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sábado, 21 de abril de 2012

NACIONALISMO Y PATRIOTISMO



Autor: Juan Ferrando Badia (q.e.p.d.)

El 2 de enero de 1492 entraron los Reyes Católicos en Granada poniendo fin al último reducto político del Islam en la Península. Se nos ha dicho basta la saciedad que los Reyes Católicos fueron loa artífices de la "unidad nacional", de la unidad de España. Pero -como se ha dicho recientemente-, lo que unieron fueron las tierras, no las Coronas, Reinos, Principados, Señoríos..., que continuaron separados. "Los Reyes Católicos formaron un país (unión de tierras)", e iniciaron la construcción de la nación española; es decir, la unión de personas, sentimientos afines y de una empresa común: el descubrimiento, colonización y evangelización del Nuevo Mundo.
Los Reyes Católicos hicieron posible el deseo, en el presente, de vivir juntos..., y con diversidad de lenguas; "pero no tuvieron más remedio que formar antes un estado (dominación política de esta España desde el Reino de Castilla), ya que cada uno de esos pueblos no quiso perder sus fronteras, su libertad de decisión en la emisión de moneda, en el mantenimiento de sus tropas propias..., decidían si ayudaban o no a Castilla en sus guerras...", pero cada uno de esos pueblos eran naciones, en su acepción etimológica, eran Patrias.
La España de los Reyes Católicos hasta principios de la Monarquía borbónica (s. XVIII) era una unión personal de varios reinos. De diversas patrias o naciones o grupos de gentes nacidas y provenientes de un mismo lugar. Estamos en presencia del sentido estático de nación, equivalente al de patria, y así se les conocía por ejemplo en las Universidades... y en los diferentes estamentos.
Se decía nación gallega, nación aragonesa, nación catalana, nación valenciana... Esos pueblos, esas colectividades, para poderse llamar "naciones" o patrias deberían estar unidas por una cultura, una historia, una idiosincrasia y unos sentimientos comunes que impedían que desaparecieran.
Y tan sólo hubieran podido llamarse "naciones" en el sentido en que se utiliza esa palabra -a partir de la Revolución francesa- si hubieran afirmado su existencia "como una totalidad independiente concreta" y soberana (Leibholz).
Todas las nacionalidades o patrias ibéricas se han ido conjuntando a lo largo de los años, en lo que llamamos Nación Española y que soñaron y no pudieron ver, los Reyes Católicos. Los diversos reinos, condados y señoríos se han ido sintiendo solidarios en el suelo de España..., que tan sólo a principios del siglo XIX comenzó a sentirse como realidad existencial "independiente" contra las tropas napoleónicas..., como Nación Soberana.
El significado etimológico y primigenio de nación deriva -como ya se ha repetido tantas veces- del verbo latino nascor/nasceris/nasci/natus/sum (nacer), y tal fue el sentido que se dio al término en la época medieval. Por tanto, aludía, al origen geográfico y se utilizaba especialmente para designar, en el seno de una comunidad, a gentes llegadas de otros lugares.
Así, en las Universidades de París o Salamanca, los escolares eran agrupados por su nación u origen de nacimiento. En autores clásicos castellanos y de la Corona de Aragón (s.XIV-XVII) es fácil hallar, con frecuencia, pasajes en que el término nación es usado en su primitivo sentido, Joanot Martorell (s. XV) dice que escribo "Tirant Lo Blanch" en "vulgar Ilengua valenciana", lengua de la "nación de donde yo soy".
Por otra parte, digamos que la idea de patria existía ya desde la Antigüedad, y con ella se significaba el lugar de procedencia familiar, la tierra de los padres. Con este sentido se siguió empleando en la Edad Medía, como se puede comprobar consultando a los prohombres de la Escolástica, como por ejemplo, Santo Tomás de Aquino en su Tratado de Virtudes.
En la misma Edad Media se equiparaban los conceptos de patria (de pater, "padre") y de país (de pagus, "tierra", "campo"). Al hilo de nuestro discurso afirmamos categóricamente que patria no es nación en el sentido moderno con que venimos utilizando el término nación.
El término nación, en su acepción moderna, tomó carta de naturaleza a partir de finales del siglo XVII, y en el Continente -y desde un punto de vista político- en los siglos XVIII y XIX, a partir, fundamentalmente de la Revolución francesa, en 1789. El sentido dinámico de Nación se irá imponiendo;

..:Diario de Valencia:..

viernes, 3 de febrero de 2012

MAASTRICHT Y LAS REGIONES




Juan Ferrando Badia (q.e.p.d.)

El Tratado de la Unión Europea, firmado en la ciudad de Maastricht el 7 de febrero de 1992 propone, por primera vez, la presencia de las regiones en el texto de los tratados comunitarios; lo propone mediante la creación del llamado Comité de las Regiones. La Europa comunitaria, desde su constitución en el Tratado de Roma (1957), no contenía referencia alguna al hecho regional. La propia Asamblea de las Regiones de Europa (ARE), define las regiones, en sus propios Estatutos, como "entidades políticas de nivel inmediatamente inferior al del Estado, dotadas de determinadas competencias ejercidas por un Gobierno, el cual a su vez es responsable ante una asamblea elegida democráticamente".
Los tratadistas de derecho público, los políticos y los científicos de la política, tanto europeos como americanos consideran las regiones como comunidades territoriales que están en situación de interdependencia dentro de una comunidad superior. Se trata de unidades de vida comunitaria que, por no ser autosuficientes, necesitan insertarse en la comunidad superior nacional. A nadie -que no sea un trasnochado nacionalista- se le ocurre absolutizar el hecho diferencial de la región.
Ello implicaría una mentalidad pequeño-burguesa y sería un fenómeno de regresión histórica. Los partidarios de la realidad regional atribuyen a estas unidades territoriales intermedias, ciertas competencias administrativas y legislativas para atender a sus propios problemas. La Asamblea de las Regiones de Europa reconocía en sus Estatutos las teorías dominantes arriba apuntadas sobre el fenómeno regional.
Pero, aunque se recabe para las regiones una autonomía legislativa no se pide para ellas que se las considere como soberanas, como si de naciones se tratase, puesto que el concepto de autonomía no implica el de soberanía.
EL HECHO REGIONAL EUROPEO
El renacimiento del hecho diferencial regional en Europa se debe, por una parte, a la insuficiencia de los marcos provinciales y, por otra, a la necesidad de crear nuevos marcos supranacionales tanto económicos como políticos y militares. Ahora bien, este regionalismo político y federalismo supranacional no hubiera sido viable ni pensable sin el impacto que el factor tecnológico ha ejercido sobre la existencia de las naciones "soberanas".
La integración de los Estados en un nuevo ente supraestatal, y la cesión de una parte de sus competencias a entidades políticamente más pequeñas y más cercanas al administrado no son procesos contradictorios, sino complementarios, que forman parte de un mismo fenómeno.
Las actuales teorías federalistas europeas se enfrentan a los Estados soberanos nacionales, operando -como se dijo- en dos frentes distintos: federalismo interno y federalismo internacional. Este propugna la superación de las soberanías de los Estados nacionales, en beneficio de comunidades más amplias, bien sean de carácter local -federalismo local, vgr.-, una Europa política unidad, o en pro de una comunidad global -federalismo global.
La región, (junto a los organismos comunitarios y a los Estados, que continuarán siendo un elemento fundamental aunque con un papel distinto del actual) tiene una función importante a desempeñar en el futuro de Europa.
La Historia no se improvisa y, aunque en ocasiones parece que cada día empieza de nuevo, también es cierto que siempre lo hace a partir de un enlace natural con el pasado. Y es fundamentalmente por ello por lo que la construcción de esta nueva Europa es ya irreversible.
Cada vez cobra más cuerpo la idea de la presencia de las regiones europeas como interlocutores válidos en el seno de la Comunidad Económica Europea.
Jordi Pujol afirmó en Estrasburgo que "debe quedar claro que la construcción europea debe hacerse sobre la base de los Estados, pero también han de tenerse en cuenta las regiones porque son la parte más operativa de la vida europea"(10-I-87). 
FUNCIÓN SUBSIDIRIA DEL ESTADO
La función del Estado ante un mundo cambiante que avanza hacia la constitución de entidades superiores y más alejadas del ciudadano, pero en el que el individuo busca asimismo la afirmación de su identidad a través del hecho regional, debe ser el clásico principio de subsidiariedad. Y eso es precisamente lo que defiende la Asamblea de las Regiones de Europa cuando habla del principio de subsidiariedad, según el cual las decisiones de cualquier tipo habrá que tomarlas desde el nivel más próximo posible al administrado, el nivel que mejor garantizará una eficacia real. Bruselas no debe ceder a la tentación de centralizar todas las decisiones, ni reglamentar uniformemente la diversidad de los Estados y regiones de Europa. Tampoco los Estados, deben resistirse a ceder una parte de su soberanía con el fin de que la Comunidad pueda desarrollar un acción común en el campo económico-monetario, en el de la ciudadanía y en el de la política exterior. 
EL ERROR VASCO
El presidente del Partido Nacionalista Vasco, Xabier Arzallus, afirmaba (16-2-93) que la independencia de Euakadi consistiría en convertirse en "una autonomía de Europa", "tener el mismo nivel que España", y por tanto, "reformar la Constitución". "En la reestructuración de Europa, los vascos no tenemos que depender de España", aseguraba en las declaraciones publicadas en aquel entonces por "El Mundo". "No creo en el Estado vasco porque no creo en el Estado español", afirmaba. "Se está reestructurando Europa, -continuaba afirmando- en la que España pierde peso y vamos a quedar en la periferia, por tanto, la independencia no tiene sentido ni interés en la nueva Europa".
El dirigente peneuvista consideró que en la reestructuración europea, el País Vasco no tenía que depender de España, y agregó que "no queremos ser una comunidad autónoma de una "comunidad autónoma", sino comunidad autónoma de Europa, eso es la independencia, tener el mismo nivel que España".
Frente a la opinión de Arzallus, las regiones no son naciones. No pueden estar a la par con los Estados nacionales.
El concepto de Comunidad Autónoma (regiones y nacionalidades) no implica que las regiones según la definición de la Asamblea de las Regiones de Europa, -arriba transcrita- sean soberanas, Estados-soberanos o supremos, sino Comunidades inferiores al Estado-nacional. Las regiones según el Tratado de Maastricht, no vienen consideradas como naciones. Todo tipo, pues, de nacionalismo, ya sea de derechas como de izquierdas, queda excluido de la Europa comunitaria. 

lunes, 21 de junio de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (y XVIII)


EPILOGO

Los datos reflejados en mis informaciones y comentarios realizados sobre el desarrollo, que en los años posteriores al franquismo, se produjeron como consecuencia de la democratización de la política española, son un reflejo –muy reducido, pues podría ser más exhaustivo, pero para el objeto de este estudio creo son suficientes- de la situación social y política con la que se consensuó por las fuerzas política nuestro Estatuto de Autonomía.

A raíz del nombramiento de Adolfo Suarez como Presidente del Gobierno español, empiezan a crecer como setas los partidos políticos en nuestra tierra, la mayoría de ellos dentro de las líneas pancatalanistas disfrazados de “valencianismo”. Incluyo en estos sectores los partidos centralistas: Alianza Popular, Partido Socialista, Izquierda Unida, Unión de Centro Democrático y algunos otros de escasa significación entre los votantes como puede ser Fuerza Nueva.

La carrera por conseguir los más importantes puestos gubernativos empieza con la formación del “Plenari de Parlamentaris”, que sería el encargado de confeccionar el proyecto de estatuto de la Comunidad Valenciana -País Valenciano decían absolutamente todos ellos- y la traición se consensua en contra del pueblo valenciano que asiste en parte -muy reducida por cierto- con estupor ante los tejemanejes de los politicastros sobre los que recayó esta tarea.

Es en ese momento cuando empiezan a sustanciarse los problemas que hasta el momento actual venimos arrastrando en esta tierra. Las componendas son incesantes e innumerables y las traiciones se producen entre todos los asistentes políticos sin exclusión de ninguno de ellos.

Han pasado más de treinta años y las consecuencias que para el Reino de Valencia tuvieron estas componendas son bien visibles: carecemos de un estatuto de comunidad histórica; carecemos de una denominación para nuestra autonomía acorde con la realidad historica del Reino de Valencia; y aunque las demás señas de identidad, como son la lengua, la bandera y el himno constan reconocidas en el estatuto en la práctica éstas carecen de sentido puesto que todos, absolutamente todos, los gobiernos que han pasado por la Comunidad se han vendido al catalanismo.

Esta traición fue practicada por el PSOE, siguiéndole el PP y también aquel partido que se denominó UV cayó en la tentación del poder y, aliado con el PP, consistió que nuestras señas de identidad fueran vendidas a cambio de las migajas con que fueron recompensados. Posteriormente, como “Roma no premia a los traidores”, cayeron en desgracia y fueron barridos del espectro político, no sin antes haber traicionado a todos aquellos ciudadanos que confiamos en su ideario valencianista, de los que se sirvieron para alcanzar sus fines políticos.

Hay estamos gobernados por el PP con mayoría absoluta y su traición a nuestras señas de identidad es incluso más manifiesta que con el PSOE. Estos no llegaron a oficializar el catalán en la administración y centros de enseñanza, aunque en la práctica el idioma valenciano estaba catalanizado, pero aquellos, por medio de cartagenero Eduardo Zaplana, a la sazón Presidente de la Generalidad Valenciana, llegaron a un acuerdo con el gobierno catalán de Jorge Pujol para crear la Academia Valenciana de la Lengua, compuesta por veintiún académicos catalanistas a los que se les encargó la misión de convertir nuestra ascentral lengua valenciana en el puro y duro dialecto barceloní.

Pero, concluyendo, ¿Quién tiene la culpa de que los políticos valencianos hagan lo que quieran con la confianza que se les ha depositado en las urnas?. Sencillamente la mayoría del pueblo valenciano que pasa totalmente de todas las componendas políticas y que consiente, día a día, el que a sus hijos los estén catalanizando tanto en lo referente a su lengua materna, la valenciana, como con la tergiversación de nuestra historia y cultura, vendida al estrafalario proyecto de los Países Catalanes.

Somos un pueblo con mayoría de acomodaticios y ésta es la consecuencia de que nuestra autonomía no luche por la defensa de sus raíces históricas.

En la actualidad, los que sí comprendemos la gravedad de este pasotismo, somos pocos, muy pocos, cada vez menos, porque hemos tenido muchas bajas. Muchos que se han quedado por el camino por cuestiones de fallecimiento, vejez, salud, etc. Y algunos otros porque se han cansado de darse golpes contra la pared que representan las instituciones autonómicas vendidas tanto al catalanismo como al centralismo.
Hoy por hoy no tenemos un partido, ni fuerte, ni débil, que nos represente a los valencianistas y, a nosotros, sólo nos queda esperar dos situaciones: 1) Que aparezca un líder valencianista que cree un partido político valencianista que llegue a tener la fuerza suficiente para tratar de tú a tú a los centralistas y catalanistas y 2) Que nuestra juventud renazca de las cenizas valencianistas en que hoy se encuentra y consiga hacer cambiar la deriva genocida cultural a que el Reino de Valencia está abocado.

sábado, 12 de junio de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (XVII)


MANIFESTACIONES PUBLICAS

En (de Albiñana...) Vicente Ramos insiste en detallarnos lo que fueron algunas de las manifestaciones públicas entra de los intereses que perseguían los políticos catalanistas. O sea, la mayoría de los que integraban el “Plenari” y de los que posteriormente se conjuraron para confeccionar el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana. Y nos dice…

“Manifestaciones Públicas. Durante el corto y divertido febrero, dos grandes grupos de manifestantes se pasearon y vociferaron por las calles de Valencia. Uno, el 8, organizado por pesoistas y comunistas; otro, el 10 por la “Coordinadora Nacionalista i d’Esquerres del País Valencia”. Aquellos enarbolaban la bandera del 151; estos abominaban tanto de la 151 como de la 143 (se refiere a los artículos del estatuto de autonomía que debían de aplicarse a la Comunidad Valenciana). (No se pronunciaron sobre la 144.) “Las vías constitucionales –dijeron los segundos- son vías muertas para nuestro autogobierno. Con la falsa polémica 143-151, el bloque reformista, (derecha e izquierda) pretende hacernos entrar en el juego constitucional para ofrendar nuevas glorias a España (…). Nosotros no queremos construir España: queremos reconstruir nuestro País. Estos paisanos que no españoles estaban encabezados, entre otros, por Francisco de P. Burguera, Vicente Ventura, Jorge Olcina, Carlos Dolç, Francisco Candela, Vicente Badía Marín… ¡Todos muy adictos a la Constitución!

Esta es una prueba insignificante de las manifestaciones callejeras que vendrían después, tanto por estamentos o seudopartidos catalanistas, disfrazados con el aura del valencianismo político, como de organizaciones valencianistas, entre las que más se distinguió fue la Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia.

Todas las manifestaciones que se han convocado por los estamentos pancatalanistas en nuestra ciudad y en otras del resto de la comunidad, han sido organizadas para defensa del estatuto, pero de una defensa orientada a que nuestra comunidad, nuestro Reino de Valencia, no fuera absorbida dentro del estrafalario proyectos de los Países Catalanes. O sea, pancatalanismo puro y duro.

Las manifestaciones organizadas dentro y fuera del ámbito de nuestra Comunidad convocadas por las entidades culturales valencianistas, que no por los partidos políticos, que en toda su existencia democrática jamás han organizado, ni siquiera convocado manifestación alguna dirigida a la defensa de nuestras señas de identidad y de nuestra historia como pueblo diferente y diferenciado del resto de los de España.

Aquí tenemos dos bien diferenciadas actitudes, la valencianista y la pancatalanista.

De todas las manifestaciones las de mayor presencia de ciudadanos han sido las convocadas por las entidades valencianistas, en las que no hace falta pagar ni autobuses ni bocadillos para que la gente se vuelque en nutrir las mismas. Por el contrario, las pancatalanistas siempre se han distinguido por el escaso número de participantes a pesar de que han sido traídos en autobuses, incluso de Cataluña, y con la comida pagada. Mucho ruido, pero pocas nueces.

Las manifestaciones valencianistas siempre han sido agraviadas con la presencia de buen número de efectivos de la policía nacional que, tanto de uniforme, como de paisano, siempre han estado atentos a cualquier desmán que pudiera producirse, tanto a favor del motivo de las manifestaciones como en contra de las provocaciones de elementos catalanistas que siempre han merodeado por los recorridos autorizados previamente por los delegados del gobierno de España.

Los valencianos, los que defendemos nuestras señas de identidad y para lo que nos hemos manifestado, siempre estamos denostados. La policía se emplea contra nosotros, en ocasiones, excesivamente. Los medios de comunicación no se hacen eco del gran numero de manifestantes a favor de la causa valenciana y los estamentos comunitarios, o sea el gobierno autonómico, fuere del color que fuere, jamás se han eco de la voz de la calle. Muy al contrario, siempre han contribuido económicamente con las organizaciones catalanistas cuando las entidades valencianistas, -las beligerantes, claro, las mansas aunque poco han recogido algunas migajas- , jamás han obtenido ni ayuda ni reconocimiento a la labor reivindicativa y de la defensa de nuestra historia y de nuestra lengua valenciana.
A pesar de ello. A pesar del gran número de valencianos que siempre han nutrido las manifestaciones valencianistas, el voto en las urnas siempre se ha decantado por los dos partidos mayoritarios: PP. y PSOE., ambos netamente catalanistas y culpables de la difícil situación por la que hoy atraviesa nuestra Comunidad, tanto en el aspecto económico, como, en el que más duele a los valencianistas, al aspecto cultural. La traición es constante, la ofensa a los valencianos es total y la inmersión lingüística que nuestros hijos y nietos están sufriendo aún los centros escolares, universidades y todos aquellas instituciones que dependen del gobierno autonómico, es el objetivo más significativo de la colaboración incondicional que nuestros políticos ofrecen a sus “socios” catalanes.

viernes, 9 de abril de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (XIII)


SIMBOLOS DEL RINO DE VALENCIA

a) La polémica

Afirma Barceló que el primitivo texto del Real Decreto (de Bilingüismo) lo redactaron Enrique Alcaraz y Manuel Broseta (de nuevo Broseta). Reformado en la época de Peris, su aparición provocó inquietudes y disgustos en el bando proimperialismo barcelonés. Beviá lo calificó de ambiguo, porque habla de lengua valenciana. “Esta terminología –dijo- técnicamente, es incorrecta. Lo correcto es el término valenciano”.

¿Por qué quiere Beviá (alicantino) que la Lengua Valenciana se denomine únicamente como “valenciano? Muy fácil. Se trata de denigrar políticamente todo lo que se refiere a la historia, cultura y lengua del Reino de Valencia. Se trata de desmerecer todas nuestras raíces y de dejarnos al nivel del suelo para poder ser absorbidos con mayor facilidad dentro del estrafalario proyecto de los Países Catalanes promulgado y fomentado por el catalanismo rampante que se viene fomentando por parte de nuestros vecinos del norte. El colaboracionismo de este elemento como de la multitud de elementos subversivos partidarios del pancatalanismo valenciano, no es ni más ni menos, que traicionar a su propia tierra madre a favor de la megalomanía catalana.

Manuel Sanchis Guarner (otro que tal pinta) a la luz de su primera creación, apreció en el documento “el gran defecto” de faltarle “como una declaración de principios, dejando en manos de la Consellería toda la responsabilidad” y recuerda que, en mayo último, el entonces conceller Barceló hizo una declaración de principios, acatando los criterios “científicos” desde la firma, en Castellón, de las Normas del 32. Barceló expuso: “para mi, es un contrasentido el término lengua valenciana (…). Una cosa como la unidad de la lengua es incuestionable.” ¡Dogma de fe pancatalanista! Igual opina el” mestre”. Repuesto de lo ambiguo, Beviá amenaza: “Si el asunto de la denominación da pie a que se hagan replanteamientos absurdos sobre la lengua, esto se convertirá en un desastre. Existe un patrimonio con unas normas ortográficas, aceptadas en Castellón en el año 1932 que son las bases que hay que aceptar y seguir para el desarrollo de nuestra cultura. Los socialistas no estamos dispuestos a consentir esta manipulación”.

Para que quede claro cuál fue la posición de Beviá hay que dejar constancia de que lo que él pretendía era que la lengua valenciana formara parte del catalán, porque decía y pensaba, al menos oficialmente, que todo era lo mismo y por tanto no cabía otro fin que catalogarla como catalán puro y duro.

Emilio Beut Belenguer (otro que tal pinta), vicepresidente entonces del Instituto de Estudios Valencianos, confiesa si ambages que sigue admitiendo la normativa del Instituto de Estudios Catalanes o Normas de Castellón de 1932. Gran parte de la intelectualidad valenciana abogaba por las citadas normas, caballo de Troya en contra de la verdadera Lengua Valenciana. Una prueba más –y van tantas- de las traiciones intelectuales que se dieron y se continúan dando en nuestra tierra por gentes que se dicen valenciana por el mero hecho de haber nacido en nuestro Reino.

Las discusiones que se produjeron antes y después de la promulgación del decreto de bilingüismo estaban prácticamente motivadas por la escasa oposición política en contra de lo que denominaban “l’unitat de la llengua”. Pretendían los pancatalanistas que nuestra lengua fuera absorbida por el catalán y la ausencia de beligerancia por parte de los políticos que tenían que defender la independencia de nuestro idioma, hizo que las fuerzas de izquierdas y buena parte de las de derechas, consiguieran denigrar la lengua valenciana al término bajo y raso de “valenciano”.

b) En El Puig. Normas de la Academia.

Continúa Vicente Ramos en (…de Albiñana) diciéndonos:

“Según dijimos en sus respectivos lugares, la normativa ortográfica valenciana, redactada por la Sección de Lengua y Literatura de la Academia de Cultura Valenciana, recibió el beneplácito de la Comisión Mixta de Bilingüismo el 17 de septiembre de 1980 y fue asumida por la propia Corporación académica en 22 de octubre siguiente. La primera medida levantó un furioso huracán pancatalanista tanto en Cataluña “estricta” como en la “deseada”; la segundo puso al Ayuntamiento pesoista de Valencia y a la Diputación de su provincia en el disparadero de decretar la disolución de tan atrevida Academia.

Desde aquellos momentos la “Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia”, se entregó a la entusiasta y nobilísima tarea de recoger las libres adhesiones individuales y colectivas, todas, de prestigio en el orbe de la cultura valenciana, cuyos pliegos de firmas –mucho más de cien mil nombres- les confirió autenticidad legal el notario de Masamagrell, Esteban Vicente Moliner.

Tan elocuente voluntad popular significaba el verdadero y más sólido plebiscito a favor de la ortografía valenciana frente a la fabriana y catalanizante, admitida en Castellón en 1932.

Al objeto de que esta decisión trascendental del pueblo se reflejara en acontecimiento histórico, la “Coordinadora” organizó un solemne acto en el monasterio de El Puig de Santa María, el 7 de marzo de 1981, y, en su transcurso, ante un numerosísimo público, hicieron uso de la palabra Francisco Nieto, presidente de la Coordinadora José Esteve, en representación de la provincia de Castellón, José Boronat Gisbert, en la de Alicante, Rafael Villar, en la de Valencia, y Julián San Valero, director decano de la Academia de Cultura Valenciana. Al final se cantó el Himno Regional de Valencia.

Desde aquel instante, los valencianos han sustituido las llamadas “Normes de Castello” por las Normas de la Academia de Cultura Valenciana, que allí el pueblo las bautizócomo Normes de El Puig, con lo que la gloriosa lengua valenciana vuelve a discurrir por su más acendrado cauce, ya que, como bien dijo Boronat “la evolución de un idioma es el advenimiento de la inspiración y de la creatividad de los que hacen o elaboran el idioma: los hablantes, el pueblo”.

Idea “genial” de Monsonís.

El disparatado pensamiento, nacido del caletre del presidente interino del Consell, Enrique Monsonís Domingo, se refiere a una Academia de la Lengua Valenciana. Su fontana se encuentra en un prometido y entusiasta mitin pronunciado por Fernando Abril Martorell (otro que tal canta), ministro de Economía, a la sazón, a comienzos de 1979, en el que habló de esa posible Academia como medida para resolver el viejo problema lingüístico.

Y como aquella propuesta no tenía más vuelo que el de insignificante horizonte propagandístico de UCD, no logró otra repercusión que la desmesurada protesta panca, calificando las frases de Abril Martorell como “una nueva agresión contra el pueblo valenciano y su identidad cultural e idiomática”. La repulsa la firmaron, entre otros, José Renau, Manuel Sanchis Guarner, Juan Gil Albert, Eusebio Sempere, Andrés Alfaro, Juan Fuster, Vicente Andrés Estellés, Vicente Ventura, Eliseo Climent, Manuel Vicent, Antonio Gades, J. García Candau, Raimon, Vicente Badia Martín…

Con el tiempo, creció el silencio, pero el mayo de 1980, Monsonís desempolva el trato mitinesco de su jefe, matizándolo con la genialidad de que dicha Academia debe estar integrada por académicos que admitan la existencia diferenciada de la lengua valenciana y por otros tantos que la nieguen. Pretendía, pues, el comerciante de Burriana “crear –así dijo- una institución de carácter científico, en la que los representantes de las diversas tendencias llegaran a un acuerdo definitivo sobre la cuestión”. O sea, establecer una Academia de la Lengua Valenciana con detractores de esa lengua -¡principio absurdo!- para alcanzar, con los defensores de la misma, el anhelo ucedista por antonomasia el consenso, pacto en pugna con la historia y con la realidad. ¿Cuál puede ser el resultado si las opiniones se contradicen? Se trata de un imposible lógico. Pues, precisamente este imposible fue concebido por Monsonís. ¿Qué se puede esperar de una mente así? La absurdidad, como se demostró al dar el plácet y firmar el nombramiento como vocal de la Comisión Mixta de Bilingüismo a uno de los mayores negadores de la lengua valenciana como tal”.

jueves, 1 de abril de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (XII)


SIMBOLOS DEL REINO DE VALENCIA

Tengo que dejar constancia del contenido de la Ley de la Presidencia de la Generalidad Valenciana número 8/1984, de 4 de diciembre, por la que se regulan los símbolos de la Comunidad Valenciana y su utilización. Creo que de esta información los valencianos podremos sacar nuestras conclusiones sobre la actuación política de la izquierda socialista, durante los años en que gobernaron con mayoría absoluta en nuestra Comunidad.

A pesar de que esta Ley de Símbolos obliga a todas las instituciones ha hacer uso de los mismos en la forma establecida por la ley, las instituciones de la Generalidad han hecho caso omiso e irrespetuoso de lo dispuesto, especialmente en lo que se refiere a nuestra Lengua Valenciana (traicionada por el catalán) y a nuestra Real Señera Coronada. Hacen una excepción en lo que se refiere al Himno de la Comunidad. Se utiliza en actos públicos pero vemos con indignación que ninguno de los políticos socialistas lo canta, siendo de vergüenza ajena el comprobar que mueven los labios para dar una imagen de respeto con el mismo, pero ni lo cantan ni lo sienten como representativo de nuestra Comunidad.

Otra cuestión merece comentario. Es el referente a la Real Señera Coronada instituida en la mencionada Ley de Símbolos. A pesar de la obligatoriedad de su utilización en los edificios públicos, la mayoría de ayuntamientos de la comunidad continúan enarbolando en sus balcones y en sus actos oficiales la cuatribarrada o márfega, como un signo de clara provocación a todos los valencianos que vemos con indignación el uso provocativo de su actuación en contra de los derechos del pueblo.

El de mal recuerdo Presidente de la Generalidad, Juan Lerma (PSPV), y sus correligionarios de izquierdas , estaban plenamente decididos a eliminar de nuestra comunidad la Real Señera Coronada y, al no poder utilizar la cuatribarrada, se les ocurrió que podrían instrumentalizar el llamado Penó de la Conquista, reliquia falsificada en la que constan las cuatro barras de Aragón y que, según algunas indocumentadas leyendas, el rey moro Zayyan, al rendir la plaza de Valencia, enarboló en la torre de Ali-Bufat (hoy del Temple), en señal de rendición ante el rey cristiano Jaime I el Conquistador.

La guerra de símbolos siempre ha sido una constante entre el pueblo valenciano y sus políticos, que se han significado por provocar los enfrentamientos y en verdad que lo han conseguido. Su decidida tendencia catalanista se ha ocupado de fomentar estas diferencias entre hermanos. No es que hable de una guerra civil de símbolos pero si de algo parecido. Todo ello con el único fin de que seamos anexionados al estrafalario proyecto de los Países Catalanes de los que ya hemos hecho mención en otros puntos de este libro.

Por ello, se hace preciso dejar constancia de la historia de ascentral de nuestros símbolos las más preciadas señas de identidad, especialmente de nuestra Lengua Valenciana y de nuestra Real Señera Coronada, cosa que me propongo hacer basándome en los distintos trabajos de autores plenamente capacitados para ello, en los siguientes términos: .


Decreto de Bilingüismo.

a) Orígenes y promulgación.

De nuevo tenemos que recurrir a Vicente Ramos en su (de Albiñana...) quien nos hace una referencia muy detallada y extensa sobre lo que se estaba cocinando entre los miembros del “Plenari”, en relación a la instauración del catalán como lengua oficial de la Comunidad Valenciana. Y dice así:

“Ya lo hemos dicho: si el conseller de Educación se llamaba José Luís Barceló, su inspiración fue Manuel Sanchis Guarner.

Hagamos memoria. Hacia septiembre de 1978, el abogado Barceló puso en camino el Plan Experimental para la enseñanza del catalán, eufemísticamente denominado valenciano, en EGB, BUP y FP. Manuel Sanchis Guarner o el Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) –tanto monta- tenía el exclusivo encargo, desde cinco años atrás, de la formación del profesorado, redacción de programas y autorización de textos. La Consellería se limitaba a rubricar el sí oficial. Y, de esta guisa, en su primera fase, los profesores que participaron en el Plan fueron 198: 147 de la provincia de Valencia, 29 en la de Castellón y 22 en la de Alicante. En cuando a alumnos, la cifra se situó en 24.507: 17.050 (Valencia), 4.293 (Castellón) y 3.164 (Alicante).

Con Barceló, trabajaban José Luis Sorribes y Sebastián García Martínez.

Que los valencianos no se fiaban de los manejos pancas de la Consellería lo prueba la invocación de Barceló: “llamo al pueblo valenciano para que apoye el Plan que hemos lanzado y que no caiga en esa excitabilidad de si se enseña catalán o valenciano. De lo que se trata es de enseñar nuestra lengua sin incurrir en prejuicios semánticos”.

Bien sabido es que cuando un panca dice “nuestra lengua”, está pensando en lengua catalana.

Se aguardaba la publicación oficial del Decreto de Bilingüismo, negociado o consensuado en 27 de septiembre de 1978, medida que se demoró por los acontecimientos políticos posteriores.

Al ir al cesto de UCD todas las carteras del Consell –9 de junio de 1979-, los consellers pesoistas y comunistas pidieron con toda urgencia la ansiada publicación. Y, por eso, el senador Bebía se quejó 29 de mayo- en la Alta Cámara del silencio administrativo: “A finales de septiembre de 1978 –manifestó- se encontraba ya preparada una propuesta de Real Decreto que el Consell aprobó en trámite de urgencia con el fin de que fuera ratificada en Consejo de Ministros antes del 9 de octubre, Día Nacional del País Valenciano” . A esto añade sin tapujos el senador por Alicante: “¿cuál es la lengua de la mayoría de las comarcas valencianas? ¿Qué lengua es ese valenciano que el Consell pretendía que se incorporara al sistema de enseñanza en su territorio? ¿Hará falta traer el testimonio unánime de todos los romanistas para afirmar que el valenciano es una variante de una lengua común que se habla principalmente en Cataluña, Baleares y el País Valenciano?” Esta lengua “es conocida, en la actualidad, científicamente como catalán”. Por ello, “no hay ningún inconveniente en que se mantenga el mismo nombre de valenciano que ha tenido por razones diversas, una larga tradición, con tal de que exista una clara conciencia de la unidad básica del idioma”.

Así, Bebía explicó al Senado el fundamento político de los Países Catalanes. Con lógica satisfacción, sus colegas catalanes apoyaron el discurso del panca alicantino, mientras el ucedista, también alicantino. Broseta no supo o no quiso desmontar tan frágil tinglado imperialista.

Alentado por Bebía y por Barceló, un grupo de profesores pidió la dimisión del nuevo conseller de Educación, José Peris Soler, ante cuya ofensiva , éste declaró: “En torno al tema del bilingüismo, planteé a Otero Novas (el ministro, a la sazón) la necesidad de que se apruebe el decreto regulador del bilingüismo con la base de todo lo que se lleva hecho ya en este sentido por parte del propio Consell, y estimo que estamos ya en el camino de que el decreto se promulgue. “ Añade que, “en torno al Plan Experimental, todo él se encuentra relacionado con el propio decreto de bilingüismo que el propio Consell, en su pleno del pasado lunes (9 de julio), ha pedido su promulgación y que yo sugería a Otero Novas se hiciese con urgencia”.

Estas manifestaciones, hechas en Valencia, parecen contradecir las efectuadas por dicho conseller en Alicante días más tarde: “Tengo bastante avanzado el estudio para promulgar el decreto de bilingüismo. Las propuestas al Ministerio de Educación serán consideradas por el pleno del Consell el próximo martes, y todo está en función de que lleguemos a un criterio unitario para transmitírselo al Ministerio sobre su propuesta (...). La Consellería de Educación ya trabaja en el desarrollo de este decreto.”

Está claro que el texto remitido por Barceló fue modificado, y así lo confesó Peris: “...con la experiencia adquirida se le ha dado una forma actual, ya que no hay que olvidar que tuve en cuenta todo lo publicado sobre bilingüismo y las intervenciones de los senadores del País Valenciano, al abordarse el tema en el Senado.”

Sin embargo, e.l Texto presentado por Peris “fue acogido por unanimidad y considerado como un triunfo del Consell” en la sesión celebrada por éste en Alicante el 31 de julio. “El texto –sigue hablando Peris- fue acogido con alegría y una enorme satisfacción general, puesto que, aunque las ideas parten de quienes las proporcionan, el que las realiza también lo siente como algo suyo.”

Socialistas y comunistas, pues, otorgaron su conformidad al texto del decreto, si bien aquellos matizaron que: “la aceptación global no implicaba nuestra identificación con el texto ni la identificación con la política educativa de UCD”. Los comunista votaron a su favor, “entendiendo que –pese a ciertas ambigüedades referidas especialmente a la definición científica de la lengua propia de los valencianos-, constituye una base legislativa para ser utilizada eficazmente en la tarea de normalización lingüística en nuestro País. No hemos modificado esta opinión en ningún momento”.

Con tales criterios y salvedades, el Real Decreto de Bilingüismo 2003/79, de 3 de agosto, apareció en el “Boletín Oficial del Estado” el 23 de este mismo mes.

Es significativo que el diario “Avui”, al dar la noticia en su número del día siguiente, informa como sigue: “Según dispone el decreto publicado ayer, el Ministerio de Educación asume como obligación propia la introducción de la lengua catalana en el sistema educativo del País Valenciano”.

Nada de eufemismos. A mayor abundamiento, en la misma página, en recuadro, se dice: “Las notas de urgencia, a propósito de la incorporación de la enseñanza de la lengua catalana en el País Valenciano, nos hablan continuamente de lengua y literatura valencianas, fieles a la letra –y al espíritu- de las normas publicadas en el BOE. Parece que los responsables de la redacción de estos decretos ignoren que el Estado español reconoció hace tiempo al Instituto de Estudios Catalanes, organismo (...) quien sostiene que existe una sola lengua catalana, formada por las variantes dialectales que se hablan en el Principado de Andorra, el Principado de Cataluña, en el País Valenciano, y en las Islas fundamentalmente. Por tanto, hablar de lengua valenciana y de la lengua mallorquina es absurdo”.

Las posiciones se tomaron en el acto. Desde Barcelona, se advirtió de que, en esta materia, la autoridad máxima es el “Institut”, cuyo criterio, por dogmático, es incontrovertible. Nada de Universidades ni de Academias. Sólo el “Institut”.

Pero, contrariado tan absoluto magisterio, el Real Decreto cae en el absurdo, compartido, ¡válgame Dios!, con la más antigua e ilustre tradición literaria valenciana y española, con los más recientes estudios al respecto y con lo aprobado por la Real Academia Española en 1959.

Efectivamente, leemos en el Real Decreto que, “en su elaboración, se ha tomado en consideración las circunstancias sociales y lingüísticas existentes en el territorio” y viene a “regular la incorporación de la Lengua Valenciana en el sistema de enseñanza en el País Valenciano”.

Se dice lengua valenciana sin ambigüedades ni equivocidades. ¡Lástima que los miembros del Consell no haya tomado la denominación lengua valenciana con la unicidad y responsabilidad, explicitas en el documento oficial! ¡La ambigüedad sólo está en las personas!.

Peris Soler se apresuró a recordar que el decreto “hay que verlo como un logro de todo el Consell”, y que, en lo que concierne a la Orden Ministerial que lo ha de desarrollar, “vamos a hacer una llamada total a todas las entidades que tengan jurisdicción y ciencia para dar una opinión científica y objetiva sobre este tema”, pues “la Consellería es un ente político y no científico (...). Los problemas lingüísticos tienen que ser resueltos por la Comisión Mixta que se creará”.

jueves, 25 de marzo de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (XI)


LA BATALLA DE VALENCIA (VIII)


¿Cómo se financia el catalanismo en el Reino de Valencia?.

Las financiaciones que han contribuido a la expansión del catalanismo en el Reino de Valencia vienen de diferentes aportaciones, tanto oficiales como particulares o de ONGS, cuya actividad real consiste en conseguir fondos autonómicos y nacionales para destinarlos a estas actividades, aunque en sus estatutos no consten esos fines, sino lo que generalmente se conoce como “tapadera” que refieren a distintas iniciativas sin ánimo de lucro.

En primer lugar es la Generalidad de Cataluña la que aporta más fondos a este tipo de catalanización en el Reino de Valencia, a través de distintas sociedades catalanas y valencianas. En el ámbito catalán destaca el Omnium Cultural, además de multitud de asociaciones destinadas a la consecución de “la unidad de la llengua” –valenciana y catalana-. La principal recogedora de dinero para actividades catalanistas en Valencia es Accio Cultural del País Valencià, dirigida por el valenciano Eliseu Climent, con importantes aportaciones destinadas a sus actividades editoriales y, recientemente, a la compra del edificio de la calle de San Fernando, lo que se conoce como el edificio El Siglo, por más de 600 millones de las antiguas pesetas, para ubicar el centro “Octubre” caverna del catalanismo en mismo centro de la ciudad de Valencia.

Seguidamente aparece la Generalidad Valenciana, que aporta dinero por medio de la publicidad institucional de la Comunidad en las distintas revistas, periódicos y publicaciones catalanistas en Valencia, a través de la Consellería de Cultura, que desde el inicio de la autonomía ha estado en manos de funcionarios catalanistas. Hoy el gobierno valenciano está en manos del PP y continúa con las mismas prácticas de subvenciones a este tipo de asociaciones.

Paralelamente estan los ayuntamientos de las provincias de Valencia, Alicante y Castellón, tanto las que están en manos socialistas, como de los populares, como de gentes del Bloc, generalmente a través de las concejalías de cultura, fonfos con destino a las publicaciones locales y, sobre todo, a la subvención de las fiestas patronales,

Al ser las instituciones gubernamentales las que disponen del dinero público para aplicarlo en la forma en que más interesa para sus fines políticos, son éstos los que contribuyen en mayor medida a la financiación del catalanismo en el Reino de Valencia.

La Conselleria de Cultura aporta grandes cantidades de dinero para subvencionar las actividades destinadas a fomentar y aleccionar a los alumnos en el catalanismo, prostituyendo la lengua valenciana y tergiversando la historia de nuestra tierra a favor de las tesis catalanistas. Pero estas actividades merecen comentarios aparte.

¿Cuáles fueron las actuaciones del profesorado pancatalanista en las universidades valencianas durante la preautonomía?.

Ramón García Hernández en su libro Aproximación al conflicto socio-cultura-lingüístico y político entre Cataluña y Valencia – Valencia 1990 (en lo sucesivo Aproximación...) con relación a la actuación de la Universidad valenciana nos dice: “Ni es tampoco casualidad que este miembro de (¿) nuestra Universidad Joseph Guía (recordarán a este individuo como cabeza visible del terrorista Partit Socialiste d’Alliberament Nacional (PSAN) del que ya hemos hecho mención antes) nuestra “alma mater”, sea precisamente quien abogue para convertir a la Comunidad Valenciana en un apéndice de Cataluña. Repetimos, no es casualidad. Siendo esta institución un centro neurálgico e importante de la cultura, donde se forman, humana y culturalmente, nuestros jóvenes universitarios, que al remate serán en el futuro los dirigentes de la sociedad, lógico pues, que el “punto de mira” del nacionalismo catalán se centrara y apuntara como objetivo primordial, la catalanización de esta institución, llevó a término en madrugadoras fechas; en la década de los años cincuenta (del siglo pasado) por profesores catalanes destinados aquí (Reglá, Tarradell, Giralt, etc (yo añado también a Ernest Lluch) ayudados por algún nativo (Sanchis Guarner, Joan Fuster, etc.). La labor impartida arraigó pronto en aquellos jóvenes, hoy dirigentes de partidos político, cuyos efectos están siendo acusados por la sociedad valenciana, llenándola de confusionismo”.

jueves, 11 de marzo de 2010

EL PODER AUTONOMIC VALENCIÀ


Joan Ferrando i Badia –9 de març del 2003 Catedratic Emerit de Dret Constitucional i Ciencia Politica. Universitat “Rei En Joan Carles” Madrit. Doctor Honoris Causa

La rao de ser de les nostres autoritats autonomiques radica en que deuen de ser trassunt de la personalitat cultural diferencià del nostre Poble. Puix, com es ben sabut, l’articul 2 de la Constitucio de 1978 reconeix –no crea ni otorga- el dret a l’autonomia de les nacionalitats i regions que integren la nacio espanyola, una i indivisible.

Est articul deu de ser completat en el 143.1, que diu que tan a soles “podran accedir a lo seu autogovern i constituir-se en comunitats autonomes” aquelles “provincias limitrofs en caracteristiques historiques culturals i economiques comuns”. Per aixo, quan mes es consolide i potencie el fet cultural diferenciat valencià, mes se justifica, se llegitima, l’organisacio autonomica valenciana i l’autoritat dels nostres governants.

Els nostres poder autonomics, si volen ser llegitims, si volen llegitimar-se dia a dia, no han de desperdiciar ocasio alguna per a defendre la personalitat cultural diferencià del Poble valencià.

Molt son els fets, que podrien aduir en prova de la frustracio que nostres governants han causat al Poble valencià, al contemplar el passivitat els constants expolis culturals que el pancatalanisme, dirigit per Jordi Pujol, ha vingut cometint contra el nostre acepr cultural.

Esperem –exigim- dels nostres governants que sapien corregir-se a temps. Si aixi ho fan mereixeran el calificatiu de demoacrates. Perque democrata es aquell que respecta les lleis que respecta les normes en quan expresio de voluntat popular. Es deu respectar, puix, la Constitucio i l’Estatut d’Autonomia: aixo es lo propi de tot bon governant democrata, i aixo serà tambe lo que correspon fer a tot poder autonomic valencià, que vullga ser llegitim.

Tot poder autonomic valencià serà llegitim si s’assenta i du a terme el ple desenroll del fet diferencial valencià: sa historia, sa cultura, lo seu bilingüisme –l’idioma valencià i el castella-, etcetera. Per a que es puga parlar ,realment, de “l’Espanya plural “ i de “l’Estat autonomic” s’ha de defendre la sustantivitat de cada comunitat autonoma... i no destruir-la lenta i indirectament. Socavar el fet cultural diferenciat valencià es negar-li al Poble de Valencia sa rao d’existir com a comunitat politica..., “lo seu” dret a l’autonomia. D’ahí a provocar l’eixercici del dret a “la resistencia a l’opresio” proclamat ya per la Declaracio dels Drets de l’Home i del Ciudata del 26 d’agost de 1798- i a la “desobediencia civil” , defesa per nostres Classics, n’hi ha un pas. Els governants valencians de turno ne tenen la paraula.

jueves, 4 de marzo de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (X)

LA BATALLA DE VALENCIA (VII)

¿Cómo fue aquel 9 de octubre en que ardió la “marfega” del Ayuntamiento de Valencia?.

Al igual que con las demás señas de identidad de nuestro pueblo, el himno también sufrió los constantes ataques del pancatalanismo. Todo el arco político de izquierdas, con el colaboracionismo y premeditada dejadez del arco derechista –los partidos valencianistas no existían, por lo que no había ninguna oposición legalmente reconocida-, estaban por adoptar como la bandera representativa de nuestra autonomía la cuatribarrada catalana, es decir, las cuatro barras que el catalanismo imperante había robado a Aragón. Los catalanes ellos, tan originales como siempre, lo suyo es copiar y apropiarse de lo que no les corresponde, sin ninguna tradición histórica enarbolaron su “márfega” y así continúan.

Una vez más la presión valencianista acobardó a los “padres del estatuto” y se vieron obligados a reconocer para nuestra tierra a la Señera coronada tricolor, que los reyes del Reino de Valencia establecieron como identificativa de nuestra tierra.

Muchos de los valencianos sienten como propia la señera coronada y, prueba de ello, es la afluencia de público que se congrega cada 9 de octubre, fiesta nacional valenciana, ante el Ayuntamiento de Valencia, para verla descender por su balcón principal, no doblegándose ni ante nada ni ante nadie.

Si que debo aclarar que este sentimiento hacia nuestra bandera por parte de muchos valencianos es totalmente sincero aunque, al igual como ocurre con los demás signos de nuestra identidad, de dicho sentimiento no pasan. Lloran con la señera; lloran con la Mare de Deu, tanto en Fallas como en su festividad del mes de mayo; se sienten muy valencianos porque son falleros; y, sobre todo, sobre todo, les llena de “valencianismo patriótico” el comer paella los domingos. Ese es el valencianismo de opereta. Ese es el valencianismo que ha contribuido, con su dejadez, a que nuestra tierra sea el hazmerreir del resto de España, donde no se nos tiene absolutamente en cuenta a pesar de nuestra riqueza colabora al sostenimiento de la nación en cuantía mucho más importante que buena parte del resto de autonomías.

Manolo Zarzo (en su libro Valencians...) nos comenta: “Era el 9 de octubre. Era el día Nacional de la Comunidad, antes del Reino de Valencia... Como de costumbre estaban todos los valencianos en la plaza del Ayuntamiento (en aquel tiempo, por decisión socialista, plaza del País Valenciano) esperando las doce de la mañana para que saliera la Real Señera... Encima de la balconada habían tres banderas. En el medio la de España, a la derecha la cuatribarrada (márfega) catalana... y a la izquierda la que ellos denominaban a de la Ciudad de Valencia y que para nosotros era la única señera que representaba a todos los valencianos del Reino...

La presencia de la cuatribarrada siempre fue una provocación política contra el pueblo valenciano y, por parte de éste, no se podía consentir que nuestra Real Señera Coronada pasara por debajo de una bandera prostituta en nuestra tierra, máxime cuando los honores civiles y militares se le tenían que presentar a la Señera, bandera, que por privilegio de los reyes de Valencia durante la Edad Media, no puede ni debe doblegarse ante ninguna enseña, ni siquiera ante la nacional española.

Por ello, algo había que hacer, algo había que organizar, en defensa de uno de las más preciadas señas de identidad de nuestro pueblo. Y se hizo, se organizó y se realizó con toda la eficacia, pues silenciosamente algo lanzado desde la plaza impactó en la cuatribarrada y, consecuencia de ello, prendió fuego al trapo con el consiguiente estupor y posterior reacción de alegría y aplauso de los presentes.

Y sigue Zarzo. “Eran más de treinta metros desde el lugar donde estaban (de donde salió el impacto incendiario) hasta la pared del Ayuntamiento... I el primer impacto había acertado en el punto central. Lo que sí es bien cierto es que el autor o autores de la quema de las banderas eran gente del Grup d’Accio Valencianista”.

Y Vicente Ramos (De Albiñana...) nos cuenta: “Veamos, En el balcón principal del Ayuntamiento. La bandera española, flanqueada por la catalana y la valenciana. Frente al palacio miles y miles de personas repudian el ultraje que supone la enseña de Cataluña... De súbito, del corazón de la muchedumbre, cruza el espacio una especie de proyectil inflamable que prende fuego a la bandera catalana. Sus llamas... se propaga a la española y de ésta a la valenciana... Miembros del Centenar de la Ploma entran en el despacho del alcalde. Interviene la Policía Nacional... A las 14 horas y 48 minutos, al tiempo que se cantaba el Himno Regional se hizo bajar la Senyera”. Esta vez con su hegemonía y privilegios propios al no tener que pasar por debajo de ninguna otra enseña y, menos aún, que el pueblo no consintió, la márfega catalana.

¿Qué manifestaciones en defensa de nuestras señas de identidad se han realizado en estos años de la democracia y de los ataques contra dichas señas?.

La primera 5 de junio de 1978 (plaza de toros). La segunda en mayo de 1979 por las calles de Valencia. Estas son las más significativas en cuanto al importante número de valencianos que, en ocasiones han llegado a los 500.000. Además las numerosas concentraciones ante diferentes instituciones valencianas siempre en contra de lss ordenanzas, legislativas o no, en contra de nuestras señas de identidad.

¿Las fallas tuvieron algún protagonismo durante la preautonomía en todas estas actuaciones en defensa de nuestras raíces?.

No cabe duda que las fallas han sido un ejemplo de democracia interna en los tiempos en que esta palabra carecía de significado en la vida de los valencianos y, por supuesto, del resto de los españoles.

Ellas, las fallas, contribuyeron al mantenimiento de la principal seña de identidad de nuestro pueblo, la Lengua Valenciana, y, por supuesto, a servir de holganza durante los días de la fiesta; de hacer olvidar otras penurias que se padecían en los difíciles tiempos de la pre y de la posguerra.

Por suerte aquellos tiempos de penuria pasaron y, por desgracia, la evolución del mundo fallero hacia la actual situación en que se encuentra, fue transformándose desde la crítica política especialmente a una connivencia muy acusada en el poder político vía subvenciones.

Hay que reconocer que en el aspecto lingüístico, las fallas, por medio de uno de sus congresos falleros, decidieron que la normativa para sus expresiones en lengua valenciana sería la que conocemos como las Normas de El Puig, para salir al paso de la galopante catalanización que de sus manifestaciones culturales venia llevándose a término.

A pesar de ese acuerdo democrático tomado por la asamblea de la Junta Central Fallera, los “llibrets” en la explicación y relación de la falla, así como los carteles de los monumentos falleros han abocado en una despersonalización tal –lease entrega a la catalanización- que se acrecienta cada vez más. Escasísimas son las fallas que utilizan la normativa genuinamente valenciana y no hay más que hojear “els llibrets” para darse cuenta de su sumisión al poder político.

Por otra parte, en nuestra Comunidad la influencia de emigrantes, tanto españoles como extranjeros, cada vez va en aumento y las fiestas de los barrios, las más genuinas, las fallas, los atraen porque es una forma de esparcimiento, por otra parte, muy lógica, para sustraerse de los problemas cotidianos. Es una forma de integración pero también de despersonalización de la identidad valenciana. Hay que tener en cuenta que son los barrios periféricos los que atraen más foráneos, y la situación real es que una de las primeras actividades que se montan es una comisión de falla, pero la realidad es que, el fondo de la cuestión es ese: la fiesta y a solas las fiesta. La utilización, defensa y el respeto hacia la lengua valenciana se las trae al fresco. Acatan la catalanización tanto si es para obtener aportaciones económicas como que no.

Por tanto, yo pienso, y puedo estar equivocado, que salvo honrosas excepciones ,hoy en día las fallas contribuyen a ser un vehículo más de propaganda de la inmersión lingüística catalanizante.

martes, 23 de febrero de 2010

L’ESTAT AUTONOMIC NO ES ESTAT FEDERAL




Joan Ferrando i Badia – Maig del 2.001

Catedratic Emerit de Dret Constitucional i Ciencia Politica.

Universitat “Rei En Joan Carles” Madrit.

Doctor Honoris Causa

Al Ministeri d’Administracio Territorial el correspongue una de les tasques politiques i de govern mes dificils, a saber: la tranformació de l’Estat unitari Espanyol, vigent des de 1.833, en un “Estat autonomic” o com incorrectament se’l crida “Estat de les autonomies”. Pero ¿en que consistix l’Estat autonomic? Creem oportu obordar esta tematica perque existix una gran confusio al respecte. I aixi s’ha afirmat que, en Espanya, l’Estat autonomic arranca de l’Estat compost, teorisat per Pi i per Admirall, i de l’Estat integral, del que parlaren en l’hora constituyent de la Segon Republica espanyola Jimenez de Asua i Sanchez-Albornoz; i tambe s’ha dit que l’Estat autonomic seria un sistema politic en el qual la societat prevaldria sobre l’Administracio, aço es, el poble dominaria al funcionari...

Es comet l’erro al voler entroncar esta forma d’Estat en les teories federalistes i produnianes de Pi i Margall. L’Estat autonomic no es ni Estat unitari ni tampoc se’l deu confondre en la forma de l’estat federal o Estat d’Estats. Es tracta d’una formula intermija: la Constitucio actual espanyola.

Si s’analisa detengudament la Constitucio del 29 de decembre de 1.978 vorem que, facilment, es pot aplegar a la conclusio de que l’oganisacio territorial d’Espanya en “nacionalitats” i “regions” a tenor de l’articul 2º de la mateixa -prescindint ara de l’organisacio territorial en provincies i municipis-, mos induix a la conclusio de que l’Estat surgit de l’actual Constitucio Espanyola mereix el calificatiu d’Estat autonomic. Pero, abans d’adentrar-mos a expondre sa naturalea creem oportu indicar que la divisio d’Espanya en “nacionalitats” i “regions” tindra escas relleu i importancia constitucional: es tracta, al nostre entendre, d’una qüestio mes be de prestigi que una real diferencia “sustancial” entre el concepte de “nacionalitats” i “regions”. No veem en claritat la diferencia entre “nacionalitats” i “regions” puix abdos “comunitats autonomes” s’integren en “la indisoluble unitat de la nacio espanyola” (articul 2º). Una correcta i sistematica interpretacio de l’articul dit, i posat en relacio en el Titul VIII (que tracta de l’organisacio territorial de l’Estat, en ses articuls 137-158), mos induix a afirmar l’analogia o similitut entre “nacionalitats” i “regions” en les “regions especials”, respectivament, de la Constitucio italiana del 27 de decembre de 1.947, que inaugurá el cridat Estat Regional. I com a confirmacio del nostre anterior asert, es dir, de que no hi ha diferencia “quantitativa” entre “nacionalitats” i “regions”, he aci l’articul 138.2 de nostra Constitucio: “Les diferencies entre els estatuts de les distintes comunitats autonomes no podran impicar en ningun cas, privilegios economics i socials”. Les “nacionalitats” i “regions” se diferenciaran, puix, per “el seu gra d’autonomia, es dir, de la mateixa manera a com es diferencien en Italia les regions “especials” “Sicilia, Vall d’Aosta, Friuli, Venezia, Julia, Cerdenya i Trento Alt Adigi) de les atre catorze regions “comuns” pero mai, -i aci radica la diferencia en el cas italiá- estos possibles i diferents graus d’autonomia vindran determinats per la “denominacio” de nacionalitats o “regions”, entre atres, que pogueren adoptar les respetives i futures comunitats autonomes espanyoles.

Per tot l’ades expost es per lo que opinem que la Constitucio ha desembocat en la forma d’Estat que havem definit com “Estat autonomic”. Este tipo d’Estat, intermig entre l’Estat unitari i el federal, es semejant al que els constituyents de la Segon Repuiblica denominaren Estat “integral” i els llegislaors i teorics de la Constitucio italiana del 47 han denominat Estat “regional”. L’Estatut d’Autonomia, que es “la norma institucional basica de les comunitats autonomes” (articuls 147.1 de la Constitucio), subralla encara mes l’identitat dels tipos de Estats aludits i subralla tambe l’inexistencia d’una diferencia sustancial entre el concepte de “nacionalitats” i el de “regions”, puix els estatuts autonomics de les corresponents entitats autonomes posen de relleu l’independencia d’estes en relacio en la Nacio espanyola.

L’analisis de la regulacio dels estatuts d’autonomia conduix a la conclusio ades apuntá, es dir, que no existix “diferencia sustancial” -constitucionalment parlant- entre les “nacionalitats” i “regions”. ¿Per que?: 1) La carta que establix els drets, obligacions i competencies dels distints orguens de les comunitats autonomes es denomina Estatut d’autonomia. 2) L’Estatut es per a la comunitat autonoma lo que la Constitucio es per a la Nacio o per a un Estat-membre d’un Estat federal. 3) Existix una supeditacio dels estatuts a la Constitucio, lo que “reforça eixa unitat nacional”a la que mos havem referit ades.

En conseqüencia, ¿qué es l’Estat autonomic? Es aquell que te una “estructura interna” integrá per multiples centres decisoris politico-llegislatius: les entitats autonomes i el poder central. “Les comunitats autonomes” no gojen de la competencia constituyent, com el poder sobira nacional o el dels Estats-membres d’un Estat federal, per a donar-se ses constitucions. Sols tindran Estatut (vid. Titul VII de la Constitucio) que seran producte de sa competencia llegislativa ordinaria. La carencia d’un poder constituyent que permitixca donar-se ses propies Constitucions, per part de les comunitats autonomes, es la principal nota diferencial de l’Estat autonomic respecte de l’Estat federal, de les Comunitats autonomes en relacio en els Estats-membres d’un Estat federal.

A modo de conclusio digam: 1º Que el “Estat integral” de la Constitucio espanyola del 9 de decembre de 1.931 i l’actual “Estat regional italiá” o el “Estat autonomic” espanyol son una mateixa forma d’Estat, que no es ni es pot confondre en la forma d’Estat unitari, ni en la forma d’Estat federal. Es tracta -ho repetim una vegá mes- d’una forma intemija entre les dos citaes formes juridiques d’Estat. L’unica diferencia que existix entre Estat autonomic i les atres dos formes d’Estat analogues es la que el subjecte de l’autonomia es o pot ser una “regio” o una “nacionalitat”; i 2º denominem a l’Estat creat per la nostra Constitucio com a Estat autonomic -i no Estat de les autonomies com solen dir els politics d’ara- per la mateixa rao que al parlar de l’Estat federal no diguem Estat dels Estats federals. I tampoc hi ha que confondre Estat autonomic (el terme autonomic adjectiva a l’Estat) en Estat autonomo, puix tot Estat es per definicio autonom, pero no autonomic.

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (IX)

LA BATALLA DE VALENCIA (VI)

Ramón García Hernández en su (Aproximación...) habla del sofisma “unidad de la lengua” en los siguientes términos: “Para poder justificar lo injustificable, en este proceso de subordinación idiomática, tuvo que lanzarse un sofisma: la unidad lingüística del valenciano y el catalán (también del mallorquín), como un primer paso del proceso que se lleva a término. A continuación dar nombre a esa entelequia “lengua catalana”, estableciendo la siguiente premisa: Lengua es igual a Cultura y basándose en esto se consagra el silogismo siguiente: Si todo el que habla catalán es catalán y los valencianos hablan catalán, la conclusión será que, los valencianos son catalanes y catalana pues será su cultura”.

Emilio Atard y Enrique Monsonís (UCD), (Vicente Ramos en De Albiñana..). nos dice: “Escuchemos al segundo: tenemos una raíz catalana en nuestro origen y en nuestro idioma;... “el valenciano es una variante del catalán”;... las campañas anticatalanistas son “confusionistas y disgregadoras”.

¿Cómo se consiguió que en nuestro Estatuto de Autonomía se reconociera la Real Señera?

La tradicional
señera tricolor valenciana con la franja azul coronada junto al mástil, es desde la segunda mitad del siglo XIV, por privilegio real, el símbolo privativo u oficial de la ciudad de Valencia. Si este símbolo de la ciudad resultaba o no aplicable por extensión al resto del Reino, es una cuestión para la existe un margen de discusión desde el punto de vista académico. En cualquier caso, la extensión de este símbolo privativo fuera de la Ciudad de Valencia y sus comarcas adyacentes fue limitada, y la señera del Rey (cuatribarrada), común a todos los territorios de la Corona de Aragón, será también seguida en buena parte del territorio. Si bien las cuatro barras aragonesas sería común a todos los territorios de la Corona de Aragón, hay que destacar que para nuestro Reino de Valencia, por el rey Pedro II de Valencia y IV de Aragón, el Ceremonioso, se estableció y añadió el color azul a sus barras, pasando, desde entonces, a ser la señera del Reino de Valencia, distinguida de los demás territorios de su Corona.

El valencianismo pancatalanista fusteriano promoverá el uso exclusivo de la señera cuatribarrada desnuda (a la que considerará la bandera legítima del antiguo
Reino de Valencia), como símbolo compartido con el resto de los territorios de habla catalana. A ello responderá el valencianismo blavero (1) con el uso, ahora exclusivo, de la bandera tricolor, si bien no son los únicos que defienden esta enseña, aunque sea una de sus características identitarias principales.

(1) El término “blavero” para denominar al sector social, que no político, valencianista, es tomado por las fuerzas de izquierdas como un insulto hacía los defensores de la historia de nuestro Reino de Valencia, si bien para éstos, este término acuña una razón de ser, un sentimiento, una idiosincrasia, un orgullo, un elemento de acción, y un gran ardor patriótico en contra del imperialismo megalómano catalanista. Por ello, estamos convencidos que cuanto más se pretende insultarnos con esta denominación, mas nos fortalecemos en contra de aquellos que practican el despotismo.

En el
Estatuto de Autonomía de 1982 la señera tricolor coronada será designada bandera oficial de la Comunidad Valenciana.

Sobre la Real Señera, (De Albiñana...) el que fue presidente provincial de la UCD-Valencia sostenía: “...yo creo que no debemos perdernos en cuestiones semánticas o simbólicas que pueden servir de manipulación para quienes no quieren ni la democracia ni la autonomía”.

Ya podemos darnos cuenta de lo que con estos “mimbres” iba a establecerse nuestra autonomía. Si los partidos de izquierdas abogaban bárbaramente por nuestra introducción en los “Países”, no fueron menos los políticos de derechas que, -y aquí tenemos el ejemplo con el PP-, abiertamente estaban dispuestos a seguir las mismas maniobras.

Verdaderamente nefastos para nuestra tierra fueron aquellos políticos en los que recayó la tarea de organizarnos como comunidad autónoma, sentando las bases para despersonalizar la cultura de nuestro pueblo que, con los años, se iría convirtiendo en el genocidio cultural al que hoy estamos abocados.

¿Por qué no se consiguió la denominación de Reino de Valencia para nuestra tierra?

Cuando buena parte de los valencianos se dio cuenta por donde iban los enjuagues entre los grupos políticos redactores del estatuto, una de las causas principales que tiraron a la genta a la calle fue su oposición a que la autonomía se denominase como País Valenciano, nombre de totales connotaciones catalanistas y fruto de las concesiones que los políticos valencianos estaban haciendo a imperialismo catalán.

Nuestra tierra se denominaría País Valenciano y la suya se denominaría la Cataluña Gran. Ellos serian los soberanos del estrafalario proyecto de los Países Catalanes y nosotros seriamos una mera comparsa de la que, con el tiempo, chuparían hasta la última gota de su sangre agrícola, industrial, mercantil, ya que el proyecto, inicialmente disfrazado como “una cultura y lengua única”, no es ni más ni menos que la absorción de toda nuestra economía. En definitiva dinero y más dinero para las arcas catalanas.

Por otra parte, no se podía consentir que nuestro histórico Reino de Valencia se denominara de otra manera pues, históricamente es el título que nos corresponde al ser una tierra privilegiada desde bastante antes de la Edad Media, en que fue conquistado el reino moro de Valencia por el rey Jaime I el Conquistador.

No se podía consentir que los valencianos fuéramos relegados y sojuzgados por una entelequia foránea, fruto de la egolatría y de un complejo de inferioridad que el pueblo catalán viene arrastrando, desde que las vicisitudes políticas lo tenían bajo el yugo del Imperio Carolingio y como meros servidores establecido en una frontera, La Marca Hispánica, creada por dichos reyes para impedir la entrada de las huestes mora en sus tierras.

Los catalanes nunca fueron reino, ni principado, ni tuvieron ninguna prerrogativa ni privilegio por parte de todos los reyes que reinaron en la Corona de Aragón. Tanto en Francia como en Aragón, se les consideró como meros servidores dentro de una organización de condados que, bajo los pirineos pasaron a formar parte de la Corona de Aragón.

No obstante todas las presiones que, por parte de valencianistas, se formularon en las calles en contra del que iba a ser el nombre de nuestra tierra, no consiguieron que los políticos reconocieran para la autonomía el de Reino de Valencia. Una vez más lo que ya estaba consensuado entre todas las fuerzas políticas, -lo de Comunidad Valenciana- no cambió de rumbo. El miedo a la calle les hizo mella aunque no lo suficiente como para reconocer la denominación de Reino de Valencia, consensuándose otro nombre en los despachos con el que, una vez más, se nos estaba traicionando a los valencianos al relegarnos a una denominación que no dice nada absolutamente de nuestra historia ni de la riqueza cultural y económica de nuestro reino.

Una vez más, la traición política se hizo patente. Una vez más el arco político valenciano cayó en las más bajas cloacas de la hipocresía, de la cobardía y de la traición al pueblo valenciano.

miércoles, 17 de febrero de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (VIII)

LA BATALLA DE VALENCIA (V)

El blaverismo también ha tenido su expresión violenta materializada en el Grup d'Accio Valencianista (GAV), una organización autodenominada como valencianistas, en cuya revista interna "Som" reconocen ser los autores de la quema de la señera preautonómica en el 9 de octubre de 1977 en el Ayuntamiento de Valencia. Además, por ese mismo número, publicado en el año 2002, fueron denunciados por el
BNV de hacer apología al terrorismo ya que, según los nacionalistas, manifiestan en ella su aprobación con los atentados con bomba contra Joan Fuster y Manuel Sanchis Guarner.

Recientemente, desde el año 2005, el blaverismo ha sido acusado por diferentes fuerzas políticas progresistas y nacionalistas valencianas de atentar contra las sedes del
BNV en Valencia y localidades de los alrededores.

No es precisamente el Bloc nacionalista de izquierdas el que puede acusar al Grup d’Accio Valencianista de terrorismo, cuando este Bloc estaba conexionado con el Psan, partido del que ya he hablado en otras ocasiones, y muy relacionados con el grupo catalanista Terra Lliure, autor de innumerables atentados contra la convivencia de los valencianos.

Ya hemos dejado constancia más arriba de las situaciones que se produjeron callejeramente, para advertir a los parlamentarios que estaban gestando el estatuto de autonomía, de cuales serían las consecuencias para ellos caso de que consensuaran la introducción en el estatuto del catalán en lugar de nuestra Lengua o Idioma Valenciano. Y ello parecer ser que logró cambiar la actitud de todos ellos, no creo que por coherencia con nuestra historia sino, más bien, por temor a que las manifestaciones callejeras pasarán a mayores y pudiera peligrar su integridad física.

El año 1979 iba a ser determinante para concluir este espinoso asunto, pues, en el mes de agosto, en pleno periodo de vacaciones, se trata en el Consejo de Ministros la incorporación de la Lengua Valenciana al sistema de enseñanza y se recurre al rey, que ya está desplazado a Palma de Mallorca, para que estampe su firma –por otra parte no tan extraño- en tan denigrante real decreto, denigrante por que en él se nos cataloga como País Valenciano. Una vez más la falta de respeto hacia los valencianos por parte, tanto del gobierno como de la monarquía, se hace patente y pasaría a ser la característica corriente que continuaría denigrando y denostando a nuestro pueblo en los años posteriores a la preautonomía valenciana. Transcribimos seguidamente el citado real-decreto para constancia.

Anexo V. Real Decreto 2003/1979, de 3 de agosto, por el que se regula la incorporación de la Lengua Valenciana al sistema de enseñanza del País Valenciano
Por el decreto transcrito vemos como el gobierno de aquellos años, de la UCD, se manifestaba mediante el real decreto sobre la incorporación de la lengua valenciana al sistema de enseñanza, pero traicioneramente asigna para nuestro Reino de Valencia el estrafalario nombre de País Valenciano, tantas veces repetido por los estamentos políticos y tantas veces rechazado por los valencianos. Pero ahí no queda todo. Al tratarse de un Real Decreto se hace precisa la firma del Rey Juan Carlos I y éste no tiene ningún empacho en estamparla en el real decreto donde tan miserablemente se nos utiliza a los valencianos.

No obstante ello, hay que mencionar que el repetido real decreto siempre habla de la incorporación de la Lengua Valenciana al sistema de enseñanza, pero también deja en el aire cual será su definitiva denominación, hasta que se apruebe el correspondiente estatuto de autonomía de la Comunidad Valenciana.

Pero ello no es óbice para que podamos pensar que ya las instituciones, tanto gubernamentales como monárquicas, estaban decididas a transgredir una vez más nuestra historia y nuestro histórico nombre de Reino de Valencia, a pesar de que las manifestaciones de los valencianos venían reclamando la citada denominación y, por supuesto, en contra de los “parlamentaris del plenari” de la preautonomía, que estaban pasteleando con nuestras más ascentrales señas de identidad.

Prueba de ello es la posterior promulgación de la Ley de Uso y Enseñanza del Valenciano, del año 1983, una vez ya aprobado el estatuto de autonomía. En esta ley se habla única y exclusivamente del idioma valenciano o de la lengua valenciana o, simplemente, del valenciano. Se preocupan muy mucho de que en esta ley no aparezca la denominación ni siquiera la alusión al catalán. El caballo de Troya está servido. Una cosa es la letra del ley y otra cosa muy distinta es el espíritu de la misma y, lo que es peor, la aplicación de los reglamentos e instrucciones que posteriormente se promueven para su desarrollo.

Y otra cosa bastante distinta de todo ello es la actuación de los partidos políticos en la aplicación de esta ley, tanto en los centros escolares, institutos de enseñanza media, universidades y todas aquellas instituciones dependientes de la administración. Lo que se aplica es el catalán puro y duro, traicionando tanto la historia de nuestro Reino de Valencia, como el sentimiento de muchos valencianos que se quedan atónitos cuando ven que a sus hijos se les está lavando el cerebro en lo referente a la enseñanza del “valenciano” y a la normalización en el uso del mismo.

Y aquí los maestros o profesores tienen un papel determinante para que la “normalitzación” se lleve a cabo a costa de lo que sea. Tanto maestros de naturaleza valenciana e incluso valenciano-parlantes, como la actuación de otros maestros foráneos (en muchos casos éstos son los peores), hace que la aplicación de las instrucciones gubernativas por medio de los inspectores de educación, sea llevada a cabo hasta sus últimas consecuencias.

Hay muy pocos estudiantes que se rebelan contra la imposición de una lengua que no es la suya, y de las connotaciones políticas que lleva consigo este lavado de cerebro. Pero a esta oposición de los estudiantes no se suman la inmensa mayoría de sus padres para respaldar su actuación en las aulas y ello hace que, por parte de la Consellería de Cultura, se promueva y publique el que no existe rechazo alguno en la aplicación de la ley, reglamentos y actuación de los colegios y, por tanto, la paz escolar está garantizada.
Las mentiras del gobierno son impresentablemente manifiestas, pero la falta de controversia y quejas sociales hace que los políticos continúen con la inmersión lingüística.

En los tiempos de la aplicación de la mencionada ley de uso y enseñanza de valenciano, si hubiera habido una oposición frontal de los padres contra esta “normalitzación”, los políticos hubieran dado marcha atrás a la catalanización de lasaulas, pero sólo hubo una oposición raquítica de algunos padres que respaldaron a sus hijos, lo que les produjo no pocos problemas con los responsables de los colegios, tanto públicos como privados religiosos subvencionados, donde fueron tachados de culpables del ataque a la paz social y a la libertad de cátedra de los profesores.

Ver Anexo VI. Ley 4/1983, de 23 de noviembre, de Uso y Enseñanza del Valenciano

domingo, 7 de febrero de 2010

LA PREAUTONOMIA VALENCIANA (VII)

LA BATALLA DE VALENCIA (IV)

Esta postura unitarista de la Academia Valenciana de la Lengua será refrendada en un dictamen aprobado por unanimidad el 9 de febrero de 2005 (Dictamen sobre los principios y criterios para la defensa de la denominación y la entidad del valenciano), en el que se afirma que «la lengua propia e histórica de los valencianos, desde el punto de vista de la filología, es también la que comparten las comunidades autónomas de
Cataluña y las Islas Baleares, y el Principado de Andorra.» Este último dictamen será asumido por la Generalidad Valenciana y por la totalidad de las fuerzas políticas con representación en el Parlamento valenciano.

No es que este dictamen fuera asumido por la Generalidad, sino que fue la misma Generalidad gobernada por el PP la que ordenó a la Academia Valenciana de la Lengua que dictaminara en este orden. Todo esto debidamente pactado por el gobierno Zaplana, siguiendo instrucciones del Presidente del Gobierno de España José María Aznar, que lo consensuó con el presidente de la Generalidad Catalana Jordi Pujol, en un acto traicionero contra el pueblo valenciano, y por las necesidades políticas de Aznar para que le fueran aprobados los presupuestos generales con los votos de CiU. Una pestilente actitud más de los políticos en detrimento de los valencianos.

Evolución del blaverismo

El blaverismo tuvo varias expresiones políticas definidas tras la desaparición de la
UCD, entre ellas destaca el partido Unión Valenciana, fundado en 1982, que ha formado parte de gobiernos locales y autonómicos. En lo que respecta a UV hay que hacer constar que, en un principio, la actitud de este partido “valencianista” fue de defensa a ultranza de los valores y la cultura de nuestro pueblo, si bien, posteriormente, en cuanto sus políticos empezaron a tocar “poder” por medio de la Generalidad y de los Ayuntamientos, giraron su rumbo hacia consensos de los que se derivaron grandes perjuicios para el propio partido, con pérdida de afiliados y con su práctica desaparición del arco político en el Reino de Valencia. En este caso, los votantes de UV no perdonaron esta escoración a los consensos antivalencianos y castigaron en las urnas la actitud negativa. Por desgracia un partido que parecía que iba a defender los intereses valencianos se perdió en la noche de los tiempos consecuencia de su manifiesta avaricia de poder.

Fruto de la heterogeneidad de este movimiento, hace falta destacar la existencia de varios grupos como el que puede representar la extinta
Joventut Valencianista, nacidos en el seno del blaverismo y que durante los años 90 evolucionaron hacia posicionamientos nacionalistas y, en algunos casos, lo hicieron también con reflexiones provenientes de la tradición fusteriana en un intento de convergencia bautizado como “tercera vía”.

La “tercera vía” no fue ni más ni menos que un amago democrático para tratar de solventar, según manifestaban sus partidarios, el problema creado entre valencianistas y pancatalanistas, pero la realidad era eso, un amago, una cortina de humo, para abocar si cabe aún más a Valencia a las tesis catalanistas. Tuvo una existencia muy efímera porque se les “vió el plumero” rapidamente. Olian a “cuerno quemado” y por lo tanto, ni siquiera consiguieron hacer adictos a la causa más que a los que pretendieron que la farsa fuera aceptada.

Este y otros procesos, como por ejemplo, la constitución de la
Academia Valenciana de la Lengua o la sustitución parcial del discurso practicado por los fusterianistas (visualizado por una parte importante de la sociedad valenciana como "intento anexionista") , han menguado la fuerza social de este movimiento. Si bien hay que hacer constar que el debilitamiento del movimiento valencianista no fue la causa que más arriba se dice. La fuerza inicial que el movimiento valencianista desarrolló en multitud de ocasiones defendiendo sus señas de identidad se ha ido debilitando consecuencia de que la sociedad valenciana, en su mayor parte, pasa totalmente de este problema. El movimiento ha ido envejeciendo y después de treinta años de traiciones políticas, las cosas están atadas y bien atadas por lo que se hace muy difícil, al menos en un futuro a medio plazo, el que pueda renacer de sus “cenizas”. Tan solo podría renacer si el Reino de Valencia contara con un partido político aglutinador de todas las facciones valencianistas-blaveristas, con un liderazgo tan indiscutible que fuera capaz de conseguir el voto, sino mayoritario, si en la suficiente entidad como para obligar a los partidos nacionales a rectificar sus tejemanejes y hacer volver a los cauces históricos nuestra cultura y lengua.