viernes, 1 de julio de 2016

LENGUAS ROMANÇ DURANTE LA DOMINACIÓN ÁRABE

 Autor Desconocido.


La formación de las lenguas románicas o romançs se remarca durante la época de la dominación árabe en España. Es aquí donde los catalanistas se basan para decir que la lengua romana antigua, esto es, el romancium o romanç había desaparecido para hacernos creer que en todas las tierras bajo la dominación árabe, los conquistadores impusieron su lengua y dan como cierta, la falacia de que los cristianos se habían extinguido. Es de todo punto imposible, que un pueblo como el árabe, que respetó iglesias y tradiciones como demuestra que creasen sus mezquitas sin derruir las románicas construcciones, fuese capáz de exterminar las creencias de sus ocupados. Son los mismos autores árabes los que desmienten esa hipótesis. El célebre naturista árabe Ibu-Albathar, por ejemplo, dice claramente y sin ningún empacho que los mozárabes, o sea los cristianos viejos, conservan su lengua sin interrupcion alguna. Y de la misma manera se expresan los demás escritores árabes. Por otra parte, hay aun hoy muchos códices, escritos en romanç, de los siglos IX, X, XI y XII que hablan de contratos, ventas, etc. efectuadas entre cristianos y entre moros y los mismos cristianos, y nos recuerdan también la permanencia de templos cristianos o mozárabes, de obispos y sacerdotes encargados del culto católico. Y sobre todo hay constancia de la correspondencia de los cristianos que vivían bajo el poder musulmán, sujetos a sus leyes y los cristianos libres del norte de España y de la Galia gótica, "i que la llengua parlada pels moçarabes era coneguda per lo nom de Al-Romía o llengua romana" ....

De manera que, durante la dominación árabe, continuaban hablando 'lo romanç' lo mismo los cristianos libres que los mozárabes y los muladíes, o sea, los cristianos renegados, como romanç se hablaba en Francia, Italia, Tirol, Rumanía, etc. Pero era muy natural que en cada una de estas regiones fuese aclimatándose la lengua, cogiendo diferentes aspectos..., y de ahí las diferencias dialectales, cada día más marcadas, hasta la perfecta distincion de lengua de todas esas regiones.

A este respecto, Simonet dice:

"Veamos ya que parte tuvieron los mozárabes en la formación de los romances o dialectos hablados actualemnte en España. Ya hemos notado que el lenguaje hablado por nuestros mozárabes y que en el siglo XIII conservaba todavía, según lo testifica IBN ALBAITHAR, el nombre de su lengua madre, no podía ser un latín puro, elegante y clásico, sino una jerga formada de la descomposición de este idioma y de su mezcla con otros. Examinados con con diligencia los monumentos lingüísticos y memorias que nos quedan de aquellos naturales, nosotros creemos que el lenguaje usado por ellos contribuyó en gran manera al desarrollo de nuestros principales romances, castellano, gallego y portugués, y aún del catalán y valenciano.
F.Javier Simonet. Glosario de las voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes, etc. Cap. IV, pag. XCIX, año 1888.

Véase, sino, el criterio de P. Aguado cuando dice que:


"... Se ha hecho alusión a la variedad de lenguas empleadas en Al-Andalus (711 al 1301), en consonancia con la heterogeneidad de su población... En las relaciones oficiales se exigía el uso del árabe, pero, a pesar del celo de los árabes por la pureza y elegancia del lenguaje, el corriente en la España musulmana se apartó mucho del árabe escrito.... Los mozárabes emplearon el latín en sus libros y escritos; pero en el uso diario hablaban una lengua romance, que no se escribía, pero que era de uso general en los siglos IX y X, al menos, no sólo entre mozárabes y judíos, sino entre musulmanes de todas las clases sociales..."
P. Aguado Bleye: Manual de la Historia de España. Tomo I, pag. 456, año 1954

Expongo la opinión, muy respetable, de Julià Rivera el cual dice

"... Aclarando problemas básicos, como lo son el de la raza y el de la lengua hablada por los musulmanes españoles, cuestiones cuya oscuridad había sido germen de graves errores: El de que los musulmanes españoles, inmediatamente después de la conquista, hablaran el árabe. Como las historias de ese tiempo están escritas en árabe, se forja la idea erronea de que los musulmanes españoles hablaban todos en árabe...". "Se tiene la seguridad de que el pueblo musulmán español, hablaba en romance muchos siglos después de la invasión árabe."
J. Ribera y Tarragó: De Historia Arábigo-Valenciana. Año 1925



LENGUA Y SISTEMA LINGÜISTICO


Autor: Juan Vanrell Nadal

No puede basarse sólo en el nombre la esencia de algo. Cualquier cosa, sin contenido, es vacua e inútil.

Descubramos qué encontramos bajo ese intocable nombre de valencià. Simple y llanamente hay (supuestamente) el léxico, las estructuras gramaticales y la ortografía de la lengua catalana: «…a Espanya hi ha dos denominacions igualment legals per a designar esta llengua: la de valencià, establida en l'Estatut de la Comunitat Valenciana, i la de català, reconeguda en els estatuts d'autonomia de Catalunya y Balears» (Dictamen AVL 9-2-2005, punto 6). Es la confirmación oficial de que valencià y català son (para los catalanistas) exactamente lo mismo.

¡Qué claramente lo denunció el buen jesuita padre Costa en su último artículo: «No es lo mateix ser propietari que co-propietari». Efectivamente, una «llengua compartida» es una sola y misma lengua cuya propiedad corresponde a varios. De esta manera los valencianos pierden la personalidad, la propiedad y la autoridad sobre su lengua ancestral, que siempre habían tenido. Es de atrasados mentales querer hacernos creer que la frase del perverso dictamen: «…el terme més adecuat per a designar la llengua pròpia en la Comunitat Valenciana és el de valencià», significa que los valencianos conservamos la singularidad diferencial del valenciano autóctono. Es una monstruosa falsedad. ¡Una impostura total! Es la tergiversación descarada de la Historia y de la Filología. Ambas nos demuestran que Valencia, por sí y para sí, ha ido configurando su lengua propia a través de siglos. Antes de la reconquista por Jaime I se hablaba el romans valencià. Cataluña igualmente, por sí y para sí, fue creando su propia lengua. Los historiadores medievalistas la llamaban llemosí, procedente del provenzal francés e importado con la creación de la Marca Hispánica por Carlomagno. «En llemosí parle a Deu», decía el gran vate catalán Aribau en su Oda a la patria, premiada en 1833. Muchos siglos después de que los Ferrer, March, Roig, Martorell y otros hubieran dicho y escrito que usaban la lengua valenciana para escribir sus obras. Lo propio sucedió en Baleares. Los isleños, por sí y para sí, fueron formando su propia lengua balear, «tan antigua como el inglés, más pura que el provenzal y el catalán, sus parientes más próximos» (Robert Graves). Es, pues, totalmente falso, desde el punto de vista histórico y social, que la lengua y la cultura de estas tres autonomías esté compartida. Lo propio hay que decir de Cataluña y Baleares. Lo único que compartimos es «un mateix sistema lingüístic», como comparten todas las lenguas neolatinas. Todas estas lenguas: español, francés, portugués, balear, catalán, valenciano y demás son por igual dialectos del latín. Es innegable también que de todas las lenguas neolatinas las más parecidas entre sí son valenciano, catalán y balear. La consecuencia lógica de ser territorios limítrofes y de estar muy relacionados históricamente. Pero esta enorme similitud no autoriza a las universidades ni a los políticos el poder tergiversar la Historia y la Ciencia por conveniencias pancatalanistas. Estos quieren apoderarse de la lengua genuina de Valencia y Baleares para poder proclamar: «¡Somos 12 millones de catalano-parlantes! ¡¡Som una nació!!» Ante esta impostura, el PP y el presidente Zapatero prefieren ceder, ceder, ceder. Es más cómodo complacer a los chillones nacionalistas que salvaguardar la lengua milenaria de los pacíficos y estoicos valencianos y baleáricos.

¿No proclaman ufanos por doquier: «¡Se ha salvado el nombre!» Se ha mantenido su nombre vacío de contenido. Bajo el nombre de «valencià» sólo hay la dictadura implacable del «català». Con el nombre de «valencià» yace muerta para siempre la ancestral lengua de los valencianos, utilizada por nuestros clásicos y por el pueblo llano.




LENGUA VALENCIANA CUESTION DE NOMBRES

 

La llengua de Carod-Rovira es el valencià
Guillermo Dupuy
¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya”
No contentos con que el Gobierno socialista haya respaldado su costosa e innecesaria iniciativa de reclamar en la UE la oficialidad de las lenguas de España, los socios independentistas de ZP y Maragall han emprendido una furibunda y agresiva campaña contra la inclusión del valenciano junto al catalán, el gallego y el euskera. Se reabre así un debate entre Cataluña y la Comunidad Valenciana que no ha terminado nunca de estar cerrado. No les quieren dar agua pero se quieren apropiar de su lengua.

En el resto de España se cometería un error quitando importancia este asunto como una mera cuestión de nombres. Porque junto a este debate que pretende ser meramente filológico —y en el que, como veremos, también se trampea— van unidas las conocidas pretensiones expansionistas del nacionalismo catalán y su irrenunciable deseo de borrar la autonomía propia de la Comunidad Valenciana en beneficio de ese invento antihistórico y delirante conocido como los “Països catalans o la Catalunya Gran”. La defensa de la lengua y cultura valenciana, aunque no exenta de los rasgos colectivistas de toda reclamación identitaria, es mucho más abierta y tolerante que la catalana. Más que enfrentarse a la española, trata de no quedar supeditada y ninguneada por la catalana.

Carod-Rovira ha asegurado que esto “sólo es una cuestión de nombres” y, displicente, ha calificado de “ridículo científico y académico” distinguir entre el valenciano y el catalán. Aunque no vamos a negar que el pancatalanismo académico —de la mano, por cierto del político— está muy infiltrado incluso en universidades valencianas, que no se arrogue tanta autoridad científica. Ahí están todas las obras medivales en donde se empieza a escribir y a traducir del latín en “llengua valenciana”. Y eso por no hablar de la autoridad científica y académica de autores como Ubieto, Fullana, Cremades, Giner i Ferrer y tantos y tantos otros.

Conviene empezar por recordar que la denominación oficial que, junto al castellano, es oficial en la Comunidad Valenciana es el valenciano. Así lo señala expresamente el Estatuto de Autonomía y, por tanto, así lo reconoce nuestra Constitución. Tal denominación, además, lejos de ser un mero voluntarismo político para la ocasión, refleja, por el contrario, la denominación histórica que —insistimos—siempre tuvo esta lengua, que nació como autóctona, como romance valenciano proveniente del bajo latín. No fue pues, una “importación de la reconquista” sino por el contrario una persistencia idiomática mozárabe. La reconquista -fundamentalmente a cargo de aragoneses- no aportó a los territorios del antiguo Reino de Valencia una lengua desconocida hasta entonces, como pudiera ser el caso de los españoles en América.
Tan original fue, pues, para los valencianos su lengua como pudo ser para los catalanes la suya. Con la diferencia de que el Reino de Valencia fue el primer reino de la península en desarrollar y tener (a partir del siglo XIV), un "Siglo de Oro" literario en su propio idioma Valenciano; una razón más para que los catalanistas traten de apropiarse de su solera reivindicando la unidad de la lengua bajo denominación catalana.

Por mucho que se lo mantengan muchos pseudoespecialistas valencianos, el valenciano no es una variante local del catalán. No vamos a engordar la entidad de las variantes que separan y diferencian a ambas lenguas, ciertamente menudas. Pero si en base a esta indiscutible cercanía, lo que se pretende es uniformizar la lengua, en lugar de erradicar palabras y características propias del valenciano, que las que se supriman sean las catalanas. ¿Unitat de la llengua? Molt be. Que se suprima la solicitud de oficialidad del catalán en la UE en beneficio del valenciano...¿No decía Carod, que “era sólo una cuestión de nombres”? Pues ala. A parlar valencià y “a ofrenar noves glòries a Espanya”

LIBERTAD DIGITAL
18 de septiembre del 2004


LENGUA VALENCIANA


Autor Desconocido

¿ Como se transforma el bajo latin traido por los soldados romanos en lo que hoy conocemos como valenciano?. Según el erudito P. Fullana el proceso de transformación se fue efectuando por medio de una evolución morfológica regida por las leyes: "d'acurtament, del menor esforç, d'eufonia i de distincio".

En virtud de la 'llei d'acurtament' las palabras latinas perdieron la terminación en su paso al valenciano: de virutem se formó virtut; de gloriosum, glorios, etc. Y si hecho 'l'acurtament' quedaba al final la nasal n, desaparecía ésta por repugnar a nuestra lengua la nasalidad al final de dicción, así de 'vinum', 'panem', 'granum', se derivaron 'vi', 'pa', 'gra'.

Por la 'llei del menor esforç' cayeron muchas letras y aún sílabas enteras, en medio de dicción, de 'solidatum', se formó 'soldat'; de 'matutinum', 'mati'; de 'mensuram', 'mesura'.

La 'llei d'eufonia' hizo suavizar las palabras, cambiando unas letras en otras de más fácil pronunciación, tanto en principio como en medio y final de dicción. De esta manera se derivó 'oli' de 'oleum', 'manega' de 'manicam'. Efecto de esta misma ley es la vocalización, o sea el cambio de consonantes en vocales, como en 'paraula' que viene de 'parabolam'; 'pau' de 'pacem'.

Por la 'llei de distincio' se admitieron algunas vocales, dichas por eso mismo, letras distintivas. Así por la introducción de la 'a' se distinguieron el masculino del femenino, de 'valentem', se formó 'valent' y 'valenta', de 'dulcem', 'dolç' y 'dolça'.

Una misma palabra latina dió origen a varias valencianas, sirviéndose de diferentes procedimientos, a fin de establecer distinción entre ellas. Así de 'tegulam' se derivan 'teula', 'tecla', y 'tella'.

Según A. Ubieto:

"Se presenta a los Almorávides como los causantes de la pérdida de la 'lengua romance' en Valencia en el siglo XII y como los impulsores del dominio de la lengua árabe. Es tan burda esta interpretación que no resiste el menor intento de crítica. Los primitivos almorávides hablaban bereber y desconocían por completo el árabe. Dificilmente podían propiciar la lengua árabe....".
Antonio Ubieto Arteta: "Los almorávides, el idioma romance y los valencianos". Temas valencianos, 29; pag. 7, 11 y 14. Año 1978

Cuando se insiste en la pérdida de la 'lengua romance' hablada en Valencia a mediados del siglo XII no estará de más recordar la caracterización del famoso rey Lobo. Según Dozy, el rey Lobo ( Ibn Mardanis ) no desmentía su origen cristiano, antes al contrario gustaba de vestir como los cristianos, sus vecinos; usaba las mismas armas, aparejaba los caballos del mismo modo y gustaba hablar su lengua...., fue nombrado en 1147 rey de Valencia.

Pero el 'romance valenciano' se seguía hablando en el siglo XII, lo mismo que a lo largo de todo el XIII, como testimonian los relativamente abundantes documentos que todavía se conservan...

Dice J. Ribera que: "Hay un hecho que salta a la vista. Cuando las huestes del Rey D. Jaime llegan a Valencia, se nota un fenómeno que sorprende algo: una gran parte de los nombres geográficos de los poblados de la huerta de Valencia son latinos, mejor dicho, romances... También los musulmanes valencianos emplearon en su vida familiar la lengua romance, antes de la conquista del rey D. Jaime.

Una de las disposiciones del immortal Jaume I dice así: "Els jutges -dice este Rey- diguen en romanç les sentencies que donaran, i donen aquelles sentencies a les parts que les demanaran".

Si los catalanes aún no nos habían enseñado a "hablar", ¿ como es posible que el propio Rey pida nada más conquistarnos que las sentencias se dicten en romanç ?.

Consideramos -dice A. Ubieto- que la lengua romance hablada en el siglo XII en Valencia persistió durante el siglo XII y XIII, desembocando en el 'Valenciano medieval'. Sobre esta lengua actuarían en muy escasa incidencia las de los conquistadores, ya que, como he señalado en otra ocasión, el aumento de la población del reino de Valencia no llegó a un 5 % con la inmigración aragonesa y catalana. Y esta inmigración iba aproximadamente por mitad y mitad.....
( Archivo del Reino de Valencia: libre del Repartiment ).

Vaya, vaya. Así que según parece, los señores que se aposentaron sobre nuestra tierra, un 2,5 % del total de la población, consiguieron lo que en siete siglos de dominación no pudieron los árabes. Nos cambiaron completamente la lengua, nos enseñaron a todos a hablar y no sólo eso. A tanto llegó nuestro dominio de esa lengua extranjera que en menos de un siglo, ( como veremos más adelante ), nuestro pueblo dió la más grande generación de escritores y pensadores de todo el mundo contemporaneo. Es más, en las tierras del Condado de Barcelona, en donde, según estos 'eruditos catalanófilos', nació nuestra cultura recién adquirida no aparecen escritores de prestigio hasta bien entrado el siglo XVIII. Convendreis conmigo que es, cuanto menos, curiosa coincidencia con ese interés enfermizo que demuestran en querer apropiarse de nuestros clásicos.

A esta 'lengua romance' la llaman Valenciana los escritores que la utilizan ( Antonio Canals, Jaume Roig, Roiç de Corella, Ausias March, Vicente Ferrer, Sor Isabel de Villena, etc. ...). Joanot Martorell y los literatos valencianos más libres de espíritu, adoptan el término: 'la vulgar valenciana lingua'.

"La llengua -dice el P. Fullana (1916)- te vida independent, lliteratura propia i pot formar la seua historia d'evolucio morfologica dende que s'emancipa de sa mare. El dialecte no pot tindre vida independient, ni molt manco lliteratura propia; per lo tant, rigause d'aquells que sostenen que el valencià es un pur dialecte: eixos no han llegit nostres clasics del sigles XIV, XV, XVI i XVII".

Nuestro valenciano -tal como lo afirma J. San Valero- es un conjunto lingüístico constituido por elementos derivados básicamente del bajo latín hablado por todo el pueblo hasta el siglo VIII, enriquecido del VIII al XIII con arabismos y desde el XIII hasta hoy con aragonesismos, catálanismos, provenzalismos, castellanismos, etc..., con unos cultismos modernos y muestra tendencias fonéticas, palabras y expresiones que van desde el ibérico hasta los tecnicismos actuales, pasando por el visigodo, lenguas norteafricanas no arábigas, italiano y francés medievales o modernos, etc.

"...Es llengua valenciana la parlada en la major part de l'antic Reine de Valencia i perteneix al grop romanic de les llengües inflexió-indo-europees, germana del castellà, frances, italià, etc.". Según el P. Fullana.
Según V.Ll. Simó Santonja,

"los idiomas romances mantuvieron durante siglos su lucha contra la oficialidad del latín, y, en el caso concreto de Valencia, contra la oficialidad del árabe. Se hablaba en valenciano romance, pero se escribía en latín o en árabe, si bien en estos textos van apareciendo gradualmente una serie de palabras extrañas -al latín o al árabe- que son romances, lo que da idea precisamente de esa lucha. De ese modo los documentos o escritos bilingües (escritos en árabe o latín con valencianismos incrustados) obtienen prioridad, y sólo en fechas más tardías

aparecen los escritos íntegramente ya en valenciano". "... Ya en la edición latina de los Fueros ( 1240 ) hay palabras en valenciano... que se refieren al lenguaje coloquial: utensilios, alimentos, ropas.... y que en un privilegio de 11 de Abril de 1261 concedido por Jaime I, consta la celebración en Valencia de unas cortes generales que reconocían haber jurado cuatro días antes los fueros y costumbres. De estas Cortes de 1261 data la traducción general de los Fueros del latín al valenciano...". "Dicho texto latino, que contiene una serie de palabras en romance, las contiene en 'romance valenciano', ya que incluso algunas de las empleadas lo son en fueros que se remiten a la costumbre en tiempo de los moros, lo que lógicamente presupone que tales palabras ya eran usuales en Valencia antes de la reconquista y 'repoblación'...".
V.L.Simó Santonja: ¿ Valenciano o Catalán ?, pag. 209,219,221 y 223.Año 1975

Una noticia sobre el idioma en la época de la conquista nos la da la propia 'Crónica de Jaume I', cuando dice que, llegado el día en que se cumplió el término de los siete meses, pactado por el Conquistador, para la rendición del castillo de Bairén, que había de efectuar el alcaide moro Avincedrel, él mismo y D. Pelegrí de Atrocillo, acompañados por una treintena de sirvientes, iniciaron para tal fin, la marcha hacia el castillo de Cullera donde los esperaba D. Jaume. Dice la crónica:



Es decir, que ese sarraceno, vecino del castillo de Bairen, antes de que lo conquistara D. Jaume en la década de los años cuarenta del siglo XIII, encargado de transmitir verbalmente el anterior encargo del Alcaide moro a D. Pelegrí, resulta que lo hizo en 'el nostre baix llati o romanç'. Puesto que conquistada y dominada por los árabes nuestra tierra, "Se habló durante los varios siglos de su dominación por los propios muslimes un dialecto romance. Se sabe de modo indudable que en la región de Valencia se habló ese romance, del que quedan huellas no sólo en libros arábigos, sino también en la nomenclatura geográfica de la región. Para explicarse bien esa nomenclatura hace falta conocer el latín vulgar valenciano que usaron los moros". ( J. Ribera. ).


Y es que no sólo los mozárabes, sino también los propios musulmanes, a parte de su lengua propia, hablaban el 'romanç'. Sobre todo esto hay que tener muy en cuenta la diversidad de elementos que constituyen la suma de su población total, ya que, "al lado de los descendientes de los conquistadores árabes ( elementos en cierto modo advenedizos ) encontramos a los Muwalladas o musulmanes nuevos, que eran los mismos valencianos, nacidos y arraigados en el pais, desde tiempo inmemorial por ser descendientes de los que ocupaban en la época visigoda, romana e indígena. Y aunque el árabe se difundió rápidamente entre los Muwalladas, nunca olvidaron la lengua romance y la usaron casi exclusivamente en su trato con los mozárabes. Los muladíes, lo mismo que los mozárabes, fueron bilingües y aprendieron el árabe sin olvidar su lengua ancestral, derivada del latín".
( A. Huci ).
J. Giner Ferrer: "Bairén, castillo y población, Idioma, Religión y Cultura", Gandía, Rev. Feria y Fiestas, año 1977.



LENGUA CATALANA Y DIALECTO VALENCIANO ?



AUTOR: CHIMO LANUZA


(Nomes versio en Castellà · Solo versión en Castellano)


 El catalanismo es un movimiento neofascista que se ha puesto de moda en Valencia durante los últimos decenios y que sostiene que el valenciano y el catalán son la misma lengua; en consecuencia -dicen los catalanistas-, como son la misma lengua, Valencia pertenece a un mismo enclave cultural y geográfic catalán hasta el extremo de designar a Valencia con el nombre de Cataluña del Sur (o, también, País Valencià), como un territorio enclavado en los denominados -por los catalanistas- Països Catalans, en todo punto inexistentes, por supuesto, pero un objetivo a conseguir mediante el fundamento de la unidad lingüística.

 Utilizando el poder político y económico, el catalanismo ha sabido y podido servirse en beneficio propio de la romanística internacional tras la que se escudan y en la que han establecido su teoría oficial ya citada. Para ello han desarrollado un fantástico razonamiento teórico-virtual investido de una dialéctica propia con carácter pseudocientífico consiguiendo así engañar a -casi- todos los profesionales de la lingüística. Desde el valencianismo intentamos demostrar la falsedad del planteamiento catalanista con la única intención de salvaguardar, proteger y recuperar la lengua valenciana (componente básico de nuestra identidad).

 Así por ejemplo, los catalanistas parten de los prejuicios que comporta la anacrónica clasificación de lenguas y dialectos, dándole -¡como no!- el valor de lengua al catalán y el de dialecto al valenciano, con lo que establecen una jerarquía de subordinación que a la larga les sirve para supeditar lo valenciano a lo catalán. Nosotros lo que hacemos en estos casos es revisar la teoría existente sobre estos conceptos y aplicarla a nuestro caso particular, poniendo así en entredicho las falacias sobre las que se asienta la teoría catalanista. El tema que nos ocupa posiblemente sea uno de los retos más interesantes para cualquier lingüista del mundo: definir los conceptos lengua y dialecto, ser capaz de establecer claramente qué es lo que los diferencia, de manera que se pueda saber con precisión y en cada caso ante qué nos encontramos: una lengua o un dialecto. Pero lo que pocos lingüistas se han atrevido a hacer, la jactancia catalanista, como veremos, lo ha resuelto.

 Tomemos como punto de partida una definición que, desde un punto de vista estrictamente lingüístico, proponía André MARTINET en 1960: Una lengua es un instrumento de comunicación con cuya ayuda se analiza la experiencia humana de manera diferente en cada comunidad, en unidades dotadas de un contenido semántico y de una expresión fónica, los monemas. Esta expresión única se articula a la vez en unidades distintivas y sucesivas, los fonemas, en número determinado en cada lengua teniendo en cuenta que su naturaleza y las relaciones mutuas internas difieren también de una lengua a otra. Como definición de lengua en cuanto sistema o código de comunicación, convenimos en que es adecuada: hace referencia a la doble articulación del lenguaje y al carácter arbitrario o convencional de las lenguas. Propuestas de este tipo podemos encontrar muchas, más o menos completas, más o menos acertadas, pero para situaciones como la que nos ocupa resultan insuficientes pues no tienen en cuenta otros factores que son precisamente los que acaban dando la información necesaria para ubicar cada uno de dichos sistemas en su sociedad correspondiente y ponerlo en relación con el resto de sistemas. La lingüística nos describe el esqueleto de la lengua, los músculos, los órganos internos... todos ellos similares pero diferentes a la vez entre un cuerpo y otro (entre una lengua y otra). Pero la lingüística es incapaz de interpretar adecuadamente aquellos atributos que, como elementos distintivos, vienen dados por el color de la piel y de los ojos, la estatura, el cabello, la cara y, lo que es más importante, el carácter y la personalidad, que es lo que nos diferencian a unas personas de otras (a unas lenguas de otras). En este sentido, donde acaba la labor de los lingüistas empieza la de los sociolingüistas. O, mejor dicho, éstos trabajan al margen de la lengua como sistema y se interesan más por la lengua como instrumento de comunicación que es capaz de generar unas relaciones de poder o de prestigio. Y esto es lo que complica terriblemente el trabajo de los especialistas porque a partir de aquí intervenen muchos otros factores que circundan las lenguas, de manera que prefieren no enfrentarse con una definición, pues son conscientes de que no siempre acertarían y de que siempre estarían sometidos a prejuicios y subjetivizaciones. Como dice MARTINET, es preciso dejar bien sentado que el término dialecto (en Italia, Alemania y otros países europeos entre los que cabe incluír el estado español) supone en el uso corriente un juicio de valor. Estos conceptos son tan variables que nunca conseguiremos encontrar un modelo extrapolable. En los Estados Unidos, por ejemplo, el término dialecto designa toda forma local del inglés sin que se plantee la cuestión de oponer a los dialectos una forma de lengua más "recomendable", cosa impensable en otros lugares más próximos a nosotros.

 Creo que OSGOOD y SEBEOK (Psicolingüística, DD.AA.) están más acertados cuando intervienen en este tema en los siguientes términos: Dondequiera que siga hablándose una lengua durante un largo periodo de tiempo, la disminución del intercambio lingüístico motivado por la ausencia de migración, barreras políticas y geográficas y otros factores dan como resultado un modelo de fraccionamiento dialectal, cuando las innovaciones lingüísticas que se inician en un sector de la comunidad hablante acaban habitualmente por no difundirse en cierta medida al resto. Al continuar así, los dialectos se despegan apartándose más y más hasta que se convierten en lenguas mutuamente ininteligibles. No es necesario, como lo demuestra la inmensa realidad de las lenguas vivas, que el resultado final sea la mutua ininteligibilidad (concepto, por otra parte, rechazado como argumento por los lingüistas). Estas palabras prueban que, caso de que realmente el valenciano y el catalán fueran dos dialectos hermanos de la misma lengua (teoría improbable según confirman la historia, la documentación y la sociolingüística), entre valenciano y catalán habría acabado ocurriendo lo descrito por OSGOOD y SEBEOK: la fragmentación que conduce a la definitiva separación. Por ello no nos cansaremos de decir que nos da igual cuál es el origen del valenciano; lo que tenemos es una lengua con una personalidad propia y diferenciada, un pasado más que glorioso, un presente más que interesante y un futuro en el que nuestra actitud (y una actitud menos insensata, desleal e indigna por parte de los intelectuales y de sus correligionarios políticos) es fundamental para la supervivencia de esta lengua. Un idioma con estas características (en realidad, todo idioma) necesita y requiere una codificación propia, así como una clase política e intelectual sin complejos que apueste seriamente (sin perder tiempo en salvaguardar intereses personales) por la recuperación, el represtigiamiento y la promoción, en nuestro caso, de la lengua valenciana.

 La distinción entre lengua y dialecto representa una dificultad que la mayoría de lingüistas y de sociolingüistas la ponen de manifiesto a la hora de tratar el tema: Desde un punto de vista rigurosamente lingüístico, no existen evidencias que justifiquen la distinción entre lengua y dialecto, por lo que resulta obligado recorrer a criterios extralingüísticos, si se quiere mantener. Algunos autores, no obstante, han evitado la diferenciación negando simplemente la existencia de los dialectos (MORENO FERNÁNDEZ). Estas declaraciones contienen matices que los especialistas de la universidad de Valencia cuestionan:

 - la lingüística, "estrictamente", no sirve para diferenciar lenguas y dialectos.

 - no hay, lingüísticamente, ninguna necesidad ni razón (sin duda, sí que hay un especial "interés") en mantener esa distinción.

 - son necesarios criterios extralingüísticos para hablar de lenguas y de dialectos; lo cual significa que es legítima su vinculación con aspectos como la cultura, la política, etc.

 - esto también quiere decir que no sólo están legitimados para hablar de lengua los titulados o los universitarios como mantienen los catalanistas, sino que, precisamente por tratarse de un instrumento social, de lengua puede hablar con más motivo cualquier individuo en su condición de su usuario, como reiteradamente reconocen la gran mayoría de los lingüistas.

 - MORENO, además, apunta una solución interesante que han tomado algunos autores: negar la existencia de los dialectos. Porque, hoy por hoy, ¿con qué intención se mantiene esta distinción? Sólo con una muy clara, tendenciosa y casi maquiavélica: establecer jerarquías, dependencias, prestigio asociado y unos incomprensibles "derechos" de las consideradas lenguas sobre los considerados dialectos (una especie de "derecho de pernada" lingüístico).

 HUDSON introduce un tercer concepto, el de "registro" y manifiesta igualmente las mismas dificultades: Los tres conceptos son extremadamente problemáticos, tanto en el momento de encontrar una definición general para cada uno de ellos y que lo distinga de los otros, como desde el punto de vista de encontrar criterios para delimitar variedades. Hay también lingüistas que, debido a las dificultades y prejuicios que comportan los términos lengua i dialecto, prefieren hablar simplemente de "variedades" y aquellos otros que proponen el concepto de "comunidad de habla": Los miembros de una comunidad de habla no sólo comparten un código o una variedad lingüística, sino que juegan, valoran e interpretan de forma semejante las variables que permiten diferenciar sociolingüísticamente a sus hablantes. Los individuos, al hablar entre ellos, son capaces de distinguir los que pertenecen a su misma comunidad de los que son ajenos a ella: los límites de una comunidad pueden ser locales, regionales, nacionales o incluso supranacionales y sus miembros generalmente conocen el perfil de la conducta lingüística que los caracteriza (MORENO FERNÁNDEZ). Aunque no deja de ser una propuesta interesante, no obstante, tampoco sirve para el caso valenciano porque el sector catalanista sin duda seguiría negando la realidad sociolingüística valenciana e inventando (como siempre hace) un marco geográfico (e histórico) inexistente donde ubicar la "comunidad de habla catalana". No soluciona, pues, el problema y nos encontramos de nuevo a expensas de la sensatez de autores y de especialistas que no se dejen manipular por los tentáculos de la kultura oficiosa (con k de "okupa").

 Respecto a este tema, dice ROCA-PONS: la definición del concepto de dialecto no resulta fácil. La delimitación dialectal, tanto desde una perspectiva evolutiva como descriptiva, ofrece muchas dificultades. Los denominados dialectos no se nos ofrecen como unidades claramente definidas. Es bien sabido que, si atenemos a diferentes características -fonéticas, gramaticales o léxicas- no se extienden dentro de un territorio que, hipotéticamente, habla una misma lengua, de una manera uniforme [...]. Igual que en el caso de los dialectos, tampoco las lenguas se nos ofrecen como unidades claramente delimitadas y separadas unas de otras. Mientras que a veces el paso de una lengua a otra se efectúa por medio de una frontera muy clara y tajante, en otras el tránsito se hace gradualmente, sobre todo, como es natural, si las lenguas pertenecen a una misma familia. Ante afirmaciones como éstas, no nos cansamos de preguntarnos: ¿cómo es posible que, mientras que todos los lingüistas del mundo muestran sus reservas ante la definición y la delimitación de los conceptos de lengua y dialecto, los catalanistas, al hablar del valenciano, "lo tienen muy claro", lo califican de "indiscutible" e "incuestionable" y afirman que "ningún lingüista dice lo contrario"? ¿Por qué la romanística internacional no dice nada al respecto? ¿No es ésta una actitud un tanto pretenciosa? ¿Cómo es posible que precisamente en nuestro caso no haya dudas de ninguna clase? ¿Cómo se le puede dar credibilidad a la arrogancia de estos aficionados a lingüistas que estan dañando la credibilidad de los especialistas cuando afirman que el origen catalán del valenciano es un hecho ni más ni menos que "científicamente demostrado" como si de las propiedades de un detergente se tratara? ¿Acaso se puede demostrar "científicamente" la existencia de lenguas o de dialectos? ¿Acaso se trata de fórmulas mágicas o matemáticas que nos permiten resultados exactos?

 Es muy popular el concepto de dialecto en sentido peyorativo: se entiende por dialecto una lengua sin cultivo literario o científico, etc.(ROCA-PONS). No hay duda de que la tradición literaria del valenciano impide su clasificación entre los dialectos de ninguna lengua actual. Negar esto ya resulta capcioso y a un tiempo tan ocioso como cansino. Del mismo autor, tenemos la siguiente definición que no es nueva pero no deja de ser interesante en cuanto que incide en que la condición de lengua o de dialecto no viene dada por sus características estructurales: En realidad, las lenguas pueden considerarse como antiguos dialectos que, debido a diversas circunstancias, se han impuesto como oficiales o de cultura sobre otros dialectos primitivos que han ido desapareciendo o han ido integrándose en la lengua o dialecto dominante. El valenciano, en la Edad Media, era un dialecto más del latín (entre todos los que compartían su existencia en las tierras peninsulares) y a partir del siglo XIII inicia su andadura ascendente hasta convertirse, en los siglos XIV y XV, en una importante lengua de cultura que, hallándose en su mejor momento, produce una literatura de calidad: Joanot Martorell, Ausias March, Isabel de Villena, Jaume Roig, Roiç de Corella y otros muchos son valencianos y en valenciano afirmaban expresarse. Este idioma mantuvo sus contactos con las lenguas vecinas (aragonés, castellano, catalán...), pero superficial y a todas luces insuficiente para influir sobre la lengua valenciana la cual, con el tiempo, mantuvo su independencia y su evolución propias. No olvidemos que el catalán era una lengua todavía en proceso de formación, sin una literatura que la avalara y hablada por un pueblo aún por constituir perteneciente a un territorio todavía por delimitar y que, además, todavía no tenía concepto de identidad. Más adelante, el mismo ROCA-PONS sigue diciendo al respecto: La diferencia entre lengua y dialecto está, en realidad, muy poco clara para basarse a menudo de manera implícita en criterios no siempre directamente relevantes, cuando no inconsistentes entre ellos. Así pues, mientras formas de hablar sufucientemente diferentes para impedir la inmediata intercomunicación entre sus hablantes son a veces consideradas "dialectos de una misma lengua" por el hecho de escribirse según un mismo código ortográfico [...], en otros casos se consideran "lenguas distintas" formas de hablar que permiten la inmediata comprensión entre hablantes de las mismas [...], por el hecho de existir fronteras nacionales claramente delimitadas. El autor hace aquí una clara referencia al carácter convencional y arbitrario de cualquier intento de clasificación y delimitación entre lenguas y dialectos. Pone en duda (sigue con el mismo escepticismo ante) criterios tan tópicos como el de la interinteligibilidad (que con tanta insistencia enarbolan los pancatalanistas) para terminar diciendo que la elaboración de tests sistemáticos de inteligibilidad ha conocido, no obstante, un progreso limitado.

 Tomemos otra definición -esta de dialecto- mucho más expresiva por su impactante brevedad y a la vez por su impactante contenido, según la cual un dialecto es una lengua sin ejército (Noam Chomsky en Bernat JOAN I MARÍ). Es una definición interesante por la cantidad de sugerencias que implica. En primer lugar -siguiendo el mismo juego de palabras-, una lengua, visto que no es otra cosa que un dialecto que ha triunfado, en consecuencia será un dialecto con ejército. ¿Y en qué consiste ese ejército? Fundamentalmente en un colectivo dispuesto a luchar por esa lengua, con ideas muy claras, que actúan en consecuencia... Es interesante la desvinculación de la definición de Chomsky respecto a la estructura lingüística y, por otra parte, la asociación que hace del concepto con un colectivo investido con la fuerza de la voluntad.

 Otra definición de dialecto tan escéptica como otras es la que nos da Humberto LÓPEZ MORALES, el cual dice: Las variedades diatópicas, los dialectos, no se diferencian demasiado de las lenguas, ya que son sistemas tan virtuales y tan irrealizables como aquellas. Son sistemas virtuales a los que tendremos que aplicar otros criterios, que nunca podrán ser lingüísticos o al menos estrictamente lingüísticos para poder comprender el juego de actualización de cada sistema. Quiere esto decir que no podemos recorrer a argumentos tan ingenuos como el de la interinteligibilidad, el de la similitud o el de la relación filogenética para determinar qué sistemas son lengua, qué otros son dialecto y, en este último caso, qué dialecto lo es de qué lengua. Desde la perspectiva de la lingüística contemporánea, resulta antediluviano manifestarse en estos términos para establecer una clasificación de lenguas y dialectos y las relaciones entre todos ellos. Este autor añade que la única diferencia ostensible entre estos dos conceptos es el dominio más limitado del dialecto, pero esto es cuestión de geografía. En realidad, no: de la misma manera que el concepto de lengua se debe a muchos factores (la mayoría extralingüísticos), el concepto de dialecto lo hemos de buscar más allá de explicaciones estrictamente geográficas. Por otra parte, este criterio pondría en peligro la actual clasificación "internacionalmente reconocida" porque hay dialectos "oficiales" de determinadas lenguas que son mucho más extensos geográficamente que la propia lengua de origen (el castellano o el inglés de América). Pero LÓPEZ MORALES conoce perfectamente el terreno y no puede suscribirse de la sensatez al afirmar que ya se ha reconocido más de una vez que no hay bases sólidas de tipo lingüístico para distinguir entre lengua y dialecto [...]. La única diferencia existente entre lengua y dialecto es el prestigio que en ocasiones se atribuye a la primera. En la misma línea están de acuerdo la mayoría de los lingüistas y HUDSON lo resume cuando afirma que la otra diferencia [la primera alude a una especie de "tamaño virtual"] entre "lengua" y "dialecto" es una cuestión de "prestigio", prestigio que posee la lengua y del que carece el dialecto (HUDSON, R.A.). En este sentido, es una evidencia que el uso del catalán en Valencia (por medio del capcioso "normalitzat", estándar catalanizante que se aplica en Valencia como caballo de Troya con la intención de introducir paulatinamente el catalán) tiene todavía un prestigio forzado, muy relativo y afortunadamente bastante reducido. Estamos a tiempo y, por este motivo, hemos de represtigiar el valenciano para sacarlo de su actual estado dialectal. Porque, en verdad, el valenciano actual se manifiesta como un dialecto, pero no porque así lo digan los pancatalanistas ni porque proceda del catalán (caso de que fuera cierto), sino por el uso que de él hacemos. La solución no es someterlo al estándar catalán (estaríamos destinándolo a su definitiva desaparición) sino normalizar su uso.

 Como vemos, hay una inmensa diferencia entre lo que dicen la lingüística y la romanística internacionales frente a lo que los catalanistas les atribuyen. De esta forma, la mentira ha provocado un abismo insalvable entre la lingüística internacional y la lingüística pancatalanista que sólo lo puede superar la "oficialidad" conferiéndole a esta última un lamentable carácter endogámico por el que se autoabastecen y que los conduce indefectiblemente hacia una dictadura pseudocientífica (similar a las "dictaduras científicas" conocidas en Alemania o en Rusia o en otros países en épocas pasadas).

 El mismo HUDSON aclara su postura respecto al criterio de tamaño entre "lengua" y "dialecto" (o entre variedades de la misma lengua) en los siguientes términos: Al tratar de la otra distinción, basada en el tamaño, la situación es muy distinta, ya que todo resulta relativo [...] La afirmación de que una variedad particular es una lengua en el sentido de su "tamaño" [argumento del discurso pancatalanista] es muy poco significativa. ¿Hay, por tanto, alguna manera por la que la distinción entre "lengua" y "dialecto" basada en el tamaño pueda hacerse menos relativa? Anticipamos que nuestra respuesta es negativa. Y es que, como dice Bernat JOAN, la consideración de dialecto o de lengua es muy variable y cambia a lo largo del tiempo.

 De todos los lingüistas es sabido que la manera en que comúnmente se aplica la distinción entre lenguas y dialectos se basa, en gran medida, en consideraciones culturales o políticas: por ejemplo, muchos de los que se dicen "dialectos" del chino difieren entre sí más de lo que lo hacen, pongamos por caso, el danés y el noruego, o, lo que aún es más notable, el holandés y el flamenco, que frecuentemente se describen como "lenguas" distintas (LYONS). Más todavía: Einar HAUGEN afirma que se trata de un enfoque ideológico el hecho de calificar unas determinadas variantes como "lenguas" y otras como "dialectos", que la cuestión resulta muy controvertida y que pertenece al plano de la sociolingüística [...] La condición de "lengua" o "dialecto", según la terminología usada por HAUGEN, dependería de la provisión de poder político que los hablantes de una determinada variante hubieran sido capaces de realizar (Bernat JOAN). Atención a las expresiones "enfoque ideológico" y "poder político": ¿pues no habíamos quedado, siguiendo los criterios pancatalanistas, que son los lingüísticos los únicos argumentos válidos para delimitar y clasificar lenguas y dialectos? También Manuel ALVAR (en DD.AA., El aragonés...) es muy elocuente en este sentido: Lengua y dialecto plantean problemas no lingüísticos, sino derivados de la historia. Entramos en el terreno de la especulación científica con la que se comprometen intereses sentimentales que no tienen valoración objetiva. Los autores de este libro continúan diciendo: y entiéndase de manera muy amplia esto de "intereses sentimentales", porque es evidente que incluye creencias y opiniones políticas. Es decir, la filología puede explicar o exponer unos hechos, pero para su interpretación y valoración hay que acudir a la historia, a la sociología, e incluso a la política, que serán las que podrán ofrecernos una opción final en el campo sociocultural (todas las negritas son mías. La exasperación, también).

 Ahora es Lluis V. ARACIL quien dice: todavía hay lingüistas tan obtusos que no han descubierto que el sentido "vulgar" (popular o profano) de "dialecto" no tiene nada que ver con la estructura lingüística, sino que se refiere al uso. Me parece evidente que, al hablar en estos términos, sólo puede estar refiriéndose a los lingüistas pancatalanistas porque son éstos los que insisten en utilizar argumentos estructurales para calificar el valenciano como dialecto, olvidando los auténticos factores que determinan esas "jerarquías"; olvidan, así, aspectos tan sumamente importantes como el social, el cultural, el histórico, el documental, el literario... El único que no olvidan es el político; y no lo pueden olvidar porque se deben a él: la pretendida unidad lingüística del catalán está en función no de aspectos lingüísticos, sino del proyecto neonaci de los Països catalans.

 MORENO FERNÁNDEZ nos recuerda la propuesta que en 1962 hizo William STEWART para la clasificación de las lenguas basándose en cuatro criterios o atributos que permitirían establecer una tipología lingüística suficientemente clara y senzilla, aunque no exenta de problemas [la negrita es mía]: estandarización, autonomía, historicidad y vitalidad. Los cuatro requisitos los reúne el valenciano; de ahí el interés del catalanismo por someter el valenciano bajo el estándar catalán: el "normalitzat" (perderíamos dos de los requisitos: nuestra codificación y nuestra autonomía), de negar nuestros autores clásicos (se olvidaría la historiacidad del valenciano) y de eliminar las formas autóctonas (perdiendo vitalidad la lengua valenciana). Este era el cuadro de STEWART:

A t r i b u t o s
  T i p o

 1 2 3 4
  

 + + + +
 lengua estándar

 + + + -
 lengua clásica

 + + - -
 lengua artificial

 - + + +
 lengua vernácula

 - - + +
 dialecto

 - - - +
 lengua criolla

 - - - -
 lengua pidgín


 Significado de los atributos: 1 = estandarización, 2 = autonomía, 3 = historicidad y 4 = vitalidad. Si aplicamos este cuadro a nuestro caso, veremos que el valenciano sólo puede ser una lengua (estándar), nunca un dialecto (porque está estandarizado, tiene autonomía, es una lengua histórica con literatura y codificación propias, y goza todavía de una esperanzadora vitalidad), mientras que el catalán (al menos en Valencia) es una lengua artificial (no tiene historicidad ni tiene vitalidad) y nunca podría ser considerado ni tan sólo lengua vernácula por los mismos motivos anteriormente aludidos.

 Un dialecto lo es por muchos motivos, pero éstos, como hemos visto, no tienen que ver con el sistema propiamente lingüístico. En esta misma línea, afirma Bernat JOAN que la distinción entre "lengua" (entendida como lengua nacional) y "dialecto" (entendido como lengua regional) puede ser "vaga" desde un punto de vista estructural (tan vaga que, desde esta perspectiva, es totalmente imposible distinguirlos).

 La actitud del pancatalanismo teórico es altamente simplista y, en absoluto, inocente. La teoría pancatalanista simplifica muchos aspectos tan extremadamente complejos como éste de la distinción entre lengua y dialecto. ¿Como se explica que el dialecto dé escritores clásicos y la lengua de origen no?, ¿cuál es el motivo por el que aparece tan pronto -¡en un dialecto!- la percepción de identidad como lengua propia que, además, no se denomina como "correspondería" (catalán), sino con su nombre "local" (valenciano), que es el que después, a través del tiempo y del espacio, se expandirá y se conservará?

 Ya en el siglo XIV Valencia llegó a ser una potencia mediterránea y su esplendor se mantendría hasta el XV. Esta hegemonía política tuvo también sus consecuentes manifestaciones en el aspecto cultural -y lingüístico-, de manera que estas circunstancias condujeron necesariamente a la aparición -o posiblemente al incremento- de los sentimientos identitarios de "nación", de singularidad cultural, de entidad política (Valencia es un Reino con unas leyes propias, los Furs) y por el de personalidad idiomática. El pueblo valenciano se identifica con una historia, una cultura, unos límites geográficos, unas tradiciones, unas costumbres, una moneda, unos bailes, una manera de ser y de pensar... y se siente sin duda poseedor de una lengua propia como medio de comunicación diferente, propio y emblemático. Y así lo expresan todos sus escritores a lo largo de la historia. Esto no es casual ni caracteriza, evidentemente, a un dialecto, sino a una lengua. Se trata, sin más, del proceso ordinario que atraviesan las lenguas neolatinas en su paso de lengua "arromanzada" a lengua neolatina; así se puede observar en el gallego, el occitano, el aragonés, el castellano, el portugués... El catalán aún tendría que esperar unos siglos más para llegar a obtener la consideración de lengua propia de los catalanes, para contar con una literatura interesante y para generar la necesidad de su codificación. La conciencia de pueblo y de cultura catalanas con una lengua propia e independiente asociada a ello estaba todavía por llegar. En la época en que Valencia era una potencia económica y cultural, Catalunya, como hay que entenderla, aún no existía, permanecía dividida en diversos territorios sin otra vinculación que la de pertenecer al Reino de Aragón y professar la misma fe. El nacionalismo catalán aparece, como tantos otros, en el siglo XIX reivindicando lengua (tradicionalmente considerada un dialecto del provenzal), cultura, nación... Lamentablemente, este sentido reivindicativo se convertiría con el tiempo en una auténtica obsesión megalómana (al utilizar las lógicas semejanzas que como lenguas neolatinas muestran valenciano y catalán) para convertirse –al estilo hitleriano- en un argumento para su expansión territorial y política con la absorción o disolución de las peculiaridades del valenciano en un proceso largo y sin duda penoso (también humillante y aniquilador).

 Un ejemplo curioso relacionado con este tema. En Aragonés: identidad y problemática de una lengua, en un apartado en que los autores están hablando de las características fonéticas de esta lengua, explican que la variedad denominada benasqués ofrece unas características muy peculiares y que de momento parece que quiere seguir caminando a solas [...] a lo cual, por supuesto tienen perfecto derecho. Y mi pregunta es ¿por qué no se puede pensar lo mismo respecto al valenciano, cuando "méritos" nos sobran mucho más que al benasqués?, ¿por qué no se nos permite "caminar a solas" como el noruego, el danés, el sueco, el servio, el croata, el flamenco, el luxemburgués, el sardo, el aragonés, el occcitano, el catalán... el benasqués?

 Siguiendo con lo mismo, quiero decir que en el caso de los catalanistas, como reiteradamente hemos explicado, quieren hacer creer que el tema pertenece a la lingüística interna -¡claro, la mayoría de lingüistas están manipulados por ellos!-, por lo que insisten a modo de dogma de fe en los aspectos estructurales de las lenguas olvidando que, en todo caso, hablamos de hipótesis basadas en interpretaciones personales de los especialistas de manera que todas ellas pueden ser acertadas o no serlo. Este es el motivo de su hermetismo: para poder salvaguardar sus propuestas (y sus "sillones") mantienen una rigidez e impermeabilidad asombrosas, acogiéndose a aspectos subjetivos, a manipulaciones y a obstinadas iteraciones alrededor de una serie de cabos que quieren mantener atados. Como las cifras. Los números. Son su obsesión, cuando todo lingüista bien orientado sabe que este aspecto no es, en absoluto, determinante para que una lengua se imponga en un territorio nuevo pues intervienen otros muchos factores. El caso que mejor puede ilustrar esta afirmación es el de los pueblos germánicos que se establecieron en territorios nuevos pero no por esto en dichos lugares terminaron hablándose las lenguas de los invasores. ¿Por qué? Muy brevemente (exactamente igual que más tarde ocurriría con los árabes y con los repobladores del Reino de Valencia): la cultura –y la lengua- del pueblo invadido era superior a la de los invasores; estos eran portadores de lenguas demasiado diversificadas (o, como en el caso del catalán, aún en proceso de formación); la lengua de los invasores ni era una, ni codificada, ni tenía detrás una tradición literaria que les sirviera de sostén; no hay en ningún momento una intención de normalizar lingüísticamente la población dominada (como sí ocurrió con Castilla en América del sur. De aquí la gran diferencia entre ambas invasiones)... Pero el pancatalanismo elude intencionalmente todos estos factores obstinándose en fantásticas teorías numéricas sacándose catalanes de debajo de las piedras y dándole a este componente una credibilidad desmedida y todo para demostrar la procedencia catalana del valenciano cosa que, en un improbable caso, no querría decir otra cosa que eso: que viene del catalán, pero en ningún momento sería óbice para que el valenciano pudiera tener su propia codificación iniciada desde la época de nuestros clásicos. E insisten en los criterios lingüísticos allí donde, en el fondo, subyacen motivos políticos y culturales. En pocas palabras: el valenciano es un dialecto del catalán pero no porque proceda de esta lengua ni porque fuéramos repoblados por treinta millones de catalanes ni porque sean dos lenguas parecidas ni porque nos entendamos cuando hablamos, sino porque así lo han decidido nuestros acomplejados políticos y porque este concepto forma parte del proyecto último de constituir una Cataluña grande bajo la denominación de "Països Catalans" sustentados –a la fuerza- inicialmente por los lazos de una supuesta unidad lingüística. Después vendrán los vinculos culturales, después los geográficos, los políticos... Creo que está muy claro que no hay nada de "inocencia" ni de "honestidad" en la teoría pancatalanista. Sí así fuera, no tendrían necesidad de engañar ni de cambiar su estrategia para hacer llegar su mensage y conseguir adeptos. Puesto que la palabra "catalán" y derivadas no tienen buena acogida entre los ciudadanos valencianos, la han eliminado de su elenco lexicográfico y, puesto que la propuesta de los mencionados "Paísos Catalans" no tiene eco en la sociedad valenciana, la han aparcado de momento y han modificado su mensaje insistiendo ahora en que la unidad lingüística (del catalán) no comporta necesariamente una unidad político-geográfica. Ciertamente, así consiguen engañar a muchísimos ciudadanos que actúan de buena fe. Sin embargo, sabemos que ni la Generalitat de Cataluña ni la de Valencia ni las universidades correspondientes están dispuestas a seguir subvencionando el catalanismo en Valencia si no es aceptando que estas rectificaciones sólo se justifican por una simple estrategia de mercado pues se pretende que en el futuro la unidad lingüística remita a una unidad de índole político-cultural; entonces se sacará y se desempolvará del cajón el proyecto de los "Països Catalans" y ya no se eludirán los términos ahora tabús.

 Lo bien cierto es que lo que más abunda entre todos los lingüistas del mundo en los que incluímos, naturalmente, a todos los romanistas –excepto, los pancatalanistas, naturalmente-, es el elevadot grado de escepticismo y la ausencia de compromiso a la hora de tener que enfrentarse con los términos "lengua" y "dialecto" que se convierten, en ocasiones, en un auténtico problema que muchas veces prefieren evitar. Vistas como están las cosas, lo comprendo. En Valencia, por ejemplo, puede costarte el lugar de trabajo y, seguro, el prestigio profesional. Francho NAGORE dice con tota franqueza que conviene anotar que todavía no se han puesto de acuerdo los lingüistas en la diferencia que hay entre "lengua", "dialecto" e "idioma". Más o menos, aproximadamente, sí (aunque normalmente, al margen de la antropología). Porque una lengua no es (o, al menos, no sólo es) la suma o relación de sus fonemas, sus morfemas, sus reglas gramaticales, su léxico... En este sentido, PRIDE observa que la interacción del lenguaje en tantas áreas de la experiencia humana se refleja claramente en la dificultad de alcanzar criterios satisfactorios para la demarcación de límites entre una lengua y otra, o un dialecto y otro [...] y, consiguientemente, para la definición de todos estos términos [...]. Son numerosos los criterios para demarcar los límites entre lenguas o entre dialectos [o entre lenguas y dialectos, digo yo], o bien, claro está, para demostrar que ocasionalmente no es apropiado hacerlo. Los criterios favoritos por la lingüística descriptiva conciernen a varios tipos de distancia estructural que pueden por sí mismos dar límites muy diferentes: por ejemplo, los límites sintácticos pueden no ser idénticos a los límites léxicos. Debemos tener bien claro que las lenguas no son simples estructuras; o al menos que no es esto lo que nos interesa conocer para determinar la existencia de lenguas no sólo como instrumentos de comunicación sino (y es donde vamos) como elementos emblemáticos e identitarios de una comunidad. No es tan simple como dicen los catalanistas: estas lenguas son la misma (o una es dialecto de la otra) porque tienen las mismas estructuras. ¿Y el resto, qué?, cuando posiblemente es más importante todo aquello que circunda el sistema llingüístico antes que el propio sistema.

 Si es peligroso el fenómeno catalanista con su presencia en los medios de comunicación, las escuelas y la administración es porque conduce invariablemente hacia un debilitamiento de la lengua autóctona, pues el proceso de descomposición que lleva en último término a la eliminación de las formas de hablar particulares empieza, de hecho, cuando una forma lingüística exterior se impone a expensas de las formas locales (MARTINET), de manera que el valenciano, si no era un dialecto del catalán, indefectiblemente, si continuamos por este camino, acabará siéndolo. Nadie puede negar que se nos están imponiendo un innumerable elenco de formas que terminarán por substituir (porque ese es su objetivo) a las autóctonas hasta dialectalizar definitivamente el valenciano.

 Habitualmente las definiciones que de lengua o de dialecto se hacen están siempre condicionadas por una serie de prejuicios y de apriorismos de difícil erradicación. El uso restrictivo que se hace generalmente de la palabra lengua se fundamenta en la misma identificación simplista de las comunidades políticas nacionales con las comunidades de lengua, identificación ésta según la cual un idioma merecería el título de lengua en la medida en que es instrumento de un estado organizado. En este sentido, MARTINET comentaba que incluso las personas cultas dudarían en considerar el catalán como lengua a pesar, añadía, de una literatura de la que puede enorgullecerse, donde, sin duda alguna, incluye toda la gran literatura valenciana. Esto quiere decir que estas personas cultas dudarían mucho más todavía si supieran la verdad y descubrieran el engaño en el que están inmersos pues esa literatura de la que Cataluña "puede enorgullecerse" no es catalana sino valenciana; y quiere decir también que, sin duda, utilizando los mismos criterios, el valenciano es una lengua con todas las de la ley, al menos con las mismas características que el catalán. Este es el motivo por el cual los catalanistas insisten (y desde hace tiempo) en incluir a los escritores valencianos en la literatura catalana (al menos los clásicos, ya que catalanes no hubo en la época; los escritores catalanes contemporáneos, han sido creados ad hoc). Y es que contar a lo largo de la historia con una importante producción literaria es un gran punto a favor para la consideración de un idioma como lengua independiente.

 Más de lo mismo. Como muy bien hace ver CARBALLO CALERO, una lengua será un dialecto que haya alcanzado, per razones de cualquier tipo, un determinado grado de importancia social [no hace referencia a la estructura lingüística...] La independencia política puede ser uno de ellos y en esta línea cabe considerar dialecto al gallego y lengua al portugués, pero no si se reconoce como lengua al catalán [de aquí el sentido del independentismo catalán]. Vidos llega a afirmar que si Portugal hubiera continuado formando parte de la monarquía española después de 1640, el portugués, a pesar de su literatura original, sería hoy, como el gallego, un dialecto español fuertemente hispanizado, y no una lengua románica independiente. [... Por otra parte,] hay lenguas románicas sin independencia política, literaria ni cultural, como el sardo, que, no obstante, no son consideradas dialectos.

 Así, las lenguas nacen y mueren, se desarrollan y menguan, atraviesan por procesos de prestigiamiento que transforman dialectos en lenguas o de desprestigiamiento que conducen a una inevitable dialectalización... En estas vicisitudes intervienen un montón de factores económicos, sociológicos, políticos, y no los lingüísticos, los que en último término llevan a una lengua a su enriquecimiento y expansión o a su empobrecimiento y extinción. Es decir, que una lengua no prospera o muere en definitiva porque sus diptongos sean más firmes que los de otra, sino por procesos sociales mucho más profundos y transcendentes (DD.AA.., El aragonés...).

 No son, pues, las características internas del valenciano las que nos lo ubican en su clasificación como dialecto del catalán, sino motivos estrictamente políticos que poco tienen que ver con la lingüística ni con la romanística internacionales. Si los valencianos tuviéramos una mayor autoestima, veinte diputados en Madrid, unos representantes políticos en nuestras Corts sin complejos de inferioridad, sin miedos y más documentados, además de un puñado de filólogos (locales o foráneos) sin obediencias extrañas, en la actualidad el valenciano estaría internacionalmente reconocido como lengua independiente y la "romanística internacional" estaría de acuerdo en defender los derechos del valenciano como lengua amenazada por el castellano, el inglés y el catalán.

 Uno de los fenómenos que más evidencia ofrecen para una próxima desaparición de cualquier lengua es el conocido con el nombre de patuasización. Anchel CONTE y otros señalan las características principales que definen un patuás (El aragonés...): múltiple fragmentación, extremada localización, coexistencia de dos lenguas en contacto, fuerte contaminación de una de ellas (la nativa) por parte de la otra [la de importación y de dominio: el castellano para el aragonés]; evidentemente, una situación diglósica que contrapone las lenguas en una relación jerárquica que niega la posibilidad de ser una lengua de cultura (=una lengua) al idioma minimizado, creencia (y alimentación oficial de la creencia) de la inexistencia de unidad lingüística entre las posibles variedades (naturales) de la lengua en cuestión, empobrecimiento lingüístico producido tanto por el distanciamiento de las variantes entre ellas como por la contaminación de la lengua fuerte. No hay duda, si aplicamos estas características al valenciano, que no nos encontramos (todavía) en un proceso de patuasización ni respecto del castellano ni respecto del catalán. No obstante, lo preocupante es que algunas de las situaciones señaladas cada vez nos son más familiares.

 En la otra orilla, observaremos abundantes casos de dialectos que, por motivos fundamentalmente sociopolíticos (o socioculturales) pasan a convertirse en lenguas con su reconocimiento legal, científico, etc. y sin ninguna clase de problemas, sin que la "romanística internacional" se rasgue las vestiduras y sin que esto haga tambalear la teorización lingüística. Así en Suiza, como dice Miguel SIGUAN, nos encontramos con una situación diglósica, con una lengua [no dice "dialecto"], el schweitzerdeutsch (suizoalemán), utilizado como lengua oral, y el lochdeutsch (alemán alto o literario), que es la lengua de la enseñanza y de las situaciones formales y, por supuesto, la lengua de la escritura. Pero desde hace un tiempo se está asistiendo a una expansión de los usos del schweizerdeutsch, en primer lugar en las emisoras de radio y de televisión, pero también en un cierto uso escrito e incluso, en algunos lugares, en la enseñanza. De manera que es posible imaginar que en el futuro se produzca un proceso parecido al que en Grecia condujo a sustituir la variedad culta del griego por la variedad popular. O como el que en Luxemburgo ha llevado recientemente a consagrar el dialecto local como lengua independiente. Esto mismo lo proponemos en Valencia (con muchos más "méritos" que en Luxemburgo, Grecia, Suiza, El Valle de Arán, Eslovenia, Bélgica...) y es cualificado de acientífico, una aberración, por lo que TODA la "romanística internacional" se escandaliza, se rasga las vestiduras y se opone radicalmente a lo que no es otra cosa que una reivindicación justa y justificada. El caso del suizo es paradógico porque nos sirve perfectamente para comprobar cuán intransigente, hipócrita, falso y contradictorio es el catalanismo. El propio SIGUAN del que hemos utilizado la cita anterior toma el caso como una cosa natural y no pone el grito en el cielo porque los suizos vayan a independizar su dialecto de la lengua de origen, el alemán. Ni tan solo es traumático para la sociedad suiza (lo hubiera dicho), ni es un problema para la expansión de la lengua ni para la convivencia de los distintos colectivos que confluyen en este país. No obstante, el mismo autor, tan sólo tres páginas antes de esta cita en el mismo libro, dice que en Valencia las disputas sobre la naturaleza de la lengua hablada y sobre la identidad valenciana en relación o en oposición a Cataluña complican todavía la expansión de la lengua. ¿Esto cómo es posible? ¿Cómo puede ser que en Suiza es legítima y natural la convivencia de dos formas de la (misma) lengua así como la conversión de la variante considerada dialectal en lengua propia del país y no pasa nada, mientras que en Valencia la reivindicación de la lengua propia (histórica, de cultura y con literatura clásica) resulta que dificulta su propia expansión? El catalanismo en este sentido ha tomado la táctica de intentar crear en nosotros (los que luchamos por el valenciano) un complejo de culpabilidad, pues, en nuestra lucha por nuestra lengua, nos hace responsables de que ésta se halle en regresión acusándonos de ser nosotros los que hemos provocado el conflicto y nos oponemos a la oficialidad y a la ciencia; aquí quiero recordar que fue Franco el que se levantó contra un gobierno democráticamente constituido. En el caso del valenciano pasa igual: son los catalanistas los que han venido a romper con toda una tradición y una tendencia codificadora del valenciano legítima, propia, diferencial, histórica, valencianizadora... que llevaba una línea muy clara, muy adecuada, muy acertada y que estaba llegando a unas propuestas interesantísimas hasta que en el año 1932 se produjo el primer atentado (golpe de estado, alzamiento antipopular) contra la identidad de la lengua valenciana. Las Normes d’El Puig (propuesta valencianista de codificación respetuosa con la idiosincrasia y la tradición de la lengua valenciana) lo que pretenden es reconducir la ortografía valenciana hacia la tendencia natural que corresponde a nuestra lengua. Cuando aparecieron, la respuesta de la intelectualidad oficiosa fue el insulto, la humillación, el descrédito, la defenestración de los ambientes intelectuales de sus defensores (condenándonos a la nihilización) y, en contrapartida, la alternativa fue hace veinte años la introducción del catalán en las escuelas y más recientemente la oficialización de esta lengua a través de la propuesta de creación de la engañosa Acadèmia Valenciana de la Llengua (catalana). Por todo esto tiene tanto sentido mantenerse firmes en la defensa de las Normes d’El Puig, imagen emblemática del valencianismo no sólo lingüístico. Tendremos que ser puristas y reaccionarios y todo lo cavernícolas que haga falta en su favor, pues la ortografía se ha convertido así en instrumento de normativización y, a su vez, en asa de donde agarrarnos para defender la independencia (o identidad) de la lengua valenciana -y, en consecuencia, todo lo que ello comporta: la defensa del sentimiento identitario "nacional", del sentimiento de singularidad cultural, arropado por el sentimiento de entidad política (Valencia fue un Reino con leyes propias, los Furs) y por el sentimiento de personalidad idiomática.

 En el supuesto de que el valenciano fuera un dialecto histórico del catalán, cabe recordar los conceptos de "divergencia" y "convergencia" que constituyen el resumen de la formación de lenguas y de dialectos a través del tiempo. El detonante de estos fenómenos no son sólo el tiempo sino también las circunstancias políticas que les toca protagonizar a los distintos pueblos (comunidades, colectividades, etc.). Observemos que no estoy haciendo referencia al aspecto físico, pues la fragmentación dialectal no es una consecuencia inevitable de la expansión geográfica. La distancia, por sí misma, no produce la diferenciación lingüística, sino la debilitación de los contactos y de las relaciones entre los pueblos. Esta es una evidencia que no se puede negar en el caso de Cataluña y Valencia: desde muy pronto se rompieron las endebles, superficiales y circunstanciales relaciones entre –no lo olvidemos nunca- el Reino de Valencia y ciertos territorios que en la actualidad están circunscritos a Cataluña de manera que, en el supuesto de que el valenciano procediera del catalán, la distancia marcaría la evolución divergente de ambas lenguas; por ello el valenciano proporcionó con presteza (a la ya lengua valenciana) escritores clásicos, codificación, investigación, difusión... porque Valencia se convirtió en un pueblo de cultura y de influencia. En el proceso de evolución de un habla de dialecto a lengua interviene el factor de poder, de prestigio. Valencia se convirtió en un pueblo importante y su lengua participaba de esa importancia y de ese prestigio.

 Por otra parte, ante las anteriores palabras de LYONS, he dicho que la actitud catalanista no es, en absoluto, inocente. Hay en la teoría pancatalanista mucho de mala fe, buena cosa de contenido maquiavélico, tendencioso y malintencionado. Basan toda su teoría insistiendo en los argumentos históricos y de procedencia filogenética, argumentos que en ningún momento dejan de ser simples hipótesis basadas normalmente en la manipulación (cuando no destrucción) de la documentación existente, obviando otros elementos o factores y tergiversando -u ocultando- la información, como reiteradamente se ha venido denunciando ante la mirada impasible de la "romanística internacional" y con resultados fallidos. Ante tantos atropellos, al valencianismo (desprovisto de medios de difusión), sólo le queda ser fiel y constante en su defensa de la lengua a través de la negativa a ceder ni un solo palmo de la codificación de nuestra lengua ya que, como muy bien dice MORENO FERNÁNDEZ, los "leales" son a menudo excepcionalmente puristas en sus actitudes lingüísticas y conceden una especial trascendencia a todo lo relacionado con la estandarización y regulación de su lengua. Sólo así es como adquiere sentido nuestra "obsesión" y nuestra "radicalización" en la obligación de conocer, usar y difundir la lengua con su forma estándar. Aunque en teoría es perfectamente factible, no entendemos que se pueda defender una lengua sin conocerla, sin estudiarla, sin utilizarla. Realmente es muy importante llegar a comprender la trascendencia que para una lengua tiene una correcta codificación y la lealtad de sus usuarios hacia ella. Y es importante para un pueblo y su cultura la estandarización de su lengua en términos de identidad; de lo contrario, está destinada a un proceso de debilitación que puede llegar a serle letal.

 Pero volvamos por un momento al caso de Suiza. Es curioso: en este país prefieren reivindicar como forma propia un dialecto alemán (lo cual, sin duda, es perfectamente legítimo) antes que dedicarse a prestigiar el romanche, lengua propia de una parte del territorio suizo y que les diferencia de cualquier otro país vecino o no. Desde un punto de vista estrictamente nacionalista, lo más rentable, lo más lógico y lo más adecuado (por aquello de lo diferencial) habría sido reivindicar y estandarizar la forma más autóctona, la lengua romanche. Sin embargo no ha sido así. ¿Y por qué? Interpretamos aquí dos aspectos diferentes aunque relacionados: por una parte, el sentimiento nacionalista suizo, simplemente, no existe (el pueblo suizo se mueve en otras coordenadas, por otros intereses) y por una razón muy evidente: Suiza ya es una nación constituida e internacionalmente reconocida; no tiene, por tanto, necesidad de reivindicar una identidad como nación que ya posee. Por otra parte, en Suiza predomina la pragmática por encima de todo y prefieren aprovechar (y compartir) el prestigio que ya goza el alemán (que viene a añadirse al prestigio que como estado ya goza Suiza), aunque sea a través de una forma dialectal, a tener que enfrentarse con haber de iniciar el largo proceso que supone el prestigiamiento de una lengua minoritaria que sólo se habla en una pequeña parte del país. Además, no sé si sería acertado añadir los prejuicios que hacia los pueblos latinos –y, en consecuencia, las lenguas latinas- existen en esta nación. Y el romanche es una lengua neolatina.

 Hay más casos similares. Veamos otro. En el caso de Alsacia la primera pregunta en relación con la lengua es: si lo que se habla en Alsacia, el alsaciano, es un dialecto del alemán, puede considerarse en ese caso que su forma culta es el alemán académico o culto, pero también puede pensarse, al contrario, que los siglos de vida independiente que tiene el alsaciano autorizan a hablar de una lengua propia o al menos a dotarla de una normativa propia. En principio las dos respuestas son posibles. Los suizos de habla alemana han optado [de momento] por la primera [...]. Los luxemburgueses, en cambio, que también hablan un dialecto alemán, han preferido, al contrario, darle consideración de lengua nacional. En este caso, evidentemente, al dialecto independizado se le tiene que dar una norma gramatical que lo identifique y que permita mantener su unidad [y su independencia] (M. SIGUAN). ¿Pero no son dialectos? Pues si son dialectos, siguiendo los principios ideológicos (que no científicos) de la Universidad de Valencia y ad lateres), no pueden independizarse ni menos aún elaborar una codificacion propia. Ahora, a modo de ejercicio, tenga la bondad el lector de substituir "Alsacia" por "Valencia", "alsaciano" por "valenciano" y, por último, "alemán" per "catalán". El resultado es sorprendente.

 Observemos una cosa más en todo esto: ¿qué diferencia real hay entre el luxemburgués o el suizoalemán y el valenciano? Sinduda alguna, la diferencia no radica en que las dos primeras tengan unas características especiales como idiomas, ni se trata de causas estructurales desde una perspectiva estrictamente lingüística, ni tiene que ver, por supuesto, con la lingüística internacional... No tiene nada que ver con todo esto porque una cosa está muy clara: entre valenciano y catalán (aceptando para el caso la peregrina teoría de que el primero fuera un dialecto histórico del segundo) hay muchas más diferencias que entre el luxemburgués, el suizoalemán o el noruego respecto a sus respectivas lenguas de origen. Lo único que determina que aquellos dialectos hayan terminado convirtiéndose en lenguas oficiales con su propia codificación es el hecho de que estamos hablando de países independientes (donde prevalece la sensatez y la lucidez de políticos y "científicos") y estamos hablando de unos países donde ha predominado la voluntad popular del nuevo régimen frente a posibles actitudes anacrónicas al estilo del antiguo régimen como ocurre en Valencia. Por nuestra parte, Valencia no es un país independiente, pero tampoco la independencia, ya se sabe, es requisito indispensable para que una lengua tenga su estatus y sea objeto de protección y de proyección. Somos oficialmente una comunidad autónoma y, aunque el estatuto no nos lo reconozca, somos (tanto si se quiere como si no) una comunidad histórica con una cultura propia, una lengua propia, una historia propia y una literatura como pocas desde nuestros siglos de oro. Lo que más nos sobran son "méritos", pero también nos sobran políticos y "científicos" acomplejados, cobardes y sucursalistas que permiten la desvirtuación de la universidad, donde se ha abandonado el objetivo para el que fue creada: ya no es un centro de sabiduría o de investigación donde se forma profesionalmente a los futuros expertos, sino donde se forma ideológicamente a los futuros manipuladores de nuestra juventud y, en consecuencia, de nuestra sociedad.

 Un último caso: La lengua de Holanda, el neerlandés, y la de Bélgica, el flamenco, son prácticamente la misma [...]. En cualquier caso, el holandés es muy parecido al alemán, y de hecho hay intercomunicabilidad con la variedad alemana del norte (frisón) (Antonio LÓPEZ, en FONTELLES), a todo lo cual, el comentario de Toni FONTELLES es muy acertado: Que les digan a los neerlandeses y a los flamencos que hablan la misma lengua y que separarlas es ir contra la lingüística internacional. La negrita es mía y la ironía de Toni.