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viernes, 11 de octubre de 2013

MURALLAS DE VALENCIA (y VII)



Portal de Russafa (Portal de Ruzafa)

En principio formada por dos torres cuadradas unidas por un cuerpo central intermedio en el cual se abria el acceso a la ciudad.

En 1786 fué derribada y se levantó una nueva puerta formada por un solo cuerpo con un arco de medio punto rematada por un frontón triangular. Obra de Felipe Fontana

Puerta de San Vicente

Abierta en el lienzo de la muralla cristiana, se trataba de un torreón con una puerta adintelada que permitía el paso al interior de la ciudad.

En 1830 fué demolida y en su lugar el arquitecto Manuel Fornés y Gurrea construiría otra formada por tres vanos rectangulares, el central de mayor tamaño que los laterales. Sobre ella se levantaba una estatua de San Vicente Ferrer, patrón del Reino de Valencia por lo que miraba al exterior y otra de San Vicente Martir, patrón de la ciudad de Valencia, por lo que miraba al interior; ambas obras de Carlos José Cloostermans.

Puerta de Torrente o de los Inocentes (de Torrent o dels Innocents)

Situada aproximadamente frente al antiguo Hospital General. Se trataba de una puerta formada por un arco de medio punto abierto en una torre con almenas.

Portal del Cojo (del Coixo)

También ha sido llamado de Sant Joan (San Juan), Setze Claus (dieciseis clavos), y de la Encarnació (por estar situada junto al antiguo Convento de la Encarnación).

Según el plano del Padre Tosca se trataba de una puerta abierta en una torre de las murallas.

Puerta de Cuarte (Quart)

Se trata de una de las dos únicas puertas que sobreviven al recinto amurallado. www

Portal de la Corona o de Tints

Recibia el nombre de Corona por su cercania al convento franciscano de la Corona, y dels Tints (Tintes) porque en sus proximidades se encontraba también el barrio dedicado a la citada actividad. Se trataba de una sencilla puerta abierta en la muralla con un sólo arco de ingreso.

Portal de San José

Fué comenzada en 1390 y terminada en 1471, tenia un cierto parecido con las cercanas Torres de Quart, se encontraba frente al actual Puente de San José y como el resto de las murallas fueron derribadas en 1865. www.
Otras puertas, portillos o torres dignos de ser citados:

Otras puertas o portillos de los que tenemos referencia son: el conocido como Portillo de los curtidores, usado por los artesanos de este gremio para el aprovisionamiento de agua.

Otras puertas abiertas en la cerca islamica una vez construida ya la muralla cristiana y que se abrierón con el fin de permitir el paso entre los distintos barrios son los siguientes: el portal de la Valldigna (ya citado), portal de N`Espluges o del Trabuquet (calle Salva cruce con calle Universidad); portal de N'Avinyó (calle Aparisi y Guijarro); portillo de San Jorge, Sant Jordi o Na Xamorra (calle Portillo de San Jorge).

Entre las torres conocidas podemos citar la de Ali Bufat, famosa ella, por ser la torre donde dice la tradición fué izado el pendón real como señal de rendición ante las tropas del rey don Jaime I el Conquistador. Se encontraba junto a la puerta del Temple (en época cristiana) o de de Ibn Sajar (en época musulmana).

Otra torre digna de mención es la conocida como de Santa Caterina (Santa Catalilna). Construida en 1390, tenía forma cilindrica y recibia este nombre porque disponia de un bajorrelieve con una imagen de la santa a la que flanqueaban dos escudos de la ciudad. Debajo de ella una inscripción que dice:

EN LAY: DE LA: "NATIVITAT: DE NOSTRE SENYOR: D: M: CCC: XC: A XII: DE: IUNY: FON COMENÇADA: AQUESTA: TORRA: APELLADA: SANTA: CATARINA

Derribada la torre en 1772, la lápida fué conservada y nuevamente puesta en su lugar nuevamente al reconstruirse una nueva torre en 1833. Cuando en 1865 fué definitivamente derribala la muralla y la torre la lápida fué conservada en los almacenes municipales.

La lapida con la imagen de la santa y la inscripción, hoy día se conserva en los sotanos del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) ya que en los mismos existen expuestos a la vista del público restos de lienzos de la muralla, y se supone que la citada torre se ubicaba aproximadamente en este lugar. 

martes, 23 de julio de 2013

OTRA HISTORIA DE VALENCIA. LA MANCEBÍA.



Publicado por La_Seu a las 11:00  lunes, 13 de noviembre de 2006
LA MANCEBÍA EN LA VALENCIA FORAL

DANIEL SALA de la RACV. Para Las Provincias.

Figuración de la Valencia del siglo XIII.

“Decía el humanista Henri Cock, piadoso arquero al servicio del rey Felipe II, cuando estuvo en Valencia en 1585, al regreso de las Cortes de Monzón, para preparar los aposentos del Rey y su séquito: “La putería pública, que tan común es en España, que muchos primero irán a ella que a la iglesia, entrando en la ciudad, no se ha de callar en este lugar. Es ella la mayor, según los curiosos desta materia dicen, de toda España, y está cercada en derredor con un muro,…”. La prostitución en El Partit, Bordell, Publich, Pobla de ‘les auols fembres o fembres pecadrius’… estuvo en tiempos forales bien reglamentada por la Ciudad y los privilegios concedidos por los monarcas en orden a su buen funcionamiento, control sanitario y medidas de reinserción social como correspondía a la grandeza de una Valencia foral, ejemplar en muchos aspectos.

Hay en Valencia, al igual que en toda España, pero aquí más atractivo, un famoso lugar con hembras dedicadas al placer público, que disponen de un barrio de la ciudad donde esa vida se ejerce con toda libertad. Un refrán español dice: rufián cordobés y puta valenciana”. El alemán H. Münzer describía el ambiente nocturno por 1494: “Es también su costumbre el pasear tarde por las calles, hasta bien entrada la noche, hombres y mujeres en tal cantidad que parece una feria. Y, sin embargo, nadie es ofendido por otro. Si no lo hubiese visto con mis compañeros y en compañía de los ilustres mercaderes de Ravenburg, difícilmente lo hubiera creído. Asímismo, las tiendas de comestibles están abiertas hasta media noche, de forma que en cualquier hora puedes comprar todo”.

Descripción que podríamos completar con unas pinceladas de A. de Lalaing, en 1501, cuando decía respecto de las mujeres: “son las más bellas, elegantes y hermosas que se conozca, porque los tejidos de oro y la seda bordada con oro y plata y el terciopelo carmesí les son tan comunes como el terciopelo negro y la seda en nuestro país”.

Mas, al margen de todas estas expresiones de admiración hacia esa Valencia monumental, abierta y bulliciosa, rodeada de huertas que parecían jardines (“el más bello jardín del mundo”, decía el Cardenal de Retz) a la que llegaban comerciantes y marineros, pocos eran los que no reparaban en la Pobla de les ‘fembres pecadrius’, donde se ejercía la prostitución de forma legal. Así lo dispusieron las leyes forales establecidas desde los tiempos del rey Jaime II el Justo y, si bien las primeras disposiciones de 1311 y 1312 hacen referencia a la prohibición y destierro de ‘rufianes’ y a que “los sarracenos no se atrevan a tratar con mujeres cristianas prostitutas en las tabernas”, el privilegio de 19 de agosto de 1325 sobre ‘la declaración y atenuación en el asunto de las mujeres pecadoras’, ya cita un recinto a ellas dedicado: la Pobla de Bernat de Villa.

La nueva muralla

La Pobla, desde sus orígenes en el siglo XIV, estuvo instalada en un arrabal, al norte de la morería, separado de la primitiva muralla de la ciudad. Las hostilidades entre Aragón y Castilla, hicieron que el Ceremonioso levantara la nueva muralla, en 1356, que abarcó dentro de sus límites el lupanar con su tapia, que mandó levantar en 1444 la reina doña María, esposa del Magnánimo.

Las casas del prostíbulo, aisladas, de una sola planta, adornadas con flores e iluminadas por la noche con farolitos de colores, eran ocupadas por las prostitutas que ofrecían sus servicios. Unas cuantas posadas les procuraban cuanto necesitaban. Sin embargo, los abusos de los hostaleros  obligó a reglamentar el funcionamiento del Partit. Si primero fue el ‘rey Arlot’, quien se encargó del orden, sus abusos hicieron que en 1338 el Pedro IV, emitiera un privilegio ‘Sobre la revocación del cargo de Rey Arlot’, sustituyéndolo en adelante por el ‘regent del bordell’, que dependía directamente del Justicia Criminal. El veneciano Sigismondo di Cavallli describe su funcionamiento a principios del siglo XVI:

“Hay también en esta ciudad un lugar hecho por la autoridad, grande como la Isla de S. Jorge Mayor de Venecia, cerrado con muros con una sola puerta, en el que hay muchas casas, donde habitan todas las cortesanas de Valencia. Éstas no pagan otro alquiler de casa y en cuanto a su vivir tienen dentro 5 ó 6 hosterías en las que por cierto precio módico les dan todo lo que necesitan cada día…a la puerta del cual hay continuamente un hombre, que se llama ‘guardian de las putas’, que no deja entrar a nadie con armas, ni que sea defraudada ninguna por su paga, que está también establecida, y soluciona las desavenencias que surgen a veces entre ellas”.

Su emplazamiento consta en los dibujos de Wijngaerde, de 1563, en los que podemos ver su recinto junto al torreón de Santa Catalina, con una sola puerta al lado opuesto al mismo. También, en el plano de A. Mancelli, de 1608, observamos su ubicación y calles que lo conforman. Cuando el P. Tosca levantó el suyo, en 1704, ya había sido demolido.

Y añade el veneciano en sus observaciones la preocupación de la Ciudad en cuanto a las enfermedades contagiosas.

“La Ciudad les paga cuatro médicos…y cada sábado ordinariamente las deben visitar a todas y preocuparse de la salud de cada una y si encuentran alguna con algo malo, la ponen en cierto lugar aparte y la cuidan con grandísima diligencia”.

Esta atención era dispensada en la ‘goleta’ del Hospital donde eran aisladas para recibir atención. Después, ya curadas, no podían ejercer de nuevo en el Partit y lo hacían clandestinamente, pues el Justicia no les certificaba la idoneidad para trabajar en el burdel.

Así, la Ciudad y las disposiciones forales cuidaron muy de cerca la reglamentación de este ‘oficio’ con el que se tuvo una cierta tolerancia, quizá porque se contaba con el precedente de la Magdalena, perdonada por Cristo como pecadora arrepentida. Ya Eiximenis, en el siglo XIV, nos habla de la prostitución y, al explicar “Quina forma deu haver ciutat bella e ben edificada”, hace referencia al lugar donde debe estar ubicada como actividad molesta o malsana; razón por la cual las monjas agustinas de San José, que ocupaban el Convento de la Corona, junto al burdel, se trasladaron, como explica Escolano: “Como la casa de las Mujeres perdidas cayese a espaldas de la guerta de estas Religiosas, y pudiessen los relinchos de aquellas yeguas lascivas alcanzar a los honestos oydos de estas Religiosas, acordaron de desamparar el puesto y passarse a la Iglesia de Santa Tecla en la calle del Mar”.

Aislar la prostitución

También San Vicente insistía en la conveniencia de aislar la prostitución en los lugares al efecto con sus frecuentes llamadas a las autoridades para que lo hicieran; decía: “Si quitas a las prostitutas de los lupanares, perturbarás a todo el mundo con las pasiones sexuales”.

En esa línea estuvieron las disposiciones forales y las ordenanzas de la Ciudad; en 1453, el Lugarteniente General del Reino, Juan II, concedió un extenso privilegio sobre la “Salvaguarda del Burdel” para acabar con los altercados y abusos cometidos en él; y, ante la falta de efectividad, Fernando el Católico, en 1488, ordenará: “Que las mujeres que vivan de ganancias vergonzosas no puedan permanecer ni habitar en ningún lugar de la Ciudad, excepto en el lupanar. Y que ningún oficial pueda darles o concederles licencia bajo las penas impuestas aquí”.

La Ciudad no sólo atendía a estas cuestiones. En una sociedad profundamente religiosa como era la de la época foral, también se ocupó de la reinserción social de las ‘fembres pecadrius’. Decía S. di Cavalli: “Cada año, el domingo de Ramos, las llevan a todas a la iglesia, donde no puede entrar nadie más y el Predicador, que durante la Cuaresma se ha ganado más fama, les hace dos sermones largos, uno por la mañana y otro después de comer, y si se convierte alguna, el Concejo de la Ciudad la casa o la mete monja, según lo que ella quiera, y a las otras se las manda de nuevo a dicha casa o lugar, donde continúan su acostumbrado ejercicio”.


En Semana Santa, con tal de evitar el pecado, el burdel era clausurado y sus pupilas recluidas en la ermita de Santa Lucía, en las casas ‘de los cortantes’ o ‘de flaquers’, haciéndose cargo la Ciudad del mantenimiento de estos retiros, hasta que la Ciudad fundó una institución al efecto: la Casa de las Arrepentidas. La primera institución similar data de los inicios de la Valencia cristiana en el convento de las dominicas de Santa María Magdalena, en la plaza del mercado de la ciudad. L’Espill de Jaume Roig, nos refiere el caso de una condesa pecadora, a quien su marido recluyó en una fundación hecha con sus bienes dotales; las Magdalenas reclamaron la casa cuando la ciudad patrocinó su propia fundación en 1345, junto al Convento de San Gregorio