martes, 13 de septiembre de 2016

LUIS RACIONERO Y SUS "PAISES CATALANES"

 

AUTOR: RICART GARCIA MOYA

 (Nomes versio en Castellà · Solo versión en Castellano)


 Será casualidad, pero los premios literarios concedidos por editoriales catalanas suelen llevar entre líneas alguna lanzada contra la personalidad valenciana. En el premio Nadal de este año, sin venir a, cuento, tenemos estas frases: "sois unos hijos de puta (...) sobre todo ese ninot de Unión Valenciana que tienes como hijo" ("Matando dinosaurios con tirachinas", p. 67). Será casual, pero no hay descalificaciones semejantes referidas a otros partidos políticos en el libro citado.

 Algo similar sucede con la reciente "Historia de España para escépticos" (Planeta 1995), del jiennense Juan Eslava. Con estilo comercial, mezclando bonsais felipistas y Reyes Católicos, simula enfocar audazmente  los tabúes de nuestro pretérito; pero sólo se trata de un burdo maquillaje de los tópicos habituales.

 Así, en la página 126, escribe sobre "los cinco reinos de Esparia: Portugal, León, Castilla, Navarra, Aragón, Cataluña", siguiendo la moda de anular el Reino de Valencia --entidad política constatable-- y de transformar a Cataluña en reino medieval, arrastrando un tic impuesto por la progresía dominguera, y que Eslava adopta como suyo.

 Y más de lo mismo. EI tándem Planeta -Terenci Moix ha otorgado el Premio Azorín al escritor catalán Luis Racionero. Todo indica que el ensayista --en su serpentear  entre  ideas  y  letras-- oteó fácil presa en los Borja renacentistas, filón infinito y maleable como un político progresista. EI sociólogo, en coctelera literaria esperpéntica (el Rat Penat; dice, era portado por Jaime I, cuando es un siglo posterior), ideó la novela sobre los papas setabenses, ahora premiada.

 Tras recibir el galardón, en la primera entrevista concedida por Racionero en Alicante, tuve  la certeza de que pronunciaría la frase de marras sobre los Borjas. Apenas comenzó a divagar soltó el guiño pícaro y culturicida, la misma frase equívoca que, fuera de contexto, siempre es destacada en los medios de comunicación filocatalanes:  "O Dio, la Chiesa Romana in mani del catalani". Y la pronunció sin venir a cuento, como acto de vasallaje o tributo a un enigmático ente.

 Todo responde al mismo fin. Cuando Luis Racionero deja caer la ambigua frase sobre los papas sabe lo que hace, ya que es un defensor de la política expansionista de la Generalidad catalana. En entrevista a un diario madrileño, reconoce que lo que pretendía con "La cárcel de amor y el tema Borgia era completar una trilogía sobre los Países Catalanes" ("EI Mundo", 13-IV-96).

 Lo que Racionero oculta es que jamás existieron tales "países", y que el autor de la frase fue el sarcástico Pietro Bembo, y que en el sur de Italia, en el siglo XV, tildaban de "catalani" a cualquier oriundo de España, fuera castellano, aragonés o valenciano; hasta Sanchis Guarner lo reconocía ("La llengua dels valencians", p. 30). Cataluña fue una fábrica de emigrantes desde finales del siglo XIV, formando bandas de dudoso comportamiento por Sicilia y Grecia, provocando que "el nombre mismo de "catalán" fue usado durante siglos como reproche" (Setton, K.: "Los catalanes en Grecia", p. 45).

 Este insulto o "reproche" -en eufemismo de Setton- afectó a los papas protagonistas de la novela de Racionero, y les fue aplicado porque "habían inundado Roma con sus parientes y amigos españoles. "Catalanes"  les  llamaban los romanos desdeñosamente"  (Chamberlin,  E.:  "The bad Popes", 1985, p. 174) . Era un hecho similar al que hallamos en Argentina, donde los valencianos, castellanos o catalanes son "gallegos"; o en  Canarias, donde somos "godos".

 Lo que jamás aportará Racionero es una prueba de que Alejandro VI, el papa Borja, sintiera la mínima tentación de ser catalán, pues todos sus ayudantes en la corte vaticana eran valencianos, y él presumía de hablar valenciano, no catalán. Pero, quizá, si hubiera expuesto estas verdades, no sería Premio Azorín 1996.

 Los Borja, en la cocina literaria, son manipulados hasta la saciedad. Así, en el drama "Borja-Borgia" (Barcelona, 1994) de Manuel Vicent, borda encaje de boliIlos para que en las 113 páginas de la obra no aparezca la palabra Valencia; y es difícil en un trabajo basado en  la  historia,  pues  los Borja presumían del Reino de Valencia y de la lengua valenciana, como testifica Viciana y los documentos vaticanos del siglo XV.

 En consecuencia, no es casual que en el Premio Azorín se manipule la frase de Pietro Bembo. No es admisible que un historiador como Eslava -que presume de imparcialidad- ignore la existencia de un Reino de Valencia y, por el contrario, exalte al "Reino" de Cataluña. Tampoco es fruto del azar que en el Premio Nadal se insulte al partido Unión Valenciana de forma tan soez. Nada de lo que escriben es fortuito, se limitan a cortar leña del árbol caído... pues hay quien la paga a buen precio.

Las Provincias 14 de Mayo de 1996



 
  


LOS VALENCIANOS DE ALICANTE


Por Ricardo García Moya
Las Provincias 30 de Noviembre de 1998


Aquí, en Alicante, la mayor parte de mis vecinos proceden de otras comunidades, pareciéndoles más normal llamarse levantinos o mediterráneos que valencianos. Sus raíces trasplantadas de Albacete o Lugo son abonadas con la confusión de los medios. En el suplemento en catalán de un diario madrileño, edición de la Comunidad Valenciana, el cronista Tato escribía: "Tirant lo Blanc. en l'eloqüencia del seu origen català" ("EI Pais", 19-XI-98). No sabemos qué documento habrá hallado el doctor Tato para alterar la valencianía de Martorell y su obra: EI día anterior, otro rotativo dedicaba el suplemento escolar a ensalzar la catalana voz "tardor" ("Información", 18-XI-98), olvidando las valencianas "otony y primavera d'estiu".
Los que han hallado en Alicante su nuevo hogar debieran saber que los alicantinos se sentían tan valencianos como los nacidos junto al Micalet. Del Cenia al Segura, nuestros antepasados formaban frondosos árboles genealógicos cuyas ramas sombreaban todo el Reino. Empresas militares comunes y matrimonios como el de "Feliciana Sánchez de Alicante con Andrés Balaguer, labrador del lugar de Ruzafa" (octubre de 1663), establecían sólidos lazos. Estos novios presentaron su limpieza de sangre en un impreso donde constaba la denominación del territorio: "Nos, los Inquisidores en el Reyno y Ciudades de Valencia". Observen que Valencia era el topónimo que abarcaba todo, como bien sabía el canónigo Tomás Daroca de San Nicolás de Alicante, que informó sobre: "Feliciana Sánchez, natural de Alicante, hija de Gaspar Sánchez, vecino de Alicante y natural de Xátiva; abuelos maternos Francisco Pelisari de Alicante, y Ana Bosch de Alicante, christianos viejos de limpia sangre, sin mácula ni descendencia de moros, judíos, luteranos conversos, ni de otra secta."
Los alicantinos sentían orgullo de su valencianía, y no hubieran consentido que les llamaran levantinos, como vulgares montes o vientos; o mediterráneos, como si fueran sardinas o mejillones. Prueba de ello la tenemos en un linaje ilustre de Alicante, el de los Mingot, descendientes del Mingot francés de nación, que decía el seudo Febrer. En 1687, Francisco Mingot colaboró en un libro sobre San Francisco Javier, dedicado a Ana de Austria. La obra contenía poesías de autores que expresaban su nacimiento o nacionalidad: José de Sada, caballero aragonés; Gerónimo Cerda, de Mallorca; Francisco de Olaegui, de Navarra; y, encabezando una endecha, "Francísco Mingot, theólogo valenciano de Alicante" (Gonçález, F. R.: Sacromonte de las musas de los Reynos de España, 1687, p. 52).
Entre las poesías en castellano, latín y valenciano hay una donde el autor se identifica como "una pluma grave, de la ciudad de Alicante", y aprovecha la ocasión para ensalzar la lengua propia y censurar la ajena, hecho que contrasta con el misticismo de los otros poetas. Titula su composición "Romance valenciano". aludiendo a la denominación de la lengua, no a una rima variable o distinta del octosílabo asonante castellano. Consciente de que está cometiendo una pillería literaria por descuidar las alabanzas a San Francisco, comprime en dos estrofas el concepto de que "els valencians entenem" que es más pobre la lengua castellana que la valenciana. EI alicantino argumenta que: "Puix que he escrit en Castellá,/ tambe escriure en nostra Ilengua / que en Valencia será propia / y en Castellà serà Grega". Todo está claro, salvo algún incorrecto y sospechoso acento (¿mano "normalitzadora" del siglo XX?).
Aunque "la pluma grave de Alicante" no especificara que escribe en valenciano, no podríamos confundirlo con el catalán o castellano del XVII. Hallamos diminutivos como "genteta, animeta"; terminaciones de abstractos "riquea, baixea"; uso del dígrafo africado, "antorcha del cel" (v. 28). Los estrambóticos guioncitos fabrianos brillan por su ausencia en los enclíticos, "pagarli son servisi" (v. 61). La arena no es "sorra", "peus per la arena" (v. 21 ) y la "mara vella" (v.16) no la normalitza en "meravella". EI alicantino usa el sustantivo "carrera" con valor semántico de competición entre águila y caballo, "per lo ayre fet águila en la carrera" (v. 56), siendo un testimonio que legitima esta voz en lengua valenciana no la ridícula "cursa" del IEC.
Por otro lado, los alicantinos defendían celosamente sus fueros valencianos. En 1645, el portavoz de la ciudad de Alicante se jactaba ante el Almirantazgo de Castilla, recordando que la Corona de Castilla no tenía jurisdicción en el Reino de Valencia, "por fueros de este Reyno" (A. Cor. Aragón, Leg. 888, 1645). Nada expresa mejor la fidelidad alicantina que las palabras del fray Jayme de Alicante, pronunciadas en el templo de S. Nicolás durante las fiestas de 1661. En ellas recordó la participación de la ciudad en el ejército del Reino de Valencia, en la Guerra dels Segadors, contra los catalanes: "Tú, Alicante, fuiste la primera que te ofreciste con gente de guerra al cerco de Tortosa. Vive para el alivio de las necesidades, y vivan todas las Ciudades de este Reyno fiel".

En 1998, los nuevos alicantinos no se enterarán del pasado común. La inmersión deforma y controla todo -desde Canal 9 hasta las guarderías- sembrando odio entre las ciudades hermanas.

LOS ULTIMOS COLETAZOS DE LA GENERALIDAD


Por Ricardo García Moya

Las Provincias 13 de Junio de 1995


En Aragón lo tienen claro. En la llamada Franja de Poniente no quieren dejar de hablar su "chapurreau", ni dejar de ser aragoneses. EI cura José María Leminyana se ha erigido en cabecilla de las ciento once parroquias aragonesas que desean segregarse de la diócesis de Lleida, ante la amenaza inmersionista fomentada por el vecino catalán.
La situación es más preocupante en Castellón. La Diputación de esta ciudad, unida a la de Lleida, han colaborado en su despersonalización. Valga de ejemplo la revista religiosa "Pentecosta", que, en su último número, sugiere que tapemos rótulos en español, sustituyéndolos por otros en catalán (no valenciano). La publicación se edita en Castellón con el "suport" de la moribunda Generalidad del PSOE, teniendo como objetivo la catalanización espiritual de Castellón y "el País Valencià d'avui" (estos curas filólogos tienen sus manías, como llamar Moreneta a la Mare de Deu dels Desamparats o rechazar el adverbio "hui").
En el intento de fomentar la unidad pastoral catalana, "Pentecosta" regala la estampita de Sant Pacià de Barcelona. Bajo el epígrafe "De la nostra tradició" (?) informan que Sant Pacià fue obispo de Barcelona y contemporáneo del papa Sirici hacia el año 384. No entiendo qué interés tiene para Castellón la historia de Pacià, pero ocupa hasta ocho páginas,  intercaladas con anuncios de la Generalidad lermista y la Diputación de Lleida. No vamos a glosar maldades de "Pentecosta", pero sí a dejar constancia, de que su actitud responde al secular y variopinto acoso sufrido por la zona norte del Reino.
Siempre se les pasaron los pies. En 1640, el Correo Mayor de la Ciudad y Réyno de Valencia, con privilegio real "por tres vidas" para ocupar el cargo en todo el territorio valenciano, denunciaba al monarca que "el Correo Mayor de Tortosa pretende agregar a dicho oficio la villa de San Mateo del Reyno de Valencia" (ACA. Leg. 881). La raya fronteriza era sagrada para las instituciones regnícolas.
Cerca de Sa  Mateo, en Benifassá, año 1675, el Real Monasterio denunciaba "que por estar sito al confín del Reyno de Valencia, tiene posesiones dentro de Cataluña. EI obispo y canónigos de Tortosa se negaban a pagar los diezmos y 250 cántaros de aceite que sus heredades tenían derecho dentro de Tortosa". Los frailes desobedecieron al nuncio, argumentaron que se reservaban "a las constituciones de Cataluña, por Tortosa; y de los Fueros de Valencia, por Benifassá" (ACA   , Leg. 918). Aunque situados en "el confín del Reyno", defendían la valencianía del mismo.
La iglesia valenciana tuvo personajes como el canónigo Gaspar Guerau, capaz de enfrentarse a la monarquía para impedir contrafueros. En un memorial conservado en la Biblioteca Nacional exigía a la reina que condenara al monje catalán Pedro Sala por su "insolencia y escándalo en el Convento de la Zaidía, a 10 de mayo de 1668. EI Reyno solicita la averiguación y castigo del culpable". El cisterciense, "desterrado de Cataluña", golpeó al confesor de las monjas, provocando "lastimosos llantos de las religiosas que clamaban por las rejas del Convento" (B. Nac. Madrid, Sg. 206, f. 5).
Es destacable el sentimiento valencianista del clero autóctono, que calificaba el ataque como "ofensa al Reyno". Guerau escribió: "En el Convento de la Zaidía, un religioso indigno de serlo, no valenciano (sic), ha sido motor y agresor de un atrevimiento, que entre bárbaros sólo cupiera." EI fraile de Santes Creu huyó de Valencia, alertándose a los virreyes de Aragón y Cataluña para que detuvieran al agresor.   .
La Generalidad del PSOE ha manipulado hasta la saciedad la historia, incluida la de los Borja. Lo que no interesaba lo ocultaban, por ejemplo: En 1492, el recién nombrado papa -procedente del Reino de Valencia- despachaba una bula humillante para Cataluña: el emblemático monasterio de Montserrat pasaba a la sujeción de los monjes castellanos de San Benito de Valladolid.
A los pocos meses  (2-6-1493) catorce frailes castellanos encabezados por el prior de San Benito tomaban  posesión  del rocoso recinto. eI papa Borgia, que siempre rechazó la compañía de catalanes en su corte, reafirmaba su inquina hacia el condado al "ordenar que supriman en Montserrat la dignidad abacial, y reduzcan a sus monjes a la observancia de San Benito de Valladolid, sujeten el monasterio al vallisoletano y expulsen a los monjes que no quieran plegarse a la nueva disciplina" (AHN, C.L. 2285).
EI papa Borja no olvidaba la cruel guerra promovida por Cataluña en 1462, cuando los catalanes pretendieron imponer un rey castellano en Valencia. Con la bula del setabense en la mano,  los monjes castellanos tomaron posesión de las tierras de Montserrat. Pueblos como Santa María del Bruch, Esparraguera, Collbató, Olesa y el valle Marganell pasaban a las nuevas autoridades eclesiásticas de Valladolid.
En consencuencia, ¿debe pertenecer Montserrat a Castilla? Por supuesto que no, pero así podrían entenderlo a orillas del Pisuerga si adoptaran la actitud de  la  curia  barcelonesa,  que quiere integrar Castellón en la región  única dependiente de Barcelona.

Una cosa es la relación eclesiástica y otra muy distinta es utilizarla como caballo de Troya para  expansionismos  lingüísticos y territoriales. Y se ha llegado muy lejos -con dinero del contribuyente- en la catalanización de Castellón, especialmente de los estudiantes y funcionarios.

LOS SECESIONISTAS SON ELLOS

 

Autor: María Teresa Puerto Ferré


Quienes peinamos algunos lustros de investigación filológica y hemos tenido, además, el privilegio de hacerla desde el democrático mundo anglosajón, con Noam Chomsky de referente, nos producen sonoras carcajadas todos esos ridículos alegatos de secesionismo lingüístico. Alegatos salidos de bocas, convenientemente fidelizadas, que defienden la imposible suplantación de nuestra histórica lengua valenciana por el «infame e infecto dialecto barceloní» (padre Batllori, dixit).

Tan sonoras proclamas solo demuestran la solemne ignorancia de las leyes y principios que han regido la evolución lógica de la histórica lengua valenciana frente a otros menores dialectos que se han desviado de ellas para crear, a principios del siglo XX, un standard artificial con la mirada puesta en la lexicografía gala. Tal es el caso del afrancesado dialecto barceloní (ahora llamado catalán), inventado en el laboratorio del ingeniero Pompeu i Fabra y a quien el gran lingüista vasco don Miguel de Unamuno siempre definió como «un mal aprendiz de filólogo», empeñado en crear una «lengua bombarda plagada de galicismos» y carente de background. Pompeu i Fabra fue, precisamente, el auténtico secesionista de diseño porque, para crear su standard, tomó como koiné de referencia el dialecto más hablado en Cataluña: el de la urbe de Barcelona, el barceloní... «el mes impur de tots».

Ycomo el pobre no controlaba los campos lingüísticos, creó un buñuelo secesionista alejado de la lengua de referencia (la prestigiosa lengua valenciana) e inundado la suya de galicismos (aleshores, petit, sortida, pas, doncs, ...).

El ilustre gramático español don Ramón Menéndez Pidal, en cuya Gramática histórica (Madrid, 1977) hemos tenido que beber la mayoría de filólogos del siglo XX, siempre reconoció la independencia y categoría histórica de la lengua valenciana, con su trayectoria evolutiva, respaldada por los tres elementos indispensables que categorizan los fundamentos de una lengua:

1. Sus etimologías genuinas.

2. Su trayectoria acorde a los principios leyes de evolución de la lengua.
La autoridad indiscutible de unos clásicos que la han desarrollado y consagrado a lo largo de un siglo de oro literario.

La lengua valenciana posee esos tres elementos indispensables junto a otros, también, de esencial calibre: es dueña desde el siglo XV de una koiné o sustrato lingüístico con plena autonomía fonética, léxica, morfosintáctica, fonética y semántica; es dueña de gramáticas que la estructuran como lengua (Gramática de Andreu Sempere, Alcoi 1546); es dueña de diccionarios (Liber Elegantiarum... «el mes antic llexic d´una llengua romanç», del valenciano Joan Esteve, 1472): es dueña de una Biblia traducida del latín (Biblia de fray Bonifaci Ferrer, 1478 ; es dueña de un Kempis, traducido del latín por Miquel Pérez (1482) y, sobre todo, es dueña del primer siglo de oro literario de una lengua neolatina europea durante el que centenares de autores proclamaron en el prólogo o en el colofón de sus obras su «estic escribint en nostra vulgada llengua materna valenciana».

Por el contrario, el infame e infecto dialecto barceloní (o catalaní) que, con tan singular acierto, define el gran gurú de la investigación catalana, padre Batllori, carece de todo el arsenal lingüístico arriba mencionado ya que no alcanza su standard lingüístico hasta 1906, año del I congreso de la neo-lengua catalana. Son infinitos los testimonios que denuncian tan clamorosas carencias. Uno de los más sonados es el que nos da el mismísimo organizador de ese I Congrés de la Llengua , el curita mallorquín Antoni Alcover cuando dice aquello de: «¿Qué derecho ni categoria literaria tiene (el dialecto) el barceloní, ante el catalán, balear y valenciano? Dar al barceloní tal derecho y categoría ¿no es tal vez crear un centralismo lingüístico?», anticipándose así al aberrante colonialismo catalanista que, solo por ignorante militancia, se intenta expandir. Tan clamorosas carencias y tan paupérrimo background del dialecto barceloní se han querido suplir mediante el expolio y latrocinio permanente de lo genuinamente valenciano. Y es que sin nosotros, sin lo nuestro, sin lo valenciano, ellos, los secesionistas catalanís no son nada. El erudito catalán Ramon Miquel i Planas, gran estudioso de nuestro clásicos valencianos, confesaba con honestidad en 1905: «Visto el caso (de la lengua) desde Cataluña, no cabe duda de que, cuando más extremen los valencianos las pretensiones de autonomía de su variedad idiomática, frente al catalán, mayor necesidad hay por nuestra parte de reivindicar la unidad lingüística de las gentes que pueblan la franja levantina de la península con las Islas Baleares ...», «privar a Cataluña y a su literatura de la aportación que representa la producción de las letras valencianas de aquella época», «sería dejar nuestra literaria truncada en el centro de su crecimiento y ufanía ; más aún: sería arrancar de la literatura catalana la poesía casi por completo, porque en ningún otro momento antes de la Renaixença, ha llegado a adquirir el esplendor con que se nos muestra gracias a los Ausiàs March, a los Roiç de Corella, a los Jaume Roig, a los Gaçull, a los Fenollar y a otros cien más» (prólogo del Cansoner satíric valencià dels segles XV i XVI, 1905).

Sobran comentarios al texto para clarificar las posibles dudas, si las hubiera, sobre las razones expuestas para justificar la gula colonialista del pobretón nacionalismo catalaní. Si acaso recordar las palabra del académico Torcuato Luca de Tena: «Pero ¿se habla en Valencia catalán o se habla en Cataluña el valenciano. Porquelas primeras manifestaciones escritas culturales son valencianas, nunca catalanas...» (Hoja del Lunes de Valencia 20-2-1978).

Los secesionistas siempre han sido ellos. Nunca nosotros. Ellos, con su desviado e infame dialecto barceloní.

LOS REINOS DE TAIFAS

 

Por: Ricardo de la Cierva

Lo podemos comprobar en un libro esencial y definitivo, de un gran medievalista que fundamenta  implacableme­nte sus tesis en documentación y análisis histórico, fue­ra.de toda pasión polémica; y que en ocasiones rebate tam­bién las exageraciones del campo valencianista, porque no interesa la política sino la historia. Los pancatalanistas suelen esgrimir dogmáticamente, con sentido totalitario de historia, las conclusiones de los intocables, como hemos nominado al más relevante de todos ellos, Manuel San­chis Guarner, y por eso no queremos ahora caer en los exclusivismos del argumento de autoridad al apoyarnos en el libro de Ubieto. Pero lo importante en el libro de Ubieto no es su autoridad carismática -que es relevante-, sino el hecho de que tal autoridad se funda en un análisis docu­men,ntal, cronológico y comparado casi siempre irrebatible a no ser que se aduzcan documentos firmes en contra, lo que no se ha hecho, y no simples emociones. El libro a que me refiero es la obra en dos tomos del profesor Antonio Ubieto Arteta, Orígenes del Reino de Valencia. –3ª' edición. Za­yoza, Anubar edics., 1981.

Con acopio verdaderamente impresionante de ducumen­tación, previamente cribada gracias a un análisis exhaustivo el profesor Ubieto refuta la falacia de que las lenguas romances van imponiéndose en loasterritorios reconquistados a medida que avanzan los ejércitos cristianos. Acept­a la tesis de que la gran mavoría de los mozárabes se fueron convirtiendo al islamismo, pero demuestra que ese hecho religioso apenas afecta al hecho lingüístico, la per­vivencia del romance, de la que no tiene dudas ni en el conjunto de Al-Andalus ni especialmente en el Reino de Valencia. En esto es tajante, una vez aducidas las pruebas: «La lengua romance hablada durante el siglo XII en Valen­cia persistió durante todo el siglo XII y en el XIII, desembo­cando en el valenciano medieval.» No le convence en abso­luto, a efectos lingüísticos, la presunta aniquilación de cristianos por los almorávides, que cree además muy dis­cutible.
Mientras floreció el califato en Córdoba, Valencia y su territorio se vieron libres de la amenaza cristiana, pero cuando en 1031 se hundió el califato en el maremágnum: de los reinos de taifas esa amenaza empezó a concretarse desde Aragón y desde Castilla. Hasta el tlaxcalteca Joan Fuster tiene que reconocerlo: «No hay duda de que la con­quista del País Valenciano (sic) fue una iniciativa aragone­sa» (op. cit., p. 41). Aragonesa -y en su caso castellana­ y en ningún momento catalana; los señores y las ciudades de Cataluña, con la excepción local e interesada del obispo de Tortosa, que deseaba reconquistar los territorios islá­micos asignados a su diócesis, no sintieron la menor an­sia, ni el menor impulso, por la reconquista del Reino de Valencia, a la que contribuyeron muy escasamente, y a 1a que hubo de arrastrarles el ímpetu del rey don Jaime I Ante la descomposición del califato, el héroe castellano Ro­drigo Díaz de Vivar, el Cid, y el rey Pedro I de Aragón penetraron casi a la vez en el territorio valenciano. El rey de Aragón ocupó el norte de la actual provincia de Caste­llón; el noble castellano llegó a tomar la ciudad de Valen­cia, donde se asentó hasta su muerte en 1099, tras vencer a los almorávides, que trataban de recuperarla. El Cid rea­lizó su conquista por libre, tras ser colocado fuera de la ley por su señor, el rey de Castilla don Alfonso VI, con­quistador de Toledo. A la muerte del Cid su viuda doña Jimena y los castellanos, que no veían la posibilidad de mantenerse en la ciudad dentro del océano almorávide, op­taron por abandonarla y regresar a Castilla, como hicie­ron en el año 1102.

En el siglo XII Alfonso I el Batallador de Aragón se apo­deró de Morella en 1117, antes de conquistar Zaragoza: v luego recorrió el reino valenciano y asedió sin éxito la capital. Desde 1102 a 1145 dominaron el reino los almorá­vides, que ni eliminaron a los restos de publación cristia­na ni acabaron con el romance hablado por el pueblo, con densa contaminación arábiga. Expulsados los almorav-ides y ante la presencia de los almuhades, los musulmanes de Valencia proclaman rey a un personaje singular, Ibn Mardanis (¿Martínez?), que no recataba sus origenes, sus creencias y su modo de vivir vivir cristiano; era seguramente un mozarabe cristiano, a quien se llamo el Rev Lobo (Lope), que entabló relaciones próximas al vasallaje con cevinas coronas de Aragón y Castilla, y que con su sola presencia demuestra la pervivencia cristiana en el reino. En 1171 fué derrotadopor la nueva invasión musulmana que se hizo con la hegemonía en todo Al-Andalus, los almohades, pero dejó una profunda huella popular e incluso dinástica en el período siguiente, marcado por las convulsiones de la decadencia almohade, que se hizo irreversible después de la victoria conjunta de los reinos cristianos en la batalla las Navas de Tolosa, el año 1212.
JAIME I, LA INTUICIÓN DEL REINO

Desde 1151, en el tratado de Tudilén, Alfonso VII de Castilla y el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV de Ara­gón, habían decidido que el Reino de Valencia quedara dentro de la reserva aragonesa para la reconquista restante que va a emprender             Jaime  el  Conquistador. Esta cruzada de  reconquista no fue un conjunto de empresas aisladas sinbo un esfuerzo común de todos los reinos hispánicos que lanzaron contra el Islam español a través de un plan conjunto, como apuntan hoy casi todos los grandes historiadores. Sancho II de Portugal encomienda a la orden del Temple la preparación de una base de operaciones en el territorio de Ocrato y a los caballeros de Santiago la toma de Aljustrel;  Fernando III el Santo convocará a sus tropas en Toledo para la gran campaña de  Córdoba, y Jaime I de Aragón soñará con el Reino de Valencia. Los reyes ara­goneses,  como sabemos, habían intervenido ya en los asuntos valencianos desde dos siglos antes, pero Jaime deja cla­ro que su designio es apoderarse del Reino de Valencia com tal. Aunque se había hablado (con diversas acepcion­es) de reino moro en Valencia, es el Conquistador quien realmente lo concibe como una unidad y objetivo de su gran empresa; el auténtico creador del reino en el sentido definitivo de la palabra, como demuestra Ubieto.

En 1225 el rey de Aragón y conde de Barcelona, Jaime I, decide emprender una campaña previa, cuando ya ha con­cebido la conquista de su nuevo reino, al que ve así, como tal reino dentro de su Corona, en igualdad con los demás, sin enfeudarle o anexionarle a Aragón, ni a Cataluña. Un singular personaje, con notable sentido del futuro, Zeyt Abu Zeyt, era entonces gobernador de Valencia en nombre del califa alhomade. A1 intuir la irresistible avalancha crist­iana, se hace vasallo del rey Fernando III de Castilla en Moya, Cuenca, en 1225; luego se convierte al catolicismo para lo que solicita la presencia de un legado del papa y durante una de sus estancias en diversas partes de los reinos de Valencia y de Murcia, experimenta un encuentro místico en el castillo de Caravaca de la Cruz, de donde surge la arraigadísima creencia popular, perfectamente fun­dada en las circunstancias del momento, de la Cruz de Ca­ravaca, que era entonces baluarte castellano en la fronte­ra contra el reino islámico de Granada. Pero el llamamiento de Jaime I en 1225 resulta un fra­caso. De Cataluña no viene casi nadie. En la plaza de Te­ruel, lugar de la cita regia, sólo se presentan, con sus mes­nadas, los nobles aragoneses Blasco de Alagón, Artal de Luna y Ato de Foces, cuyo nombre no puedo escribir sin emoción, puesto que se trata de un antepasado por línea directa y materna del historiador que suscribe; era mayor­domo de Aragón. Con tan escasas fuerzas el rey don Jaime fracasa en la conquista de Peñíscola y tiene que aplazar de momento su reconquista valenciana, que sigue domina­da por los almohades.


LOS PROFESORES DE CATALÁN

 

Por Ricardo García Moya

Son funcionarios de la Generalidad Valenciana, aunque obedecen al Institut d'Estudis Catalans y hacen la vida insoportable a quien no se catalaniza. Escriben libros como el titulado "Col-loquis" (Generalidad Valenciana,1996), un ensayo del profesor Joaquim Mestre de la Universidad de Valencia, que nos servirá de ejemplo para analizar la distorsión de la obra de Batiste Escoriguela, escritor nacido en Valencia en 1753. Del primero "mangazo" (¡cientifico ¿eh?) Mestre se carga el titulo "Coloqui de coloquis" dado por Escoriguela en el siglo XVIII, sustituyéndolo por el catalán "Col-loqui de col-loquis"; de paso, cierra vocal del subtitulo al cambiar "Ansisam de totes herbes" por "Ensisam" (Escrig, en 1851, recogía la variable "ansisam" como lechuga y ensalada).
El normalizador (que alude a Catalunya con el titulo mayestático de Principat) incrusta sin ton ni son lo de "País Valencià" y "literatura catalana"; despreciando que Escoriguela llamara a su tierra "Reyne de Valencia" ("Reflexiones críticas", 1794, f. 22), y diferenciara entre "llengua valen- ciana" y catalana (Ib.). Aparte del timo conceptual, el ensayista comete picardías apreciables al cotejar su versión (editada, ¿cómo no?, por la Generalidad) y el manuscrito del XVIII.
Donde en el original dice: "Pero yo, que ni per chansa"; el profesor Mestre, muy científico, transcribe: "Peró jo, que ni per xansa". Es decir, a la adversativa pero le mete la boina del acento, transformándola en la catalana "peró". Escoriguela situaba tilde en "vostè, asentaré, relació"; jamás en la grave "pero". Hay alteraciones sutiles, como convertir el original "en mich", en la locución preposicional catalana "enmig", voz que no consta en los diccionarios valencianos de Escrig (1851), Fullana (1921 ) o LAS PROVINCIAS (1997). EI furor catalanero de Mestre se ceba en la y griega y la ch valenciana, habituales desde Martorell y Roig; si en el original consta: "y encara pera els machuchos"; Mestre lo catalaniza en: "i encara per als matxutxos" (p. 345), cargándose la sintaxis de la frase y la ortografía de "machuchos", voz de raiz morisca (Corominas). Joaquim Mestre, como profesional de la catalanización, rechaza hasta el "malfaener" de la lengua valenciana por el "malfeiner" catalán: y sabe que "faena" es voz clásica, mientras que feina es corrupción catalana tardía.
En los comentarios, Mestre enloda conscientemente la lengua con catalanismos como el adverbio "avui" (p. 15), rechazando el clásico "hui"; y el barcelonés "cec" (p.18), no la voz valenciana "cego", usada desde la Edad Media. Estos personajes colaboran en revistas como Saó, alabándose unos a otros; así, Mestre alaba a Ferrer Pastor (q. D.g.) por incorporar en su falso diccionario valenciano palabras catalanas y mallorquinas "aunque no tengan una larga tradición literaria" (Saó, enero 1998). Es decir, son tiquismiquis con vocablos regnícolas centenarios, pero con tal de confundir y destruir la singularidad del idioma aceptan barbarismos como "gla, anyell, abitlar, finçonada, beula, betza, acurullar, alova, abarnegar" (Ib. p. 26). La destrucción es muy científica, mucho (y subvencionada).
En el ensayo, Mestre altera lo que le place. Si en el texto del XVIII lee "fill de Alboraya", de un plumazo lo convierte en "fill de Alboraia" (p. 55); dos líneas después, "ya" y "dichós" lo muta en "ja" y "ditxós". Embalado, retoca el "Coloqui de Peyró", en "Col-loqui de Peiró"; y el primer verso "Gracies al pardal de Alcoy", en "Gràcies al pardalot de Alcoi" (p.159), cargándose el topónimo. El sardanero, engreido, pontifica que "la lengua de los coloquios es el catalán" (Literatura de canya,1997, p.63), cuando él sabe que desde Carlos Ros a Escoriguela, pasando por Civera, todos puntualizaron que escribían en "llengua valenciana".
Escoriguela consideraba la lengua valenciana distinta de la catalana, y aconsejaba que el modelo central tenía que ser el paradigmático:  "Valencia es cab (sic) del Reyne, conque com así se parle es conforme es deu parlar" (Reflexiones críticas, 1792). Por el contrario, Mestre considera que "Barcelona es el centro literario e intelectual de todo el dominio lingüístico catalán" (Mestre, J.: Saó, enero 1998). El oficio de Mestre es la expansión del catalán, de ahí que manipule el idioma valenciano de Escoriguela, escritor que usaba el artículo lo para sustantivar, diferenciando entre "lo millor" y "el millor"; los indefinidos "els atres", "com hu que ronca"; las consonantes valencianas, "Deu os guart, chiques"; las formas verbales adecuadas: "yo sapia" (no "jo sápiga"), vorán (no veuran), vixca, vixquen, atrevixca, chiular, etc. No separaba enclíticos, asentarme, donarl- ila; no renegaba del adverbio hui por el avui catalán. Situaba la preposición en ante topónimo, "en Ecija, en Valencia"; utilizaba el adverbio "aixina"; las terminaciones valencianas de los sustantivos abstractos: pobrea, noblea, vilea; el pronombre nosatros; y, claro está, el léxico ahora sentenciado a muerte: milacre (no miracle), safanoria (no pastanaga), peregrí, colp, chiquet, mentres, etc.
Todo lo anterior lo prohíbe la Universidad de Valencia; mejor dicho, ésta no prohíbe nada; es el Institut d'Estudis Catalans, desde Barcelona (Capital de los inmersores) quien ordena y manda a los verdugos del idioma valenciano. Aunque hay una función que han dejado los catalanes a los valencianos ¿Adivinan cuál? Sí, esa, la de pagar los miles de millones que nos cuesta mantener a estos genios de la filología. Por cierto ¿y los políticos valencianos? ¿Cuándo limpiarán la cultura valenciana de excrecencias como el fumeral rovellat de Pie de la Cruz, o el catalanismo parásito?


Las Provincias 30 de Marzo de 1998

LOS PREMIOS DE OCTUBRE Y EL SECTARISMO

Las Provincias 5 de Noviembre de 1994

Por Ricardo García Moya

    Era la primera vez que toda la extrema derecha del nacionalcatalanismo se reunía en Valencia ante las televisiones del régimen. la Generalidad de Lerma había tirado la casa por la ventana y todo estuvo bien organizado. Hasta pensaron que la ausencia de banderas en el inicio del acto motivaría interrogantes. Todo estaba previsto, el programa iría alcanzando intensidad y -con ruido infernal causado por un pianista enfurecido y Manolo el del Bombo (o alguien que se le parecía muchísimo)- entraría la cuatribarrada catalana ante el delirio de los asistentes.

   Un titubeante Manuel Vicent -que todavía no domina el normalitzat del régimen-, empleaba valencianismos  como  "sigle" y "en", no "segie" y "amb". Pero, astuto él,  supo tranquilizar a  la caverna al declararse seguidor de Joan Fuster. Otros militantes conocidos, como el millonario proletario Raimon y el cubano Batllorí, iban calentando el ambiente para llegar al climax, donde el pseudo Manolo del Bombo interpretaría el "alegreto molto disparatato". Mientras tanto, un enrojecido Emérit Bono aplaudía, aplaudía, aplaudía...

    Los teloneros del acto repetían aquello de "el nostre país, el nostre idioma,  la  nostra cultura,  la nostra historia"; provocando histeria a los televidentes ajenos al pandemónium sardanero,  pues ¿cuál era ese país, lengua, cultura e historia? EI misterio, por fin, iba a ser resuelto gracias a la publicidad, que dio el giro realista a la entrega de los premios Octubre. EI señor Tarradellas, el del paté (y no me interpreten torticeramente, que diría Asunción), desde su granja de puercos en Vich, aleccionaba al noi: "¿Ves toda esta tierra hasta donde llega el horizonte? Algún día, pequeño, todo esto será tuyo". La metáfora culminaba con la frase "¿Es que lo quieres todo?", al jovencito Tarradellas.

    Y llegó el momento deseado. Un  destarifado  pianista --creo que Carles Santos, de Vinaroz- comenzó a aporrear las teclas cual si se tratara de atomizar diminutos blaveros. Cada cierto tiempo, miraba al respetable (es un decir) pues no acababa de creerse que no huyeran en desbandada: el del bombo, con  ritmo de garrotero ruandés, se sumó al estruendo y Ilegó el momento cumbre: los tolerantes, los demócratas, los progresistas -que pregonan que el lío de las banderitas les tiene sin cuidado- enloquecieron ante la aparición de la cuatribarrada de Cataluña. Los burlescos y despreciativos ante la Real Señera valenciana, se ponían firmes ante la enseña forastera. Y Cipriano Císcar, conocido como el Maharajá de Huelva, aplaudía,  aplaudía,  aplaudía...

     Los  valencianos  del  régimen trataban  de demostrar méritos ante la jefa "churumbela" (según Lara). EI director de RTVE, García Candau,  pronunciaba  unos  ridículos "avui" en tono elevado, mientras que Bigas Lunas decía a la ministra algo de "un nen porta la bandera catalana a la lluna" Carmen Alborch, -experta en estos  aquelarres  catalaneros-  se estremecía de felicidad y reía, reía,  reía.

      Los rectores de las universidades valencianas pugnaban en catalanizar su léxico y, poco a poco, se  acentuaba  la  pleitesía  hacia Cataluña y el catalán. EI escultor (?) del régimen, el de las barritas, decía no sé qué de las subvenciones; y la catalana Maresma, directora de "EI Temps" -semanario que prospera gracias a la generosidad institucional del hierático y la morenasa- expresaba su alegría; de igual modo que otro extraño personaje, Carme Portaceli (que también goza del maná del contribuyente) contaba "a nosaltras" cómo aprendió la "meva llengua catalana". EI nivel cultural se incrementó con la presencia de Mikimoto y un barcelonés de AIcoy que interpretaba, creo, papeles cómicos en Tele 5.

      Pero no fue Ovidi quien hizo de gracioso, sino el premiado Víctor Batallé con su burla a Sant Vicent Ferrer. EI patoso bromeó sobre "el salvamento del brazo de San Vicente Ferrer por la concejala filóloga".   Los mismos políticos que subvencionaron  "als Joglars" aquella  infame  parodia sobre el patrón del Reino de Valencia, reían y aplaudían la estúpida ocurrencia de Batallé, eufórico por los dos millones que se llevaba a su amada Cataluña. Aquí faltaba el señor Tarradellas, el del paté, para que se llevara el malasombra a su granja.

     La alegría era desbordante. Se encontraban en la inculta Valencia hablando en catalán puro, con su bandera de cuatro barras y su apología de la Gran Cataluña o Países Catalanes. Los peones del hierático (y ahora, con la hernia discal, más) gozaban a rabiar; la ministra Alborch, Cipriano,  Emérit, Candau, todos aplaudían y reían.

     Y es que la única política que sabía tratarles como se merecían, Lola  García  Broch,  había sido anulada. No obstante, el erotómano Berlanga dio la nota negra al usar uno de los idiomas prohibidos, el español (el otro era el valenciano), con frases que la inefable entrevistadora no quiso escuchar. Berlanga dijo que "la sociedad está peor que hace cincuenta años; no hemos avanzado  un pelo" (!). Lástima que nuestro cineasta no fuera más explícito o valiente en sus declaraciones; aunque las subvenciones, hay que recordarlo, atan mucho a los intelectuales.


   En fin, el acto de afirmación del espíritu catalán terminó con los aplausos de los colaboracionistas del régimen. La risueña ministra prometía más pelas para los engendros catalaneros (Sant Vicent nos libre de la versión sobre los Borjas) y los cuatro galardonados se Ilevaron sus milloncejos a  la tierra de Tarradellas, el de los patés porcinos. La extrema derecha del nacionalcatalanismo -con sus  Francés  MiraJosep Guía, etc.- podían irse a dormir tranquilos. La batalla por catalanizar Valencia,  gracias al inestimable apoyo institucional de Lerma, estaba ganada. La entrega del poder a Pujol nos está saliendo muy cara a los valencianos.

LOS PARQUES TEMÁTICOS DE DOÑA RITA


Ricardo García Moya
Diario de Valencia 11 de Noviembre de 2001

La amarillenta y aromática siempreviva, ornamental y cu­rativa de ciertas molestias de la retaguardia, es posible en­contrarla en lugares soleados, sean poéticos tomillares o los ‘parques temáticos’ del terror, suciedad y ruinas que Doña Rita -para acojone del turis­mo- mantiene en el barrio del Pilar (así llamado hasta que alguien lo cambió por Vellu­ters en los años 70). La en­crespada hierba surge junto al miramar de un agonizante te­jado barroco, o comparte espa­cio con jeringuillas ensangren­tadas y esculturas de excre­mentos que semejan diseños de Alfaro.
Metáfora burlona de tanatorios y floristerías, la siempre viva es testigo del nacimiento y evolución del idioma valen­ciano. Podíamos haberle dado cualquier nombre, pero nues­tros antepasados que prece­dieron a la entrada de los cru­zados. jaiminos escogieron “crespinell”, aludiendo al as­pecto y textura del tallo y hojas. No trataban de ser ori­ginales, y tampoco tenían oca­sión de comprobarlo, ya que los valencianos de Muchamel, Alboraya o Redil vivían sin apenas desplazarse de su lu­gar de nacimiento. Del étimo latino “crispus” (ondulado, ri­zado), los pueblos hispánicos crearon sustantivos, adjetivos y verbos: el valenciano “cres­pinell”, el crespo castellano, encrespar, crispar, etc. El as­pecto del matorral, las hojas cubiertas de pelusilla y mar­gen ensortijado hizo que se ge­neralizara el sustantivo que, hacia el siglo X o XI podría ser crespí, crespíns o crespinell. Lo cierto es que Jaime el Con­quistador llega a lugares don­de el topónimo “crespins, cres­pí” está arraigado en 1238, siendo su creación autóctona. Esta realidad es reconocida hasta por nuestro enemigo cultural Corominas, que dice: “Crespins como valenciano... es un sustantivo de lugar ve­nerable, no tanto por la distin­guida familia que lo tomó co­mo nombre, sino por su cuali­dad de viejo topónimo autócto­no” (Cor: Onomasticon,1995).
Efectivamente, en el texto latino de las donaciones de tie­rras o repartiment salta la voz valenciana, “est supra Cres­pins”(336), en varios pasajes. El etimólogo catalán advierte que “siendo románico mozára­be, es evidente que ha de venir de un derivado latino” (ib.) También aclara que “del ma­teix crespí, deriva el nom cres­pinell” (DECLLC). Los clási­cos valencianos usaron crespí como adjetivo equivalente a erizado, encrespado, etc., “perca crespina” (Roig: Espill, 1460), siendo coherente lla­mar “alquería dels crespins” a la situada en zona donde abundara la siempreviva. El linaje de los Crespí ,“nom mossàrab” (Onom.), lo toma­ron de la Alcudia de Crespina, terreno irregular donde el crespinell sería abundante.
El “crespinell" figura en obras valencianas como el manuscrito "de - las Medici­nas” (s.XIV), en las observa­ciones botánicas de Cavanilles (a.1797) y en el diccionario de Ros (a.1764). Es decir, desde antes de la Conquista posee­mos esta familia léxica que convivió con sus parientes de otros romances, incluso com-. partiendo vocablos como “crespina”, cofia o redecilla que usaban las mujeres (DRAE), tanto las castellanas como las valencianas critica­das por Roig ,“orellera, cres­pina, trena “(Espill,a.1460) En la Universidad de Valencia anterior a la ocupación fascis­ta catalanera no se dudaba en usar el adjetivo “valenciano” como complemento del sus­tantivo “idioma”. Así, en ver­sos compuestos en 1663 por los catedráticos Jerónimo Ju­lián y Josef Montaña, consta­tamos esta realidad: “Llamase la flor siempreviva en nuestro idioma valenciano crespinelí” (Valda: Fiestas, 1663, p.ll7) La variable “sempreviva” pa­rece ser un castellanismo in­corporado en el XIX, por lo que debemos seguir usando la mozárabe crespinelí, voz que penetró por la vía valenciana hacia Lérida y generó varia­bles más o menos dialectales en otros territorios vecinos: crespinello en Mallorca; en Murcia, crespinillo; crispinelí en Cataluña, etc.
Los nombres botánicos va­lencianos -gracias a la esforza­da labor de la Generalidad y políticos de peso como M’ An­gels Ramón-Llin y Díaz Al-peri-, están siendo sustituidos por los catalanes. Manuales como “Les formacions vege­tals de la ciutat d’Alacant”, (Ed. Ayunt. Alicante y Gene­ralidad) imponen las voces or­denadas por el Institut d’Es­tudis Catalans, pasándose por donde se aplica el ungüento de crespinell si son etimológica­mente correctas o son patri­monio léxico del idioma . El manual citado impone el bar­barismo catalán “gespa”, cuando todos los valencianos decimos “céspet”, sustantivo culto derivado del latín “caes­pos”. En 1871 recogía Escrig: "Céspet: pedazo de tierra ves­tido de hierba menuda y entretejido de raíces” (Dicc. val. 1871). El mismo desprecio aplican a las clásicas valencia­nas junc, juncars ( del latín juncus) que la inmersión dege­nera en las catalanas “jonc, joncosa”. La etimología no les afecta a los del IEC, pero la usan como arma cuando la voz valenciana difiere de la catala­na. Del latín “cardus” surgió la variable valenciana “cart” (Espill.a.1460), diferenciándo­se de la castellana cardo y catalana card, y así fue mante­nida por el botánico Cavani­lles,- “cart, cardets” (Obs. 1797), siguiendo la tradición morfológica reflejada en la frase “cardats en carts de her­ba” (Mostasseria de Valencia, 1322), y en los versos de Au­sias March,”llir entre carts”. En este caso, las plañideras del Institut d’Estudis Cata­lans -alojados en la academia Ascensión- sí exigen el rigor etimológico para que adopte­mos la morfología catalana de “card”.

La inmersión en valenciano, paradójicamente, consiste en eliminarlo. Si Cavanilles re­gistra “safanoria en nucs”, los inmersores enseñan “pastana­ga amb nusos o nusosa”. El clásico “llicsó” (cerraja en cas­tellano), documentado desde los orígenes del idioma, lo pro­hiben y sustituyen por el cata­lán “lletsó”. Igual que sucedía con el mozárabe “crespí, cres­pinell”, el nombre botánico “quallallet menut” (espunyi­della, en catalán) enlaza con el mozarabismo idiomático va­lenciano, ya que el verbo de la voz compuesta también es producto prejaimino, según el etimólogo Corominas: "no ten­go pruebas de que el valencia­no quallar se haya empleado fuera del antiguo territorio mozárabe” (DCECH). Aunque luego se extendió el vocablo al condado levantino, todavía pueden sus habitantes tradu­cir el valenciano “quallarse” al catalán “aglevar-se”. No es­taría mal que los ‘parques te-máticos’ que Doña Rita man­tiene en los solares de la Va­lencia regnícola -biotopo de roedores, arácnidos y hermo­sas cucarachas- pusiera rótu­los con el nombre de los bi­chejos y hierbajos para infor­mación del turista. Lo haría, claro, en el catalán que ella y su partido impone; pero, ¿ por qué no ponerlos también, aun­que sea en letra pequeña, en el idioma valenciano del con­tribuyente? Doña Rita, obsce­no reglot inmersor, olvida que es alcaldesa de Valencia; no de Barcelona.

LOS PAPELES VALENCIANOS DEL “EN” Y EL “AMB”


Por Ricardo García Moya
Las Provincias 16 de Febrero de 1997

En 1756, el inspector real de imprentas anotaba: "EI papel de las otras ciudades de España no es tan exquisito y fino como el de las imprentas de Valencia" (A. Hist. Nacional; C. L. 51.633). El producto procedía de las fábricas "del Reyno. de Valencia: Alcoy, Vinaroz, Segorbe, Xérica, Navajas y Cartuja de Vall de Christ". Obviamente, entre estos papeles valencianos del pasado -soporte material del idioma- debieran hallarse los que hacen referencia a la prosapia y pedigrí de la promocionada amb; pero nadie los ha visto. Flotando en el limbo documental, la palabreja ondea como estandarte de la caballería inmersora.
Ayer, en un centro de enseñanza de Alicante, el inmersor tachaba la preposición en de la revista "Jovens",sustituyéndola por la citada amb. Más tarde, en el autobús escolar, los alumnos recibían otra sesión de amb a cargo de Radio Nou; ya en casa, el Babalà de Canal 9 lanzaba otra andanada de amb. Como ven, la pregunta es obvia ¿dónde están los papeles valencianos que legitiman la despótica imposición del vocablo?
Como el lector sabe, en y ab son dos adustas preposiciones alejadas del travestismo de otras par- tes de la oración, que lo mismo aparecen con atributos femeninos, masculinos, plurales o singulares; no obstante, a pesar de su simpleza, son imprescindibles para el hablante. En el Reino de Valencia, desde hace siglos, ab es un arcaísmo que sólo tiene uso literario, siendo sustituida en el valenciano moderno por en; aunque ambas, con la inmersión, han sido suplantadas por la catalana amb por capricho del Institut d'Estudis Catalans (IEC).
EI enredo se gestó entre cortesías a la mujer catalana en 1863, cuando el "Consistori dels Jocs Florals de Barcelona" editó un ensayo de ortograffa catalana, sugiriendo la implantación de amb. EI vocablo era exótico incluso en Cataluña, pero, según dicen, fue usado alguna vez en la Provenza de trovadores y cátaros, hacia el siglo XII  (Anglade, J.: "Grammaire de I'acien provençal". París 1921, p. 365). Aquí, en el Reino de Valencia, elementos becados por el lermismo escanearon papeles valencianos -desde la Edad Media al Barroco- para hallar clásicas amb que legitimaran la maniobra inmersora. Fue inútil.
Amb es un virus léxico catalán que contamina al hablante valenciano. Por el contrario, la centenaria en (cuando equivale al español con) es un producto valenciano y, por ello, prohibido por el IEC. Actualmente constituye un semáforo lingüístico que señaliza al catalanizado. Si, por ejemplo, oímos: "Cambrer, si us plau, vull cafe amb Ilet", localizaremos a una víctima de la inmersión. Por el contrario, si decimos: "Camarer, per favor, vullc cafe en llet" estaremos respetando el valenciano moderno (camarer está documentado desde hace medio milenio).
En 1894, Nebot recordaba que ab (no la foránea amb) estaba en "desuso, y se la sustituye siempre por en" (Gramática, p.111 ) . No obstante, en lengua escrita perduró el arcaísmo ab, asi como en el lenguaje fosilìzado de tribunales y en textos en que el autor exhibe hipercorrección. En un juicio efectuado en Elda. año 1626, el acusado dice: "en un compás que portava", y el fiscal copia: "ab un compás que portava" (Montoya, B.: Variació. Alicante,1986, p. 237).
En el diccionario de la Real Academia Española, a pesar de la criba, todavía encontramos reconoci- miento de esta preposición valenciana que generó vocablos cedidos a la española. Es el caso de "Panoli, derivado del valenciano pa en oli, pan con aceite" (DRAE, 1992). Quizá en  la  próxima  edición del DRAE maquillen esta acepción, siguiendo el parecer del catalán Corominas, el cual -sin  documentación-  sugiere que viene de "pa-amb-oli" (sic). Sobran comentarios, pues, aparte de que amb no existía ni existe en lengua valenciana, el resultado hubiera sido algo tan raro como pamboli, pamoli o paboli. Pero el que manda, manda.
La "normalització" enloquece. Lo mismo suprimen referencias a la lengua valenciana en los catálogos del Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona, que hacen desaparecer la "Práctica de Orthographía para los idiomas castellano y valenciano" de la Biblioteca Nacional de Madrid. Esta obra de Carlos Ros (Sg. 2/62.805) falta desde el 31 de abril de 1990; por suerte hay otros ejemplares en los que podemos leer: "la preposición castellana con es igual a las valencianas en y ab" (Ros, C.: Práctica. Valencia, año 1732, p. 69). Así documentaba el lingüista Ros, en los exquisitos papeles valencianos del siglo XVIII, la existencia de en y ab; no la extranjera amb.

Y no nos engañemos. A los inmersores les da igual que en y ab equivalgan a las latinas apud, in o ad; o que sea construcción en ablativo o acusativo; o que estén documentadas desde la Edad  Media. Ellos, con el poder en sus manos y bolsillos, continuarán con la cruzada a favor de la amb. Sólo obedecen la voz de su amo: el Institut d'Estudis Catalans.

LOS PAPELES DE SALAMANCA VS. BARCELONA



AUTOR: JOAN IGNACI CULLA
Nomes versio en Castellà · Solo versión en Castellano)


El Gobierno ha aprobado el proyecto de ley de devolución de los papeles de Salamanca, que se hará por vía de urgencia y que pondrá en marcha la operación retorno. Según la vicepresidenta del Gobierno, Teresa Fernández de la Vega, con esta decisión se restablece “una situación ilegítima”. Por su parte, la ministra de Cultura, Carmen Calvo, los cargos públicos “deben cumplir las leyes, les guste o no” (Levante 16/04/05).

Tenía razón el presidente de CiU, Artur Mas, cuando instaba al PSOE a “aguantar la posición y las críticas y no diluir el acuerdo actual”. Y, efectivamente, así ha sido: el Gobierno de Zapatero ha aguantado la presión y ha cedido al chantaje continuo del trilero catalán. Con esta decisión han abierto la veda, ahora todos tenemos derecho a reclamar lo nuestro. Sin ir más lejos, el pueblo valenciano, tiene en Salamanca 80 toneladas de documentos (literalmente). Además, Valencia fue capital de la República, lo que da idea de hasta dónde pueden llegar nuestras reclamaciones.

Sin embargo, en toda esta historia lo que más llama la atención es la distinta vara de medir que aplican los catalanes en sus reivindicaciones históricas y patrimoniales, ya que son precisamente ellos los que retienen en el Archivo de la Corona de Aragón, fondos robados y secuestrados del Archivo del Reino de Valencia. Las reclamaciones efectuadas se remontan al siglo XV, como perfectamente deja constancia en su magnífico libro, de lectura imprescindible Tratado de la Real Senyera y de los Pendones catalanes de Ricardo García Moya.

Ya en 1419, el rey Alfonso el Magnánimo ordena que se depositaran en Valencia los documentos que estaban esparcidos en otras ciudades de la Corona de Aragón, llevada allí para su seguridad, ya que el Reino de Valencia estaba en constantes luchas con musulmanes y castellanos. La orden no fue cumplida.

En 1542, insistimos en nuestras peticiones y, en las Cortes de Monzón, el rey Carlos I ordenaba que ‘‘todos los registros y actas que son de la Ciudad y Reyno de Valencia, los cuales están en los archivos de Zaragoza y Barcelona, sean restituidos y puestos en el Palacio Real de Valencia’’. La orden no fue cumplida.

Pocos años después, el rey Felipe II a ruegos del “fiel archivero de este Reyno de Valencia”, ordena a Aragón y Cataluña que entreguen la documentación del Reyno de Valencia. Los aragoneses acatan la orden y, el 28 de enero de 1571, abonan los gastos de transporte al “archivero del Reino de Valencia”. Los catalanes, una vez más, incumplen la orden.

En 1809, las tropas de Napoleón saquean el archivo de Simancas y parte de sus fondos son llevados a Francia. Entre ellos figuran legados de los siglos XVI al XVIII, escritos en valenciano y en castellano, dirigidos al rey y autoridades que residían en Madrid y Valencia (nada que ver con Cataluña). Allí permanecieron hasta el año 1852, en el que Francia permitió su devolución. Sin embargo, estos documentos acaban en Barcelona, sin causa justificada, sumándose a los ya retenidos. Entre ellos, hasta la estancia de 1641 para recoger en Madrid la documentación: “El Archivero del Reyno de Valencia, que está en la Corte, pide que se le dé orden para recoger todos los procesos de aquel Reyno, conforme está mandado” (A.C.A., leg. 882).

Y es que ya lo advertía (lo sufrió en sus propias carnes), el profesor Antonio Ubieto hace 25 años: el control de los archivos históricos por parte del catalanismo tiene como objeto, en última instancia, controlar la historia. Como así lo hizo Próspero de Bofarull, de la familia Bofarull, que estuvo controlando durante el siglo XIX el Archivo de la Corona de Aragón, y llegó a publicar una manipulación del Llibre del Repartiment de Valencia (que para mayor vergüenza de los valencianos, está en Barcelona, junto al de Privilegios, Capitulaciones del Descubrimiento de América firmados por el valenciano Lluís de Santàngel, entre otros). Su objetivo era demostrar que la repoblación del Reino fue catalana y lo hizo tachando algunos nombres y omitiendo otros del manuscrito original –casualmente, los nombres tachados u omitidos eran de procedencia aragonesa y navarra.

Es el momento de recuperar lo que es nuestro, lo que es (esta vez sí) una reivindicación histórica. Espero ahora que el Consell cumpla con el anuncio que realizó González Pons (Las Provincias julio/04), en el que manifestaba que reclamaría su parte del Archivo de la Corona de Aragón si el Gobierno dividía Salamanca. Dadas las circunstancias, el Gobierno valenciano no debería conformarse con el cumplimiento del artículo 7 del proyecto de ley de Archivos, en el que se especifica que el Archivo de la Corona de Aragón forma parte del patrimonio archivístico valenciano y que, por tanto, en su patronato deberá participar la Generalitat Valenciana con la disposición adicional segunda del Estatut d’Autonomia.

Si han leído el borrador del patronato que ha remitido el Gobierno a las diferentes Administraciones autonómicas, asigna un único representante, por cada una de las cuatro implicadas, junto al Rey, ministro de Cultura correspondiente y un resto de hasta un número cercano a 25, de libre designación del ministerio.

Si la Generalitat Valenciana vuelve a dejar pasar de largo un asunto como este y mira hacia otro lado, que no se sorprenda luego de los nombramientos que emanen del chantaje trilero . Como le ha pasado a su compañero del PP, el diputado José A. Bermúdez, que recriminaba a la ministra (DS. Congreso de los Diputados, Pleno i Dip. Perm., Núm 41, de 20/10/04) traspasar íntegramente la titularidad de los fondos documentales sobre la guerra civil, que estaban depositados en un archivo nacional al del Archivo de la Corona de Aragón. Si desde Valencia no se reacciona con rapidez, puede que lleguemos tarde; en Bases per a un nou estatut nacional de Catalunya , ‘‘2.9 De llengua y cultura’’, en el punto 6 de Cultura, dice: “Correspon a la Generalitat la titularitat de l’Arxiu de la Corona d’Aragó...”. Ni creo (ni nadie) que vaya adelante el recurso de inconstitucionalidad que acordó el Consejo de Ministros del 19/04/02, contra dos preceptos de ley de Cataluña de archivos y documentos de 13 de julio de 2001, que se centra en que la ley autonómica incluye el Archivo de la Corona de Aragón en el Sistema de Archivos de Cataluña, lo que implica el sometimiento de su gestión a la normativa autonómica e inflinge las previsiones que contienen los Estatutos autonómicos de Aragón, Valencia e Illes Balears.

Habrá que hacer buenas las palabras del eurodiputado de CiU y nieto de Francesc Cambó, Ignasi Guardans: “Cuando a uno le roban la cartera, no ha de dar las gracias cuando se la devuelven”. ¡Eso, que nos devuelvan la nuestra!
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