sábado, 6 de agosto de 2011

LA REAL SENYERA, BANDERA NACIONAL DELS VALENCIANS (I)



Per: Antoni Atienza

No anem a reobrir una polemica, pero es evident que, a punt de complir vint anys d’Autonomia, la societat valenciana continúa dividida pel tema de la seua bandera nacional. Per a un sector significatiu, la seua Senyera valenciana “no porta el blau”, i en conseqüencia apliquen l’ingeni per a institucionalisar-la: aço es evident en algunes localitats, associacions civiques i grups politics i sindicals.

Realment, esta situacio d’enfrontament o disgust per una ensenya, no es anomala. Per aço, es preten, a través de les pagines d’este nou llibre, llevar dramatisme i intentar explicar qué era una bandera del Rei, qué era una bandera de ciutat-capital d’estat, per qué les dos podien ser perfectament banderes reals, i cóm es podien convertir en banderes nacionals.

Les banderes i els seus problemes

En un principi, el llibre vol explicar que els valencians no som un poble immadur —o alguna atra cosa pijor— per tindre una discusio vexilologica. Molts atres colectius la tenen o l’han tinguda, inclus en pressions internacionals, com fon el cas recent de Macedonia. Tambe es vol abordar el problema, complex, de l’heraldica de la Corona d’Arago, complicada per qüestions politiques, que porten a controversies —si l’escut dels quatre pals rojos en camp d’or te orige catala o aragones—, realment irresolubles i, per tant, esterils. S’analisa el concepte d’estat en el mon migeval, i cóm éste anava lligat a les ciutats, que estructuren o vertebren els regnes al seu voltant —¿es pot entendre la França migeval, sense Paris?—.

Entrant en materia, podem dir que la bandera que hui coneguem per quatribarrada s’estabilisa heraldicament a mijans del segle XIV per obra de Pere II El Cerimonios —anteriorment, el numero de barres no era fix—, i era fonamentalment una bandera personal del Rei d’Arago, Valencia, Mallorques, Sicilia, Napols, Corsega, Sardenya, Comte de Barcelona… Este personage tenía un control absolut sobre eixa bandera, l’us de la qual reglamentà la seua Cancilleria. Pero no fon mai una bandera nacional de la Corona d’Arago. Es cert que els Reis d’Arago, sobre tot Joan I i Marti I, concediren el seu us a gremis, societats, i inclus algunes viles, pero sobre tot era un simbol del monarca i del seu poder personal, el qual marcava el seu us i es reservava la seua propietat heraldica. El rei manava hissar-la en alguns castells i viles, no perque la concedira, sino perque volia subrallar el seu domini feudal sobre eixos punts, en ocasions de disputes o confiscacions.

Les viles i ciutats que aportaven tropes als eixercits dels seus senyors feudals o del Rei, tambe es proveïren de banderes, per a senyalar-se en el camp de batalla. Estos estandarts eren duts per les milicies, i la seua confeccio fon d’iniciativa local. Normalment eren de colors brillants, i portaven al mig l’heraldica del seu senyor, del municipi o del Regne de Valencia, el cairo o rombo coronat, acompanyat de simbologia relativa a la toponimia, al santoral o a la mitologia. D’este model de banderes conservem alguns eixemplars antics, com les de Morella, Sueca o Alzira. Estes banderes eren efimeres, i quan acabaven les campanyes no es guardaven en atencio. Extraordinariament, algunes viles tingueren bandera propia per concessio real: no hi ha que confudir esta bandera concedida, honorifica, en les atres. Si la simbologia de les primeres canviava en les modes d’ornamentacio, les concedides devien conservar el seu aspecte, testimoni de l’agraïment d’un Rei. Com els blasons heraldics, que no es poden alterar caprichosament, estes banderes responien sempre a un mateix esquema grafic. En la Corona d’Arago esta concessio de bandera era un privilegi, una distincio, com fon clarissimament el cas de Burriana. Unes atres eren les banderes cerimonials, representatives del municipi i del seu poder, com l’Oriol d’Oriola. Pero el cas de la Senyera de la ciutat de Valencia, fon diferent.

A partir del segle XIV, l’heraldica comença a perpetuar-se, a conservar una generacio darrere d’una atra uns mateixos simbols lligats a persones, llinages, dignitats i ciutats. Algunes ciutats importants, normalment ciutats-estat, autonomes en el seu govern, com les italianes, o be capitals de Regne o estat, se singularisen en una heraldica propia, basada en la del monarca, pero no identica ad ella, i plasmada tambe en una bandera. Estes banderes es faran oficials, i per tant inalterables en el seu contingut heraldic, front a les atres banderes, locals, gremials o religioses. Com eren utilisades en naus i cerimonies, no podran canviar caprichosament: deuran conservar el seu aspecte, per a ser reconegudes internacionalment. Algunes d’estes banderes tindran un referent fisic, una bandera original, feta en teixits rics, que crearà un ritual al seu voltant. Seran refetes i reparades, una i atra vegada i acabaran convertint-se en simbols per un costat de l’estat o nacio, i per un atre, del poble.

LA GUERRA DE SUCESIÓN (X)


DECRETO DE ABOLICIÓN DE LOS FUEROS DE ARAGÓN Y VALENCIA


Fragmento de los Decretos de Nueva Planta. Reinado de Felipe V, 1.707


SOBRE LOS DECRETOS DE NUEVA PLANTA :

Centrándonos, pues, en una Guerra de Sucesión Española ya librada, con el consiguiente advenimiento de la dinastía francesa de los Borbones, nos disponemos, de una forma más o menos concreta, a trabajar sobre el enunciado mismo de los escritos :

- En el Reino de Valencia :

Acá, en el conflicto sucesorio, los vasallos plantearon a los señores sus viejas reivindicaciones sociales, después del fracaso que supuso la sublevación del 1693, conocida como la “ Segunda Germanía “. Concretamente, el ofrecimiento hecho a los campesinos de abolir los derechos señoriales si abrazaban la causa del Archiduque Carlos de Austria, llevó a no pocos nobles terratenientes a inclinarse por la causa borbónica. Por su parte, la prohibición realizada por Felipe de Anjou de comerciar con los países aliados, así como los privilegios concedidos a los comerciantes gabachos, hizo que tanto la burguesía mercantil como los artesanos abrazaran el bando austracista. De esta forma, el Reino parecía quedar dividido, grosso modo, en dos bandos enfrentados : Por una parte, els Maulets, acérrimos partidarios del Archiduque Carlos de Austria, donde integrábanse los campesinos, las clases medias urbanas, así como sectores de la pequeña y mediana nobleza; de otra, els Botiflers; partidarios de Felipe de Anjou; grupo integrado por altos mandos de la nobleza y el clero, principalmente.

El hecho que señala el inicio de la sublevación en el Reino Valenciano fue el desembarco de las tropas aliadas en Altea, en Agosto del 1705, y la proclamación del augsbúrgico Archiduque como Rey de Valencia : Carlos III. El desarrollo de la guerra fue, no obstante, breve, decantándose rápidamente a favor del candidato de la Francia. La victoria de Almansa, obtenida por el ejército borbónico el 25 de Abril del 1707, dejó prácticamente decidida la suerte de la contienda. Pocos días más tarde, concretamente el 8 de Mayo, rendíase la capital del Reinado y en ese mismo año corrieron idéntica suerte Játiva, Alcira y el castillo de Alcoy. Al año siguiente tomóse Denia y en Abril del 1709 Alicante; con lo que concluía la guerra en el Reino de Valencia.

Felipe de Anjou no aguardó, sin embargo, hasta entonces, para poner en marcha su plan de “ reformas “, procediendo ya, por el decreto del 29 de Junio del 1707, a abolir la Foralidad Valenciana. En el Decreto, pues, se expone lo siguiente :


- El “ delito de rebelión “ cometido en la Corona de Aragón por los Reinos de Aragón y Valencia y “ todos sus avitadores…..faltando enteramente al juramento de fidelidad que me hicieron como a su lexítimo Rey y Señor “.

- El “ justo derecho de conquista “ que la borbónica armada poseía sobre estos Reinos….

- El dominio absoluto que el rey francés poseía sobre ellos, ya que “ uno de los principales atributos de la soberanía es la imposición y derogación de las leyes “.

- El deseo de Felipe de Anjou de uniformizar la política de todos los reinos españoles al “ modelo castellano “; “ tan loables y plausibles en todo el Universo “….Es lógico, pues, que este advenedizo no entendiera lo que un servidor viene denunciando muchas veces como mentira ahistórica…..La política castellana nunca fue lo preponderante ni el modelo a seguir en los Reinos Ibéricos. Ni por el Fuero Juzgo defendido por la Monarquía Leonesa, ni por el modelo Confederacional Aragonés, ni por el Reino Portugués.

El Nuevo Decreto del 29 de Julio del mismo año decía reconocer “ que muchos pueblos y ciudades y todos los más de los Nobles, Caballeros, Infanzones, Hidalgos y ciudadanos honrados han sido muy finos y leales, padeciendo la pérdida de sus haciendas y otras persecuciones….”; en vista de lo cual, se les mantenían todos los privilegios, exenciones, franquezas y libertades, si bien no entendiéndose esto en cuanto al modo de gobierno, leyes y Fueros del Reino, ya que sobre este particular, era intención real que “ todo el continente de España se gobierne por unas mismas leyes “. Así, pues, el Reinado de Valencia debía resignarse a la pérdida definitiva de sus Fueros, medida que fue interpretada como un acto de injusta y rencorosa represalia, no sólo por los maulets, sino también por algunos botiflers.

En los primeros momentos, la situación es incierta y sin demasiada organización. Se trata de un periodo de administración militar, en que altos jefes de la armada copan todos los puestos de responsabilidad. El territorio ocupado quedó bajo el gobierno de C. D´Asfeld, lugarteniente del duque de Berwick, como comandante general del Reino, y la capital bajo el mando del mariscal de campo Antonio Del Valle, en calidad de gobernador militar. Para la Audiencia fueron designados cinco ministros de la etapa anterior, cesados por las autoridades austracistas, mientras que de las finanzas encargóse, interinamente, el comisario ordenador del ejército José de Pedrajas. Como la reestructuración del Reino exigía una organización más precisa y completa, fue enviado a Valencia, a comienzos del mes de Junio, Melchor de Macanaz, con la misión de inspeccionar el estado de las finanzas, “ reglar la ciudad al pie de Castilla “; y enviar a la junta creada en Madrid un plan general de “ reorganización “. Entretanto fue promulgado el famoso decreto de abolición de los Fueros, que llevaba aparejada la creación de una chancillería, para cuya presidencia fue designado también un castellano, Pedro Colón de Larreategui. El 30 de Agosto fue nombrado superintendente general de rentas Juan Pérez de la Puente, otro castellano, al tiempo que se iniciaba la “ castellanización “ ( Reitero : Término injusto que nada tiene que ver con la autenticidad de Castilla ) del municipio valenciano con el nombramiento de un corregidor y 32 regidores. Con todos estos novedosos nombramientos y “ reformas “, se conseguía que los principales cargos de la administración quedaran en manos de castellanos; pero como éstos desconocían todo lo referente a las normas tradicionales de la gobernabilidad valenciana, su actuación resultó en la inmensa mayoría de los casos muy poco adecuada, incluso dícese que arbitraria, ocasionando fortísimas críticas. De hecho, lo más destacado de estapa de transición y provisionalidad fueron, precisamente, los desajustes, las constantes disputas y los conflictos de competencias surgidos entre las autoridades borbónicas.

LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS (I)


JUDÍOS ESPAÑOLES EN LA EDAD MEDIA
Autor: Luís Suárez Fernández
EDICIONES RIALP MADRID 1980
CAPÍTULO X
Las hipótesis explicativas
    La comprobación de los datos que en capítulos anteriores hemos tenido ocasión de exponer, sume a los historiadores en la mayor perplejidad. Los Reyes Católicos, protectores de los judíos, fueron al mismo tiempo los que desencadenaron la inexorable «solución final». Es indudable que si Fernando e Isabel hubieran muerto en 1491 la fama que aún les rodea en las juderías del mundo entero sería completamente distinta. ¿Cómo es posible una actitud tan contradictoria en los mismos soberanos? Recientemente Netanyahu 1 ha elaborado la hipótesis de que Fernando tenía un designio preconcebido de expulsión que estuvo ocultando cuidadosamente hasta que halló la oportunidad de ejecutarlo. Pero esto se contradice con toda nuestra experiencia de su reinado y, también, con el paulatino desarrollo de las medidas coercitivas.
     Antes de proceder a la narración de los hechos, en la forma en que se reflejan a través de documentos, a quienes corresponde la última palabra, es importante que examinemos las principales hipótesis que se han presentado.
     Una opinión tradicional, nacida a principios del siglo XIX, pero que todavía se repite en algunos manuales y libros de divulgación, acusa a los Reyes Católicos de codicia. La Expulsión, de acuerdo con ella, obedecía al deseo de robar los bienes de los judíos. Sabemos que tales bienes eran escasos. Los únicos israelitas ricos los conservaron porque recibieron el bautismo o, como en el caso de Abravanel, obtuvieron un permiso especial para llevárselos. Hubiera sido como matar la gallina de los huevos de oro: los judíos, trabajando y ahorrando en Castilla para pagar elevados impuestos, valían infinitamente más que los despojos que quedaron tras ellos. Por otra parte, Fernando e Isabel insistieron repetidas veces en el perjuicio económico que la medida a adoptar significaba, pero afirmaron que preferían el «gran bien» de la religión a cualquier otro. Ya no había grandes empresarios judíos. Ladero ha podido demostrar que, en todo el siglo XV, jamás rebasan los arrendatarios judíos el 2S por 100 de la imposición y, normalmente, arrendaban porciones mucho más bajas. Desde hacia tiempo los conversos habían sustituido a los judíos.
     Recientemente Haliczer 2 ha modificado esta hipótesis en otro sentido: los Reyes Católicos, que se vieron obligados a apoyarse en el patriciado urbano para su tarea de gobierno, fueron obligados a hacer una concesión decisiva a este sector social, adoptando una politica antijudia. Pero esta presunción se basa en premisas falsas. No es cierto que los Reyes Católicos se apoyasen en las ciudades; los estudios más recientes demuestran precisamente lo contrario. Fuera de la nobleza, verdadera y principal colaboradora del régimen, y de la Iglesia, sometida a control, sus apoyos eran los grandes financieros, que escapaban al gobierno ciudadano, y que eran cristianos, conversos y, en una parte muy pequeña, según hemos visto, judíos. Para estos últimos el judaísmo no podía ser problema. Las ciudades son el elemento débil dentro del sistema político entonces creado. Como observa con agudeza Kriegel sería absurdo pensar que estas ciudades, que nunca consiguieron que se cumplieran las promesas de poner términos a la Hermandad, hayan poseído la fuerza suficiente para lograr la expulsión de los judíos. La hostilidad a los judíos estaba circunscrita al ámbito de los gremios menores de artesanos y no era universal.
     Para H. Kamen, «la expulsión de los judíos representó la victoria de la nobleza feudal sobre la clase más identificada con el capitalismo comercial» 3. Frase rotunda y bella, pero que se contradice con algunas cuestiones importantes y, en primer término, con lo que Eliyahu Capsali recogió de labios de los propios desterrados, los cuales dijeron que la expulsión había desagradado a los magnates. Algunos grandes señores pretendieron recabar excepciones para los judíos habitantes en sus dominios, porque necesitaban de ellos para la administración del territorio. Los maestres de Alcántara y de Calatrava sostenían a sabios judíos en su Corte. En el brillante círculo que Beltrán de la Cueva sostiene en Cuéllar abundan los judíos; algunas veces, con escándalo de los inquisidores, aquellos caballeros que presumían de ilustrados acudían a la sinagoga para escuchar las predicaciones del rabino Samuel, que era médico de don Beltrán.
     La idea sustentada por Américo Castro de que existiese un clamor popular contra los judíos, debe matizarse. La hostilidad, según hemos venido exponiendo, fue más evidente en los sectores inferiores de la sociedad que en los otros, más elevados. Pero es difícil ignorar que hubo manipulaciones externas. Los apasionados perseguidores no nacen de la entraña de la sociedad sino que se sitúan, como agitadores, por encima de ella.
     Ahora bien. Desde 1480 existe un programa de represión de la influencia religiosa de los judíos, el cual, al aplicarse por etapas, condujo, finalmente, al destierro. No quiere esto decir que la expulsión estuviese prevista de antemano; es más probable que se ofreciese como único medio en una etapa avanzada. Tras el programa se adivinan fuertes presiones sobre los reyes, ante las cuales éstos ceden terreno paso a paso. Entonces, ¿de dónde parte el impulso? Para M. Kriegel como para H. Beinart, que representan escuelas de investigación israelitas de Haifa y de Jerusalem, respectivamente, no hay duda: es la Inquisición, que denuncia desde el primer momento el peligro en la forma en que aparece en el decreto de 31 de marzo, que impone luego la expulsión parcial, de Andalucía, y que arranca por último a Fernando e Isabel la decisión final. Pero esta nueva Inquisición ya no es un órgano de la Iglesia, sino un instrumento político creado precisamente por los Reyes Católicos al servicio de su concepción del Estado. Cabe dentro de lo posible que su establecimiento fuese ya una concesión a las demandas hechas. Pero todo ello nos conduce al análisis de un concepto de Monarquía que se inscribe en un «máximo» religioso.

miércoles, 3 de agosto de 2011

«EL CARÁCTER VALENCIANO ES OBRA DE CRISTIANOS, MOROS Y JUDÍOS, QUE VIVÍAN EN PERFECTA ARMONÍA. ESA ENCRUCIJADA DE CULTURAS NOS HA MARCADO»


Daniel Sala Antropólogo, catedrático de Historia
29.08.10
PEDRO ORTIZ | VALENCIA.

«La personalidad valenciana es totalmente distinta de las personalidades de otras regiones»
«Valencia tiene sus puertas abiertas al mundo, para entrar y para salir»
«Los vestigios islámicos son riquísimos, desde los alicatados hasta la misma gastronomía»
«En el XV, Valencia rivaliza incluso con las repúblicas italianas»
«No hay que magnificar la 'desfeta d'Almansa'. Se ganó en el igualitarismo»
«El alicantino se siente valenciano; la personalidad valenciana es mucho más homogénea que los intentos de separatismo»
«Los valencianos están en todos los sitios. Cabanilles ya vio como unos valencianos de Crevillent vendían esteras en París»
Daniel Sala ha sido catedrático de Historia, pero sobre todo se ha dedicado a la antropología y más aún a la valenciana. Por eso hablar con él de la historia de Valencia, del Reino de Valencia, es hablar de las costumbres valencianas, de la forja de la personalidad de una región, de la formación de los caracteres de sus habitantes. La historia, modeladora de la personalidad del ser valenciano actual.
-Hoy en día vivimos de rentas del siglo XV. Mira a nuestro alrededor: el arte, el carácter valenciano.
-¿El carácter del valenciano se forma en el XV?
-Con toda seguridad. El carácter valenciano es obra de cristianos, moros y judíos que vivían en perfecta armonía. La economía funcionó muy bien, las aguas estaban perfectamente bien organizadas... Esa encrucijada de culturas ha sido la que ha marcado el carácter.
-¿Y cómo es?
-La personalidad valenciana es totalmente diferenciada y distinta de las personalidades de otras regiones, limítrofes o no. Por aquí han pasado púnicos, griegos, romanos, visigodos, árabes. Todo eso ha creado un crisol de aportaciones culturales que nos ha hecho ser como somos.
-Insisto: ¿cómo somos?
-Abiertos y hospitalarios, gracias a la aportación de todos. Valencia la hospitalaria. Parece un tópico porque se repite siempre, pero es que somos así. Es que en Valencia, el de fora té raó siempre; a todo el que viene se le acoge con los brazos abiertos. Yo doy las conferencias en valenciano, pero basta con que haya una persona, una sola, en todo el auditorio, que no se encuentre cómoda, para que cambie automáticamente el chip y hable en castellano. Eso define la personalidad valenciana. En otros lugares, y usted lo sabe de sobra, no es así: apáñatelas como puedas.
-¿No será que somos muy muelles como dijo el Conde Duque de Olivares?
-Creo que el carácter valenciano se explica por esa hospitalidad y por esa atención a los que vienen, a los que queremos hacerles la vida agradable. El hombre bueno es la frase que define al valenciano de la huerta: un home bo. Hasta en las partidas de pelota.
-Valencia era un importante reino musulmán.
-El reino islámico musulmán de Valencia. Valencia la rica, Valencia la grande, el Levante feliz. Ací tires una llavor i tens un arbre; en otros sitios tienes o piedras o trigo; hay que currárselo más para poder sobrevivir. Ací fam no s'ha patit mai, siempre hay algo.
-¿Gracias a los árabes?
-Los árabes no nos traen los regadíos, porque ya existían de época de los romanos, pero los moros rizan el rizo de la agricultura.
-Menudo chollo se encontró aquí Jaime I.
-El Rey conquistador lo que hizo fue decir: oye, que esto es muy bueno, y no lo voy a ceder a la nobleza catalana ni a la nobleza aragonesa. Entre castellanos y aragoneses habían pactado la zona a reconquistar y Aragón reconquista lo que le tocaba, hasta Alicante.
-Usted es alicantino, o sea, del reino de Valencia.
-Un alicantino como yo se enorgullece de serlo. Nunca oculto mi condición, aunque el centralismo de Valencia se ha dado siempre. Pero no hay problema: el alicantino se siente valenciano, salvo excepciones. La personalidad valenciana es mucho más homogénea que esos intentos de separatismo. La división provincial de Javier de Burgos del siglo pasado es una metedura de pata porque no responde a las regiones naturales. Valencia era una y la dividen en tres partes.
-A todo esto habíamos empezado hablando del siglo XV.
-El esplendor del XV se explica por el comercio que empieza porque Valencia ha terminado antes la función de Reconquista. A partir de ahí ya viene la expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo. Debido a un crecimiento demográfico, crecimiento en riqueza, crecimiento en una importante artesanía. Luego vino la conquista del reino de Nápoles.
-Se ha hablado del siglo de oro valenciano.
-No podemos olvidar que el siglo XV marca mucho a Valencia. Era más poderosa que cualquier otro estamento nobiliario o eclesiástico. Es la primera en todo. Rivaliza incluso con las repúblicas italianas.
-Y llegamos al XVI.
-El XVI es la época de la grandeza del imperio español y lógicamente Valencia queda un poco eclipsada. Pero Valencia también tuvo su aportación a esa grandeza.
-Pero fue Castilla.
-Y otra vez tópicos: la Reina Católica empeñó sus joyas. Historiografía romántica del XIX. Oye espera, que detrás había un judío y encima valenciano, que se llamaba Luis de Santángel, y ese es el que puso los duros sobre la mesa para poder hacer todo eso. Pero eso sólo lo sabemos modernamente. Menos mal que ahora en Valencia nos dedicamos a recuperar nuestra historia y la grandeza de nuestra historia.
-El XVII, sin embargo, fue el siglo de la decadencia, quizás por la expulsión de los moriscos.
-Sí, el año pasado se cumplieron 400 años. Y cuando empiezas a rascar en la personalidad valenciana, los vestigios islámicos son riquísimos, desde los alicatados de las paredes hasta la misma gastronomía. Yo estoy a punto de escribir un libro de cocina a partir de la cocina hispanomagrebí del siglo XIII, esa que tradujo Huici Miranda.
-Supongo que algunos platos valencianos actuales proceden de aquella época.
-El cuscús, por ejemplo, el arnadí. Hay un montón de platos que cuando analizas el librito aquel dices ¡toma! Pero si això ho feia mi abuela. El cuscús no es argelino ni marroquí, ni lo han traído los inmigrantes; en el siglo XIII ya se hacía aquí. Hablábamos de.
-Del XVII.
-El XVII es nefasto, porque vivimos de rentas. El XVII es el siglo de la crisis. Lo más grave de todo es la expulsión de los moriscos de 1609. Hay dos formas de hacer historia: con refritos o dejándote las pestañas en los archivos; yo estuve un año entero recuperando la documentación morisca del archivo del Patriarca, que es esa joya que tenemos en casa y que no está suficientemente valorada por el pueblo valenciano.
-El Patriarca tuvo mucho que ver con la expulsión.
-El pobre Patriarca fue el que apechugó con el problema. Con dos versiones: la de quienes dicen que murió arrepentido por haber expulsado a los moriscos, y la de quienes lo canonizaron por la misma razón. Pero era muy inteligente y prueba de ello es que su colegio permanece allí.
-¿Por qué la expulsión de los moriscos?
-También interesaba por parte de la monarquía debilitar a la nobleza, y sus vasallos eran los moriscos. Eran dos colectividades irreconciliables. Por mucho que se intentara convertir a los moriscos, eran más fieles a su religión que lo cristianos a la suya. Enterraban a un morisco con los ritos cristianos, pero por la noche saltaban la tapia, sacaban al cadáver, lo desnudaban, lo envolvían con el sudario, lo ponían cara al Este y le hacían la ceremonia fúnebre musulmana.
-¿Y por qué es la expulsión la causa principal del declive?
-Nos quedamos sin mano de obra. Nos quedan muchos blasones y pocos doblones. Para el estamento nobiliario el trabajo manual era denigrante. Los abancalamientos en Alicante llegan hasta las cumbres de los montes; los cultivaba el morisco, porque son las únicas tierras que le quedaban, las menos fértiles. Y apenas vivimos de la grandeza de siglos anteriores. Crisis similar se produce en Castilla. Mucho título, como decía Berlanga, pero nada que comer.
-Y en la cultura, el XVII fue el siglo de oro español.
-Dos años después que el siglo de oro valenciano. Se ve que el hambre aguza el ingenio. De todas formas, no hay ninguna potencia ni nadie que esté permanentemente en el candelabro, como decía Mazagatos. Del románico al gótico, del gótico al renacimiento. El XVIII fue francés.
-¿Cómo se vivía en la Valencia medieval?
-La gran riqueza valenciana siempre ha sido la huerta, y hoy nos queda un poco en Campanar y otro poco por el Politécnico. Deberían declararlas parques naturales. El crecimiento de Valencia ha sido tan mal planificado. Debería haber crecido hacia Ademuz. Hay gente que incluso se pregunta si desaparecerá el Tribunal de las Aguas. Mientras haya huerta sigue habiendo unas acequias y habrá tribunal.
-Y otro cambio: la guerra de Sucesión.
-Dos personas con legítimos derechos a la corona. La guerra de Sucesión supuso un cambio total y radical de la organización de Valencia. Pasamos de una época foral a una época centralista de cuño borbónico.
-¿Qué pierden los valencianos al perder los fueros?
-Perdemos las prerrogativas, los privilegios. No olvidemos que si existen unos fueros importantes en Valencia es porque Valencia es importante. Hay cambios en el derecho sucesorio, en el matrimonial. Fue café para todos y olvidamos las diferencias que fuimos atesorando los valencianos, los aragoneses, los catalanes a lo largo de tantos siglos. Por ejemplo: todas las disposiciones sobre huerta y regadíos están en los fueros.
-Enlazo con la actualidad: ¿es necesario recuperar los fueros ahora?
-Esto más parece un sarampión y no quiero entrar en política. No hay que maximizar ni magnificar la pérdida. La desfeta d'Almansa, y eso de que todo se perdió... Se ganó en el igualitarismo. Que no hay derecho a que a cada uno se le juzgue en función de un fuero distinto o de unos privilegios. Por lo menos que haya unas normas básicas.
-¿Entonces, por qué ese intento de regreso?
-No me toques las formas de comer, vivir, de comportarme. Las costumbres. Eso no me lo toques, porque despersonalizas un pueblo. Pero por encima de todo eso somos partes integrantes de una nación con mucha historia, que viene incluso de antes. Cuando en la democracia se inventaron los políticos lo de la España de las autonomías. yo no sé si le hemos sacado mucha rentabilidad.
-¿Qué queda de todo lo hablado? Del crisol, del Levante feliz.
-Yo creo que vivimos bien. El carácter valenciano es acomodaticio, es fácil porque tiene una naturaleza benigna y buena y como resulta que en Valencia siempre ha habido creatividad. La creatividad es muy importante. Demuestra que el carácter valenciano es emprendedor, es imaginativo, abierto.
-Abierto a que vengan y abierto a ir.
-Los valencianos están en todos los sitios. Cabanilles ya vio como unos valencianos de Crevillent vendían esteras en París; y los turroneros de Jijona estaban en Estados Unidos... No hace falta ser un lince para saber que Valencia está muy abierta al mundo, que tiene sus puertas abiertas para entrar y para salir. Ha sido una constante a lo largo de la historia. Y además con una convivencia pacífica, que es muy importante.

MISTERIOS DE LA HISTORIA-VI


Por: Ricardo de la Cierva
Editorial  Planeta

Segunda edición: febrero 1991


III.               CATALUÑA: MUCHO MAS QUE UN MILENIO


EL NACIMIENTO DE CATALUÑA

Jaime Vicens Vives esboza en varios puntos de su libro Aproximación a la historia de España  (Barcelona, 1962), el nacimiento de Cataluña, no de la nación catalana. Por supuesto que lo que se conmemoró en 1988 no es el milenario de Cataluña, que en el año 988 no surgió ni como realidad histórica ni siquiera como nombre; faltaban siglos para el nombre y la entidad que conocemos como Cataluña, tampoco brotó formalmente en un momento dado, sino como una confluencia –muy posterior- de carácter dinámico, sin punto fijo para el arranque. Vayamos a Vicens:

1.      La reivindicación hispánica en el Cantábrico:  “Astures y Cántabros, que siempre habían sido grupos mas reacios a ingresar en la comunidad (romana) peninsular, se erigieron en continuadores de la tradición hispánica” (Vicens, p. 60). La resurrección de esa tradición hispánica es, por lo tanto, anterior al nacimiento de Cataluña; y virtualmente simultánea con el brote de independencia asturiana contra el Islam invasor, como ha demostrado Sánchez Albornoz. Y es que conviene estudiar siempre la historia de Cataluña donde realmente se desarrolla desde principio a fin: en su contexto hispánico.
2.      La síntesis europea e hispánica del embrión catalán.  Pero la resistencia, la reacción y la recuperación hispánica surgieron también en los Pirineos orientales, sobre lo que sería solar catalán. Por impulso también europeo: “Carlomagno incorporó a su imperio los condados catalanes surgidos en el curso de sus campañas entre 785/801, los que fueron englobados en un cuerpo político mal definido, llamado Marca Hispánica” (Vicens, p. 62). 
3.      Ese cuerpo mal definido, ¿era algo semejante a una nación?  De ninguna manera: los núcleos hispánicos de resistencia eran, “desde Galicia a Cataluña, simples islotes-testimonio ante la marea musulmana” (Vicens, p. 59).
4.      La dependencia catalana de Francia –que no se dio en el reino de Asturias- se trasluce en la ausencia de un reino catalán; jamás existió un rey de Cataluña. Incluso cuando se produjo la “desobediencia” del conde Borrell –que ahora se pretende conmemorar- estamos dentro del periodo de dependencia señalado por Vicens.
Pese al establecimiento de una dinastía condal propia en Barcelona, por obra de Wifredo el Velloso (874-898), él mismo descendiente de Carcasona (en el Languedoc), es evidente que durante dos centurias  los condados catalanes latieron al ritmo de Francia” (Vicens, p. 62).
5.      La Cataluña originaria (que no se llamaba todavía Cataluña) no era nación, sino, políticamente, conjunto de divisiones administrativo-militares (condados no unificados), aunque también, genéricamente, un pueblo que iba alumbrando –en su dependencia de Europa y su lucha contra el Islam- profundos rasgos originales de personalidad. Lo mismo que Castilla,  que por cierto parece significar lo que Cataluña, y nacía casi a la vez que su hermana pirenáica, europea y mediterránea. “Es la época del obispo Oliba cuando cristaliza definitivamente la conciencia catalana de formar una personalidad aparte. Una generación mas tarde, el conde barcelonés Ramón Berenguer I el Viejo (1035-1076) definiría, en el famoso Código de los Usatges, el carácter jurídico y social peculiar del país” (Vicens, p. 68). Pero Capdeferro, que ha arrinconado con toda razón algunas persistencias sobre Wifredo el Velloso, a quien la leyenda catalanista quiso hacer el creador de Cataluña, se apoya en las investigaciones de Fernando Valls Taberner para retrasar la conformación propiamente dicha de los Usatges, hasta el siglo XV, cuando se tradujo al catalán la compilación hecha en el siglo XII bajo Ramón Berenguer IV (op. cit., p. 47).  
6.      En todo caso, la demasiada famosa desobediencia del conde Borrell II en 988 no inició, como se pretende conmemorar en el exagerado “milenario de Cataluña, un periodo soberano, ni menos nacional del que mucho después  se llamaría no reino, sino principado de Cataluña. Ya hemos visto cómo, según Vicens, continuó de iure la dependencia de Francia en el caso del principal de los condados catalanes; pero es que además existían otros fuera de la órbita de Barcelona, durante siglos. Y encrespadas las relaciones institucionales (no formalmente rotas) con el rey de Francia, “no existía aún, dentro de la propia Cataluña (que tampoco existía como tal) el poder superior que pudiese sustituir al rey de Francia; precisaba buscarlo fuera” (Soldevila, Síntesis de historia de Cataluña,  Barcelona, Destino, 1973, p. 62). Ese poder soberano superior era la Santa Sede, a la cual se enfeudaron los condes de Barcelona, por ejemplo Ramón Berenguer III el Grande (1096-1131).
7.      Conviene insistir en la aparición simultánea de Castilla y Cataluña:  “He aquí un momento transcendental en el porvenir peninsular. Aparece ahora realmente Castilla en la historia. El pueblo castellano –de sangre vasca y cántabra- se configura en una sociedad abierta, dinámica, arriesgada, como lo es toda estructura social en una frontera que avanza.” (Vicens, pp. 68/69.) Nace así, paralela a la personalidad de Cataluña, la personalidad de Castilla, con el mismo nombre, con el mismo horizonte, con la misma lucha, con el mismo destino.
8.      La Corona de Aragón. ¿Dónde està hasta ahora la nación catalana?  Vivían los condados catalanes, aun después de la presunta independencia de uno de ellos, bajo una distante soberanía francesa (Vicens, p. 79) cuando van a integrarse en su primera realidad estatal propia que no es un Estado catalán sino la gloriosa Corona de Aragón. La presión expansiva de Castilla, la remota soberanía francesa –en competencia con la mas efectiva del papa- y la discreta, pero resuelta actitud de la Santa Sede, “echaron a los aragoneses en brazos de los catalanes” y “obligaron en cierta medida a la aceptación de esta fórmula de convivencia” (Vicens, pp. 78-79).

ELS EFECTES DEL “NORMALITZAT”


Autor: Cimo Lanuza
Certament, la politica llingüistica que s’ha posat en practica en Valencia no ha cobert les expectatives creades –ingenuament, es pensaven els politics que tot consistia en la “Llei d’us” i au-. Despres de tots estos anys d’aplicacio de l’esmentada llei, la conseqüencia mes evident es que aumenten els coneixedors de la llengua pero disminuixen els seus usuaris. ¿I aço per que?

Una reposta clara, evidentment, es el divorç existent entre el sistema que s’ensenya en les escoles i el que es parla en el carrer. Resulta tan forçat, tan ridicul, tan antinatural parlar el tal “Normalitzat” que, a l’hora de la veritat, a soles s’utilisa en molt poques ocasions –i sempre condicionades per l’entorn-. D’entre totes les barbaritats, la mes coenta es sentir parlar a un chiquet de deu anys utilisant formes com “aquest”, “aleshores”, “esbarjo” i un llarc etcetera. El chiquet pareix d’un atre mon. Resulta tan horroros com sentir-lo declamar “La princesa está triste...” de Rubén Darío en l’afectat historionisme que tal poema sugerix.

Un atre motiu igualment important es –ya ho he apuntat en unes atres ocasions- la falta de referents utilisant eixe codic tan afectat. Deportistes d’elit, artistes, politics..., habitualment s’expressen en castella. I lo que passa; com en el cas del chiquet de deu anys, quan algun d’estos personages publics “normalitza”, el resultat es patetic de forma que ni ells mateix ni els seus seguidors son capaços d’identificar-se en eixe codic. Afortunadament, clar, per a la llengua valenciana.

No podia faltar: la nefasta politica llingüistica dels governs que hem tengut i seguim tenint en Valencia: acomplexats, castellanistes, catalanistes; gent que no li importa ni la llengua ni l’identitat valencianes, gent que te uns atres objectius en la seua carrera politica, gent que no te preparacio en el tema, gent que no te clara la seua filiacio identitaria... De tot aço, l’unic resultat possible ha segut governs que s’han dedicat a “omplir la papereta”, “fer el numeret”, intentar llevar-se el problema d’enmig. Ahi està lo llamentable del cas: el valencià, la llengua valenciana –inclus el catala i el castella-, en definitiva, la llengua, ha acabat convertint-se en un problema deixant de costat i cada volta mes arrere la seua funcio natural: ser un instrument de comunicacio aglutinador, vertebrador, identitari i referencial.
Ara be, no tot ha segut negatiu (per al pancatalanisme, clar; el valencianisme mai trau beneficis dels seus esforços). Lo que ha conseguit el “normalitzat” ha segut confondre als propis valencians, inclus a molts valencianistes. ¿Quin valencià “normal” no utilisa formes alienes al valencià comu, formes evidentment catalanes? ¿Quin valencianiste no ha dubtat mes d’una vegada davant l’utilisacio de determinades paraules, expressions, etc.? Moltes persones utilisen catalanismes sense donar-se conte i, no obstant, juren i perjuren que son mes valencianistes que ningu.
I una atra conseqüencia: el “normalitzat” ha creat grapats i grapats de “correctors vius”. Les ultimes generacions no saben parlar be valencià, no saben escriure ni valencià ni “normalitzat”, cometen moltes incorreccions, utilisen molts castellanismes i barbarismes en general... pero si que s’han quedat en la cançoneta: “La y grega no existix en valencià”, “Nosatres està mal dit”, “Falten accents” (quan ells no en posen ni en castella”, “Aço no es diu aixina”... ¡No et fot!

sábado, 30 de julio de 2011

LA ALIMENTACIÓN EN EL MEDIEVALISMO VALENCIANO. UN TEMA MARGINADO. (II)


Juan Vicente García Marsilla
Extraido de Internet


Pero, gracias a la influencia de la "Historia Serial" francesa, algunos
autores comenzaron a aplicar en España la metodología cuantitativa en la
Historia, entre finales de los años 60 e inicios de los 70. En cuanto a la alimentación,
los primeros en utilizar estas técnicas fueron los modernistas,
que contaban, para la realización de este tipo de estudios, con la ventaja
decisiva de las fuentes, mucho más abundantes y precisas en esta época
que en la Edad Media, ello les permitía manejar datos suficientes como para
establecer, con bastante exactitud, la composición de la dieta de nuestros
antepasados por presona y día. Fue A. Eiras Roel quien inició el estudio
de los sistemas alimentarios en el Antiguo Régimen como un medio
para adentrarse en el estudio biológico de la población. El análisis cuantitativo
de balances calóricos y regímenes dietéticos tenía como objeto establecer
un cuadro fisiológico del hombre de la Edad Moderna, para determinar
las enfermedades carenciales a las que se veía abocado. La
historia de la alimentación se convertía, por tanto, en una de las claves explicativas
de la historia demográfica. Para cumplir este cometido, en los
trabajos de Eiras y sus seguidores se llevaba a cabo, con sorprendente minuciosidad,
el desglose de los componentes químicos de la dieta -prótidos,
lípidos, glúcidos, etc.- especificados hasta con decimales, como paso
previo al "diagnóstico" del tipo de problemas que el consumidor de dichos
alimentos podría padecer (7).

Tal optimismo cuantificador ha sido posteriormente
muy criticado, sobre todo porque supone ignorar de forma manifiesta
tanto las diferencias entre las personas de entonces y las actuales,
como, sobre todo, entre los alimentos de hoy y los de hace tres o cuatro siglos.
La aplicación de semejantes métodos a los siglos medievales fue todavía
más difícil y controvertida. En general hay que decir que los estudios
cuantitativos de los medievalistas han carecido de la ambición y la coherencia
de que hacían gala las obras de Eiras Roel. Partiendo de la premisa
de que hay muy pocos documentos medievales que nos proprocionen datos
sobre la comida diaria de alguna persona o colectivo, y que representa
un esfuerzo considerable encontrarlos, la mayor parte de los artículos que,
se supone, pretenden estudiar de forma seriada la alimentación, se limitan
en la práctica al análisis de un único documento, el cual, o bien se contentan
con transcribir o, como mucho, le aplican las modernas técnicas estadísticas,
porcentuando la incidencia de cada grupo de alimentos en el total
de la dieta. Las cuentas de algún viaje, de una corte nobiliar o de alguna
institución benéfica, han sido las fuentes más utilizadas para este tipo de
estudios (8).

Consecuencia de estos planteamientos es la falta de una visión
global de la alimentación como punto de vista desde el que observar
el funcionamiento de una sociedad; el estudio pormenorizado de unas
cuentas aisladas suele llevarnos a caer de nuevo en la ya superada historia
de la anécdota, en una anécdota cuantificada si se quiere, pero igualmente
intrascendente.
No obstante, la escasez de datos sistematizables que caracteriza a las
fuentes medievales ha decantado a la mayor parte de los estudiosos hacia
los aspectos cualitativos de la alimentación, sobre los cuales los documentos
son mucho más explícitos. El objetivo prioritario de este segundo enfoque
es la diferenciación de los modelos alimentarios de diversos grupos
humanos, tanto si esas disparidades tienen un origen económico como religioso
o cultural. Precisamente, los primeros trabajos en esta línea se dedicaron
a tipificar los hábitos alimentarios de las minorías religiosas, especialmente
de los judíos. Respaldados por un lado por el carácter exótico de
estos grupos, y por otro por la creciente atención de la historiografía hacia
los marginados, autores como M. Espadas o J.L. Lacave nos introdujeron
en problemas tan interesantes como la relación entre tipo de dieta y "pureza
de sangre", o el de la conflictividad entre cristianos y judíos que conlleva
el consumo de carne (9).


Posteriormente las diferencias en el nivel económico han cobrado mayor
protagonismo, y conceptos como "poder adquisitivo" o "capacidad de
demanda" han inundado las obras de los historiadores de la alimentación.
No obstante, un aspecto que conviene no olvidar en cuanto a la época medieval
es que, de la misma manera que las élites crearon el sistema estamental
para reforzar las desigualdades sociales, también dieron lugar a
una serie de tabúes ideológicos en torno a los alimentos que eran propios
de cada clase social (10).
(7) Un resumen de los estudios y planteamientos de la escuela cuantitativa lo encontramos
en el artículo del propio A. EIRAS ROEL:"La historia cuantitativa
del consumo alimentario: estado actual de las investigaciones", en Hispania
126, (1974) págs. 105-148.
(8) Algunos ejemplos de este tipo de estudios son: de D. SÁNCHEZ VILLAR:
Desde Estella a Sevilla. Cuentas de un viaje (1352) , Valencia, 1974; de P.
BERTRÁN ROIGE: "La alimentación de los pobres de Lérida en el año 1338",
Congreso de Niza, t. I, págs. 361-373, o, de R. CONDE: "Alimentación y sociedad.
Las cuentas de Guillema de Monteada (A.D. 1189)", en Medievalia 3,
1982, págs. 7-21.
(9) M. ESPADAS BURGOS: "Aspectos sociorreligiosos de la alimentación española"
en Hispania, 131 (1975), págs. 537-575, y J.L. LACAVE RIAÑO: "La carnicería
de la aljama zaragozana a fines del siglo XV", en Sefarad XXXV
(1975), págs. 3-35.
(10) Acerca de esto ver nuestro artículo "Alimentación y diferencias sociales en la
ciudad de Valencia (1390-1415)", en el ler Col.loqui d'História de l'Alimentació
a la Corona d'Aragó (Edat Mitjana) (en prensa).

HISTORIA Y FUNDACIÓN DE VALENCIA Y SU REINO (V)


Febrero 20, 2008
Extraido de Wikipedia.
En 1502 se funda la Universidad de Valencia bajo el nombre de Estudi General.
En 1609 se promulgó el decreto de expulsión, la expulsión de los moriscos y judíos, y el cada vez más preponderante poder de la nobleza, provoca la ruina del país y la bancarrota de la Taula de Canvis en 1613.
Durante la llamada Sublevación de Cataluña (1640-1652), Valencia colabora a petición de Felipe IV en su causa con milicias y dinero, lo que provocará un período de escasez económica local, sumándose a esto también al temporal alojamiento en la ciudad de tropas de otras zonas.
Perdida de los fueros y nueva organización territorial
Guerra de Sucesión
La Guerra de la Sucesión marca como en toda España el siglo XVII.
Durante la Guerra de Sucesión española Valencia fue ocupada por el bando austracista del Archiduque Carlos de Austriaprimeramente, y luego definitivamente por los ejercitos borbónicos.
pinceladas austracistas
Los austracistas retuvieron la ciudad durante 16 meses y derrotaron varios intentos de echarlos. Después de la victoria borbónica en la batalla de Almansa, 25 de abril 1707, el ejército inglés abandonó la comarca y la ciudad de Valencia y dejándola a su suerte.Joan Batista Basset fue el líder del ejercito austracista, él consiguió incitar al pueblo para que les apoyaran ofreciendo quitas de impuestos y distintas ventajas, todo ello, luego, fue ignorado por el Austria y Basset terminó en la cárcel.
El mito de la participación en la guerra
Por otro lado y, pese al mito difundido por algunas fuentes, el Reino de Valencia y en nuestro caso la ciudad, no entró en guerra por ninguno de los contendientes. Así vemos valencianos integrados en ambos bandos, pero el grueso del ejercito, las milicias y los gremios, no fueron llamados a filas, prueba de ello es el abundante material encontrado en la Cuidadela de Valencia, al entrar las tropas del rey Felipe V.
Pruebas de ello las encontramos en textos de la época, donde se da cuenta de la expulsión de maleantes llegados del frente en los días posteriores a la batalla, por parte de los gremios, la base de los ejercitos valencianos.
El religioso Jose Manuel Miñana en “De bello rustico valentino”, nos cuenta lo sucedido: “los ladrones catalanes y los soldados del ejercito disperso se habian refugiado en la ciudad (de Valencia), mezclados con la multitud, excitaban a los plebeyos en la sangre y el saqueo (… ) los gremios, para evitar el tumulto, ponen en seguida en ellas guardias, armados, de confianza en todas las calles, y reuniendo sin demora aquella hez de catalanes, que eran los que ixcitaban al pueblo, los arrojaron de la ciudad, cerraron las puertas y pusieron guardias; libre la ciudad de esa podredumbre…” ( Voltes Bou, P.: La Guerra de Sucesion en Valencia , p 71 . ).
O le parte de armas encontrado en la Ciudadela de Valencia
“Cuando en 1707 se posesionó de la Ciudadela Felipe V, se hallaron 26 cañones de bronce, con picas, arcabuces y mosquetes suficientes para armas a diez mil hombres, mandando el rey que en la parte recayente a la ciudad, tal como reproduce el grabado de Tomás López Enguídanos, de 1809, se construyese un bastión que hacía esquina al huerto de Predicadores con su foso y torreón y una gran flor de lis por remate para su conveniente defensa y seguridad, destinándolo para ciudadela.”