martes, 21 de diciembre de 2010

MEDINA (en árabe, Madínat-al-Nabí, 'Ciudad del Profeta)


MEDINA (en árabe, Madínat-al-Nabí, 'Ciudad del Profeta'; o Madínat l?asul Al/ah 'Ciudad del apóstol de Dios'), ciudad del oeste de Arabia Saudí situada en la región de al Hiyáz. Los restos del profeta Mahoma que huyó de La Meca y se refugió en Medina (622) -episodio conocido como la hégira (622), y que es el inicio de la cronología musulmana- reposan en la ciudad, que es por ese motivo uno de los lugares sagrados del islam. Miles de peregrinos visitan anualmente la ciudad. La tumba de Mahoma se encuentra en la mezquita del Profeta, en la parte oriental de la ciudad. La mezquita también contiene las tumbas de la hija de Mahoma, Fátima y de Omar I, el segundo califa musulmán.

En la antigüedad se conocía Medina con el nombre de Yatrib. El geógrafo egipcio Tolomeo, se refirió a ella en el siglo II d.C. con el nombre de Lathrippaedina. Medina fue la capital del mundo árabe hasta 661, año en que el califato se trasladó a Damasco. Más tarde, Medina fue gobernada sucesivamente por los egipcios y por los turcos otomanos. Estos últimos fueron expulsados de la ciudad en 1919 por las tropas de Husayn ibn Al¡, primer rey de al Hiyáz. En 1924, las tropas de Husayn fueron vencidas por Abd al-‘Azizi III Ibn Saud sultán de Najd. En 1932, pasó a formar parte del reino de Arabia Saudí. Población (según estimaciones para 1990), 600.050 habitantes.

LA CONCIENCIA EUROPEA EXCLUYE LOS NACIONALISMOS


Autor: Juan Ferrando Badia (q.e.p.d.)


La estructura de la conciencia europea está integrada por un conjunto de factores que tienen su origen en el Mare Nostrum: el racionalismo griego, el espíritu jurídico y político de Roma y la moral cristiana en cualesquiera de sus versiones o cristalizaciones históricas, como, por ejemplo, el acervo cultural y moral protestante. Otros factores han influido también decisivamente desde el siglo XV en la configuración actual de la conciencia europea, como el Renacimiento, la revolución liberal inglesa (1688), la francesa (1789) y la revolución industrial y capitalista y su reacción, el marxismo. De ahí que la estructura de la misma sea el producto decantado de todos estos ingredientes. Pero la nota esencial de la conciencia europea es una resultante de los factores helénico, latino, y cristiano.
El filósofo Mounier -desde una perspectiva cristiana y culturalista- ha querido sintetizar la idea radical de la cultura europea en una palabra: personalismo. Se trata, según él, de un personalismo teológico y humano: Dios concebido como persona trascendente al mundo. Y el hombre como una persona que trasciende a la sociedad y al Estado.
De esta concepción personalista del hombre -como ser abierto al mundo y a los otros hombres, pero sin que su apertura quede con ello agotada- se derivará, como lógica consecuencia, en el campo político, la idea de la organización democrática entendida como diálogo. La democracia es un diálogo, una intercomunicación de seres humanos. Es consustancial al hombre y, más aún, al hombre europeo, heredero inmediato de la triple herencia helénico-latina y cristiana.
Pero la herencia marxista ha impregnado a este humanismo, que podríamos calificar de cristiano, de una nueva dimensión: no podrá darse un humanismo integral basado en principios filosóficos, abstractos; ha de comenzar estando al ras del suelo. La libertad, en tanto será capacidad de elección en cuanto exista tal capacidad. Un hombre no puede ser libre política, cultural y religiosamente mientras se halle encadenado económicamente. Las naciones europeas están transidas de esta cultura.
Si se quiere salvar la existencia histórica y cultural de Europa, teniendo en cuenta el contorno cultural que la circunda en nuestros días, se ha de saludar satisfactoriamente todo intento de realización de su unidad política, pues ello reforzará y coadyuvará a mantener su libertad de independencia.
Opinamos con Villey que una Europa dividida sería hoy día una Europa incapaz de salvar su legado cultural y su independencia. Puede tener fuerza propia. Pero la futura creación de los Estados Unidos de Europa, de una Europa federada políticamente no tiene por qué segregar un nacionalismo europeo. En la época de la futura planetarización política, los nacionalismos deben quedar marginados.
De ahí que Europa haya de estar presta para acoger en su seno a todos aquellos países que, hasta hace poco, han permanecido más allá del "telón de acero", ya que su destino geográfico e histórico reclama su presencia en el seno de la familia europea. Este camino sólo podrá comenzarse, y avanzar en él, acentuando los intercambios comerciales y los contactos culturales e ideológicos. La confluencia en el marco de la economía podrá traer aparejada una analogía de estructuras políticas.
Pero, como fase previa para que se llegue a esta posible unión de todos los Estados netamente europeos -la confederación europea de 24 ó 30 países, según J. Delors- en una comunidad superior, es necesario que los países del llamado "mundo occidental" se integren políticamente, y que los miembros que componen Europa se pongan de acuerdo para crear la Europa política por todos deseada.
Y todo ello resulta difícil, ya que entre ellos no existe un denominador político común: la ideología democrático-liberal. Esta ideología es el fundamento mismo de la super-estructura político-institucional en una Europa traspasada de federalismo cooperativo.
..:Diario de Valencia:..

LA TERCERA CRUZADA (I)


La relación entre los dos Emperadores Romanos, Isaac II y Federico I Barbarroja, no era muy buena. Isaac II había ayudado a las ciudades italianas en su rebelión contra Federico I, por lo que la presencia alemana en Constantinopla podía ser muy conflictiva. Isaac II decidió que entre Federico I y Saladino prefería al segundo, y le propuso una alianza al musulmán. Sin embargo Saladino la rechazó. Se sentía lo suficientemente poderoso como para no necesitar alianzas. Por su parte, cuando Federico I pasó por Bulgaria, en 1190, los hermanos Asen le propusieron una alianza contra el Imperio Bizantino. El Emperador se sintió tentado, pero era ya mayor y tenía prisa por conquistar Jerusalén. Era el toque publicitario que necesitaba para limpiar la imagen del Sacro Imperio Romano, manchada por los años de lucha contra el Papado. Esto no impidió a los búlgaros derrotar a los bizantinos en Berroia.
Cuando los dos Emperadores se encontraron, Isaac II se sometió en todo a Federico I excepto en que no le reconoció su título imperial. Le prometió provisiones y todo tipo de apoyo y lo embarcó rápidamente hasta Asia Menor. Los cruzados arrebataron la ciudad de Konya al sultán de Rum Kiliç Arslán II, pero ahí termino la aventura alemana: Federico I murió mientras se bañaba en el río Calicadnus, como consecuencia de una crecida repentina. Su ejército se disolvió y cada cual volvió a Alemania como pudo.
Mientras tanto el derrocado rey de Jerusalén, Gui de Lusignan, llevaba ya unos meses asediando la ciudad de San Juan de Acre. Ese año murió su esposa Sibila.
Federico I Barbarroja fue sucedido por su hijo Enrique VI, que en 1191 marchó a Roma para hacerse coronar Emperador. No lo coronó Clemente III, pues había muerto a principios de año, sino su sucesor, Giacinto di Pietro di Bobone, que, a sus ochenta y cinco años, adoptó el nombre de Celestino III. Luego Enrique VI tuvo que volver precipitadamente a Alemania, pues Enrique el León había organizado una nueva revuelta apoyada por muchos de sus poderosos familiares, los güelfos. Ese año murió su hermano Federico VI, el duque de Suabia, y el título pasó a su otro hermano Conrado, el duque de Rothenberg. El matrimonio entre éste y Berenguela, la hija de Alfonso VIII de Castilla, fue anulado.
El rey Ricardo I Corazón de León, en su travesía por mar hacia Tierra Santa, había hecho una escala en el reino de Navarra, donde se le había unido Sancho, el hijo del rey Sancho VI, y su hermana Berenguela, con la que se comprometió. Luego se encontró en Sicilia con Felipe II de Francia. Allí se peleó con el rey Tancredo. Felipe II intervino en la querella y se pelearon los tres. Así afloraron las desconfianzas y recelos entre los dos reyes que, mientras les había convenido, habían pasado por amigos y aliados. Ricardo I decidió anular su compromiso de casarse con Inés, la hermana de Felipe II, viuda del Emperador Andrónico II y que seguía en Constantinopla. Finalmente se firmó un tratado con Tancredo, pero resultó que éste ofendía al Emperador Enrique VI, que aspiraba al trono siciliano en virtud de su matrimonio con Constanza.
Esto no preocupó a los dos reyes cruzados, que continuaron su travesía por el Mediterráneo. Felipe II llegó a Tierra Santa el 20 de abril, mientras que Ricardo I se entretuvo conquistando Chipre a su gobernador bizantino (que se había independizado de Constantinopla poco antes). Cuando la tuvo en su poder se la vendió a los Templarios. Allí se casó con Berenguela. Luego prosiguió su viaje y en junio se reunió de nuevo con Felipe II. La situación que se encontró fue la siguiente: Muchos de los nobles del reino de Jerusalén habían dado la espalda al rey Gui de Lusignan al que responsabilizaban de los desastres del reino. Ofrecieron la corona a Manfredo de Toron, esposo de Isabel de Anjou, hermana del rey anterior, Balduino IV el leproso, así como de Sibila de Anjou, la difunta esposa del rey actual. Manfredo rechazó el honor y entonces los nobles se las arreglaron para disolver su matrimonio y casar a Isabel con Conrado de Monferrato, que había desembarcado en Tiro junto con Felipe II y tenía la fama de haber salvado Tiro del ataque de Saladino. Felipe II había aprobado todo esto, por lo que Ricardo I, al enterarse de los hechos, apoyó a Gui de Lusignan.
El conflicto no impidió que los cruzados se pusieran de acuerdo en acudir a San Juan de Acre, que llevaba ya dos años resistiendo el asedio. Las enfermedades estaban mermando a los dos bandos y todos estaban a un paso de ceder. La llegada de los refuerzos cristianos acabó con la moral de los asediados y en julio fue tomada la ciudad. Se produjo entonces un incidente que después tendría consecuencias importantes: en el ataque había participado el duque Leopoldo V de Austria, quien colocó su estandarte en una de las almenas, pero Ricardo I Corazón de León consideró que todo el mérito era suyo y ordenó quitarlo. Se cuenta que, cuando Leopoldo protestó, Ricardo I lo hizo callar a puntapiés.
Ricardo I propuso a Saladino la entrega de la población musulmana de la ciudad a cambio de unas reliquias que los musulmanes habían capturado un tiempo atrás. Saladino se demoró en su respuesta y Ricardo I ordenó que dos mil seiscientos prisioneros, hombres, mujeres y niños, fueran llevados a las murallas y ejecutados. Los hospitalarios trasladaron su sede central a San Juan de Acre. Allí se había formado el año anterior (entre las tropas que asediaban la ciudad) otra orden hospitalaria conocida como la Orden Teutónica, porque la fundó una colonia de mercaderes alemanes.
Ricardo I Corazón de León se encontraba en su elemento: dirigía, vociferaba, luchaba, y lograba que Felipe II quedara siempre humillantemente en un segundo plano. La salubridad de la zona mejoró, pero ambos reyes enfermaron y ambos se recuperaron. Sin embargo, Felipe II decidió aprovechar la enfermedad como excusa para volver a Francia, aunque dejó su ejército en Oriente y juró no atacar los dominios de Ricardo I. Éste proclamó sonoramente que la retirada del rey francés era una deserción cobarde y se convirtió en el líder indiscutible de la Tercera Cruzada.
Mientras tanto, Juan sin Tierra, rompiendo su juramento, dejó Irlanda y encabezó una revuelta de nobles normandos que depusieron al canciller William Longchamp. Lentamente trataba de maniobrar políticamente para ser aceptado como rey, pero, al inconveniente que suponía la fama que su hermano estaba adquiriendo en oriente, había que sumar que, aun en el supuesto de que Ricardo I muriera, Juan no era el heredero legítimo de la corona. Su difunto hermano Godofredo, el duque de Bretaña, había tenido un hijo llamado Arturo, que era el legítimo heredero de Enrique II, pero que fue pasado por alto en favor de Ricardo I porque en ese momento tenía tan sólo tres años de edad (ahora tenía cinco). Ricardo I, que no tenía hijos, había reconocido a Arturo como heredero.

TRIBUNAL DE LAS AGUAS DE VALENTIA (XIV)


VALENSIYA. VALENSIA. VALENCIA.


Síntesis de la historia natural del Santo y Síndico Tribunal Edetano Tyrius. Narrasio al Us Natural. Per el So. Andrés Castellano Martí. So. Mestre de Traca.


10-. Felipe V de Borbón, cuando tiene que decidir el destino del Tribunal de la Aguas de Valencia, se encuentra con algo que desconoce y no sabe como interpretar. El Tribunal valenciano para él es un compendio de vulgaridad labradora que políticamente es imposible de manipular y legislativamente difícil de emular. Quienes viven su credo no lo escriben, siendo ciega su fe en él, como máxima su eficiencia. Dado que quienes viven tal cosa, toda su energía siempre la dedicaron a producir y nunca a molestar ni mucho menos guerrear, Felipe V en magnanimidad, le perdona la vida al Tribunal y este continua en su función.
Por decreto todas las leyes valencianas y fueros, son abolidos, obligando a todos a observar la lengua castellana y sus leyes. Se prohíben los escritos en lengua vernácula y todo documento oficial, civil y religioso se hace en la gramática del reino.
Todos los Síndicos, tanto los que presiden por ser únicos, como los que comparten sindicatura como es el caso de Valencia, al no tener escrita ninguna ley ni escribir ninguna sentencia, no son obligados a cambiar ninguna costumbre. Sólo se les recomienda, para bien suyo, que aprendan el castellano y que este idioma hablen y escriban cuando hayan de relacionarse con las autoridades de la monarquía.
Sí se transcriben y se pasan al escrito aquellas normas en forma de ordenanzas que a la monarquía le parece oportuno. Pero solo aquellas que los propios Síndicos indican, ya que de los Usos Naturales reales nada dicen. En las acequias que predomina el carácter valenciano de ellas nada se escribe.
Posteriormente durante la dominación Francesa tanto los cultos afrancesados, como los propios franceses respetaron y apreciaron los Usos del tribunal. Terminada la guerra Fernando VII abolió constituciones y leyes que por progresistas no le gustaban, sin embargo nunca se entrometió con el Tribunal de las Aguas.
Ocurre a partir de dicha guerra que al promocionar política y económicamente a los habitantes de la ciudad de Valencia en menoscabo de los nativos de los pueblos, la cultura natural valenciana queda en menosprecio; pues los habitantes de la ciudad que nunca le hicieran caso ahora la desprecian.
Tal como pasa el tiempo y las tierras quedar en manos de terratenientes que no viven los Usos, por ser ellos de otros territorios, los problemas que se plantean en el reparto del agua se multiplican, y dado que estas gentes no aceptan la gracia del Tribunal, como se aceptara anteriormente en los tiempos bendecidos, esto acarrea cuestiones políticas insolucionables. En 1834 en España es abolida la inquisición, no obstante y a pesar de la aparente libertad, el Tribunal de las Aguas no recupera la gracia que siempre tuviera, aunque en apariencia la tiene, pues muchos huertanos ellos siguen creyendo en ella.
En los finales del siglo diecinueve, principios del veinte, debido a los problemas entre creyentes en los Usos y los no creyentes, los tribunales de la justicia ordinaria tienen que intervenir e imponer a los Síndicos regulaciones y normas. Pleitos que constantemente llenan las salas de los tribunales de la justicia escrita. En incongruencia los Síndicos tienen que recurrir a letrados en las leyes del reyno español para dilucidar la aplicación de la ley natural de la huerta.
La gracia en Ma de los Síndicos de tribunal, de sus Homens, su bendición o santidad, la que siempre se mantuviera inalterable desde sus orígenes edetanos hasta el siglo diecinueve, a finales de dicho siglo decae, pues los valencianos naturales dejan de hacer su entrà en los finales principios de era. En consecuencia muchos dejan de ser Homens omitiendo sus obligaciones patrias, y también el ejemplo de sus mayores. A principios del siglo veinte, tal como ya se iniciara en el siglo anterior, muchos valencianos pasan a ser cultos de la cultura oficial escrita, omitiendo la natural y suya de la narración. Por esta razón muchos valencianos pierden el carácter Home, su Bona Hombra, pierden su gracia. Esto hace que cuando han de elegir un Síndico, no se elija a los en Ma, si no a un político. Por la causa mencionada se inicia la saga o introducción de los valencianos políticos en los lugares que les corresponden a los Síndicos Homens. Tras lo ocurrido se llega a que muchas sentencias del Tribunal no sean justas en lo tocante a la apreciación de la Hombra. A pesar de ello la mayor parte de los labradores respeta a los en función Síndicos. Tal como la cultura valenciana se hace castellana, la Bona Hombra desaparece de las huertas. Y los pleitos y trámites judiciales notablemente aumentan.
Incluso la ciudad de Valencia mantuvo constantes enfrentamientos con el Tribunal, siendo el más llamativo el que el Ayuntamiento de Valencia a principios del siglo veinte, pleiteó contra el Tribunal de las Aguas. El ayuntamiento reclamaba a los tribunales de la legislación escrita el caudal de la ciudad que por antiguo derecho le pertenecía.
En suma de acontecimientos negativos en los tiempos finales del siglo diecinueve, y todo el principio del veinte, por razones climatológicas el rió Túria en los veranos estía, seca. Repite el ciclo que ya los romanos vieran cuando construyeran los primeros canales. Razón por la cual los romanos tomaron el agua en la presa de Pedralba, pues allí todo el caudal del rió se mantiene intacto.
Los estiajes y sequías de la vega valenciana al ser solucionados por decretos gubernativos, y no por los Usos, da que unos labradores a otros se saboteen el agua y esta tenga que ser protegida por guardas armados. Sabotajes que también hacen unas acequias con otras.

EL JUSTICIA DE VALENCIA (y XI)


CATALOGO DE LA SERIE DEL REAL JUSTICIA

Autores: Manuela Fernández-Arroyo y Cabeza de Baca y Jesús Villalmanzo Cameno, 1976.
Pag. 10. El Justicia Civil de Valencia.
Fuente: Archivo del Reino de Valencia.


En estos tiempos estaba muy arraigada la costumbre –no solo entre las familias nobles, sino también entre las mas humildes, como labradores, artesanos, etc.,- de estipular contratos matrimoniales, también conocidos como capítulos matrimoniales, cartas nupciales, etc., en los que se fijaba la dote que llevarían al matrimonio. A veces aparece solo la carta de pago de lo estipulado en dichos contratos. En ciertos casos se paga en dinero y otras veces asignándoles censos o pensiones. Con frecuencia tiene que intervenir la justicia para cumplimiento de lo acordado.
Las tutorías de menos se redactaban para evitar intromisiones en la administración de sus bienes. En algunos casos el tutor ya aparece designado en el testamento del padre difunto. Pero lo normal era que el Justicia se encargase de su nombramiento, por haber muerto sin testar o por incapacidad del padre o de la madre que quedaba vivo.
El reconocimiento de deudas, que como vimos en su lugar fue el primer tipo de documentos registrados por el Justicia Civil ya en el siglo XIII, sigue aun apareciendo en el siglo XVIII.
Y para terminar este apartado hay que reseñar las partidas de bautismo y las partidas de defunción.

Los Registradores.

Mención especial merecen los Registradores, gracias a los cuales poseemos hoy esta preciosa colección. Ellos fueron los que se ocuparon directamente de hacer observar los diversos trámites burocráticos y los que en muchas ocasiones tuvieron que llevar a cabo pesquisas de tipo legal, paleográfico y diplomático, para asegurarse de la veracidad de las escrituras presentadas, y, por fin, hacer trasladar a los registros los documentos aportados por los interesados.
Todos los registradores fueron notarios y además tenían otros cargos en la Real Audiencia de Valencia o en las Casas Consistoriales, y algunos regentaron dos o mas archivos.
El primer registrador fue Fernando Raimundo Pardo (26 de septiembre de 1707 a 7 de mayo de 1709), que a su vez era canciller y registrador de la Real Chancillería de Valencia, según aparece en los registros del Real Acuerdo. Venía de Castilla y fue uno de los técnicos encargados de hacer efectivas las normas castellanas en Valencia según se exigía en la legislación recién implantada. Por ello no es de extrañar que aparezca también al frente de un oficio burocrático en los tribunales ordinarios de la Ciudad.
Le siguen una seria de registradores por número indefinido aunque se han podido localizar y nominar a unos catorce hasta que finaliza la serie en 1785. A continuación ocuparon el puesto dos registradores mayores, los dos últimos, cuando ya este registro estaba en plena decadencia y apenas asentaba un documento por año: Vicente Manuel Paño (años 1786 a 1788) y José María Ortiz (años 1789 a 1791).

Historia de la colección: Emplazamiento y conservación.

Tres han sido los edificios que lleva recorridos nuestra serie del Real Justicia: uno en su época de gestión y de vida administrativa y otros dos después, cuando el paso de los años y el cambio de instituciones le han hecho adquirir el carácter de documentación histórica, y tras el derribo del venerable edifico de la Casa de la Ciudad, en que tuvo que pasar forzosamente al Archivo General de Valencia y mas recientemente al moderno Archivo del Reino de Valencia.
El local que lo vio nacer fue la Casa de la Ciudad, equivalente a lo que hoy conocemos como Ayuntamiento. Era la sede del Justicia, de los Jurados y del Consell, y en ella se custodiaba la documentación producida por dichos organismos municipales. La Casa de la Ciudad estuvo ubicada originalmente en la Plaza de la Almoyna, desde que Jaime I en su memorable privilegio otorgado a la ciudad el dia 21 de mayo de 1239, dona al Justicia unas casas situadas al lado de la catedral, en lo que hoy es palacio arzobispal, para que fuese la sede de la Cort del Civil o Justicia de Valencia. Los estudios de Roque Chabás han fijado definitivamente dicha localización.
Se tardó mucho tiempo en resultar exigua la capacidad de esta primitiva Casa de la Ciudad, dado el enorme incremento que tomaron las actividades del municipio valenciano. Por ello, ya a comienzos del siglo XIV, el Consell piensa seriamente en buscar un solar amplio en el que erigir nueva sede capaz, pues su emplazamiento no permitía ampliación alguna. Se compraron los solares de los actuales jardincillos de la Generalidad y sobre ellos se elevó la nueva Casa de la Ciudad, empezando a funcionar en 1342, aunque las obras no se acabaron hasta 1376.
En este lugar se fijó durante siglos la sede de la institución foral valenciana por excelencia exactamente hasta 1854, en que dado el estado ruinoso que presentaba optaron por su demolición, cuando quizá una buena consolidación y restauración adecuada del edificio hubiese salvado para la posteridad este histórico monumento.
Nuestra serie nació en esta nueva Casa de la Ciudad. A mediados del siglo XIX se trasladaron sus oficinas hasta la entonces llamada Casa de la Enseñanza, que no es otra que el actual Ayuntamiento, aunque ha cambiado mucho en su interior y exterior tras las numerosas modificaciones que ha sufrido en su estructura desde aquella fecha. Parte de la documentación se trasladó al nuevo Ayuntamiento pero los fondos de los Tres Justicias, del Real Justicia y Reales Ejecutorias – por formar parte del Archivo General de Valencia- seguirán en los bajos de la ya abandonada y a medio demoler de la Casa de la Ciudad, hasta que hubo que sacarla precipitadamente en febrero de 1859 por amenazar ruina inminente. Fue depositada en la antigua Casa Profesa de la Compañía, que desde 1810 venía acogiendo los fondos de los distintos archivos de las instituciones valencianas desaparecidos en 1707.
Allí permanecieron hasta su traslado al actual Archivo del Reino de Valencia, ubicado en la zona de la Alameda, en el año 1965. En su planta 5ª, sobre modernas estanterías metálicas han hallado, sin duda, el mas cómodo albergue de su accidentada historia.
El gran aprecio de que siempre ha gozado esta serie entre los archiveros e investigadores ha hecho que haya llegado a nosotros en perfecto estado de conservación. En efecto, aunque los dos lugares citados en que estuvo emplazada anteriormente no fuesen los mas idóneos para su buena conservación, los funcionarios cuidaron siempre de tenerlos en el lugar mas a propósito del Archivo, `para evitar su deterioro por humedad, polillas, termitas, etc., de los que otras series hermanas no se vieron libres.
Además, en la segunda mitad del siglo XIX fue enriquecida, al igual que la serie de Manaments y Empares, con una sólida y elegante encuadernación, cubiertas en pergamino y lomos en piel marrón con grandes títulos y numeración estampada en oro y grecas ornamentales.
Los archiveros se ocuparon también, ante las numerosas consultas y peticiones, de redactar índice y fichas catalográficas, facilitando así su utilización.

Conclusión.

Es nuestro deseo con esta publicación dar a conocer lo mas fácilmente posible esta rica fuente de la historia valenciana. Para ello no solo hemos tratado esta introducción encuadrando la serie dentro de la historia de las instituciones valencianas y poniendo de relieve su contenido histórico, sino que también hemos redactado un índice general alfabético, comprensivo de materias, lugares, apellidos, títulos, cargos, entidades, etc. Se ha procurado unificar las grafías reduciéndolas a las formas actuales.
Ambas partes –introducción e índice general- se completan y necesitan mutuamente. Las notas a pie de página quieren ilustrar las diversas clases de documentos, pero casi siempre sin agotar todos los casos existentes en la colección.
Finalmente se insertan algunas reproducciones fotográficas de las copias de escudos en color, pertenecientes a distintos linajes, y que se hallan en la serie, así como lo referente al edifico, hoy desaparecido, de la Casa de la Ciudad, que la albergó en su día.

lunes, 20 de diciembre de 2010

EL CANT DE LA PARDALA (II)


Contaba con algunas inteligencias en Valencia y ordenó al general Suchet, que mandaba el Ejército de Aragón, fuerte de unos 30.000 hombres, se dirigiese sobre ella, esperando que la sola presencia de sus tropas bastaría para que se entregase. El general enemigo dejó en Aragón fuerzas suficientes para oponerse y tener a raya a las divisiones españolas de Villacampa. García Navarro y Perenna, que reunirían entre todas unos 13.000 hombres, y en este día emprendió la marcha con 14.000 soldados, divididos en dos columnas; una, a cargo del general Habert, se dirigió a Murviedro por Morella, de cuya villa y castillo quería apoderarse y la otra, mandada por el mismo Suchet, partió de Teruel, ahuyentó en Alventosa la vanguardia del ejército valenciano que se replegó sobre la capital, después de abandonar cuatro cañones al enemigo, y entró en Segorbe.
Desde Alcañiz la columna de franceses se dirigía a Morella por los viejos caminos de la montaña. Relucían los morriones. La luz arrancaba destellos de hielo en las afiladas espadas de las bayonetas. Eran muchos… Y cuando lo supimos, todos los ricos y eclesiásticos abandonaron la población. En las casas solo quedamos los pobres. Los que no teníamos recursos para poder marchar. Los que creíamos que aun era posible al defensa… El día 21 de aquel mes, entraron en Morella los franceses.

Impusieron tributo de cien onzas de oro. Saquearon nuestros hospitales. Equiparon generosamente a su tropa--- Y se marcharon.

Tales exigencias tuvimos que aportarlas los desgraciados que nos quedamos. Había una promesa; las autoridades juraron que al regresar los vecinos “pudientes” se haría el correspondiente reparto, pero lo cierto es que a su vuelta no se hizo la derrama. Los miserables aun lo fuimos más y los ricos… Habían puesto a buen recaudo sus joyas y dineros. El tesoro de la Arciprestal estaba oculto –y aun debe de estarlo- en casa de Don Antonio Gabaldá. No pudieron hallarlo los gabachos ni tampoco la halló la gloriosa “Junta de Resistencia”, que antes de huir en cuanto barruntó el aliento del Corso en el cogote, el rabo entre las piernas, había ordenado recoger todo el oro y la plata de las Iglesias, para sufragar la “defensa de la Villa” que abandonaron vergonzosamente a su suerte. ¡Ah, que buenos vasallos si hubiera buen Señor!. Los morellanos pensamos entonces que “ya habíamos sufragado bastante” pero nos equivocábamos.

Fueron otras seis veces. Otras seis ocupaciones las que sufrimos. Llegaban, arrasaban y se volvían a marchar sin que nadie pudiera oponerles resistencia. A pesar de todo, el deseo de rebelión continuaba acunando nuestras noches. El sueño de la guerra contra el invasor era la letra de todas las nanas.
Debe conocer, Señor, que los nuestros a las órdenes del General Odeneju, eran pocos y estaban mal amados, pero cuando en la primavera de 1810 los franceses ocuparon Morella de manera definitiva, Odeneju desplegó sus fuerzas por la Sierra del Aguila. Casi todos los hombres escaparon a los montes. Algunos para salvar la vida. Otros, los más, para combatir contra El Francés.

El 24 de Junio, se libró frente al Fuerte una encarnizada batalla. Desde la muralla que guarda el Portón de San Miquel, impotentes veíamos caer a nuestros maridos, padres, hermanos, Caían bajo el empuje de los gabachos que, apoyados por su artillería bien dispuesta en las aspilleras, habían salido a la carga en descubierta sobre aquel grupo de guerrilleros descalzos y famélicos, dejando la tierra sembrada de muertos y heridos que iban rematando a culatazos. Sólo unos pocos escaparon a la matanza y regresaron a las montañas. La derrota fue total y los franceses quedaron dueños del terreno.

Poco podía ofrecerles Morella después de tanta ocupación y tan graves asedios. Nada nos quedaba. Los silos, vacios de grano. Los corrales y establos, vacios de animales que fueron sacrificados para alimentar a las tropas francesas –a la fuerza- y a los nuestros por propia voluntad.

La lana ardió en los almacenes y el paño que antaño guardaban las arcas, también fue requisado. Los humildes telares de las tejedoras, encendieron hogueras en las cuadras de las caballerías militares. Nada teníamos. Sólo hambre.

Las mujeres aguantábamos sacando fuerzas de la rabia y el dolor, que alimentaban al menos nuestros corazones- Allí fuera, en los campos baldíos por falta de manos que los cultivasen, escondidos en las molas al refugio de les casetes de volta, sin fuego que delatara su presencia, los nuestros rumiaban el regreso.

EL EJÉRCITO DEL REINO DE VALENCIA (III)


Per Pere Martí i Martínez

Hoy, en el siglo XXI, la real Senyera valenciana mantiene los siguientes honores, siguiendo un estricto protocolo único en Europa.
1º-. La real Senyera coronada valenciana no hace reverencia, ni se inclina ante nadie. Por eso se traslada siempre que es necesario y de forma solemnemente en posición vertical.
2º-. Representa a la figura del rey en su ausencia. Actualmente, el rey D. Juan Carlos I ostenta entre sus títulos el de ser rey de Valencia.
3º-. Tiene el honor de recibir las veintiuna salvas de ordenanza.
4º-. Como bandera real y castrense, recibe los honores militares de un piquete de soldados. Antaño, estos honores los recibía de la compañía del “Centenar de la Ploma”; ahora, le corresponde… al ejército español.
Durante el reinado de Juan I “el Cazador”, Martín I “el Humano”, Fernando I de Trastámara “el Pacificador” y sucesivos, uno de los grandes problemas defensivos (prejaimino) que siempre padeció el Reino de Valencia tuvo una incidencia especial. La amenaza costera era un punto débil que convenía cubrir. Piratas y corsarios musulmanes e incluso cristianos de todas las procedencias acosaban las costas valencianas.
Concretamente, en el año 1381 se creó una flota compuesta por los reinos de Valencia, Mallorca, y el condado de Barcelona para patrullar defensivamente la costa y realizar esporádicamente incursiones de castigo en la costa africana de Berbería. Esta flota conjunta tuvo su punto álgido alrededor del año 1399, bajo el reinado de Martín I “el Humano”, cuando se organizó una armada naval integrada por unas setenta naves de combate y cerca de ocho mil soldados.
La cercanía del reino musulmán de Granada, dificultaba la defensa de la frontera sur del reino valenciano, convirtiendo esta zona fronteriza durante siglos en una “marca” de constantes incursiones granadinas, ataques y desembarcos norteafricanos. Documentados ampliamente desde los albores del siglo XIV hasta el XVII. Esta defensa del litoral, corría a cargo exclusivamente del Reino de Valencia. Es decir; tropas (defensa activa), dinero e infraestructuras (defensa pasiva) a cuenta de los “Consells” de las ciudades o villas afectadas y/o interesadas.
Reinando Alfonso III “el Magnánimo” (V de Aragón) entre 1416-1458, tuvo lugar un ataque (…de tantos) llevado a cabo por una flota tunecina que desembarcó en Benidorm capturando a la mayoría de sus habitantes para posteriormente venderlos como esclavos. A consecuencia de este luctuoso suceso, se destacaron cuatro guardias en “les Penyes de l´Abir” y cuatro más en el cabo de Moraira para alertar a la población expuesta e impedir episodios tan trágicos como el sucedido.
Como venimos indicando desde el inicio, la defensa desde el siglo XIII (legislación foral) se realizaba por los propios habitantes. En caso de necesidad se organizaba un ejército de caballeros (si los había), o sino de comerciantes, artesanos, campesinos… que no tenían más remedio que hacer frente al agresor. Posiblemente, aunque mal preparados, no había ni hay mejor soldado que el que defiende a su familia, casa, heredad y propiedades. De todas formas, fueron los “Consells” locales los que se encargaron de alistar y organizar de manera más efectiva a sus ciudadanos para constituir unas milicias para su autodefensa.

NACIONALISMO CATALAN. UNA GRAN FARSA (XI)


Autor: Michel Braveheart
Depósito Legal: PM-1405-2002

SIGNOS DE IDENTIDAD
III
“ EL CONSELL DE CENT ”
EL CONSEJO DE CIENTO

Si resulta, y creemos firmemente que es así, que, el que una persona nazca en un lugar determinado, se le cataloga con la misma nacionalidad de ese lugar, D. Jaime I de Aragón, Mallorca, y Valencia, Conde de Barcelona y Señor de Monpelier, no era catalán tal y como se nos dice reiteradamente por el colectivo nacional-catalanista, (pues ellos consideran que también Monpelier formaba parte de Cataluña. Cuando la realidad es que nunca el dicho Señorío se declaró feudatario del condado de Barcelona, pues independiente fue antes del nacimiento del Jaime I, con obligación de pleitesía a los monarcas franceses, continuando con el mismo estatus durante toda la vida de Jaime I, y pasando luego a ser propiedad de los monarcas de Mallorca, hasta que Jaime III de Mallorca, Conde de Rossellón y Cerdaña, Barón de Omelades y Carlades y Señor de Monpelier, vendió al rey de Francia Felipe IV, dicho Señorío, para poder pagar un ejército con el que ir a recuperar el reino de Mallorca, usurpado por la fuerza de las armas por su cuñado Pedro IV de Aragón, Valencia y Conde de Barcelona.) sinó monpelierense, en la misma medida que el actual rey de España es romano, porque en esa ciudad nació.
Por ello, fue un monpelierense rey de Aragón y no un catalán, el que además de crear oficialmente la comarca de Cataluña, fundó el famoso y renombrado Consejo de Ciento, institución emblemática para el gobierno de la ciudad de Barcelona, la más importante de todo el reino de Aragón, y que, dicho sea de paso, en esta época era nada menos que tres veces más pequeña que Palma de Mallorca.
Aunque en realidad el dicho Consejo era una Asamblea de vecinos de la ciudad de Barcelona, y no un consejo real o condal, que D. Jaime I en 1265 fijó su número de miembros en 100 prohombres. Fecha a partir de la cual se empieza a nombrar a la Asamblea, Consejo de los Cien (“Consell de Cent”). Así hasta 1455 en que su número se fijó en 128 miembros; constituyéndolo equitativamente, 32 personas por cada estamento representado: el real, el noble, el clero y los ciudadanos. Pero a pesar de haberse aumentado el número de sus miembros, su nombre no varió, continuado llamándole Consejo de Ciento.
SIGNOS DE IDENTIDAD
IV
LOS MOZOS DE ESCUADRA
“ELS MOSSOS D’ESQUADRA”

Otra de las instituciones emblemáticas de Cataluña de la que el nacionalismo catalanista se vanagloria de haber sido creada por catalanes, resulta que la realidad documental difiere en demasía de su realidad nacionalista.
Ya que los documentos nos dicen que los Mozos de Escuadra fueron creados e institucionalizados en 1719 por Felipe V de España, (el azote de Cataluña!?) aprovechando partidas de catalanes felipistas armados, que se habían distinguido en la guerra de Sucesión y en la represión policiaco – militar de los años siguientes.
(1)Los Mozos de Escuadra, fueron y aún son, una fuerza policíaca, cuyo embrión se sitúa en Valls. Siendo su primer Comandante el alcalde de dicha localidad, D. Pere Antón Veciana. De 1721 a 1836 los Mozos de Escuadra estuvieron dirigidos respectivamente, por el hijo, el nieto y el bisnieto de Antón Veciana, pues dicho cargo era hereditario.
El tataranieto, Pere Pau Veciana, parece ser que por simpatías carlistas (partidario del Príncipe Carlos, hermano de Fernando VII, a la sucesión del trono de España frente a los isabelinos) renunció a su cargo al morir su padre en 1836.
Los Mozos de Escuadra debían ser todos originales de la comarca en donde prestaban sus servicios, pues nadie como el propio del lugar conoce mejor la región, sus caminos, sus atajos, los recovecos, cuevas, escondrijos, y sobretodo a los moradores del lugar. Con lo que, localizar a los delincuentes en especial si eran foráneos, era mucho más fácil.
Posteriormente, dicha institución policíaca creada Por Felipe V de España, se fue expandiendo paulatinamente por toda Cataluña. Hasta el punto de que con la primera guerra carlista, eran más de 500 mozos.
Pero fue disuelta por la Primera República (1873), y restaurada en 1875 por Alfonso XII de España, con el mismo nombre y uniformidad anterior. (Es decir, que los nacional-catalanistas deben de agradecer a la casa de Borbón la restauración de los Mozos de Escuadra.) Dicho cuerpo policial estuvo en activo hasta 1939.
Los delitos que más frecuentemente perseguían los Mozos de Escuadra eran, por este orden : los políticos (conspiradores), el bandidaje rural y el contrabando. Asimismo actuaron como reclutadores para el ejército, y de represores de los disturbios urbanos.
1.- Gran Enciclopedia Catalana. T.15, p 457

sábado, 18 de diciembre de 2010

EL REGNE DE VALENCIA




Autor: Desconocido

A.- Regne de Valencia



Evidentment, la nostra denominacio historia no es una atra que Regne de Valencia.Ni ducat, marquessat, ni contat, ni principat, etc.
Des de 1237 fins a la perdua del Furs -al perdre la guerra contra Castella- varem ser un proper Regne.Aixina fon per decissio del mateix Jaume I, que vullgue dotar-nos d´independencia.
El Regne de Valencia tenia institucions politiques propies (la Diputacio General o Generalitat)
El Regne de Valencia tenia Constitucio propia (Els Furs)
El Regne de Valencia tenia moneda propia (els rals valencia)
El Regne de Valencia tenia aduana en les fronteres
El Regne de Valencia tenia eixercit i marina propia.
Etc, etc, etc.
Pronte va florir el Segle d´Or de la Llengua Valenciana (Joanot Martorell, Ausias March, Rois de Corella, Isabel de Villena, etc), sent el primer "segle d´or" de qualsevol atra lliteratura peninsular, quan ni castellans ni catalans apenes tenien lliteratura propia.
Per tant els valencians hem d´estar orgullosos del nostre glorios passat com a Regne de Valencia (sinomin d´Estat Valencià).
B.- Regio ValencianaDes de 1707 - quan els castellans nos prohibiren el valencià, i nos furtaren des d´Els Furs fins a l´ultim Dret- el Regne de Valencià, pergue la seua denominacio historica "por justo derecho de conquista", passant a nomenar-nos Regio Valenciana.
El terme Regio es un terme castellaniste, que implicitament nega tot el nostre glorios passat com a nacionalitat historica.
De fet, era el terme preferit pels governs mes fascistes i mes opressors de la nacionalitat valenciana -com el de Franco-.De fet la paraula "regio" unicament te connotacions geografiques, tal i com el seu simil "regio llevantina".
C.- Païs Valencià
Si acavem de dir que el terme "regio" unicament te connotacions, lo mateix li passa al seu terme besso: Païs Valencià.El terme Païs Valencià apenes te historia i practicament no es tenen referencies historiques d´ell fins al segle XX, despres de que la "Renaixença" catalana -impulssada per la burguesia dretosa de Barcelona- creara l´idea de l´imperialisme pancatalaniste.
Aixina puix, el "Païs Valencià" seria part del proyecte anexioniste i provincialiste (sucursaliste) dels quimerics "Països Catalans" i es utilissant pels catalanistes que no nos volen reconeixer la categoria de Nacio. Es per tant un terme que nos insulta greument i que sempre ha segut rebujat pels valencians no catalanistes.
D.- Nacio Valenciana"Nacio" es junt a la denominacio de Regne la mes historica.
De fet, ya Joanot Martorell deixà per escrit en el prolec de "Tirant Lo Blanch", que ell era "de nacionalitat valenciana".
Aixina tambe el terme Nacio te unes connotacions molt mes reivindicatives que "regio" o "païs", puix a banda de la mera geografia, engloba les caracteristiques propies d´un poble diferenciat (un art, una manera de treballar la terra, un deports i jocs autoctons, un folclor propi, una gastronomia diferenciada, etc). No debem oblidar que els valencians som una nacionalitat tan historica com qualsevol atra de l´Estat espanyolEvidentent es el terme preferit dels nacionalistes valencians (nacionalistes = nacio), que no nos conformen en ser una "regio" (espanyola) o un "païs" (catala).
E.- Comunitat Valenciana
Durant la transcicio democratica, i en lo que es denominà "la Batalla de Valencia", n´hi havien dos sectors totalment enfrontats.Repassant les hemeroteques i llegint lo que es dia en temps de la preautonomia, nos trobem en que els valencianistes preferien la denominacio "Regne de Valencia" i els catalanistes abogaven per la de "Païs Valencià".Va ser llavors, quan els dos partits centralistes que governaven (UCD i el PSOE) pactaren el terme asseptic "Comunitat Valencià", com si els valencians foren algo aixina com una "comunitat de veïns".
El terme, inventat pels partits centralistes no es gens de l´agrado dels valencianistes, puix considerém que es humilliant que tot un antic Regne ara siga nomes que una "comunitat" per decissio dels hereus dels botiflers. F.- Patria ValencianaL´unica patria per als valencians es la Patria Valenciana. ¿Que mes podem afegir...?

HISTORIA DE VALENCIA




Anonim

EPOCA ROMANA
Valencia va ser fundada l'any 138 A.C Sent consul roma Decim Juni Brut, per a installar soldats llicenciats, als quals va repartir terres a la vora de la nova ciutat. L'arqueologia ha tret a la llum evidencies del primer assentament, clots pera pals de cabanyes i tendes de campanya, segurament un refugi provisional que en pocs anys va donar pas a edificacions mes solides. La colonia va prosperar rapidament i en poc de temps va començar a cunyar moneda pròpia.
La ciutat va ser destruïda l'any 75 A.C en el curs de la guerra entre Pompeu i Sertori. En l'excavacio de l'Almoina s'han descobert les restes de diversos soldats a mes de les seues armes, evidencia d'allò que degue ser una escaramussa de la batalla. Com a conseqüencia d'aixo, degue quedar practicament abandonada almenys cinquanta anys.
Des de mijan sigle I Valentia havia recuperat ya el ritme perdut i iniciava una llarga etapa de desenrollament, caracteriza pel creixement urba, l'afluencia de nous colons, i l'engrandiment dels pobles per mig de la construccio de grans edificis publics --com el forum o el circ-- i l'execucio d'importants obres d'infraestructura, com un port fluvial al costat de les actuals Torres dels Serrans o la portada d'aigües, un equipament que els valencians no tornarien a tindre fins a mija sigle XIX.
A la segona mitat del sigle III, de manera paralela a la resta de l'Imperi, Valentia va travessar una etapa de crisis que va marcar l'inici d'un llarc periodo de decadencia, al llarc del qual va anar minvant el perímetre de la ciutat, es van despoblar barris sancers d'esta, i es van abandonar les infraestructures, símtoma d'una cansament en el govern municipal. Des de mijan sigle IV va poder existir una comunitat cristiana a la ciutat conformada entorn de la memoria del sant Vicent, martirizat ací l'any 304
Un sigle despres, a causa de les primeres vingudes de pobles germanics i pel buit de poder deixat per l'Administració imperial, l'Isglesia va assumir les regnes de la ciutat i els edificis de cult cristia van anar reemplaçant els antics temples romans. En temps de Justinià, al sigle IV, Valentia va experimentar una certa recuperacio i es va frenar per algun temps la degradacio urbana i va celebrar un important concili regional. La invasio bizantina del sur-oest de la península, al 554, va suposar per a la ciutat una importancia estrategica, de manera que van instalar contingents militars visigots i es van mamprendre treballs de fortificacio de l'antic circ roma. Despres de l'expulsio dels bizantins al 625 s'inicia una etapa fosca, mal coneguda per la historia i a penes documentada per l'arqueologia.
Epoca Musulmana
Despres de la conquesta musulmana de l'any 711, i seguint la tonica anterior, la primera etapa de domini musulma constituïx un periode fosc per a València (Balansiya en les fonts arabs), del qual a penes tenim referencies. Una d'estes ens parla de la destruccio de la ciutat per Abd al-Rahman I -primer emir de Còrdova-, però probablement el fet més rellevant de l'etapa de l'emirat siga la presència d'Abd allah al-Balanci, fill d'aquell, el qual va exercir una especie de govern autonom sobre l'area valenciana, i va ordenar construir a les afores de la ciutat un luxos palau, la Russafa, origen del barri del mateix nom, i del qual de moment no s'ha trobat cap resta. Mes paca ya dels fets politics, la qüestio verdaderament transcendent es l'entrada de la ciutat dins l'orbita de l'Islam, que en poc de temps va canviar la llengua, la religio i els costums dels seus habitants.
A l'època califal Balanci va iniciar el cami de la recuperacio urbana per mig de la construcció d'un primer perimetre d'horta a l'actual barri del Carmen i la remodelacio de l'antiga area episcopal visigoda --a l'entorn de la catedral-- per a convertirlo en la residecia del governador.
Pero el verdader auge de la ciutat va començar despres de la caiguda del califat de Cordova, al 1010, que va donar inici a l'aparició de tota una serie de regnes autònoms o de taifes, un d'ells el de Valencia. La ciutat va creixer, i en temps del rei Abd al-Aziz s'he va edificar una nova muralla, de la qual encara es conserven restes al barri del Carmen. Numeroses troballes arqueologiques testimonien l'auge de la ciutat en este moment.
La decadencia del poder almoravit i l'ascens d'una nova dinastia nord-africana, els almohades, que van controlar la península a partir del 1145, van ser coincidents. No obstant aixo, la seua entrada a Valencia va ser frenada per Ibn Mardanis, el rei llop, monarca de Valencia i Murcia, pero finalment la ciutat va caure en mans dels nord-africans al 1171.
Durant les primeres decades del segle XIII la ciutat es va fortificar davant de la imminencia de l'avanç feudal. Les fonts cristianes la descriuen com una ciutat populosa, rodeja per una feraç horta, i la seua caiguda va ser celebrada arreu d'Europa.
La conquesta de València per Jaume I al 1238 va posar fi a cinc sigles de cultura musulmana, pero esta va deixar una solida empremta a la ciutat i al territori Valencià.
L'etapa Feudal
Despres de la victoria cristiana, la poblacio musulmana va ser expulsada i la ciutat repartida entre aquells que havien participat en la conquesta, de la qual cosa queda testimoni en el Llibre del Repartiment. Jaume I va atorgar a la ciutat unes noves lleis, els Furs, que anys després va fer extensives a tot el regne de València. Començava així una nova etapa, de la ma d'una nova societat i d'una nova llengua, que va establir les bases del poble valencià tal com el coneixem hui.
La ciutat va passar per greus compromisos a mijan sigle XIV. D'una banda, la peste negra de 1348 i les successives epidemies d'anys següents, que van fer molt de mal la poblacio. Així mateix, la guerra de la Unio, una revolta ciutadana, encapçalada per Valencia com a capital del regne, contra els excessos de la monarquia. Finalment, la guerra contra Castella, que va obligar a alçar molt de pressa una nova muralla per a contindre, per dos vegades --al 1363 i 1364--, l'atac castellà. En premi, Pere el Ceremonios li va concedir el títul de "dos vegades lleial", representat per les dos "L" que té el seu escut.
La convivencia entre les tres comunitats, cristiana, jueva i musulmana, que ocupaven la ciutat, va ser conflictiva al llarg de tota l'edat mijana. Els jueus, instalats entorn del carrer de la Mar, havien progressat econòmicament i socialment, i el seu barri va anar ampliant progressivament els límits a costa de les parroquies contigües. Per la seua banda, els musulmans que van continuar a la ciutat despres de la conquesta van ser instalats en una moreria al costat de l'actual mercat de Mossen Sorell, contigua a l'aleshores barri menestral del Carmen. Al 1391 una torba descontrolada va assaltar el barri jueu, la qual cosa va suposar la practica desaparicio de la comunitat i la conversio forçosa dels seus membres al cristianisme, encara que molts van seguir practicant la seua religio en secret. Al 1456, una vega mes un tumult popular va conduir a l'assalt de la moreria, encara que les seues conseqüencies van ser de menor transcendencia.
A l'acabament del sigle XIV van adquirir especial virulencia els conflictes entre les diferents families del patriciat local. Alineades en dos bandos antagonics, van jugar un paper destacat en el conflicte dinastic que es va produir a la mort sense descendents de Martín l'Huma, que desemboca en el Compromis de Casp i en l'entronitzacio de la casa de Trastamara en la corona Aragonesa. En la sentencia van jugar un destacat paper els germans Ferrer, Bonifaci i Vicent, este ultim canonitzat per Calixt III l'any 1455.
Al segle XV Valencia va viure una etapa de gran desenrotllament economic i esplendor cultural i artístic. Es va crear la Taula de canvis, una banca municipal en suport de les operacions comercials la indústria local -que tenia els teixits al capdavant- va aconseguir un gran desenrotllament, i la ciutat es va convertir en un empori comercial al qual acudien mercaders de totes les parts d'Europa. A l'acabament del sigle es va construir la Llonja de mercaders, centre de transaccions i un verdader temple del comerç.
Este auge economic te el seu reflex en el pla artístic i cultural. S'alcen ara alguns dels edificis més emblematics de la ciutat, com les Torres dels Serrans (1392), la Llonja (1482), el Micalet o la capella dels Reis del convent de Sant Domenec. En pintura i escultura es deixen sentir les tendencies flamenques i italianes en artistes com Lluís Dalmau, Gonçal Peris o Damia Forment. En literatura, davall la protecció de la cort d'Alfonso el Magnànim florix la producció escrita, de la ma d'autors com ara Ausias March, Roïç de Corella o Isabel de Villena. Cap al 1460 Joanot Martorell escriu el Tirant lo Blanch, una innovadora novela de cavalleria que va influir en nombrosos autors posteriors, des de Cervantes a Shakespeare.
Valencia en l'Imperi.
L'etapa Virreinal
Al segle XVI Valencia va perdre la posició hegemonica que havia tingut a la centuria anterior. El descobriment d'America va canviar els eixos de la política internacional i l'arribada massiva d'argent india va transformar l'escala de les coses. Valencia va quedar com a capital regional d'un comerç que majorment ja no es negocia a la seua llonja.
L'entrada de Valencia en l'època moderna va estar marcada per un fet traumatic: la revolta de les Germanies, una verdadera guerra civil que va enfrontar la societat valenciana: d'una part, els artesans i llauradors, el baix clero i alguns membres de la chicoteta burgesia, i davant la noblesa i l'alt clero -en els seus vassalls moriscs- i la burgesia benestant. Despres d'una primera etapa (1519-1520) en què la Germania es va fer en el control de la ciutat i va establir encertades mesures de govern, el proces es va radicalitzar. Les tropes agermanades van aconseguir en un principi algunes victòries militars, però finalment van ser derrotades i els seus líders passats per les armes, de manera que hi hague una severa repressio.