, no vuelven a sus casas hasta la hora de comer, y tres o cuatro veces a la semana" (f.134).
También  la  anatomía  baja  del Gran Turco es tratada por Rocca, pero no como Antonio Gala. Mientras que el escritor de Brazatortas estruja, sopesa y acaricia lo que ustedes sospechan, mossén Rocca no muestra interés hacia ellos, aunque le sorprende que: "los turcos mean encogidos  como  las  hembras; y, acabando,  limpian  muy  bien   el cabo de su cosa (sic)" (f.139).
EI libro de Rocca todavía no ha sido descubierto por los depredadores del  eje  lermacatalanero.  EI ejemplar citado se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, constituye una obra interesantísima dentro de su género; ergo, como los catalanes  no tienen  nada  en esta materia (igual que en tantas otras) seguro que urgentemente lo incluyen en la Gran Enciclopedia Catalana. Total, el  hierático y  la ciénaga no van a protestar; todo lo más, les otorgará alguna opípara subvención.
Por cierto, con subvención de la Generalidad de Lerma han editado en Almassora un curioso libro -en catalán, por supuesto- en que se traduce al idioma del Omnium Cultural obras del poeta árabe valenciano Ibn al Abbar: "devers Valéncia amb els vostres genets". Y es que para catalanizar, como saben, los chicos de Lerma siempre disponen de fondos reservados multimillonarios.



LA PARTE Y EL TODO O EL SUEÑO VIRTUAL


Autor: Antonio Alemany Dezcallar

Hay un pressing catalanista en Baleares alimentado por la euforia ante la hipótesis de un Estatuto catalán que rompa, se mire por donde se mire, en el texto y en la intención, el carácter unitario de la nación española. Supongo que el oro catalán engrasa con generosidad -lo ha hecho siempre- este quintacolumnismo ideológico, político y mediático que nos está invadiendo. Por diversas razones no tengo tiempo para analizar, aquí y ahora, como se merece este revival catalanista. Lo dejo para más adelante. De momento, sin embargo, esquematicemos los viejos fetiches argumentales que sirven de armazón a la ofensiva y que, por ejemplo, se han materializado en tres artículos de Damián Pons, de Gori Mir y de Nanda Ramón.
De entrada, la parte por el todo. Los tres articulistas dan por supuesto que lo que piensa el catalanismo grupuscular sobre la identidad catalana de nuestras islas va a misa. Somos -evidencia cegadora para estos articulistas- nación catalana, al menos nación cultural, concepto que no sé exactamente lo que significa y menos cuando las relaciones entre las partes que se supone comparten esta identidad nacional es tan conflictiva como evidente.
En segundo lugar, la identidad es la lengua, diagnóstico aventurado cuando más de la mitad de las respectivas poblaciones son castellanoparlantes siempre y la totalidad son castellanoparlantes a lo largo de buena parte de su vida de relación.
En tercer lugar, esta comunidad de lengua -conflictiva y, en todo caso, parcial- es acompañada por una supuesta comunidad de intereses que, en la realidad, son contrapuestos, en buena parte excluyentes y nada complementarios.
En cuarto lugar, las delirantes interpretaciones históricas que contraponen las trayectorias de los països catalans y España como paralelas, opuestas, históricamente disímiles y dialécticamente contradictorias cuando esto es históricamente falso, jurídicamente inexacto y políticamente absurdo.
En resumen, estamos, una vez más, ante unas minorías iluminadas que confunden la parte liliputiense -ellos- con el abrumador todo, que somos los demás. Y que, sobre todo, olvidan el elemento central y esencial de cualquier proyecto nacional: la voluntad de ser nación catalana, una realidad virtual que estas gentes se la creen en un enfebrecido proceso onírico, propio de los fanáticos. Todos los mimbres que exhiben para justificar la nación catalana se pueden aplicar, corregidos y aumentados, contrastados y asumidos, para justificar la nación española. Hablaremos de ello más adelante.


LA PARLA IBERICA VALENCIANA PRIMERA DIFERENCIA ENTRE LES LLENGÜES DE VALENCIA Y CATALUNYA



Baltasar Bueno Tárrega (Breu Historia de la Llengua Valenciana – Las Provincias – Giner de 1.999)

(traduccio per Josep Guillén y Milla)


La llengua y cultura iberica son la solera, el primer solage de l’actual Llengua Valenciana. Del poble iberic, destacaren les tribues edetanes (Lliria) y contestanes (Cocentaina). Sa influencia  llingüistica y cultural escomença a determinar la parla valenciana actual.

Pera el pare Josep Maria Guinot, doctor en Filologia Romanica y gramatic de la Llengua Valenciana, “l’existencia d’un susbtrat iberic deu de ser considerà coma un primer factor de diferenciacio entre Valencia y Catalunya oriental”.

Està aludint Guinot en esta matisacio al fet de que “la tribu edetana dels ilergets”, colonisaren la part occidental, especialmente la zona de Lleida, de lo que hui es Catalunya, sediment que influi de tal manera en la parla dels dits llochs, que pot estar  en la base de la distinta fonetica de la Catalunya oriental. Hi ha investigaors que atribuixen al fet de ser tribus iberiques valencianes les que pujaren cao al nort, lo que va fer que la fonetica de la parla catalana de les arees de Tortosa y Lleida se parega a la fonetica de la Llengua Valenciana, com a resultat d’eixe solage iberic-valencià que deixen alli els edetans.

Al mateix temps es quant es produix una colonisacio celtica en la Catalunya oocidental, quin solage fa que escomence ya a diferir la fonetica de la parla catalana de la valenciana.

Ramon Menendez Pidal afirma que Valencia desempenyà un paper important en l’iberisacio de ses territoris contiguos:

“En les edats prehistoriques degue d’existir una densa corrent iberisant des de les plages valencianes cap als pirineus de Lleida y Osca y en totes les epoques historiques degue de mantindre’s alguna especial relacio de les terres interiors de l’Ebre mig en les terres maritimes del Turia y el Xuquer, molt mes activa que la relacio que estes terres del Turia y el Xuquer mantenien en les terres costeres de Barcelona y Tarragona”.

Simó Santonja no descarta que la parla de la Catalunya occidental –Lleida, Tortosa...- siga valenciana, sa fonetica es similar, fruit del solage iberic que alli deixaren les tribus edetanes en sa expansiva colonisacio cap al nort.